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CUENTOS PARA RODAR
José de Jesús Martínez
Existen muchas discusiones sobre el minicuento o microrrelato —o como se le quiera llamar— como forma narrativa. Los trato como cuentos. Si no son tales, tampoco serán microcuentos. Corro el riesgo de que los comentarios abarquen más territorio que los propios cuentos, que se caracterizan por su precisión y concisión. Tratan de temas religiosos y políticos. El autor no pierde tiempo con explicaciones. Muestra una situación y la cambia. Es un procedimiento sencillo del género. Los hechos narrados concluyen en una situación resuelta, desde el punto de vista técnico. Son productos literarios de un proceso de síntesis y sugerencia. Extrae su material de los abismos del alma. Apela a las evocaciones y datos conocidos. Por lo general, hay acción, un acaecimiento que se narra. A veces aparentan ser cuentos morales, emparentados con la fábula, que profundizan en la condición humana y la naturaleza absurda del universo que definen los existencialistas. Presenta inicios con fórmulas archiconocidas que le resultan útiles para condensar el relato. Para sus finales, siento que prefiere el asombro a la sorpresa. El manejo del humor está muy ligado con lo absurdo.
El mendigo y el avaro. Es una visión cíclica del tiempo, con nuevas combinaciones en otras posibilidades. Nietzsche leyó sobre Schopenhauer. Basado en estas lecturas, postula una visión filosófica del tiempo en Así habló Zoroastro: el eterno retorno. También encontramos la desvalorización de los valores supremos. Moralidad de señor y moralidad de esclavo. La inutilidad de la esperanza.
Los dos personajes conocen las situaciones anteriores e intentan modificarlas. Su viaje al infierno no tuvo nada que ver con la alegría por el envilecimiento del avaro. Ya el mendigo sabe, o cree, que el encuentro con el avaro es lo que lo condena y trata de evitarlo. El avaro está dispuesto a entregar la limosna para evitar el purgatorio. Resulta que lo logra sin darla.
Según Pedro Abelardo: “un acto debe ser juzgado por la intención que persigue quien lo realiza”. El párrafo final presenta el desenlace que cambia la situación y le otorga la categoría de cuento.
El bueno malo. Sobre la condición humana. Presenta la venganza de un ultraje. Encontramos la veleidad de las afiliaciones políticas en Panamá. Nos presenta un personaje maquiavélico. El cuento está construido con mucha precisión. Cierra sarcásticamente.
El caso Dios. Dios respeta su creación y las iniciativas que los hombres tienen de optar por hacer el bien. Ensayo sobre libre albedrío de Arthur Schopenhauer. El abogado defensor es poco hábil. Cuentan, los que no son abogados, que cada vez que Dios amenaza a Luzbel con demandarlo, el demonio replica: ¿Qué abogado te va a representar si todos están por acá?
Según el existencialismo ateo de Sartre, el hombre es el único ser en el que la existencia precede a la esencia. El juez llega a la conclusión de que Dios no existe y condena a los hombres. Nietzsche siente que sus contemporáneos se comportan como si Dios no existiera y manifiesta que Dios ha muerto. Es un cuento construido con desenfado y humor irreverente. Una muestra de ingenio.
En mis clases de Religión, aprendí que el hombre siempre busca a quién echarle la culpa. Nunca acepta su propia responsabilidad. Así surge el demonio. El mal sólo existe en cuanto toma cuerpo en una persona, a causa de la intención o el obrar de esta persona. Es similar a la noche, que no existe por sí misma sino porque la luz no llega a esa porción del mundo. En Marcos 7:21-23 aparece que el mal viene del interior del hombre. Sin embargo, el hombre se resiste a cargar con su responsabilidad. El diablo es un pobre diablo que se ve forzado a aceptar las culpas de la humanidad.
La niña de la muñeca. Es una mujer absurda que comprende la inutilidad de su vida. La comprensión lleva a la destrucción. Aquí, a diferencia del hombre absurdo de El mito de Sísifo, se suicida. La niña persigue la infelicidad. Es un personaje más en la línea de Cioran.
El monje asceta. Como personaje, es similar a la niña de la muñeca. Con una profunda crisis espiritual, entra en un círculo vicioso. Se contenta porque sufre y sufre por haberse contentado. Remata genialmente con la antítesis llorar a carcajadas.
El boxeador y el calypsonian. Dos personajes se niegan a dar los nombres que ya no les sirven. Va en la línea de Camus: hombres con vidas inútiles; aunque no parecen conscientes de ello. Presenta una gaveta de nombres usados que se tornaron inútiles. Sugiere racismo o desinterés. “El que se ensalza será humillado”. Ha de haber sido decepcionante para ellos tras darse su tono y tener la deferencia con Dios de darles sus nombres, que Éste no haya visto importancia en el hecho y haya rechazado la cesión.
