Iconografía de Gabriel García Márquez

Discurso de premiación Nobel
Gabriel García Márquez

Torrijos
Gabriel García Márquez

Cuatro preguntas al General Omar Torrijos Herrera
Gabriel García Márquez

A los 20 años de la invasión de Estados Unidos a Panamá
Jorge Tumer

Rogelio Sinán en su paratexto
Martín Jamieson

Claves para la interpretación del Quijote
Rafael Ruiloba

A Cáncer Ortega Santizo, In Memoriam

Obituario. Howard Zinn. Historiador
Barbara Celis

Fallece el académico y dramaturgo Howard Zinn
David Brooks

Esa batalla - En recuerdo de Mario Benedetti

El amor posible, entrevista a José Saramago
Juan Arias

Tan cerca tan lejos. Nuestro homenaje a Carlos Monsiváis

La mortaja. Homenaje a Miguel Delibes



   

 

* Nota de redacción: Este número de Tragaluz rinde homenaje al Día Mundial del Libro y al Día del Idioma con estas claves del ensayista panameño Rafael Ruiloba, para que nos acerquemos una y otra vez al texto cumbre de la lengua española.

CLAVES PARA LA INTERPRETACIÓN DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA

La locura de Dios es más sabia que toda la sabiduría de los hombres
San Pablo

Rafael Ruiloba

El discreto entendimiento. 
Cervantes, en el prólogo de la primera parte de El Quijote, dice que su libro es hijo del discreto entendimiento. La tradición sobre el tema la encontramos en El Convivio, de Dante, quien lo presenta como una cualidad del lector, que tiene que comprender las diferencias producidas por las apariencias contrarias, para acrecentar su conciencia por medio del entendimiento. El tema de la discreción como cualidad del entendimiento también aparece en El Cortesano, de Baltasar de Castiglione, publicado en 1528 y traducido al español en 1534 por Boscán. Según Castiglione, la discreción tiene cuatro sentidos: el de la oportunidad, el de la moderación, el de la discriminación y el de la inteligencia. Son estas las cualidades que le pide Cervantes a su lector para comprender las apariencias contrarias ¿Por qué?         

Humberto Eco sostiene que el texto literario renacentista y barroco, recurría a normas retóricas denominadas sub alicua ratione (Umberto Eco, Los límites de la Interpretación. P 74). Existía otra cosa o asunto debajo de lo evidente o racional. Esto es precisamente lo que dice Cervantes en una obra adjunta al Viaje del Parnaso, texto en prosa fechado el 22 de julio de 1614 en la que el autor entabla un diálogo con un supuesto lector Pancracio Roncevalles, en la que propone una nueva función del lector, quien debe ver despacio lo que pasa aprisa y se disimula o no se entiende (Citado por Georgina Dopico Black España en los tiempos del Quijote. P 37). Por eso se le exigía el discreto entendimiento al lector para comprender como dice Umberto Eco, lo que estaba debajo de la razón. Víctor Hugo, el célebre novelista francés, decía que a Cervantes hay que leerlo entre líneas porque tiene su aparte. Por lo que el lector del Quijote tiene que asistir a un teatro de la de-construcción en una novela que contrapone el texto con la realidad por medio de la sátira, la parodia y la ironía, las cuales existen en la medida en que debemos considerar los hechos narrados  desde el punto de vista de la verdad.  Cervantes escribe que su objetivo es “la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”.   Si el primer aspecto de la verdad es el contraste entre la novela y la historia, un aspecto importante de la teoría literaria del renacimiento, el segundo es el contraste entre las apariencias contrarias, como dice Dante. El tercero es acrecentar la dignidad de la persona; todo esto, sometido a las normas del humor como le recomienda el lector en el prólogo de la primera parte del Quijote.  Procurad que leyendo vuestra historia el melancólico se mueva a risa; el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.

Humor, dice Bernard Shaw, es una de las formas más complejas del trabajo intelectual, pero la ironía procede de una analogía con la realidad y su poder es la verdad. El filósofo francés Jean Baudrillard, nos recuerda que la ironía es la única forma espiritual del mundo moderno, que ha aniquilado a todas las demás.

En el poema que Urganda, la maga protectora del Amadis de Gaula, le dedica a Don Quijote, hay un juego irónico de interpretaciones donde el lector tiene que completar el sentido del texto.  En el soneto que el escudero del Amadis de Gaula le dedica a Sancho, alude con ironía al doble sentido. Salve otra vez Oh Sancho que solo tú nuestro español Ovidio con buscorana te hace reverencia. La buscorana es un engaño en el cual se simula besar una mano, pero en realidad se da un golpe con ella. ¿Dónde está la simulación y dónde está el golpe en el Quijote? ¿Por qué Quevedo dice que Cervantes tira la piedra y esconde la mano? ¿Por qué el lector modelo del Quijote dice que Cervantes bajo su manto al rey mata? El Quijote al inicio de la segunda parte dice que su historia tendrá necesidad de comento para entenderla. Quizás la respuesta    la podemos encontrar en un poema escrito contra Cervantes. 

Aplaudió España la obra
no advirtiendo inadvertidos
que era del honor de España
su autor verdugo y cuchillo.

Tenemos entonces que El Quijote de Cervantes se leyó como una obra crítica que iba más allá del entretenimiento, sin embargo para responder estas interrogantes debemos partir de las intenciones manifiestas del texto. Cervantes dice que su novela cuestiona los libros de caballerías. ¿Qué son los libros de caballerías? Según Irving Leonard (Los libros del Conquistador F.C.E México 1949, p 43) eran novelas de entretenimiento que representaban los valores ideológicos del poder. Valor individual ante los grandes obstáculos; aceptación estoica de las desventuras, exaltado sentido del honor y la dignidad personal, un concepto caballeresco del amor, el cual representaba los valores del carácter español forjado durante al largo batallar contra el extranjero infiel, el invasor de la península. No obstante, veremos que estos valores son también atribuibles al Quijote pero vistos como crítica social. Veamos cómo se expresa esta crítica en el texto. En la primera parte del Quijote, el canónigo y el ventero se disputan sobre dos tipos de libros; por una parte el ventero defiende a la novela Don Cirongilio de Tracia, de Bernardo de Vargas, publicada en Sevilla en 1545, y el otro es Felixmarte de Hircania, de Melchor Ortega.  En contraste con La Historia del Gran capitán Gonzalo Hernández de Córdoba y la vida del soldado Diego García de Paredes, uno los defiende porque son entretenidos y el otro los condena porque no dicen la verdad. El contraste está ente la ficción y la realidad. Estas son las apariencias contrarias y aquí cobra sentido lo que dice al lector modelo en el prólogo del Quijote, que la novela de Cervantes es un libro entretenido, pero además dice la verdad. ¿Pero cuál verdad, la verdad de la historia y la verdad de la condición humana?  Cervantes equilibra las apariencias contrarias. Une los libros de caballerías con la historia por medio de la locura de Don Quijote.  Su novela entretiene y a la vez produce conciencia. Esta es la crítica de Cervantes.                

La misma crítica a los libros de caballerías la realiza Juan Sánchez Valdés de la Plata en su libro Crónica e historia general del hombre, publicada en Madrid en 1598 en la que dice:
“Viendo yo benignísimo lector que los mancebos y doncellas y aun los   varones ya en edad y estado gastan su tiempo en leer libros de vanidades enarboladas y blasones de caballerías de Amadises y Esplandianes con todos los de su bando de los cuales no sacan otro provecho, ni otra doctrina sino en hacer hábito en sus pensamientos y mentiras” (Citado por Francisco María Turbino en El Quijote y la estafeta de Urganda, Imprenta El Periódico. Sevilla 1862. p 190).

Paradójicamente, Lope de Vega, en el prólogo de su comedia El desconfiado, defiende los libros de caballerías. Tenemos entonces que en la época de Cervantes hay dos concepciones sobre la función de la literatura en la sociedad: la de entretener, función encabezada por los libros de caballerías y las comedias de Lope de Vega; y la de criticar y producir conciencia, función que Cervantes la atribuye al Quijote, pero también es la función de la novela picaresca. Por lo que sostenemos que la finalidad del Quijote no era el cuestionamiento de las susodichas  novelas de caballerías, sino criticar la concepción de la literatura que se desprende de ellas, pues  en el Quijote  Cervantes no solo cuestiona los libros de caballerías, sino que lo hace con la literatura en general porque no produce conciencia de la realidad; primero empieza con  los romances, tal como lo ha demostrado Menéndez Pidal, quien indica que los primeros capítulos del Quijote están inspirados por el Entremés de los romances. Allí se cuenta la historia de Bartolo quien enloquece por leer romances y se embarca en una serie de aventuras cómicas, pero su locura, como nos dice Georgina Dopico Black, es diferente: “este se quita y pone identidades como si fuesen disfraces mientras Alonso Quijano inventa a Don Quijote para transformarse en él.”

Cervantes también cuestiona las autobiografías del culpable, obligadas a ser redactadas por la Inquisición, cuando inserta en la novela su vida como prisionero en Argel o cuando cuestiona al aragonés Jerónimo de Pasamonte, un escritor amigo de Lope de Vega. Debemos recordar que Cervantes fue obligado por la Inquisición a escribir una de estas memorias o confesiones, sobre lo que hizo en Argel, como nos dice Manuel Turbino (Sevilla 1862). Este documento fue encontrado en los archivos de Indias.  Según noticias de José de Armas que leemos en su libro El Quijote y su época (Madrid 1915), Mateo de Santiesteban y Gabriel de Castañeda, fueron los testigos de Cervantes en el juicio que le sigue la Inquisición por su conducta en Argel. Blanco de Paz malévolo e intrigante Dominico lo malquistó con los que estaban en el poder.

