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Un retrato, siete apuntes y un boceto para un estudio de pintura y verdad: la palabra enmascarada
Ricardo Castillo

J.C. Orozco en torno a 1924
Tereza del Conde

José Clemente Orozco:´´Es para el pueblo. Es para todos´´
Carlos Monsiváis


El Hospicio Cabañas
Renato González Mello


Galería: Los rostros de Miguel Hernández .

Exposicón en honor de José Lezama Lima .

El arte y la vida de Antoni Tápies
Albert Llado

Raúl Vásquez

Los ritos fantásticos del brujo Raúl Vásquez
Pedro Prados

Raúl Vásquez Sáez
Pedro Prados

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Los Caminos del Jaguar
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Eudoro Silvera: La pintura y escultura
Eric Woolfshoon

La obra de Eudoro Silvera
Pedro Prados

La pintura de Silvera es un mar embravecido
Manuel Montilla

La Caricaturas de Lolo Silvera
Modesto Tuñón

Teresa Icaza: El recuerdo de lo irreal
Pedro Prados

Teresa Icaza: Percepciones - Introducción
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Teresa Icaza: "Paisajes Líricos"
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Manuel Chong Neto - La pintura y escultura
Eric Woolfshoon

Manuel Chong Neto - El pintor de la sensualidad y la forma
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Manuel Chong Neto - Reseñas de Berta Taracena y José Gómez Sicre

 

Quijotadas : Galería de imágenes

Las Quijotadas
Justo Medrano

¿Quijotadas? Qué sería de el mundo si no existieran las utopías
Mario Calvit

Patrimonio artístico de la Universidad de Panamá

Montan por primera vez en Turquía muestra de Frida Kahlo y Diego Rivera

 


 



 
   

 

 

LAS CARICATURAS DE “LOLO” SILVERA

 

 

 

Modesto A. Tuñón F.*

Cuando era un estudiante y salía cotidianamente hacia el colegio, tenía la costumbre de hojear el meridiano La Hora. Mi curiosidad por ese tabloide la alentaba el deseo de conocer cuál era el tema de la caricatura que allí publicaba quien firmaba “Silvera” a un lado de esos dibujos en blanco y negro con imágenes irrisorias, con grandes cabezas u ojos saltones.

En estas ilustraciones satíricas, a menudo se hacía un contrapunto entre los ricos y pobres; aquellos gordos panzones y los últimos, esqueléticos, y con sombrero típico. El lenguaje casi no existía y los pocos textos que a veces expresaban diálogo entre personajes, eran cortantes como saetas, en ocasiones filosóficas, pero siempre con una visión crítica hacia el capital, los políticos, el poder y la riqueza.

Estos espacios llenos de humor eran anónimos para mí, pues nunca conocí a su autor hasta cuando me hice profesional y en alguna ocasión lo vi en alguna exposición; pero como pintor y con su profundo sentido crítico de los gobiernos de turno. Me interesé por su obra y supe que tenía un amplio espectro y una trayectoria que recuerda esos recorridos aventureros de pintores como Gauguin.


 

Eudoro Silvera, mejor conocido como Lolo, resumió en su persona diversas facetas del arte. Fue dibujante, perteneció a la primera generación plástica del período republicano, cantante de ópera, diseñador. En 1934 aparecen sus caricaturas en el diario Mundo Gráfico, dirigido por el poeta Rogelio Sinán con quien desarrolla una mancuerna creativa pues este último redactaba los textos de sus ilustraciones humorísticas.

Muy joven viajó a Estados Unidos y estudió canto en la Escuela Juillard de Música en Nueva York y pintura en el Cooper Unión. Luego en Alemania hizo estudios de grabado y litografía en Munich y adquirió experiencias que habrían de ser útiles a su regreso a Panamá.

Una vez que retornó al país, se dedicó por completo a pintar y sobre todo a la caricatura que aparece diariamente en La Hora. Durante casi veinte años publica en este medio y lo hace de manera sistemática con enfoque crítico, mordaz e irónico hacia los protagonistas de la vida sociopolítica.

 

 

Además de estos diarios, las ilustraciones de “Lolo” se publicaron en La República, La Prensa, Ya , El Universal y varias revistas nacionales, entre otros medios impresos donde las imágenes del acontecer nacional y sus personajes, quedaron impresas.

Sus viñetas tenían la capacidad de atrapar el tiempo en su fugacidad y guardarlo en las líneas o imágenes de la información.

Es una cualidad que ni los historiadores a veces pueden reflejar, ya que los comunicadores tienen la posibilidad de plasmar la inmediatez, la exaltación de los hechos, con la palpitación del ardor que ponen los protagonistas.

Si los periodistas dominan esta forma de recreación, los caricaturistas hacen de su lápiz, un instrumento para retratar el momento con una variedad de sentidos que pueden ser leídos en las imágenes que ellos fijan en la página periodística. Y el ilustrador también retrata con pocos trazos, un clima sociopolítico que a un pintor común le es difícil reflejar.


Silvera conocía de esta diferencia porque también fue un pintor importante. Había en su vena plástica la condición de dibujante y también un dominio de la pintura, tanto en la expresión figurativa, como en la abstracción. Su quehacer en el lienzo junto a autores como Cedeño, Sinclair, Trujillo, entre otros era la síntesis de la formación de sus maestros Roberto Lewis y Francisco Vallarino en la Escuela Nacional de Pintura.

Hace algunos años, se publicó el libro Memorias de un caricaturista, que recoge este esfuerzo de narración visual que desde las décadas de los años treinta, realizó Silvera para diferentes diarios.

Este libro tiene un formato horizontal y casi 300 páginas donde se pueden ver las diferentes épocas del autor y los cambios que se operan en su trabajo. El editor de la obra fue el Banco Nacional y cuenta con una presentación del académico Demetrio Fábrega, introducción del artista y notas de José Ángel Noriega, Jorge Conte Porras, Augusto César Arosemena y Roberto Reichard.

Hay una faceta poco explorada, pero reconocida de Silvera, su afición por la literatura y sus narraciones, que se desarrolla con mayor fortaleza en los primeros años del nuevo siglo. Escribió varios libros, entre ellos Cuentos en primera persona, que obtuvo distinciones tanto en Panamá como en Centroamérica; así como con su novela inédita El doctor.

A pesar de tener deficiencias en la vista, durante los últimos años participó en varias exposiciones colectivas donde se podían apreciar sus cuadros con fondos planos, temas religiosos y en formatos y con técnicas más modestas y bastante figurativos.

En sus escritos periodísticos, artículos ocasionales, analizaba críticamente la realidad nacional y como sus caricaturas de los años cincuenta, su visión guardaba un profundo sentido de insatisfacción con la realidad que caracterizaba la vida nacional.

Este extraordinario artista murió el sábado pasado a unos días de cumplir 94 años.

El país ha tenido algunas mentes y espíritus que han sido como atalaya del desarrollo de las ideas y la formación de una nación tan atípica, en el contexto de la región y particular por los hechos que se han vivido en esta tierra.

Eudoro Silvera fue uno de ellos; pero con la especial cualidad de haber presenciado los acontecimientos nacionales por más de setenta años durante el siglo XX y la primera década del siglo XXI. Este testimonio está presente en su obra literaria, artículos, pinturas y sobre todo en las caricaturas que quedarán como herencia de su pensamiento.

*En La Estrella de Panamá.

 

 

 

 

   
 

 


                                  

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