Poesía

 Narrativa

 Teatro

 Ensayos y Estudios















 
 
 
 
 
 
 
 
 






   

 



“Jesucristo”
Olga Sinclair



JOSÉ DE JESÚS MARTÍNEZ

CAIFÁS

 

(UN PRÓLOGO Y TRES ACTOS)

 

Homenaje a Rogelio Sinán.

 

EDICIONES TAREAS
PANAMÁ - 1961

 

El dibujo de la portada  -Jesús definitivamente enterrado por sus discípulos- pertenece a la colección de dibujos expuestos en el salón de exposiciones de la Universidad de Panamá del 13 al 23 de junio de 1961, que Alberto Dutary ha hecho para ilustrar Caifás.

(Un prólogo y tres actos)

 

................................................................PERSONAJES

Según el orden en que aparecen:

MARTA
UNA MUJER
CAIFÁS
UN MUCHACHO
SACERDOTE
TRES FIELES
JUDAS
PILATOS
UN CENTURIÓN

Las decoraciones serán esquemáticas.
Salvo las veces que se indiquen, todas las entradas y salidas se harán por la izquierda.
En Jerusalén, tiempos de Jesús.
Derecha e izquierda, las del público.

PRÓLOGO

Patio trasero de la humilde casa de Samuel, una de cuyas esquinas asoma por la izquierda. Convenientemente situados: un arado dormido, una quesera y un corral.

(Entra Marta casi a la carrera. Viene desconsolada, perseguida por la pena. No tarda el llanto en desbocársele. Va hasta el extremo derecho de la escena y se sienta a llorar sobre el muñón de un árbol. Inmediatamente después entra una Mujer, amiga vieja de Marta, buscándola por todas partes. La ve y se dirige a ella)

MUJER

¡Mujer! Pero, ;.qué haces, mujer? No lo tomes así. Domina ese llanto de una vez. Regresa y atiende a los invitados.

(Marta no le hace caso)

Vamos, Marta, enjuga el llanto, enjúgalo ya. Estas cosas no se pueden tomar así. Debiste preverlo desde el día en que enfermó. Samuel no tuvo nunca esa fortaleza de los antiguos patriarcas para que te sorprenda ahora su muerte. Aún aquellos sucumbieron al fin. Así es que resígnate. Ven, enjuga el llanto y regresa a atender a los que vienen a ofrecerte su pésame. Fue de muchos amigos Samuel. Supo ganarse la amistad de todo aquel que le trató. Ven, Marta, ven.

(Marta se recupera un poco. Pausa)

Pero enjúgate bien el llanto. Toma. Sécate.

(Le ofrece un pañuelo)

Que no te vea tu hijito así. Que no comprenda.

(Marta recuerda a su hijo y se deshace de nuevo en llanto)

¡Por favor, Marta! ¡Basta! ¡Basta ya de lágrimas! ¡Tienes que salir a atender a los que te vienen a ofrecer su pésame! ¿Quieres acaso que piensen que la mujer de Samuel es débil? No, ¿verdad? Samuel fue un hombre fuerte... moralmente. Y tú, tú debes seguir su ejemplo.
(Ha entrado Caifás, el Sumo Sacerdote. Se dirige lentamente hacia las mujeres. Es gordo, bajo y con espesas barbas grises)

 

MUJER
¡El Sumo Sacerdote, Marta: ¡Caifás! ¡Domínate!

(Marta no le hace caso)

CAIFÁS
(A la Mujer)

Tú. Vete. Déjanos solos.

(La Mujer, haciendo las debidas reverencias, sale)

CAIFÁS
Marta.

(Indiferencia de Marta)

¡Marta!

(Marta deja de llorar un poco)

¿Qué te sucede, Marta?

....................................................................MARTA

Samuel, Excelencia. Ha muerto.

CAIFÁS

Sí. Y a ti, ¿qué te sucede? ¿Por qué lloras?

....................................................................MARTA

Samuel... mi esposo...

.....................................................................CAIFÁS

Sí. Samuel ha muerto. ¿Y es por eso por lo que lloras?

(Gestos afirmativos de Marta)

Hija, sabe que todos los hombres mueren, tarde o tempra­no. Unos mueren de mañana, otros de noche, pero al día siguiente todos están muertos.

MARTA

Pero Samuel... Samuel era mi esposo.., el padre de mi hijo. Y ahora, ¿dónde está?

(Llamándolo, hacia dentro)

-¡Oh, Samuel...!

CAIFÁS

El también era hombre, y esto es un pecado que se paga con la muerte.

MARTA

No. El no tenía pecados. Era puro. El no merecía esto, Excelencia. ¡Oh! ¿Cómo pudo
Dios quitármelo? ¿Cómo pudo hacerlo?

CAIFÁS

No te lo ha quitado, Marta. Te lo ha puesto en otro sitio. En otro sitio infinitamente, mejor que éste. En el seno de Abrahán,  cerca de la  gloria de Dios.

MARTA

Samuel  no era una gran hombre, Excelencia. Fue sencillamente un hombre bueno..  Para él nada había mejor que jugar con su hijo, terminadas las faenas del campo, y después dormir en cama limpia, o hablar conmigo...

(Se sorprende recordando y llora nuevamente)

Esto era, para él, lo mejor. Él no era un gran hombre.

CAIFÁS

No conocía nada mejor que esas cosas simples...

MARTA
(Sin ánimos de convencerle)

Él era un hombre simple.
CAIFÁS

No conocía aún nada mejor. Sin embargo, confía en que ahora...

....................................................................MARTA

Ni lo conoce nadie; ni nadie está seguro de ello. Y hasta hay muchos que creen que detrás de esta vida no hay nada.

