POSTURA
Miguel Hernández encendió su voz viva a través de millones de hombres y mujeres de distintas partes del mundo para recordarnos su poética de vida y de obra. Hace mucho dejó de ser de España para ser del mundo. Su muerte injustificada bajo el régimen franquista, de quien también fue víctima Federico García Lorca (a quien dedicamos nuestro tercer número), es convertida hoy en estigma para todos los regímenes que intenten acallar la voz liberadora de los poetas. Se transformó en emblema de recordación y revalidación del derecho a la palabra, de una propuesta de amor por los pobres y por la mejor condición del ser humano. Su palabra poética y la vida fue objeto, en este Centenario de su nacimiento en el 2010, de homenajes, pinturas, esculturas, ensayos y documentales que escudriñaron con respeto y compromiso sobre quien aún seguirá inspirando a lectores de todas las edades.
Tragaluz se ha unido a esas voces y a la búsqueda de caminos para difundir la obra de Miguel Hernández desde Panamá, para Panamá y para el mundo. Hermanados en la red, compartimos información y planteamos una muestra que une la selección de textos a las imágenes y a la reflexión de su aporte como ser humano extraordinario y poeta emblemático de su tiempo y de su generación.
En la selección de la obra de Miguel Hernández encontrarán poemas de todas las épocas de su corta vida, con los temas fundamentales de amor por los hijos y por su amada Josefina; de su visión de soldado de luchas que observa y analiza la violencia, la sangre y el sacrificio, y de una España con todos sus olores y sabores y hasta con sus lamentables complicidades e indecisiones. Incluimos una obra de su teatro de luchas, un poético cuento inacabado y las reflexiones narrativas de sus crónicas de guerra y de las misiones pedagógicas.
Para ilustrarlo, hemos trazado complicidad entre la obra del poeta de Orihuela y la plástica de un grande de Cataluña y de España: Antoni Tápies. Unimos sus colores a los versos de lucha y de encuentro con todas las gradaciones de la vida y de la muerte; con las manos y los pies que viajaron al campo, las miradas y los colores de la libertad y de la muerte, y con la combinación de matices que proyectan la fuerza imbatible, la resistencia y la inmensa fragilidad del hombre ante la violencia contra la idea. Algunas de las obras de Tápies parecieran haber sido hechas por encargo para unirse a la descripción del hombre a dos voces: verso y color.
En Memorabilia mostramos, aparte de otras recordaciones vitales de Panamá y de Hispanoamérica, una puerta a la vida personal del poeta valenciano, a los testimonios y cartas que lo muestran transparente y vital, donde nos conmueven palabras como las de Neruda, para tener la oportunidad de verlo a través de sus ojos de honda humanidad y de poesía: “Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra.”
Todos los espacios de Tragaluz son en este número un gran homenaje donde aparece el esfuerzo cubano y latinoamericano por valorar la obra de José Lezama Lima en su Centenario. En el también Centenario del panameño Roque Javier Laurenza y su profundo espíritu crítico, una muestra de su obra, ilustrada con el maestro de la plástica panameña, Roberto Lewis. Y en la monumental obra del mexicano José Clemente Orozco, quien en este año de centenarios recorrió México con una muestra invaluable de obra y propuesta crítica. Homenajes por los centenarios y reconocimiento por los premios, recordación y revaloración por la pérdida física de figuras representativas de la plástica panameña, quienes entre 2009 y 2010 se fueron uno tras otro sin darnos espacios para reponernos de cada pérdida: Raúl Vásquez, Eudoro Silvera, Manuel Chong Neto y Teresa Icaza. O por la pérdida también invaluable de la voz y el canto del Enrique Moriente de la España andaluza y del mundo.
Aquí está Tragaluz, con mucho más de lo que es posible enumerar en este intro que los invita a hacer un viaje denso. Aquí están las voces internacionales y nacionales con reseñas, ensayos rescatados, búsquedas incansables, intentos por mirar de manera crítica nuestra realidad compleja y muchas veces indiferente con la cultura y con las voces que reclaman políticas solidarias. Marcamos una responsabilidad compartida para preservar el entorno y la vida, y la vida de calidad y de ideas que nos permita enfrentarnos al automatismo que día a día nos lanza a la velocidad de la vorágine de la selva urbana. Si en el arte y la cultura no están todas las respuestas, por lo menos sí sabemos que están las armas de resistencia y los caminos al encuentro con lo más digno que las sociedades pueden rescatar para sí mismas y para cada ciudadano.
EG