Nos dice Francisco María Turbino, (Sevilla 1862), que como parodia de estas crónicas autobiográficas, que los inquisidores obligaban a relatar a los acusados, nace la novela picaresca. Por eso El Lazarillo de Tormes, es condenada por la inquisición, y por el anonimato del autor a quien no podían perseguir. Si bien Cervantes satiriza las confesiones con La historia del cautivo; también lo hace con la novela pastoril, con la historia del cabrero Eugenio, relato que critica el Quijote porque ofende la dignidad de la mujer.

Cervantes cuestiona el teatro, que al igual que los libros de caballerías ocultan la realidad porque habiendo de ser la comedia como dice Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplo de necedades e imágenes de lascivia. Podemos decir entonces que el Quijote es una comedia que es ejemplo de las costumbres; espejo de la vida humana, e imagen de la verdad.   

Por no decir la verdad, Cervantes arremete contra los autos sacramentales cuando el Quijote ataca a un carretero que anda disfrazado de diablo para representar el auto sacramental Las Corte de la muerte. La compañía teatral y la obra eran de Lope. Su mayor crítica contra el teatro la configura en el episodio de Maese Pedro, en el que Cervantes suelta dardos contra la teoría sobre la comedia nueva de Lope de Vega. En el capítulo 64 de la primera parte ataca a Lope de Vega quien defiende los libros de caballerías. Cuando el Titiritero pone a los moros a tocar campanas el Quijote los interrumpe porque esto le resta verosimilitud a la historia. Maese Pedro le responde que no se representan por ahí de ordinario mil comedias llenas de impropiedades                        y disparates y no se escuchan no solo con aplauso y con admiración. Como respuesta el Quijotedesenvaina la espada y destruye el retablo.  Es significativo que toda alusión al teatro en el Quijote esté relacionada con los problemas del poder, los cuales son asuntos de la realidad y no de la ficción, tal como quería la doctrina de la comedia nueva. Entretener sin criticar.

En síntesis, diremos que El Quijote cuestiona la literatura porque entretiene, pero no dice la verdad. No aporta nada al entendimiento. Incluso este cuestionamiento también va en contra del Quijote de Avellaneda cuando realiza una defensa burlesca de la calumniada reina de Navarra. En cambio el Quijote de Cervantes parodia este capítulo en la historia de Melisendra y Don Gaiteros. Avellaneda es un misógino; ofende a las mujeres cuando parodia la historia del Curioso Impertinente de Cervantes, o cuando en uno de los relatos de su Quijote exagera episodios de la vida de Cervantes. Cuando hiere a un sujeto frente a su casa, la describe como pelea de prostíbulo; en la novela de Avellaneda Sancho es un bruto mal hablado que sufre de gula y quiere gobernar la isla de Chipre; el Quijote es un loco desaforado que anda atacando a quien se le ponga por delante.

La locura de los hombres es una locura criminal. Y su única salvación es acogerse al castigo sádico del cilicio, a la contrición de la vida conventual o a los preceptos de las órdenes religiosas. Tampoco están en ella los temas básicos de la condición humana. En el Quijote de Avellaneda también se alude al entendimiento en casi todos los capítulos, pero para el autor anónimo el entendimiento se circunscribe a la fe. Por eso el Quijote de Avellaneda es un libro de caballería teológica. Sucede que la Inquisición también criticaba los libros de caballerías (Irving Leonard, 1949) para sustituirlos por mamotretos propagandísticos como el Quijote de Avellaneda, o libros sobre las vidas de los santos. La ilusión creada en el Quijote de Cervantes por el encantamiento de los magos, lo lleva a la crítica de lo que no es por lo que es; critica los molinos de viento porque son gigantes devoradores de hombres, pero en realidad son los promotores de la peste que asoló España; en cambio la ilusión creada en Avellaneda es por los milagros. La Virgen María suplanta a una priora de un convento mientras se escapa con un hombre que la abandona y la prostituye. Cuando la pecadora regresa arrepentida descubre que nadie sabe que abandonó el convento porque La Virgen la ha suplantado. Por lo que el castigo y arrepentimiento son el valor final de la historia, en cambio el valor final de la novela de Cervantes es el cambio de la conciencia. Los hombres descubren lo que son a pesar de los prejuicios sociales. La libertad humana creada por la verdad y los valores ecuménicos del cristianismo en Cervantes es transformada por Avellaneda por medio de la teología del Concilio de Trento. Avellaneda es la enajenación de la fe y Cervantes la conciencia de la realidad, por los valores del cristianismo.        

Tenemos entonces que Cervantes no solo cuestiona a las novelas de caballerías sino a todos los géneros literarios de su época por no establecer una relación entre la conciencia del lector y la realidad. En El Quijote Cervantes reutiliza todos los géneros literarios de su época para ponerlos en relación con el contraste entre el texto y la historia; la verdad oculta tras las apariencias contrarias y la verdad que permite a los personajes recuperar la dignidad. Esta última es un principio aristotélico. Por eso una de las lecciones de Cervantes es que la función de la literatura ya no es ofrecernos la imagen ideal de la realidad como una doble moral del mundo, como ocurre en las novelas de caballerías, sino la visión crítica del hombre y de su tiempo; por eso el Quijote es una novela enciclopédica, porque parodia a todos los géneros literarios vigentes en su época. Pero cómo criticar si hay 30 mil inspectores del Santo Oficio dispuestos a preguntarte ¿Te corto o te quemo?

Según el Manual del Inquisidor, de Nicolau Eimeric, dice que no hay que temer que el acusado muera por efecto de la tortura, pues la finalidad del proceso y condena no era salvar el alma del acusado, sino procurar el bien público y aterrorizar al pueblo (p 151) de tal manera que la única crítica era la crítica que producía la lectura de una novela cifrada, que le exigía al lector un discreto entendimiento para comprender las contradicciones de su sociedad. El ideal estético del discreto entendimiento para descubrir la verdad también lo asume Góngora, pero él no recurrió a la ironía cervantina, sino a la oscuridad conceptual “Como el fin del entendimiento es hacer presa en verdades”, dice Góngora,esta se logra “obligando a la especulación por la obscuridad.” Góngora, al igual que Cervantes, cree que el entendimiento debe hacer presa en verdades. Estos criterios no solo estaban en el Viaje al Parnaso, como vimos anteriormente, sino en varias obras anteriores al Quijote.

La crítica que Cervantes hace a los escritores de su tiempo se basa en la falta de ingenio para producir el entendimiento de la realidad. En El licenciado Vidriera Cervantes critica a los poetas que desean agradar al poder o a los que tienen una retórica gastada y superficial llena de lugares comunes sin producir conciencia de la realidad. En La ilustre fregona cuestiona a los que dirigen sus críticas contra el pueblo o se burlan de él “trovador de judas que pulgas te coman los ojos”. En el Quijote Cervantes escribe que el escritor no debe tratar de truhanes e ignorantes al vulgo, ni criticarlos en términos personales, porque la poesía no está en las manos, sino en el entendimiento. Esto lo decía contra los que se burlaban de los pies, las narices o la calvicie de las personas y se olvidaban de criticar las transgresiones del poder o las limitaciones de la condición humana.  Por eso Quevedo en el Chitón de tarabillas, lo acusa de tirar la piedra y esconder la mano, no solo porque era manco, sino por la crítica producida por la verdad que surge del doble sentido y la ironía de sus obras. Diremos entonces que Cervantes le pide a su lector que lea la novela guiado por los tres valores del discreto entendimiento, a los que alude de forma reiterada en sus obras y en diversos contextos del Quijote mientras avanza la lectura. El primero es la relación entre la novela y la historia; el segundo es la búsqueda de la verdad en medio de las apariencias contrarias; y el tercero  es la defensa de la dignidad como principal valor de la condición humana. Analicemos el Quijote a partir de estas tres perspectivas. 

 

 I   La historia madre de la verdad.
Entre 1520 y 1648, época en la que se gestó y publicó la primera y segunda parte del Quijote, el centro dinámico de la historia en Europa es el efecto producido por la destrucción producida por las guerras religiosas; entre los enemigos de la fe o entre facciones contrarias dentro del cristianismo. Durante ese periodo surge una tercera fuerza, que busca unificar el cristianismo por medio de valores ecuménicos como la verdad, la dignidad, el amor, el honor, la justicia. Intelectuales como Erasmo de Rótterdam y Giordano Bruno imaginaban una república católica ecuménica y universal, que debía producir una renovación del cristianismo. Lo ecuménico se debe a los valores básicos que deben unificar el cristianismo. La verdad, la dignidad, la justicia, el honor, la virtud, el amor.    

La principal acusación contra los católicos y los protestantes era que ninguno tenía la verdad. El ensayista Inglés Miguel de Montaigne, dice que la arrogancia de ambos grupos era la nodriza de la opinión falsa. (Paul Johnson Historia del Cristianismo op. cit p 435) nuestra religión ha sido creada para extirpar los vicios y de hecho los protege, los promueve y los incita”.  “Una religión no puede constreñir a otra, pues la religión debe ser acogida con libertad, no por la fuerza”, decía Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia Católica. Las luchas por estos valores la habían iniciado los comuneros, grupos de campesinos que protagonizaron una insurrección en nombre del cristianismo verdadero; decían que los reyes habían tergiversado La Epístola de San Pablo a los Efesios cuando dice: Siervos, servid a vuestros amos, como a Cristo. Ellos aducían que tenían el original de esta carta, la cual decía no servir a los amos sino a Cristo. Esta sospecha de tergiversación de los evangelios obliga a los intelectuales a realizar sus propias traducciones para verificar si no existían versiones interesadas de los textos religiosos como denunciaban los comuneros.  Erasmo de Rotterdam traduce del griego su propia versión del Nuevo Testamento y postula la tesis de que el hombre solo se salva por la verdad, tal como postula Cervantes en el Quijote.  