El oligarca. Hay una divinización de la coima cuando el oligarca compra la entrada al cielo. Podría considerarse representativo del ateísmo y la irreligiosidad de Martínez. Técnicamente, queda muy bien trazado y contiene lo estrictamente necesario. Algunos lo tomarán como una blasfemia. Las herejías sólo son atribuibles a los cristianos. Lo veo como una denuncia válida de la corrupción, que es tema de moda desde que Bush —que ve la paja en el ojo ajeno— se preocupó por ella.
La travesura. Presenta otra versión de la creación del mundo que se relaciona con mitos africanos. Olofi, que lo consideraba una tarea fácil, hace el mundo; pero no logra que funcione. Me hace pensar en las travesuras de Ayágguna, orisha de las pendencias, hijo de Olofi. Olofi es la paz. Comprende que su creación deja mucho que desear, se desilusiona y cesa de intervenir directamente en las cosas del mundo, según lo presenta un patakí (narración de leyendas y fábulas de los orishas y sus caminos o avatares, con una moraleja que ayuda a la definición de sus dones o atributos) y, en otros relatos africanos, Oddumare baja del cielo con su hijo Obbatalá para crear el mundo con un puñado de tierra metido en el carapacho de una babosa, y una gallina, que escarba y lo forma. El autor le otorga un final con una actitud muy humana: “Pero no lo vuelvas a hacer”.
El hipócrita sincero. De tanto fingir se labró un rostro idéntico a la máscara. Refleja la fuerza de los hábitos. Como un buen actor, se apodera íntegramente del papel que adopta. En la línea de Sartre: “el hombre no es otra cosa que lo que él se hace”.
El malo malo. La sinceridad no atenúa la maldad de este fanfarrón, que, a pesar de sus confesiones al público, acaso con idea de atemorizarlos, no hace el menor propósito, y mucho menos intento, de enmendarse.
El casado infiel. Me parece que está construido con una ironía fabulosa. Aquí, la confesión alivia las penas. Se diría que reconoce el valor catártico de la confesión de los pecados. A la pobre mujer, la confesión del marido la condena al tormento.
El mendigo andrajoso. Irreverente. San Pedro despista a un mendigo andrajoso. Podemos verlo como una representación o alegoría de un pasaje bíblico. Pedro negó tres veces a Jesús, que dice: lo que hagas por un pobre, lo haces por mí. Si vemos a Jesús en los pobres y Pedro negó a Jesús, por consiguiente, tiene que negar al mendigo.
Hay un pensamiento de Camus que se puede relacionar con este cuento: “Si hay un pecado contra la vida, no es quizá tanto desesperar de ella, como esperar otra vida...”
Señora melancólica y Dios aburrido. Presenta a Dios con sentido de humor. Podríamos tomarlo como una aceptación de la existencia de Dios, pues sólo si existe puede contestar que no. Se presta para discutir si un cuento tan breve puede ser un cuento o no. En este caso hay un giro o cambio permanente en la situación inicial, lo que evita cualquier duda al respecto.
El soberbio y el mezquino. Bien logrado. El soberbio es humillado. El mezquino queda expuesto. Es conciso y preciso.
El poeta enfermo. Encuentra una motivación trivial para el suicidio. Volvemos al hombre absurdo de Camus; aunque la conclusión de El mito de Sísifo es que el suicidio no es una salida justificada a una vida inútil. En Cioran, sí. Lo siento emparentado, por el estilo, con alguna historia de cronopios y de famas. Uno se pone a pensar si la vergüenza del poeta obedece a su actitud ante la muerte o a prejuicio machista.
La buena ética. Parte de una idea de Nietzsche, que ya mencioné: la muerte de Dios. Muchos viven como ateos prácticos que admiten, en teoría, la existencia de Dios; pero son desmentidos por sus conductas. En el cuento, los hombres tendrán que ser buenos por ellos mismos, no por ambicionar recompensas (paraíso) ni temer castigos (infierno).
Así concluyo mis comentarios como lector. Rodrigo Miró se refiere a los cuentos para rodar como “novedosa mezcla de apólogo y greguería”. Son ingeniosos y están diseñados con exactitud. Maneja muy bien el humor. Tenemos, y hablo en presente porque el autor existe en sus obras, en José de Jesús Martínez a un pensador lúcido y fiel a sus creencias, un escritor dotado de recursos técnicos y talento creador que siempre apostó por la vida en mejores condiciones. Sin duda alguna, gran poeta y dramaturgo. Lamentablemente, no cuenta con una obra narrativa extensa. Sin embargo, estos cuentos para rodar bastan para que ocupe un puesto de honor dentro de este género en nuestra literatura.
FAQT
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