ARTÍCULOS DE OPINIÓN

La mirada de Ícaro, Premio Ricardo Miró 2000 de Poesía
Alfredo Figueroa Navarro

El Animal Político Panameño de Pedro Rivera O.: una lectura.
José Carr M.

La nación panameña en sus espacios…
Nilsa Justavino de López

COLUMNAS

Foto a la gente de enfrente:
José Carr
Sobre esta piedra…

Rojo y negro
Hitler Cigarrista
La “parademocracia” de Uribe

Libertaria
Emma Gómez
Si “el medio es el mensaje”…

El dedo en el ojo
Cáncer Ortega Santizo
Panamá ante el futuro

Sortilegios
Félix Armando Quirós Tejeira
Reflexiones en torno de la crítica literaria

Palabra de piedra
Pedro Rivera
¿Desarrollo nacional sin cambios estructurales?

RESEÑAS DE LIBROS

La mirada de Ícaro
Ricardo Segura

En busca de las huellas

EL MARTILLO CONTRA LA NUEZ, de Pedro Rivera O.

PECCATA MINUTA, de Pedro Rivera

EN EL PAÍS DE LOS PÁJAROS ABURRIDOS, de Moisés Pascual



 

   

LIBERTARIA
SI “EL MEDIO ES EL MENSAJE ”…



Emma Gómez


Marshall McLuhan selló su nombre en el mundo de la teoría de la comunicación con sus lúcidas reflexiones sobre la responsabilidad e identidad entre mensaje y medio, y dejó para la memoria la frase “el medio es el mensaje”. Pedro Rivera, nuestro poeta, narrador y ensayista, cita esta frase al inicio de uno de los capítulos de su ensayo Códigos de la caverna, donde retoma reflexiones sobre los nuevos poderes de la comunicación, y donde se le recuerda también por sus reflexiones sobre el cine en Panamá.

Una mirada a los noticieros, al cine de mayor consumo, a la programación básica de la mayoría de nuestros medios, y muchas de ellas enlatadas, con el enfoque ideológico de otras latitudes, y  nos encontramos con el tratamiento de temas que comunicadores serios han clasificado como estética de la pobreza, y hoy como pornomiseria.  El dolor, la miseria, la vergüenza, la exposición del duelo y de la violencia  gira en torno a testimonios e imágenes que tan sólo provocan en el espectador morbo, insensibilidad y hasta reacciones contrarias que le permiten festejar y convertir en  hazaña lo que es delito y humillación. Carlos Monsiváis, en Los rituales del caos, plantea que “el control remoto es el inicio y el fin de la democratización”; el ya estuve, ya la hice, ya salí en la tele, supera en todo las razones por las que es expuesto. Las preguntas a los familiares de una víctima sorprenden y muestran a un comunicador que en realidad no sabe qué preguntar. Conclusión: pregunta para justificar que lo que quiere es mostrar el dolor, la vergüenza y la impotencia. Todo debe tener una razón. ¿El periodista o animador de “realitty” pregunta y expone a su entrevistado porque le va a resolver el problema? ¿porque busca personas solidarias? ¿porque  va a tener mayor sintonía? ¿porque le da al pueblo lo que él ha descubierto que el pueblo quiere?

Si como expresó MacLuhan, “el medio es el mensaje”, ¿se identifican a sí mismos como reflejo de ese espejo?, ¿saben que son lo mismo que exponen?: pornomiseria y estética de la pobreza…? Se refuerzan conductas, se han trasladado las riñas de patio limoso a las pantallas para reforzar diferencias sociales. Los que se consideran de otro nivel no se solidarizan, desprecian a todos los que consideran miserables que se pegan, se ofenden, gritan y lloran mostrando sus vergüenzas. Y aunque en países como España, gran parte de los realitty incluyen la vida “ya no privada” de algunos artistas, que venden intimidades y se inventan otras, eso no cambia la división entre el exhibicionismo y el tratamiento de problemas sociales: ahí el ya estuve, el ya la hice, ya salí en la tele les redunda en beneficios económicos y en publicidad, aunque sea de las estéticas miserables.
El tratamiento de este tema no busca la sociedad de la hipocresía, la que busca esconder sus problemas y alardear sólo las aparentes bondades. Eso sólo mostraría, tarde o temprano, las fracturas de un sistema que no abordó con sentido común y responsabilidad la injusticia social de su sistema, la corrupción de sus instituciones públicas y privadas, las deficiencias de su educación, la incoherencia entre una programación televisiva plagada de violencia y de fórmulas para enriquecerse y vencer el orden o el respeto por la dignidad (y la dignidad del pobre). Mostraría en suma que sólo exponemos la vergüenza sin brindar alternativas. Al analizar en porcentajes, el grado de violencia, sexo desenfrenado, permanente alienación de la mujer y del hombre como objeto de deseo y los realitty, concluiremos con pavor que salvo algunos casos de televisión alternativa, y de aquellos temas documentales que en nada parecen disminuir el desenfreno sobre la aniquilación de las riquezas naturales, estamos ante una comunicación de masas cada vez más alejada de una de sus características más importantes: la que conoce el poder que poseen para modificar conductas y para mejorar las relaciones y el curso de las actividades humanas.

Termino con la esperanza de una frase de Pedro Rivera: “un hombre no es absolutamente dependiente hasta que cede su con­ciencia.”

   

 


                                  

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