En los 128 años de guerra religiosa, escribe Paul Johnson en la Historia del Cristianismo, solo podía tolerarse una sociedad unitaria y quienes no se ajustaban a la norma debían ser aterrorizados expulsados o muertos (p 412). En esta guerra la primera baja de los valores cristianos fue la verdad. La Inquisición se financiaba con las confesiones bajo tortura, las confiscaciones de bienes y la venta de cargos de espías, por lo que la indagación es sustituida por la tortura y la verdad por la confesión.                  

El Santo Oficio se adueñaba de las propiedades de los condenados y los inquisidores recibían un pago adicional por cada uno de los confesos, por eso la verdad estorbaba y era necesaria la tortura. Incluso el Concilio de Letrán les permitió acusar de herejes a los muertos, para expropiar la herencia de sus hijos. En la España de Cervantes ni siquiera los muertos estaban a salvo. Por eso en la primera parte del Quijote los personajes se salvan por la verdad, la cual encuentran al superar las apariencias contrarias.

La segunda baja de la guerra fue la libertad. Rodrigo Manrique escribe que en España no puede producirse ninguna forma de cultura sin hacerse sospechoso de herejía, error o judaísmo. En España hay algunos ejemplos sensibles que ilustran sobre la pérdida de la libertad. En 1559, el primero es que la Inquisición capturó a Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo y lo mantuvo en las mazmorras hasta su muerte. Una delegación Papal que intercedió a su favor concluyó que los defensores de la libertad y la justicia consideran que es mejor que un inocente sea condenado a que la Inquisición sea avergonzada (Paul Johnson op cit. 415) Por eso el Quijote le dice a Sancho, que la libertad es uno de los más preciados bienes que tiene el hombre y cuando en una noche oscura se topan con un muro, el Quijote exclama: “Tened cuidado Sancho que con la Iglesia hemos topado.” El segundo ejemplo relevante sobre la pérdida de la libertad es el que nos da el historiador Carlos Ratti, quien nos recuerda que Felipe II encarceló a su hijo Don Carlos de por vida porque quería tener un reino en Flandes. Para lograrlo lo declaran loco y lo encierran en las mazmorras hasta su muerte (Carlos Ratti, Felipe II Rey de España, Madrid 1927) En cambio Evaristo de San Miguel, en Historia de Felipe II Rey de España,Barcelona, 1868, nos dice que el Príncipe Carlos fue asesinado pues hubo una asignación torcida al remedio que se le recetó

El tercer ejemplo sobre la pérdida de la libertad en España nos lo da Louis de Bertrand en su libro Felipe II, Madrid 1931. El rey, para encubrir un asesinato, encierra a Ana de Mendoza, una de las mujeres más ricas de España, hasta el fin de sus días en el castillo de pastrana (p 20). En este contexto histórico adquiere sentido el discurso de la edad dorada. El Quijote dice: “En la edad dorada la justicia estaba en sus propios términos. Sin que osasen turbar ni ofender los del favor y los de los intereses que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje (de las sentencias arbitrarias) no se había sentado en el entendimiento del juez.

La libertad y la justicia se perdieron porque el Estado necesitaba culpables para reclutar mano esclava para la fortificación de las obras del Rey. Por eso en la España de Cervantes la libertad no era un derecho sino un privilegio. Nunca fue tan crecida en España la necesidad de Galeotes, dice Fernando Cadalso en su estudio Instituciones jurídicas del Siglo XVI, pues pagaban carcleje para incrementar las rentas del Estado. Estar preso no era un problema de la justicia sino una necesidad del poder.  Gregorio Marañón, en su libro Vida e Historia (Madrid – España, Espasa  Calpe 1955),  nos dice que en 1530 Carlos V decretó pena de galera para los criminales y que posteriormente                  “se cazaba por los pueblos y los caminos a quienes no tenían trabajo y a los pobres gitanos para llevarlos a las galeras” (p 108.)    

Esto lo hace evidente Cervantes en el capítulo de los galeotes. Cuando el condenado a las galeras le dice al Quijote que su compañero va preso por canario, es decir por músico y cantor ¿Pues cómo? Replicó Don Quijote ¿Por músicos y cantores van también a las galeras? -Sí señor respondió el galeote que no hay peor cosa que cantar en el ansia. Antes he oído yo decir, dijo el Quijote, que quien canta sus males, espanta.  - Acá es al revés dijo el galeote- quien canta una vez, llora toda la vida. –No, lo entiendo- dijo don Quijote, mas una de las guardas le dijo: Señor caballero cantar en el ansia se dice entre esta gente non sancta, confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su delito que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias y por haber confesado le condenaron por seis años a las galeras, amen de los doscientos azotes que ya lleva en las espaldas y va siempre pensativo y triste porque los demás ladrones que allí quedan y aquí van le maltratan y aniquilan, y escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimos de decir nones. Porque dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí y que harta ventura tiene un delincuente,  que está en su lengua, su vida o su muerte y no en la de testigos y probanzas y para mí tengo que no van muy fuera del camino  y yo lo entiendo así  le respondió el Quijote

Cervantes ha dicho que don Quijote desvaría en lo tocante a los libros de caballerías, pero que en lo demás no se equivoca. Esta afirmación la podemos confirmar cuando el Quijote después de oír los motivos del cautiverio de los prisioneros concluye que es una gran injusticia su pena y por eso arremete contra los guardas y esto facilita la huida de los prisioneros. Este es el delito por el cual la Inquisición apresa a don Quijote y se lo llevan enjaulado a su casa. Sucede entonces que la sin razón del loco denuncia la injusticia como la locura del poder, en una época donde no hay justicia y la verdad ha sido sustituida por la confesión; la investigación de los hechos, por la tortura. De esta manera El Quijote defiende la verdad, la justicia y la libertad del humanismo cristiano.

Otro de los valores que perdió el cristianismo en las guerras religiosas fue  virtud, baja producida por la ambigüedad moral. Por ejemplo, según los Jesuitas el código moral podía quedar en suspenso cuando estaban en juego los intereses católicos. Esta es la moral del poder. Un teólogo escribió que la pureza de la intención puede justificar actos contrarios al código moral y la ley humana. Es la lógica fanática de la fe instituida por el Concilio de Trento: Si mi padre fuera hereje, yo juntaría leña para quemarlo, dijo el Papa Pablo IV. La locura de los teólogos, dice Erasmo de Rótterdam, es aterrorizar a aquellos que no le son propicios. La sociedad española vivía una doble moral instituida por la Bula de la Santa Cruzada, por medio de la cual el ciudadano tenía que pagar por sus pecados; así compraba a la iglesia tranquilidad de conciencia. Incluso las mujeres, que tenían relaciones sexuales sin casarse, tenían que pagar un impuesto a la iglesia, para no ser consideradas prostitutas; en otras palabras, compraban la virtud. 

Por eso la virtud es uno de los principios cristianos que defiende Cervantes en El Quijote y en las Novelas Ejemplares como La Española Inglesao La Gitanilla.  Para el autor de El Quijote la fe estaba enajenada, y para restaurarla el Quijote, solo y viejo, sin más auxilio que un escudero reacio y un jamelgo escuálido, se hace Caballero Andante. Por eso cuestiona a Sancho y lucha contra el cabrero, para defender la dignidad de las mujeres. Todas las mujeres que aparecen en la primera parte de El Quijote recuperan su dignidad. Lo mismo sucede en la segunda. Cito un solo caso: el de la hija de Doña Rodríguez. La cual fue embarazada y abandonada. El Duque quiere ridiculizar al Quijote e inventa un duelo con el lacayo francés Tosilos, quien asume la personalidad del ofensor bajo una reluciente armadura.  El duelo es para defender la honra de la mujer. La condición es que si pierde, el ofensor debe casarse, si gana, queda libre del compromiso.

En medio de la bufonada el francés descubre la belleza de la ofendida y decide no combatir para casarse con la mujer embarazada.  Esta es una de las grandes victorias de don Quijote, quien defiende los valores ecuménicos del cristianismo, por los cuales luchaba la tercera fuerza que buscaba la paz entre protestantes y católicos. “La tercera fuerza del cristianismo, dice Paul Johnson en La Historia del Cristianismo, necesitaba un defensor real, la figura carismática y catalítica que desencadenaría personalmente el proceso promotor de la Edad de oro. (p 434). Pero esto no sucede en la historia, porque Enrique IV de Francia, uno de los reyes que tenía la posibilidad de hacerlo, fue asesinado por los Jesuitas. En contraste con la historia, Cervantes defiende la edad de oro promulgada por el cristianismo ecuménico con el Quijote, produciendo así la antítesis entre la novela y la historia.   En el discurso de las armas y las letras el Quijote hace evidente el fracaso del ideal ante la historia: “me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como en esta en que ahora vivimos.” Lo mismo sucede en la segunda parte cuando tres campesinas han decido vivir de acuerdo a la edad de oro, por lo que don Quijote sale a los caminos a defender el ideal, pero es aplastado por una piara de puercos y una manada de toros de lidia y como todos los capítulos de la segunda parte, son un proceso de recuperación de la razón, llega a la conclusión de que no fracasan los ideales, sino los medios con los que trató de imponerlos.   

