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EN EL PAÍS DE LOS PÁJAROS ABURRIDOS,
DE MOISÉS PASCUAL
Moisés Pascual, En el país de los pájaros aburridos, Primera edición, Editorial Mariano Arosemena, INAC, Panamá 2006, 240 pp.
Hay en la mitología griega un episodio que ilustra los peligros de ir en contra de las convenciones. Trata de Marsias, el pastor frigio que desafió a Apolo.
Palas Atenea había inventado la flauta doble, hecha con huesos de ciervo para disgusto de Ártemis, y la estrenó deleitando a los olímpicos con melodías encantadoras durante un banquete. La sabia hija de Zeus, o de Poseidón y Libia según las malas lenguas de las que no se salvan siquiera los dioses, terminó desconcertada porque sus eternas rivales Hera y Afrodita estallaban en sonoras carcajadas cada vez que tocaba el instrumento. Curiosa, descendió a Frigia y se puso a practicar con la flauta junto a un arroyo del bosque. Así logró ver la imagen ridícula que reflejaba en las aguas con las mejillas hinchadas y el rostro colorado. En una de sus típicas rabietas, Atenea arrojó su invento y lo maldijo.
Marsias recogió la flauta y aprendió a modular con ella maravillosos sonidos. Los elogios de sus escuchas le turbaron la razón, al punto que se sintió capaz de retar a Apolo a un duelo musical. El rey Midas y las musas sirvieron de jueces al concurso. Midas llevó como consejero a Dioniso, que le había dado y retirado el toque de oro. Marsias imitó con la flauta doble el gorjeo de los pájaros, el murmullo de las fuentes, la voz imperceptible de los ecos, los silbidos del viento y el alegre vocerío de los borrachos, lo que hizo que Dioniso lo vitoreara con euforia. Apolo, pulsando la lira en tono melancólico, cantó el abandono de Ariadna en la isla de Naxos, tema que emocionó a las musas, pero entristeció al dios del vino.
Las hijas de la Memoria fallaron en favor del divino músico. Midas votó por el pastor frigio y terminó con orejas de burro. Marsias pagó caro el desafío al dios de las artes. Febo Apolo, crítico extremadamente riguroso, lo ató al tronco de un abeto y lo desolló vivo. Su muerte causó duelo universal y le valió al hijo de Zeus y Leto un largo destierro del Olimpo.
Cuando se intenta etiquetar la literatura suceden cosas similares, en las que no pocas veces prevalece la injusticia. Los cuentos son o no son. Dependen de la calidad literaria y no de los presuntos destinatarios.
Moisés Pascual presenta una buena propuesta literaria que le valió una mención honorífica en la sección cuento del Concurso Ricardo Miró 2005. Son cuentos bien escritos y el autor sostiene gran calidad literaria durante toda la obra. Incluso en el título hay cierta dosis de ironía. Rico en imágenes. Pascual encuentra un uso adecuado, artísticamente elaborado, de la tradición oral. Está lleno de relatos amenos con que los pájaros, amparados en un árbol de espavé, intentan pasar el tiempo mientras esperan a que termine un diluvio. Encontramos en ellos buen manejo del humor. Aunque las aves establecen reglas específicas, afloran sus pasiones. Algunos comentarios de los pájaros funcionan como transición al próximo cuento. No hay territorio para el aburrimiento.
Hagamos una breve gira por este país fantástico:
Tiene 41 textos divididos en cuatro partes. La primera, Ni duendes ni fantasmas ni brujas, tiene una introducción que presenta los antecedentes para justificar los relatos que siguen. Son diez narraciones sobre objetos.
Del cielo desciende “un mar de agua” que “les pone las plumas de punta”. La naturaleza descarga su furia. La crecida es tal que arrastra ranchos y vacas. El árbol de espavé es “una gran casa verde”. Y los pájaros, que pueden ser aburridos, mas no aburridores, cuentan “historias de esas que cuenta la gente”(...) “para pasar el rato y matar el miedo”.
Aquí destacan: Historia de una lámpara, que es un artefacto peculiar que en vez de alumbrar proyecta sombras sobre las cosas y sirve para mirar adentro, además conversa de cosas interesantes y otras sin importancia, tal como suelen ser los temas de la gente, con un niño llamado Camilo y le enseña el valor de ser genuino; Historia de una lata de sardinas, que llega por caridad al rancho de una familia hambrienta que nunca antes había visto una lata parecida, el padre había desaparecido cuando bajó de la montaña a comprar un pedacito de chance de lotería, y desemboca en un curioso sacrificio maternal; Historia de un reloj loco, que se desarrolla con una transición muy sutil en los roles; e Historia de un zapato perdido, que es en realidad la del zapato que no se perdió en la ventana abierta al universo que se extiende bajo la cama de un Gigante y resulta una visión de la soledad.
El Comentario muy importante del cóndor sobre el negro Camilo y la lámpara nos remite a una idea sabatiana: “Y sólo con máscaras, en el carnaval o en la literatura, los hombres se atreven a decir sus tremendas verdades íntimas”.
La segunda sección, Historias sobre otros animales, tiene doce textos que son relatos y comentarios, con los protagonistas que indica el título. Encontramos algunas referencias, como las medias de los flamencos, que nos remiten a los Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, el gran maestro uruguayo, los cuales presentan animales que parecen muy humanos y que son comparación ineludible para cualquier cuento de este tipo en castellano. Resalta en este grupo: Historia de un mono blanco, que trata sobre la actitud ante las diferencias.
Hay nueve textos en el tercer grupo: Historias de pájaros, en que las aves finalmente cuentan sobre sus semejantes. Para mi gusto, sobresalen: Historia del jaguar y el quetzal, con elementos legendarios y un remate bien trabajado; La pelea, el combate entre Kid Basura y Kid Lágrima que a pesar de la referencia a Mike Tyson resulta ingenioso; e Historia del loro y la jaula de oro, relato que se mueve entre el amor y el odio en ruta hacia la libertad.
La cuarta: Historia de gentes sin sombrero es, a mi juicio, la parte más sólida del conjunto. Aparecen siete de los mejores cuentos: Historia del circo de la risa, que se desarrolla en un pueblo “tan pequeño que había que mirarlo con una lupa” hasta revelar un truculento mundo de apariencias; Historia del santo y el lobo, con un tema de sobra conocido que remata con un giro interesante; La fiesta de los pájaros, el cual también habría sido un buen título para el libro y es el relato de una fiesta inolvidable que termina en tragedia; Historia de un poeta que tocaba la trompeta, en que hay serias reflexiones sobre el oficio de escribir y tiene la función estructural de cerrar el ciclo, ya que incluye las primeras líneas de la colección dentro del cuento y deja inconcluso el propio cuento; Historia del hombre y la luna, que es la versión pajarera del vuelo del Apolo 11; El gallo resucitao que vuelve del exilio, pues había sido arrojado por impertinente; e Historia del Doctor Lokus, que por algo es llamado así y aunque es tildado de loco, adopta posturas muy cuerdas.
Posee también un epílogo: ¡Fin... se acabó!, que le devuelve la apariencia cíclica a la estructura.
En el país de los pájaros aburridos se nos muestra como un libro concebido y elaborado. Aunque siento que decae en pequeños tramos y me cuesta diferenciar las voces de los diversos narradores, el punto fuerte es que no tiene textos que desmerezcan la obra. Hay un meticuloso manejo del lenguaje. Es, sin duda, el resultado de una labor exigente que recibimos con regocijo.
FAQT
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