Martín Jamieson
En un grueso tomo de formato mayor, y con el sugerente título de PENSAR EN PANAMÁ: OBRA PERIODÍSTICA (1971-2009), Alfredo Figueroa Navarro reúne los escritos que ha venido publicando en diarios panameños en el último tercio del siglo XX y hasta el año de publicación de su nuevo libro, ya propiamente del siglo XXI.
Alfredo Figueroa Navarro (Panamá, 1950) es un profesor universitario formado en ciencias humanas en Bélgica y Francia. A pesar de su temprano exilio (los estudios secundarios los realizó en el extranjero) no cedió su interés por lo nacional, y volvió al propio lar para seguir desarrollando sus intereses mayores, a pesar de los cantos de sirena de centros de investigación foráneos más desarrollados y con abundante atractivo para el que opte por la pesquisa científica, ésta que recibe poco reconocimiento o apoyo en Panamá. En el país, Figueroa Navarro ha sido un iniciador de varios tipos de estudios sociológicos.
La tesis doctoral de Figueroa, DOMINIO Y SOCIEDAD EN EL PANAMÁ COLOMBIANO, 1821-1903: ESCRUTINIO SOCIOLÓGICO (1978, 1ª ed.), anunció su presencia en la brega de las dos disciplinas que más lo atraen, la historia y la sociología, en las cuales ha seguido defendiendo ideas propias, desbrozando terrenos, reenfocando hechos y autores y ordenando material heterogéneo de tal manera que debido a su denuedo puede aceptarse que hay un antes y un después en las ciencias sociales en el país. Por su insistencia en hacer suma y balance, Figueroa parece siempre querer decir “esto es lo logrado, a partir de aquí tenemos que avanzar”. (He citado palabras suyas de Pensar en Panamá.)
Para quien se encuentre distante de Panamá, pero mantiene interés en el país, la lectura de Pensar en Panamá representa una crónica de la actividad intelectual en el Istmo durante los cuatro decenios que recorre. Las reseñas bibliográficas de libros nacionales (o en veces de volúmenes extranjeros, de los que varios tratan sobre Panamá) registran las novedades impresas en el país. No se limitan a las declaradas inclinaciones principales de Figueroa Navarro (la historia económica, demográfica y social) sino que incluyen otros campos culturales. Como se sabe, el autor también se ha interesado por la poesía, y sus aficiones en literatura, artes plásticas, música, psicología y cine también quedan consignadas.
Además de extensas y pormenorizadas reseñas de publicaciones, Figueroa Navarro incluye noticias sobre exposiciones, prólogos de tomos varios, presentaciones de libros o charlas impartidas en distintos sitios, las que por su naturaleza oral pueden perderse. Todas estas entregas de Figueroa, si bien ofrecidas al gran público a través de la prensa en su día, resultarían efímeras, por su soporte, por lo que rescatarlas de su carácter nictémero y cristalizarlas en forma de libro da la oportunidad de evaluarlas oportunamente, junto al mensaje de las obras que focalizan.
Figueroa Navarro ha sistematizado sus escritos (aparentan ser notas pero algunos son, en realidad, verdaderos ensayos) subdividiendo su volumen en distintos capítulos titulados “Aproximaciones a…”. Estos acercamientos pueden ser a la antropología, a la arquitectura, al folclor, a la historia (el acercamiento más extenso) o a cuanto tema lo atrajera. Figueroa subdivide estos capítulos en artículos cronológicamente ordenados.
Si hubiera sido otra la reestructuración de estas prosas del intelectual, sin reproducir su primera aparición, introduciendo cortes y añadidos y jerarquizándolas de otro modo, Figueroa Navarro habría organizado no sólo una historia de la cultura panameña de la última parte del siglo XX sino de las mentalidades en el Istmo, sobre las que teoriza, en lo que, me parece a mí, son las tres partes medulares (por ideológicas) de su libro. Estas son “Transitismo e historia de las mentalidades en Panamá” (pp. 177-181), “Claves para una historia y sociología de la ciencia en Panamá” (pp. 212-216) y las “Editoriales del centenario de la República de Panamá” (pp. 216-243). Estas últimas, por lo que se deduce, son reflexiones prefatorias de papeles que aparecieron con motivo del centenario de la República en 2003 en el diario LA PRENSA.