La aventura de los molinos de viento, el epítome de la locura de don Quijote en la primera parte, y el emblema más recordado de su obra, sobre todo por los que no han leído al Quijote, también se rige por el código de las apariencias contrarias.  En la España de Felipe II la producción agrícola fracasa y el Estado cae en una profunda crisis económica, la cual llevó al rey a declararse en bancarrota, y para enfrentar la crisis, se crea un sistema de molinos de vientos donde se almacenan, procesan y distribuyen cereales. El Quijote se topa con ellos y los ve como monstruos. Los molinos eran el símbolo del mal en la Divina Comedia. Lucifer tiene alas como aspas de molinos de viento, tal como los percibe el Caballero Andante. ¿Qué sucedió en España con los molinos de viento? Fueron el foco de infección de la peste que asoló España 1596 y 1602 y azotó con gran virulencia las zonas centrales de Castilla.  Esta peste, según A. Thompson, en España en los tiempos  del Quijote (p 166), “supuso la crisis de mortalidad más intensa de la que se tiene constancia en España”,  pues terminó con la tercera parte de la población. Entonces la analogía tiene un fundamento en la realidad porque los molinos de viento sí eran monstruos devoradores de hombres, tal como los veía el Quijote. Y es gran servicio a Dios quitar tan mala simiente sobre la faz de la tierra, le dice el Quijote a Sancho. La mala simiente de los molinos fue la que contagió a los españoles con la peste. Después del estropicio el Quijote ve molinos de viento donde hay molinos de viento. De esta manera Cervantes equipara la locura del Quijote con la locura de la sociedad. Otra de las formas de las apariencias contrarias. 

Otro tema que se presenta como antítesis entre la novela y la historia, es el tema de la guerra.  Don Quijote en la aventura de los rebaños confunde carneros con ejércitos y los describe con signos que identifican a los que beben en el olifero betis (los andaluces); los que beben del licor del tajo (los toledanos); los que gozan las aguas del divino Genil (los granadinos); los  que alegran los jerezanos campos (los de Jerez ); los manchegos coronados de ricas espigas (los de La Mancha); los de sangre goda (León Asturias y Santander); los que en Pisuerga se bañan (los vallisoletanos). Si buscamos la relación con la historia, veremos que eran las comunidades en las que reclutaban soldados del ejército español, como nos indica el historiador  José María de Mena (Así fue el Imperio Español. Plaza Janes Editores Madrid 1991) La tercera parte de los soldados proceden de Cataluña y Aragón, otra parte de Castilla, y otra de Andalucía y Extremadura (p.122).  Los borregos que ve el Quijote provienen de los lugares donde España reclutaba a sus soldados. Tenemos entonces, que cuando el Quijote ve ejércitos cuando hay rebaños, de acuerdo a la teoría del discreto entendimiento sobre las apariencias contrarias, realiza una clara alusión a los soldados españoles llevados como borregos a la guerra. Esta analogía también la utiliza Quevedo cuando los llama lanudos.  El historiador José María de Mena nos dice que en la guerra de Flandes, en una sola batalla, 20 mil soldados españoles fueron degollados como borregos.

No olvidemos que el hermano de Cervantes, Rodrigo,  muere en la batalla de las Dunas, en 1600, en la guerra de Flandes; cinco años después su hermano publica una novela donde el Oidor busca a un hermano que cree muerto en la guerra, pero lo encuentra en la venta como cautivo de la mujer que ama. El encuentro de los hermanos es una proyección del deseo de Cervantes de encontrar a su hermano perdido en la guerra. ¿Otra forma de las apariencias contrarias?  Por lo que el soldado de Lepanto escribe una novela donde don Quijote parodia a Felipe II quien se presentaba como el representante de las armas y de las letras.  John Elliott, en su ensayo La Monarquía Hispana en el reinado de Felipe II, dice que Felipe II se presentaba como un monarca cuyo estilo de gobierno suponía la perfecta unión de las armas y las letras (España en los tiempos del Quijote. p 51).

Otro factor que hace evidente la ironía de Cervantes es el relacionado con el texto y la historia en lo relacionado con los Duques.  Felipe III le entrega el gobierno de España al Duque de Lerma; Felipe IV, al conde Duque de Olivares, mientras en la novela los duques le entregan el gobierno de la ínsula de Barataria a Sancho. Los duques representan en la novela el poder de la corona como sucede en la realidad.  Gregorio Marañón en su Biografía del Conde Duque de Olivares, dice que el Conde le explicaba al rey Felipe IV los problemas sociales de España por medio de comedias y representaciones teatrales, tal como hicieron los duques en la novela para reiterar la insania del Quijote. ¿Estaba loco el rey? “La mesma comedia, con la que quiero, Sancho que estés bien, teniéndola en tu gracia y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los que las componen porque todos son instrumentos para hacer un gran bien a la república,( …) pero Sancho le responde “Nunca los cetros y coronas  de los emperadores farsantes, respondió Sancho Panza fueron de oro puro, sino de oropel o de hoja de lata, así es verdad replicó Don Quijote “ ( II , 12 ) Resulta  que la verdad resultante del diálogo es que la comedia noesmás que la patética realidad del poder. De esta manera Cervantes equipara la comedia a la realidad para relacionar el texto con la historia; pero en la novela sucede al contrario de lo que hace el Conde Duque de Olivares, usar la comedia para ocultarle la realidad al monarca español. Cervantes recurre a la comedia para mostrarle la precariedad del poder al lector. 

Cervantes se burla de este ideal varias veces en el Quijote. Recordemos que cuando Sancho asume el gobierno de la Isla de Barataria lo hace vestido en parte de letrado y en parte de capitán. Este imagen del escudero ejerciendo el poder contrastaba con la realidad, ya que en España había más de 100 mil esclavos domésticos, lacayos o pajes como Sancho (Bernard Vicente, op cit p 293).  Los galeotes y los trabajadores de las minas de Almaden y Guadalcanal . En el Quijote encontramos la historia de un niño llamado Andrés a quien Juan Haldudo, el rico habitante de Quintanar, esclaviza: “De qué obras es hijo pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo. El discurso de las armas y las letras del Quijote interpreta la relación entre las armas y las letras de forma distinta a Felipe II. Diferencia las armas de la guerra y postula que la única guerra justificada es la para defender la fe, no la guerra entre cristianos.  De tal manera que el Quijote no defiende las armas cuando están al servicio de los valores ideales del cristianismo como lo fueron en Lepanto, tal como se desprende de la historia del cautivo, Ruy Pérez de Viedma, uno de los dobles de Cervantes en la novela. Por eso el Quijote defiende las armas y no la guerra. Esta distinción es importante porque España está sumida en una guerra religiosa desde 1520 hasta 1648.

El contraste entre la novela y la historia es evidente, cuando don Quijote le dice a Sancho en la aventura del Yelmo de Membrino, Nunca acostumbro yo a despojar a los que venzo, esto es lo contrario a lo que sucede en la guerra, pues los soldados españoles, dice el historiador José María de Mena, podían darse al saqueo de las ciudades para procurarse la paga. Al final el Oidor paga el yelmo al barbero y las botijas de vino al ventero. Este era uno de los argumentos de Felipe II. En la novela es significativa la discusión de si el yelmo del barbero era de oro o de hierro, es una parodia a la búsqueda que realiza Felipe II contratando alquimistas para convertir el hierro en oro, para poder financiar la guerra el Flandes, nos dice Francisco Gómez Marín en su obra Felipe II y la Alquimia.  En cuanto al bálsamo de Fierabrás, se parodia al Duque de Lerma, quien  por medio de un decreto pretende llevar de la pobreza a la riqueza a todos los españoles. Lo mismo ocurre con la fiera batalla de don Quijote contra los cueros de vino. El Duque de Lerma en 1604 obliga a las Cortes instaladas en Valencia a subir el impuesto al vino. Se generan disturbios y los productores prefieren apuñalar los cueros de vino a pagar el impuesto.

Otro contraste entre la novela y la historia surge cuando don Quijote le da consejos para gobernar a Sancho.  En realidad Cervantes esta burlándose de los consejos escritos por los reyes y sus representantes para gobernar España. Carlos V le escribe a Felipe II un opúsculo de cómo se debe gobernar en tiempos de Paz y Felipe II le escribe a su hijo Felipe III un texto con recomendaciones para gobernar llamado Políticas de Dios y Gobierno de Cristo. Según el consejo del Quijote, a Sancho este le dice que debe temerle a Dios (Capítulo XLII). Pero en la realidad Felipe II llenó a España de espías, mazmorras y torturadores para que le temieran al Emperador. Según el Quijote debe someterse a los hombres a la justicia, según Felipe II someter a la justicia a los hombres era un problema del poder y no de la justicia. Haz gala Sancho de la humildad de tu linaje, le dice el Quijote; en cambio el Emperador le dice a su hijo Felipe III que debe reunir en una persona la virtud y el mérito de los otros.

Don Quijote por su parte le pide a Sancho que tome como medio,  la virtud.  En las recomendaciones el rey dice a su hijo que la virtud se puede superar de muchas maneras (Saiz Rodríguez y otros Reivindicación Histórica del Siglo XVI, Madrid España 1928.p 171), (Julián Zarco Cuevas. Ideales y normas del Gobierno de Felipe II). Cuando Sancho recurre a una receta de sentencias y refranes para gobernar, está parodiando a Felipe II que gobernaba y hablaba por medio de sentencias y refranes (Saiz op cit p 175). Por eso el Quijote le dice a Sancho que sesenta mil satanases te lleven a ti y a tus refranes. Otro de los textos que parodia Cervantes, son las Instrucciones secretas del Duque de Alba para el Virrey de Nápoles.  El Quijote le dice a Sancho, si algún culpado cae en tu jurisdicción muéstrate piadoso y clemente, en cambio el Duque de Alba dice al virrey de Nápoles que se deben tener capellanes para ayudar al bien morir a los presos y condenados.

