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EL ESPACIO PROHIBIDO DE LOS PÁJAROS
Mireya Hernández
Mención de Poesía 1997 / Colección Múltiple
Editorial Mariano Arosemena
Pintura de portada de Etanislao Arias
El espacio prohibido de los pájaros no sólo es un espacio para el viaje, es un recuento de sonidos para la memoria, de ritmos para mostrar la ruta del vuelo. El poemario está dividido en cuatro libros numerados y un apartado final denominado “Último refugio”.
El vuelo en lugares conocidos (Libro Primero) es el desnudarse ante la palabra y por la palabra misma. Sólo así puede darle su propio significado. Este primer apartado es un breve rito de iniciación. ¿Qué hacer con las espinas de la rosa? (Libro Segundo) muestra la reflexión sobre el país, y las espinas se evocan junto a las imágenes y los sonidos musicales y los cotidianos, entre los del trino y los del tambor. Hay una ciudad y una voz lírica que se encuentran a pesar de los miedos, y dispuestos a rebasar la muerte.
Las alas plenamente abiertas (Libro Tercero)es la voz de la acción en libertad y su epígrafe el anuncio de un puerto. Pero es más el anuncio de lo que se desea. Es más un recorrido de extrañamiento amoroso que quiere concluir en manual de vuelo. Pero sin riesgo no hay verdadera entrega. Lo mismo se vuela que se navega o camina en una búsqueda incesante. Los poemas dejan registro de la fuerza que da el amor durante el viaje: ascenso y descenso, esperanza y desesperanza, presencia y ausencia que le llegan del universo entero en un entorno que valora, que le deja sonidos de “un viejo blue”, de luces, colores y olores que van a la memoria, memoria que se vuelve un puerto de llegada.
Aquí donde vivimos (Libro Cuarto) y Último refugio (apartado final) conforman el balance. La mirada a la vida, a la propia historia y a la historia de la ciudad permite mirar las cicatrices, seguramente de la invasión, pero también la continuidad, la prolongación en los hijos y en el amor, en el anhelo de vencer a la muerte.
El simbolismo del vuelo de los pájaros parece conformar la estética del distanciamiento, la mirada de los opuestos, del ir y venir, del subir y bajar en el tiempo y en los estados de ánimo, para entender la “realidad verdadera”. Sus epígrafes indican que estamos ante una voz lírica que anuncia un viaje compartido, un aprendizaje. El vuelo que se anticipa en ocasiones nos lleva lejos de todas las emociones que distraen de las miserias; y otras veces nos trae a ellas en un vuelo de la memoria, en imágenes y metáforas logradas con la palabra cercana. El tiempo es este. Los espacios y preguntas son las del hombre y la mujer que evalúan su existencia desde lo cotidiano. Es la ubicación de un país: del sitio de encuentro; del goce libre del espacio amoroso; de la mirada retrospectiva y de un vuelo final que es doloroso balance.
EG
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