El entusiasmo por todas las expresiones culturales que tiene Figueroa Navarro –nada hecho por el panameño le es ajeno— se manifiesta no sólo en los temas variados que lo atraen sino en el espaldarazo que da a toda manifestación cultural: aquí saluda un nuevo aporte; ahí recuerda una vieja acción necesaria o útil; allí celebra una manera de trabajar que une, no divide ni niega antecesores ni comportamientos paralelos.
Esto conduce a este intelectual (es decir, a este pensador) a incorporar, sin contradicción, por lo menos cuatro afluentes de la práctica de la historia en Panamá. Me refiero a las ejecutorias de Rodrigo Miró en su esfuerzo individual, origen y sustento de todos los otros cuando se historian las letras del país; de Carlos Manuel Gasteazoro y su círculo, cuyos libros son afortunados y numerosos, y entre los que puede sobresalir la HISTORIA DE PANAMÁ EN SUS TEXTOS, en dos volúmenes, una excelente antología comentada con una bibliografía inmejorable; de Omar Jaén Suárez, en su magno trabajo no superado, LA POBLACIÓN DEL ISTMO DE PANAMÁ, y las de Alfredo Castillero Calvo y su escuela, de la cual se puede evaluar el aporte en la monumental HISTORIA GENERAL DE PANAMÁ (2004; 5 tomos). El pensamiento de estos egregios nombres ha recibido la atención crítica de Figueroa Navarro en sus sustanciosas páginas y así él participa en la historiografía del país. Como también es conocedor de las fuentes de los autores nombrados, los puede calibrar adecuadamente, y dialoga con estos y con los maestros de ellos, si bien los nombrados también lo son.
Debido a que quiere anotar toda contribución, por mínima que fuera, Figueroa Navarro desarrolla el rasgo estilístico de la enumeración, se diría que hecha de manera positivista. A la par de ella, la frecuencia del elativo (“apreciabilísimo”, por ejemplo), el LE objeto directo –al castellano modo--, los verbos con enclíticos (“atísbase”, “reprodúcese, “tocole”, etc.), el hipérbaton no habitual (“Aprovechable índice de autores de textos varios clausura el segundo tomo de la obra”, p. 154, por ejemplo), el léxico seleccionado (“buido”, “exornado”, “fulgir”, “valencia”, etc. lo ejemplifican) junto a la creencia en los sinónimos (tal el Borges primerizo), conjugados, son los rasgos que individualizan el estilo de su prosa.
Insistentemente, en sus escritos Figueroa lamenta el retraso intelectual, educativo y bibliográfico de Panamá comparado con países vecinos u otros latinoamericanos, y se duele por el repetido desinterés por documentar el devenir nacional entre nosotros. También deplora que en nuestro “país mestizo, pluriétnico y multicultural”, menos uniforme de lo que algunos creen, no se le haya prestado atención suficiente a la diversidad y no se haya aprovechado esta circunstancia para lograr un desarrollo mayor.
Sólo en los últimos años los autores panameños han considerado conveniente reunir su obra dispersa, lo que los hará permanecer. Varios poetas (entre estos, R. Oviero, Dimas Lidio Pitty, J. G. Ros-Zanet, E. Alvarado de Ricord, T. Díaz Blaitry, S. Sierra, César Young Núñez, R. Sinán, Tristán Solarte) han empezado la tarea. En prosa son sobre todo ediciones póstumas las recibidas (el tomo de Armando Fortune, reunido por Gerardo Maloney, quien se dedica preferentemente a la sociología de afrodescendientes; o el trabajo – por mala fortuna no terminado-- de H. E. Ricord sobre las muchas páginas de Diógenes de la Rosa). Es deseable que PENSAR EN PANAMÁ de Figueroa inste a otros autores a seguir por el mismo camino de este acucioso historiador y sociólogo de relieve, para que tengamos la visión global de la producción hecha porque, cuando es el caso de una obra como la de Alfredo Figueroa Navarro, es decir, resulta meritoria, sin duda lo pensado y escrito dejará huella y preparará el porvenir.
Alfredo Figueroa Navarro,
PENSAR EN PANAMA: OBRA PERIODÍSTICA (1971-2009). Panamá: Imprenta Articsa, 2009, 376 pp.