En síntesis, Cervantes en el Quijote se burla de los consejos usados para gobernar España. Tenemos así que el contraste entre la novela y la historia es uno de los mecanismos de la ironía de Cervantes, por eso dice que la historia es la madre de la verdad y el lector modelo del Quijote le dice a Cervantes que bajo su manto al rey mata.  

Para continuar el contraste entre la novela y la historia, debemos recordar queFelipe III elimina las instituciones de la justicia mayor vitalicia, que no solo le permitían ser árbitro entre el rey y la nobleza, sino que funcionaba como amparo de todos los perseguidos y de los sedientos de justicia. Diego Hurtado de Mendoza, en su Guerra de Granada, escribió que El gobierno del Rey no es gobierno de justicia sino de tiranía y venganza (John H. Elliott, La Monarquía Hispana en el gobierno de Felipe II,recopilado en España en los tiempos del Quijote p 53). Recordemos que el Quijote se vuelve caballero andante por falta de la justicia, mientras en la España real la justicia  queda en manos de bandoleros que roban al rico para dar al pobre, tal como sucede con Roque Guinar, un bandido catalán, quien es un personaje histórico que aparece en El Quijote; lo paradójico es que para  cuando Cervantes publica  la segunda parte de El Quijote, el bandolero hacía cuatro años que había conseguido una amnistía y se había hecho capitán de infantería en el reino de Nápoles, porque en España la inmunidad judicial era el mejor aliciente para el alistamiento, dice AA Thompson en su ensayo  La guerra y el soldado (España en los tiempos del Quijote p194).  Podemos añadir que el personaje histórico también está sometido a la ley del cambio por las apariencias contrarias; por lo que este personaje es un bandido justiciero.

Por otra parte, la ruta del caballero andante, que busca restaurar la justicia, pasa por los lugares donde funcionaron las instituciones de la justicia regional, abolidas por el absolutismo. Carlos Fuentes nos recuerda que en la España de Cervantes se rompe la tradición pluralista de Alfonso VI de Castilla que se proclamó emperador de las tres religiones; se expulsan a los moros y judíos de España. Se eliminan los fueros y privilegios que gozaban las comunas regionales, usados como arma social para atraer a los españoles, que vivían en territorios controlados por los moros. Lo cierto es que desde el punto de vista social, en España empezaron a surgir islas políticas, producto de las sublevaciones populares que declaraban sus territorios libres del poder de la corona, en particular en el país vasco y Castilla.

También surgen islas políticas en los repartimientos económicos que hacen los nobles. Por eso es significativo que Sancho, un rústico, sí puede gobernar una ínsula bajo la protección de unos Duques, porque este juego de la ficción era posible en la realidad, y de hecho se realizaba cuando los nobles, después de comprar el vasallaje de los pobladores de una región, encargaban a alguno de sus testaferros para administrar el condado, cobrar impuestos en los municipios o administrar la esclavitud y vender los cargos públicos. En la España de Cervantes había 18 duques, 38 marqueses y 43 condes (Bernard Vicent La sociedad española en la época del Quijote op cit p 290), los cuales ejercían autoridad sobre los vasallos y obtenían ganancias económicas. Por eso el Duque le decía a Sancho que no hay ningún género de oficio de estos que no se granjee con alguna suerte de cohecho.          

En la realidad, Felipe III le entrega el gobierno de España al Duque de Lerma; Felipe IV, al conde Duque de Olivares, mientras en la ficción sucede al revés: los duques le entregan el gobierno de una ínsula a Sancho.  ¿Qué significa esto? Que en las ínsulas políticas gobierna el pueblo o que Sancho sí puede gobernar con acierto en la ficción, mientras los reyes no pueden hacerlo en la realidad. Entre los cargos que se vendían estaban el de Hidalgo y el de Conde, por eso Sancho arguye que para ser conde le basta ser cristiano, a lo que el Quijote le replica y aún te sobra, y cuando no lo fueras porque siendo yo el rey te puedo dar nobleza sin que la compres, ni me sirvas de nada (Capítulo 21 de la I Parte).  Por ende, otorgar el gobierno de la ínsula de Barataria era una parodia del reparto del poder que realizaba la nobleza en España, lo que implica una crítica a la incapacidad de los reyes de gobernar por sí mismos. 

La parodia de la historia nos indica que Cervantes cuestiona la razón del poder por medio de la sin razón del Quijote; de esta forma se defienden los ideales democráticos en una época donde el absolutismo elimina las instituciones de justicia regional. La Inquisición censura libros, quema gente, despoja propiedades y autoriza cómo pensar y vivir. En una época, como dice Carlos Fuentes en su obra Cervantes o La crítica de la lectura, donde los valores democráticos, son sustituidos por el poder centralista, que sacrifica la justicia al orden; la virtud, al éxito; el diálogo es sustituido por el monólogo del poder. Es una época donde se sustituyen los procesos judiciales por la tortura y la verdad, por la confesión. Lo cual es diferente a los juicios guiados por la justicia que realiza Sancho en El Quijote. La moral y la virtud son sustituidos por la conveniencia; los valores del cristianismo, por las normas del Concilio de Trento y, cuando ya no quedan judíos ni protestantes en España, el rey declara que la brujería es el azote de la raza humana, lo cual desató la represión de las mujeres. El contraste se da en la novela porque el Quijote realiza una defensa a la dignidad de las mujeres desde el principio hasta el final.

No olvidemos que solo en Toledo fueron torturados el 32 % de los acusados, entre ellos ancianas de 90 años y niñas de 13. Al sustituir la investigación por la tortura, se pierde la verdad como árbitro social; se somete la dignidad a la supervivencia; se sustituyen los confesos, por los culpables. Por esta razón Cervantes recurre al doble sentido; al disimulo y a la ironía para poner en contraste el ideal del caballero de la fe con la realidad de España.  Podemos representar esta época de locura con la expresión que usó Luis Vives: Vivimos tiempos muy difíciles en los cuales no puede uno hablar, ni callar sin peligro. En otras palabras, las fuerzas democráticas de España están como el Quijote al ser derribado en su última batalla por el caballero de la Blanca Luna. Vencido sois caballero y aún muerto, sino confías las condiciones de vuestro desafío. El andante molido y aturdido, sin alzarse la visera como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma dijo: Dulcinea del Toboso, es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra.  Y no es que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta caballero la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra. Esta respuesta es parecida a la respuesta que le da el moro al cristiano en la Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa (1561). Su respuesta también es parecida a la respuesta que le da el joven Bariato a los romanos, el último sobreviviente en la Numancia de Cervantes. Ellos le ofrecen libertad y riquezas, pero él prefiere suicidarse debido a la pérdida de su honor. Recordemos que Séneca decía que el suicidio era el último recurso de la dignidad.  

Podemos decir que en la súplica del Quijote hay una verdad social: equipara al pueblo con la nobleza; también, una verdad humana ¿Acaso el amor no le da sentido a la vida? Verdad que ha tratado de demostrar en la primera parte del Quijote.  Y una verdad trágica: la precariedad de toda voluntad del poder. Restaurar estos valores perdidos es lo que anima al caballero de la triste figura, cuya utopía máxima era la de transformar la vida, cuando la sociedad se refugia en la utopía mínima, que es sobrevivir.

Los personajes de Don Quijote son los antihéroes derrotados por la historia; son los hombres y mujeres que protagonizaron la insurrección de los comuneros, los que desean restaurar el cristianismo fragmentado por el fanatismo de la guerra religiosa. Ellos dialogan en la novela en busca de la verdad; tratan de restaurar su honor; anhelan la virtud y la justicia a lo largo de la ruta del andante, que es la ruta donde se encontraban las instituciones de justicia de la España medieval, clausurada por el absolutismo. Pero el valor estético del Quijote no se queda en la crítica de la historia, madre de la verdad, porque la aventura quijotesca implica también la restauración de la dignidad de los personajes como principio vital de la novela. Por eso el Quijote es algo más que una novela que narra las aventuras de un caballero desquiciado que anda por España enajenado por los libros de caballerías. El Quijote es la crítica de la sociedad por medio de la lectura, es una forma de recuperar la dignidad por medio de la risa, la parodia y el doble sentido. La novela de Cervantes es una forma de contra historia. Michel Foucault nos recuerda en su obra Defender la sociedad, que desde La Edad Media hasta el siglo XVII hay dos cambios en el discurso de la historia. En Roma el discurso de la historia es para defender la soberanía, el cual evoluciona en defensa del poder. El enemigo es el hombre de otra fe: el turco, el judío o el mahometano. En este contexto la literatura de caballerías y la comedia de entretenimiento lo que hacían era ser rituales del poder. El Quijote cambia eso, la literatura ya no es parte de los rituales del poder, es su ruptura. ¿Quién es el enemigo de clase ahora?, se pregunta Foucault, pues bien, el enfermo, el desviado o el loco, responde (p. 82). Eso fue lo que postuló Erasmo de Rotterdam, uno de los promotores de la tercera fuerza del cristianismo, cuando describió este cambio en el discurso de la historia en el Elogio de la Locura. Cervantes en El Quijote no solo cuestiona el discurso de la historia, sino que nos describe los valores de la condición humana en el nuevo ciclo de la historia que se inicia.           

II Las apariencias contrarias.
Casi al final de la primera parte del Quijote, cuando están en la venta, hay una discusión sobre si la bacía de latón del barbero es el Yelmo de Membrino o si las jáquimas son de caballo o jumento, pues ha llegado el barbero, y las reclama.  La contraposición entre lo que dice el Quijote y lo que dice el barbero es en torno a las apariencias contrarias. Los otros personajes que están en la venta someten a votación la disputa y resulta que según ellos, las cosas son como dice el Quijote, aunque uno de los personajes le paga al barbero los objetos que le quita el andante.  ¿Por qué ocurre esto? Porque es una clave para el lector que le permite comprender lo que le ha sucedido a los personajes que pernoctan en la venta; quienes han contado sus historias personales,             lo que conforma gran parte de la primera parte del Quijote, porque la novela no es solo la aventura del andante sino la historia de los personajes tipos que conforman el pueblo español. De esta manera cada hombre y cada mujer en El Quijote es hijo de sus hechos, su linaje y prosapia no dependen de la genealogía o de su limpieza de sangre, sino de sus actos vitales, por medio de los cuales son capaces de preservar su dignidad.  

Cada uno de los personajes está sometido a la norma de las apariencias contrarias. Por ejemplo Zoraida, la mujer mora, abandona a su padre y huye con el cautivo, un caballero cristiano, por lo que en la venta es árabe y es cristiana; pero sobre todo es una mujer que ama por encima de las diferencias culturales.  Este era un tópico de la literatura arábigo española. Aparece en El Recontamiento de lo que le sucedió a una partida de sabios célibes donde un anacoreta musulmán se enamora de una mujer cristiana por la cual renuncia a su religión, pero el apostata arrepentido consigue el perdón y la conversión de la mujer cristiana al Islam.  (Ángel Sánchez Palencia Historia de la literatura Arábigo Española, Editorial Labor, Madrid España, 1928 p 308). Cervantes lo que hace es revertir la tradición, al parodiar la literatura de tradición arábiga, uno de los pilares de la cultura española.      

También tenemos la historia del cautivo, un soldado decepcionado que busca su libertad; y cuando es prisionero no recibe ayuda de sus amigos, pero sí, de la hija de su enemigo; y en la venta se hace pasar por cautivo de la mujer que ama para protegerla. Aquí escuchamos la historia de su hermano, el Oidor, quien tiene que oír la historia de los otros para encontrar su verdad. La verdad deja de ser el producto de su autoridad; su dignidad resurge de la comprensión de la verdad revelada por el relato de los otros. En otras palabras, el Oidor tiene que oír; el Oidor lleva a su hija Clara, quien tiene un criado de mulas que la sigue.

Ella es a su vez doncella y es mujer. El mozo de mulas es el hijo de un señor de alcurnia, quien se disfraza por amor a la joven. El personaje también esta sometido a la dualidad de las apariencias contrarias al ser un mozo de mulas y a la vez, un hombre rico, tal como sucede con todos los personajes que pernoctan en la venta. Lo significativo de esto es que estas apariencias contrarias están motivadas por los prejuicios sociales y se resuelven por el amor. El amor es la fuerza que hace cambiar a los hombres y mujeres; la fuerza que los salva de la vorágine psicológica de la transformación, que los lleva a superar las apariencias contrarias de los prejuicios para recuperar su dignidad;  en la venta se cuenta la historia de amor entre Maritornes, la hija del ventero, y el arriero, pero ella se transforma en princesa, a la que el Quijote desea, de tal manera que se ponen en contraste el deseo carnal del arriero y el deseo sublimado del Quijote por su princesa imaginaria. También está Dorotea, quien se disfraza de hombre o es la princesa Micomicona; ella es un personaje clave en la primera parte de la novela porque Cervantes la utiliza para resolver la trama de amores cruzados entre Dorotea y Fernando; Cardenio y Lucinda, cuyas vidas están desechas por las apariencias contrarias producidas por los prejuicios sociales. Los cuatro viven sometidos a la ley de las apariencias contrarias, debido a que creen lo que no es, pero cuando Dorotea descubre la verdad del amor todos recuperan su dignidad.  Tenemos entonces que los hombres y mujeres en la primera parte de Don Quijote asumen una personalidad que no es la suya; como le sucede al Quijote. La paradoja es que el Quijote lo hace debido a la lectura de libros de caballerías, pero ellos lo hacen por el peso de los prejuicios sociales. Finalmente, la fuerza del amor los transforma en lo que son. Tenemos que el Quijote es la historia del drama humano de su tiempo, el cual se soluciona por el amor; este resuelve el drama social de las apariencias contrarias que viven los personajes de la novela.  

Cuando el Quijote empieza la discusión sobre si se trata del Yelmo de Membrino o de la bacía del barbero lo que hace Cervantes es explicar al lector la manera de interpretar las apariencias contrarias que afectan a los personajes. Por eso ellos someten a elección el asunto y gana el Quijote, pues todos han resuelto el drama de las apariencias contrarias, pues llegaron a la venta siendo lo que no son; ahora son lo que son. Por eso en El Quijote, Cervantes apela a esta cualidad del discreto entendimiento, pues la verdad se encuentra tras las apariencias contrarias; sobre todo, la verdad del amor que permite recuperar a todos los personajes su dignidad; esta es la gran verdad de la condición humana.  Los personajes de Don Quijote tienen que superar, las apariencias contrarias producidas por los prejuicios sociales por medio del amor.  Al ser ellos mismos superan las limitaciones de la cultura, de la sociedad y sus prejuicios. Solo así pueden ser personas auténticas que preservan su dignidad por encima del poder protervo de la historia. Esta es la gran lección de Cervantes en El Quijote

En este contexto, la historia del Curioso impertinente adquiere coherencia dentro de la novela. Creemos que esta coherencia se da por dos razones: la primera, porque el cura dice que la obra es de quien escribió Rinconete y Cortadillo es decir, de Cervantes; la segunda es que la historia contiene una advertencia sobre las faltas al amor. Este tema es coherente con la trama que viven los personajes en ese momento; ellos están contando una historia en la que tienen que resolver un conflicto de amor, y para hacerlo todos recurren a la solución de las apariencias contrarias como fórmula para recuperar su dignidad. Conocer el ejemplo del Curioso impertinente, dado por la tragedia de quien pierde el amor de su vida por los prejuicios, resuelve el conflicto de los personajes de la novela. La dignidad de las personas es ahora un valor subrayado por Cervantes porque la defiende dos veces seguidas. La primera contra Sancho, que ofende a Dorotea al llamarla prostituta. Dorotea interviene para apaciguar la furia del andante porque asegura que Sancho hizo mención a un dicho, sin intención de ofender; no obstante este muy contrito, le pide perdón a Don Quijote. El otro caso es la historia contada por el cabrero, quien tiene a una cabra como su mejor amiga pues desconfía de las mujeres; y para atestiguar su inquina cuenta la historia de Leandra, quien fue engañada por un soldado farsante, quien le roba y la abandona en una cueva. Aunque la dama asegura que no ha perdido la joya más preciada, la que acrisola su virtud, y en la que recae el honor de su padre, nadie le cree, ni siquiera su padre, que se exilia para volver cuando haya pasado la ola especulativa sobre la virtud menguada de su hija. El Quijote se enfurece y traba combate contra el cabrero porque su historia no defiende la dignidad de la mujer. El doble de esta historia en la segunda parte es la historia de la hija de Doña Rodríguez. Por esta razón decimos que la segunda parte de El Quijote es espejo de la primera. La primera es el viaje de la locura, la segunda el viaje a la recuperación de la cordura.   

Una vez resuelta la lógica de las apariencias contrarias en los personajes, aparecen los agentes de la inquisición que buscan al Quijote por haber liberado a los galeotes y ahora las apariencias contrarias se van hacia lo social. Las cuadrillas de la Inquisición no aceptan la verdad que surge de las apariencias contrarias; no me den a entender a mí cuántos hoy viven en el mundo al revés de que esta no sea bacía de barbero y esta albarda de asno, dijo uno de ellos.  Acto seguido los inquisidores piden ayuda para meter en prisión a aquel robador y salteador de sendas. El Quijote responde aplicando la norma de las apariencias contrarias para descubrir la verdad:
Venid Acá Gente Soez y mal nacida. Saltear caminos llamáis al dar libertad a los encadenados, soltar a los presos, socorrer a los miserables, alzar a los caídos, remediar a los menesterosos.
Al someter los hechos a las apariencias contrarias Quijote ataca de forma directa a las dos instituciones de poder más importante de su tiempo, al Emperador y a la Inquisición. Pero ahora el lector está en capacidad de comprender la loca verdad del andante, al compararla con la injusticia de sus perseguidores, ya que pueden deducir por medio de las apariencias contrarias, las diferencias que hay entre ser salteador de caminos o liberador de prisioneros, capturados de forma injusta. Tal como sucedía en España.

El Quijote apela al estatuto social de los hidalgos para evitar el castigo, pues de acuerdo a las leyes los hidalgos estaban exentos de cualquier forma de tormento (Georgina Dopico Black España en Tiempos del Quijote p 25). El sacerdote por su parte apela a la locura, que no estaba codificada como delito por la inquisición, pero los miembros de la cuadrilla de La Santa Hermandad insisten en que lo apresarán 300 veces aunque lo suelten por loco. Finalmente convienen, el cura y el barbero en armar una farsa para llevarse al andante enjaulado a su aldea vigilado por La Santa Hermandad. Tenemos entonces que la primera parte del Quijote esta sometida al principio de las apariencias contrarias y solo el amor es el que permite recuperar su dignidad a los personajes al elegir ser lo que son, aunque para hacerlo simulen ser lo que no son, como Don Quijote de la Mancha. Esta es la gran paradoja de la novela.    

  III ¿Quién es el loco? 
Si bien el caballero de la triste figura está loco, por leer libros de caballerías, también lo está la sociedad debido a la guerra, por lo que el segundo mecanismo de la retórica de las apariencias contrarias es contraponer la locura evidente del caballero andante con la locura oculta de la sociedad. Debemos destacar que en el Manual de Inquisidores, de 1587, del inquisidor Aragonés Nicolau Eimeric, la definición de hereje parte de aquel que es capaz de elegir racionalmente un error de la fe que afecta la interpretación de los evangelios, al margen de la interpretación oficial de la Iglesia católica. En este caso la locura no está dentro de la herejía, por eso el cura en la primera parte de El Quijote intercede por el caballero andante porque estaba loco; y aunque los inquisidores digan que se lo llevaran preso aunque lo suelten 300 veces, lo cierto es que el personaje podía darse el lujo de decir su loca verdad y también como veremos, de contraponer su locura personal con la locura de la sociedad.    

Erasmo de Rótterdam escribe en el Elogio de la locura que los insensatos tienen la cualidad maravillosa de decir la verdad y de ser oída con agrado. Esta es la cualidad del Quijote. En la edad dorada, dice el Quijote, No había fraude; el engaño, ni la malicia mezclándose con la verdad. Las doncellas y la honestidad andaban como tengo dicho por donde quiera sola y señera, sin temor que la desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen. Pero en El Quijote hay algo más, si lo vemos desde la perspectiva dada por el contraste de las apariencias contrarias. Tenemos no solo que el loco dice la verdad, sino que su locura evidente se contrasta con la locura oculta de la sociedad. Por eso los sacerdotes que se enfrentan con el caballero andante padecen de un tipo de locura denominada por Erasmo de Rótterdam el vescovi politicanti, es decir viven enamorados más de la fastuosidad cortesana que de la simple vida pastoral.

Otro de los aspectos que son vistos como locura en El Quijote son los relacionados con el honor.  Una de las paradojas de la literatura es que el honor puede defenderse por medios perversos. En Otelo, de Shakespeare, el moro es el extranjero que ha recuperado su dignidad por el amor de Desdémona, la rubia patricia de Venecia. Finalmente, debido a las intrigas de Yago, motivadas por los celos y la creencia de que su esposa se acostó con el moro, lo cual es una violación contra su honor, esto propicia la venganza. Esta se urde para llevar a Otelo a pensar que Desdémona lo traiciona con otro; lo cual indica que ha sido violado su honor.  Debido a la supuesta traición, Otelo entra en una vorágine de celos delirantes, asesina a su esposa y luego se suicida. Yago defiende su honor y Otelo también, pero ambos restauran su honor por medios perversos, lo cual origina la tragedia. En este aspecto Shakespeare tiene una galería de delincuentes dedicados a preservar el honor con medios perversos, como Yago en Otelo, Ricardo III, que decide vengarse por ser contrahecho; Aaron, en Tito Andrógino, y Lachimo, de Cimbelino.

La diferencia es que en Cervantes la violación del honor no solo se genera por la intriga social sino que se genera por la iniciativa de la propia persona, que padece de un tipo de locura denominada estupidez.  Este es el caso del Curioso Impertinente, que induce a su mujer a estar con otro para probar si ella es fiel. Este es un caso de locura descrita por Erasmo. Loco es aquel que prostituye a su propia esposa.  El otro caso es el de las bodas de Camacho; hay que ser muy estúpido para casar a tu novia con su antiguo pretendiente, con el cuento de que está por morirse y quiere heredarle sus bienes. Cuando se casan, el moribundo se recupera. Tenemos entonces que en la novela de Cervantes los hombres pierden su honor debido a su propia locura. De esta forma la lanza de Don Quijote apunta a la locura oculta de la sociedad, como lo son la guerra y la estupidez humana, ¿Quien es el loco entonces?

Podemos decir que las aventuras del Quijote no son más que la reiterada contraposición entre la locura del Quijote y las formas de la locura social. El inmortal personaje de Cervantes participa de un tipo particular de locura: la carnavalización de la realidad; de la ironía producida por la loca verdad disfrazada por la risa y la ambigüedad, la parodia para enfrentar las sinrazones del poder.  Esta es la locura crítica descrita por Erasmo de Rótterdam, en El Elogio de la locura: la locura como sabiduría de la inadaptación, como dice Carlos Fuentes.  

Antes del Quijote Cervantes habla de la cordura loca en un soneto que aparece en La Gitanilla, no olvidemos que hace énfasis en que el Quijote solamente disparataba en tocándole a la caballería; y en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento” por lo que el contraste entre la locura del Quijote y la locura de la sociedad es la segunda clave para descifrar la novela. Veamos otros ejemplos. Cuando el Quijote ataca a unos sacerdotes (capítulo XIX de la primera parte) que cargan a un muerto en medio de una procesión fúnebre, porque los confunde con unos encantadores que podían llevar prisionera a una princesa, como en los libros de caballería. Recordemos que Erasmo de Rotherdam diferencia dos tipos de locura: la locura de la ilusión; y la locura del género de la estulticia, es decir la estupidez humana: “padecen de estulticia los que establecen pompas en los funerales  y llegan a prescribir cuántas lámparas, cuántos cantores, cuántas plañideras deben ir en el cortejo, como si los difuntos sintiesen vergüenza que su cadáver no sea enterrado con magnificencia”. El Quijote sufre la locura de la ilusión, piensa que los sacerdotes son unos demonios, que algún mal han cometido, y él tiene que vengarlo. Y como los curas están desarmados son presas del andante. Don Quijote está loco porque ve lo que no es, pero también lo están los sacerdotes, que piensan que el Quijote es el diablo que viene a quitarles el muerto. Ellos también ven lo que no es.  Cervantes equipara así la ideología religiosa con la locura de Don Quijote.  

Surge ahora, la ironía conceptual. Aquí el Quijote va a deshacer entuertos y deja tuerto al cura, es decir torcido: va a deshacer agravios y lo que hace es agraviar al cura; ya que golpear a un sacerdote era el primer agravio contra la fe instituido por el Concilio de Trento. Ambos personajes dialogan, pero con criterios distintos. El lector tiene que descubrir la verdad debajo de las apariencias contrarias. El sacerdote dice que el caballero debe ser condenado, pero el Quijote le recuerda un caso parecido en el Mío Cid, héroe de España, y contrapone las normas del concilio a los diez mandamientos, porque el sacerdote miente diciendo que es licenciado y defiende su vida, no por el valor sagrado de su vida misma, sino por sus títulos.  Por lo que el diálogo le demuestra al lector que el Quijote no es el único loco, y esta es la segunda clave de la novela. Cervantes ridiculiza a un tipo particular de sacerdote porque el Concilio de Trento promulgaba la formación de sacerdotes letrados, es decir que fuesen abogados. Este es el contraste entre lo ideal y lo real. Con esta equiparación de las locuras, Cervantes describe un mundo de enajenados que se interrelacionan sin reconocerse. Lo mismo es lo que leemos en El Eclesiastés; allí se promulga que elnúmero de estúpidos es infinito.

Cuando el Quijote llega al palacio Ducal, doña Rodríguez crea una farsa para hacerle creer que su mundo es real, pero en realidad ella cree en su causa; cree en la redención de la justicia, ya que la justicia se perdió en la España absolutista. Aquí opera lo que dice Erasmo: las cosas no son solo lo que son, sino lo que fueron y se desea. Ella muestra ante el Quijote su alma entristecida, presta atención a sus palabras y cree que de él puede venirle la justicia, no importa que el combate entre don Quijote y el criado francés Tosilos sea una bufonada, lo que importa es que el andante renueve su fe en la misión caballeresca, ya que se cree protector de viudas y de atribuladas doncellas, que en la España de Cervantes eran abundantes. Lo patético surge cuando el loco tiene razón, aunque el mundo que le quieren representar sea teatral. Doña Rodríguez, quien está protegida por el poder ducal, está igual que Don Quijote, cobijada por su locura, por su  propio desamparo. Pues su hija ha sido ofendida.  Aquí hay una referencia social a Felipe III. Los duques con la bufonada teatral se proponen engañar al Quijote, que presumen loco, cuando este ya empieza a ver la realidad.  Lo mismo sucede en la historia de España cuando el Duque de Alba, organiza obras de teatro, bufonadas, como la de Don Quijote para explicarle al Rey que todo iba bien en España. Lo cual es un indicio de la estulticia del soberano, a quien justificaban diciendo que estaba encantado, tal como el Quijote justifica sus fracasos. ¿Quién es el loco entonces? Ahora podemos comprender las palabras de Borges “Para Cervantes son antinomias lo real y lo poético; así tenemos que los avatares del caballero andante se reiteran en distintas circunstancias y con diversas variaciones para producir el contraste entre el poder y el ideal,  entre la locura de un caballero bueno y la locura perversa de la sociedad,  ya sea para comprender con la retórica de la ironía o para compadecernos de quienes padecen un arrebato de locura más cruel y miserable que la locura quijotesca.

La ironía suprema se da cuando el Quijote visita una imprenta donde están publicando El Quijote; el personaje se sabe leído, el lector comprende que se trata de la literatura, pero hay una ironía adicional: los protagonistas de El Quijote son los lectores de El Quijote, así se transforma la aventura fracasada, del caballero andante en la necesidad de ofrecer ideales al lector. Este procedimiento está en el final del Ramayama, de Valmiki. Entonces la ironía de Cervantes no es la burla de la persona.  La ironía cervantina va dirigida a producir conciencia en el contraste que se produce entre lo real y lo ideal. Entre la locura social y la locura del Quijote.

Esto es lo que hace al Quijote una novela moderna: es caballeresca, es picaresca, es metafísica, es una novela bizantina; interpola, repite; transforma; es la novela del símbolo porque propende a renovar los problemas universales del hombre. Por eso el novelista Augusto Roa Bastos, dice que Cuando Alonso Quijano muere acepta la derrota de los ideales caballerescos, admite el triunfo de los estereotipos, anula toda rebeldía, las desmesuras de las locas y sabias aventuras del Quijote bajo el resplandor del ideal heroico, pero no puede abolir la existencia del Quijote  porque sus ideales son necesarios y este seguirá cabalgando  por la vida, la belleza, la lealtad, el valor, la esperanza, y la libertad que son los valores que le faltan al poder.

IV La recuperación de la dignidad.
Hemos visto que el Quijote crea un contraste entre la novela y la historia; entre las apariencias contrarias de los personajes; entre la locura del Quijote y la locura de la sociedad para que el lector tenga conciencia crítica de la realidad, sin embargo esto prefigura el tercer código estético que hay en El Quijote: la recuperación de la dignidad. Para lograrlo Cervantes utiliza el contraste entre la primera y la segunda parte.Si bien la primera parte alude a los  romances y libros de caballería para parodiarlos, en la segunda, pesa en el ánimo de Cervantes el Quijote de Avellaneda, una parodia de su propia novela; pero en la segunda parte hay algo más: Sansón Carrasco le presenta al Quijote la existencia de la novela y la naturaleza de ellos como personajes. El único personaje real es el lector y la única realidad es la que parodia la novela. Esto hace que la segunda parte sea un libro de victorias y la primera un libro de derrotas (Tobedy op cit p 99).  En la segunda parte la razón priva sobre la locura y prefigura la verdadera victoria de los personajes sobre sí mismos. En la primera parte la venta se transforma en castillo, en la segunda, la aventura sucede en el castillo ducal.  En la primera parte Don Quijote combate con el cortejo fúnebre, y recibe el apodo de Caballero de la triste figura, en la segunda parte Don Quijote combate con los leones y recibe el apodo de El Caballero de los leones, y en este capítulo en particular Don Quijote empieza a recobrar la razón y los Duques hacen lo inimaginable para que se mantenga en su locura.                   La ironía es que ellos le hacen al Quijote lo mismo que el Duque de Alba le hace al Rey Felipe III. Tenemos entonces que hay un contraste entre la locura de la primera parte y la cordura de los personajes, en la segunda; pero en la medida en que recobran su cordura se acentúa la locura de la sociedad; lo contrario sucede en la primera parte, la sociedad está cuerda y los personajes, locos. En la primera parte tenemos el duelo con el barbero y en la segunda parte, el duelo con el caballero de los espejos. Esto tiene un solo significado: la segunda parte del Quijote es un reflejo de la primera parte, construida por medio de un paralelismo, entre la locura y la razón.  Donde sale la recuperación de los valores de la conciencia, donde los personajes se reivindican a sí mismos. La locura es espejo de la razón y viceversa.

En este contraste los personajes recuperan su dignidad. En el capítulo de los leones (II, 17) el Quijote razona que debe luchar a pie para que Rocinante no se espante con los leones. Él ve leones porque son leones. También lo hace con la piara de puercos y el tropel de toros de lidia que representan la rastrera realidad que aplasta al ideal. No como en la primera, donde ve monstruos y hay molinos de vientos. No se deja seducir por la locura. En la primera parte la realidad es trágica porque implica el choque brutal de la locura con la realidad. En la segunda, la realidad se hace comedia para que todos los personajes hagan que la realidad coincida con la imaginación de don Quijote; en la segunda parte los capítulos se alternan entre las aventuras de Don Quijote y las de Sancho, no así en la primera parte, que son las aventuras del Quijote y Sancho.

Este juego dialéctico pone a los personajes en el contexto de la historia real. Y solo en este contexto cada uno de los personajes logra una victoria  sobre sí mismo, y se cura, uno de la locura y el otro de la estupidez;  las dos caras de la locura erasmista, pero la  crítica de la lectura deviene porque la conciencia del lector ha pasado por el contraste entre la historia y el texto; el contraste entre la locura del Quijote y la locura social, el contraste entre las apariencias contrarias de los personajes producida por los prejuicios sociales y su recuperación de la dignidad. De manera que el lector vive la superación de la locura de los personajes, uno por medio de la purificación de su conciencia por la verdad, otros por la purificación del fracaso y la muerte o por medio de la recuperación de la conciencia de sí, que une el ideal con la realidad.

La segunda parte es una comedia tomada en serio. La comedia, dice Cervantes (II, 12), nos enseña cómo somos. La comedia en un espejo de la locura social y por su paralelismo, reflejo de la realidad histórica, donde los lectores se ven a sí mismos, pues en la segunda parte todos los personajes han leído El Quijote. Sansón Carrasco y los nobles fingen ser como él; la dueña que necesita de su intercesión para ganar su protección.  Cide Hamete Benejeli, el narrador de la novela, es espejo de Cervantes. Ahora el libro que parodia Cervantes es el mismo Quijote, para ponerlo como espejo de la sociedad.   ¿Qué se logra con este juego de espejo entre la razón y la locura?  ¿Qué se logra con este duelo entre la ficción y la historia? Que los personajes recuperen la conciencia al recuperar su dignidad: Sancho, el bufón de la primera parte, se transforma en un igual de su señor Don Quijote en la segunda; cuando gobierna la Isla, se cura de la glotonería y de la avaricia; sus aventuras son una parodia de la primera parte de El Quijote; Sancho hace lo mismo que hace el Quijote en la primera, cita la balada de Lancelot, desciende a una cueva. Por otra parte Don Quijote se acerca a Sancho y para hacerlo se cura de la enajenación; de esta manera la novela alterna la historia de Don Quijote y Sancho en la primera y la de Sancho y don Quijote en la segunda; uno es espejo del otro, la primera imagen representa la ruptura entre el ideal y la realidad; en la segunda parte se une la realidad con el ideal. Sancho se vuelve más idealista y el Quijote, más realista, porque descubren los mecanismos hipócritas de la locura social ¿Quién es el loco ahora?  De esta manera Cervantes desvía el problema religioso sobre la existencia, instituido por la Contra Reforma, a la vida como problema humano. Problema que debe resolver cada uno de los personajes y por ende, los lectores, como dice Tobedy (“ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano” - El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha 2ª Parte, Capítulo LVIII), pero todos somos iguales en la muerte. Esta es la gran lección sobre la condición humana de Cervantes. 

Por eso no estamos de acuerdo con Fernando Savater cuando en sus Instrucciones para olvidar el Quijote, nos dice que la comicidad del Quijote se ha ido espiritualizando con los años haciéndose más agria y malvada, mientras que sus momentos payasescos nos parecen demasiados burdamente jocosos. Crece así la tentación de hacer olvidar el carácter festivo de la novela y convertirla en una parábola moral o aún peor en un apólogo político. No creo que el prestigioso intelectual sea una especie de Avellaneda moderno, pero cito su opinión para recordar que todavía subsiste la polémica planteada en cuanto a cómo leer El Quijote. Uno de los motivos que origina este ensayo.  Opino que Savater sigue la tradición instituida por Quevedo, quien escribió un epitafio al andante equiparando el Quijote de Cervantes con el de Avellaneda   “Aquí yace Don Quijote el que en provincias diversas los tuertos vengó y los bizcos, puso a vivir a ciegas.” Quevedo tergiversa a Cervantes cuando le atribuye su propia estética de la crítica personal.Pero Cervantes se plantea otro tipo de crítica: la crítica de la lectura producida por el discreto entendimiento para mantener el ideal como moral.

No se trata de la burla personal que hay en el soneto “Érase un hombre a una nariz pegado” o en el romance “el linaje de las calvas”, cuyo carácter payasesco sí es burdamente jocoso, a pesar de que la referencia es a María Tudor, reina católica de Inglaterra, esposa de Felipe II, que era desdentada y calva, pero no debemos olvidar que esta actitud crítica fue rechazada por Cervantes. El carácter festivo cervantino nos lleva a la crítica de la realidad para rescatar la dignidad del hombre porque ha sido lesionada por la historia.

Este es el drama de la condición humana en El Quijote y los valores positivos de la cultura se presentan como conciencia crítica de la lectura, para oponerla a la temible mandrágora del poder absoluto, que ha dividido a los hombres entre el cuerpo (Sancho) y el ideal (El Quijote). Entre la locura social y la locura personal; de tal forma que el lector, como cada personaje de El Quijote, debe encontrar su coherencia vital, y esta es la función del discreto entendimiento, porque a pesar de que la historia nos ha dividido la conciencia podemos recuperarla por medio de la literatura crítica, no por medio de los libros de caballerías.  Finalmente no podemos olvidar que todos somos iguales ante la muerte. Digamos entonces que el Quijote es el caballero de los desengaños, deslumbrado por la virtud transformadora de la ilusión. De esta forma su crítica de la lectura trasciende lo político, destila verdades fundamentales del hombre y se centra en la condición humana, por lo que la lectura de Quijote implica algo más que la crítica de la historia por medio de las burlas verbales. Implica la transformación del lector por medio de la verdad, implica su purificación por medio del ideal. Por eso Cervantes es el creador de la novela moderna, y su crítica es la única crítica válida que puede hacerle la literatura a la sociedad.

 

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