CAIFÁS

Sí, los saduceos. Pero cuando no puede verse algo no sólo cabe que no exista. Cabe también que el ojo no lo vea, que no pueda comprenderlo el entendimiento. El aire, tú no lo ves, el aire, y sin embargo...

MARTA

Yo sólo sé que Samuel no se mueve; que está frío, que lloro y que no le importa. Que no está aquí, donde a él le gustaba estar, ¡donde mejor podía estar! Y que no veo que esté en otro sitio. Y Samuel no es aire: Era carne, tibio, dulce.

CAIFÁS

Esté Samuel en donde esté, ya no volverá a morir, porque los muertos son inmortales. Y esto, de algún modo, es un consuelo, Marta.

MARTA

A mí ya nada puede consolarme, como no sea Samuel mis­mo. Quiero a Samuel, aquí.

CAIFÁS

Aquí se muere, se sufre, Marta.

MARTA

¡Lo quiero aquí! ¡Aquí! -¿Cómo pudo Dios quitármelo? ¿¡Por qué me odia Dios así? Él era puro, bueno. Él no merecía esto.

CAIFÁS

¡Basta de blasfemias, mujer! ¡Pon atención...!

(Entra un Muchacho, pero se queda inmóvil y mudo de respeto  al ver a Caifás)

.....................................................................CAIFÁS

Tú, ¿qué quieres, muchacho?

MUCHACHO

Me dijeron que Marta quería verme, Excelencia.

MARTA
(Viendo a Caifás, recelosa e indecisa)

Eh.... ven más tarde.

(El Muchacho se aleja. Violenta transición (le Marta que se limpia los ojos resueltamente)

¡No!  ¡Ven! ¡Acércate!
(Lo hace el Muchacho)

¿Conoces a ése que llaman Jesús?

MUCHACHO

(volviendo a ver a Caifás)

No. Yo no.

....................................................................MARTA
.................................................................(Enojada)

¡Se te ha visto seguirlo! ¿Conoces a ése que llaman Jesús?

MUCHACHO
(A Caifás)

Una vez le seguí, por curiosidad, pero no le conozco, Ex­celencia.

MARTA

Bien. Anda a buscarle y dile que una mujer desesperada quiere verle en casa de ella.

(Se quita alguna joya, algún collar)

Toma, dale esto. Para sus pobres.

MUCHACHO

(Mirando siempre de soslayo a Caifás)

No sé si podré encontrarle.

....................................................................MARTA

Dicen que a estas horas acostumbra pasearse con sus discípulos por las laderas del monte. Corre, ve a buscarle inmediatamente.

(Sale el Muchacho. Pausa. Caifás la observa largamente)

MARTA

(No soporta y comienza de pronto a defenderse sin que se le reprochara nada abiertamente)

¡Ese hombre hace milagros, Caifás! ¡Resucita muertos!

CAIFÁS

¿Lo has visto tú? No a él, sino a esos muertos que dicen ha resucitado.

(No recibe respuesta)

¿Les has visto tú, Marta?

MARTA

No. Yo no. Pero lo dicen. Todo el mundo dice que es el Mesías. ¡Todo el mundo lo dice, Caifás!

CAIFÁS

¡Otro farsante que quiere explotar la miseria de nuestro pueblo! ¡No hemos visto al uno cuando ha aparecido ya el otro! Como si un mal viento los plantara de noche. Últimamente fue aquel tuerto que no se dignaba ver el mundo sino con un solo ojo. Luego ese otro, Juan Bau­tista, disfrazado de camello. Y ahora este otro, Jesús. Farsantes todos, Marta. Cada uno de ellos.

  ..................................................................MARTA      

No me importa que sea farsante. Dicen que puede resucitar a los muertos.

CAIFÁS

Y quieres que resucite a Samuel. ¿Es eso?

(Gesto afirmativo de Marta)

¿Crees tú que él podría? ¿,Lo crees verdaderamente?

MARTA

(Resuelta)

Sí. Creo,

(Defendiéndose)

Le han visto, Excelencia. Todo el mundo lo comenta. Resucitó a un hombre llamado Lázaro,  y a la hija de un jefe llamado Jairo.  Lo ha hecho frente a centenares de gente.

....................................................................CAIFÁS

Óyeme, Marta. Yo te digo que no ha sido ese Jesús el que
ha hecho los milagros, sino esos centenares de gente. La   fe, las ganas de cada uno de ellos, pujando al unísono.

MARTA

¡Pues yo tengo la suficiente fe y ganas para resucitar a veinte muertos!

CAIFÁS

No fue eso lo que quise decirte.

....................................................................MARTA
.......................................................(Sin haberlo atendido)

Y Samuel no está lejos... Todavía ayer por la mañana hablábamos de la salud de nuestros animales, y de cuál sería el remedio apropiado.

(Volviendo a ver su casa)

¡No está lejos! ¡No me sería difícil volver a traerlo aquí, con su mujer, con su hijo!

(Rompiendo a llorar de nuevo)

Porque yo no puedo vivir lejos de él.

....................................................................CAIFÁS

A la hora de haber muerto un hombre tiene siglos de estar muerto.  Resígnate, Marta, o te romperás la cabeza con­tra ese muro.

MARTA

(Recuperándose rápidamente)

¡O romperé el muro con la cabeza, porque no me resignaré nunca! Ya el mundo de por sí es inicuo para que vengan ahora esta soledad y este dolor a sentárseme encima. No merezco esto, Excelencia. No lo merezco. Ni Samuel tampoco. -¿Como pudo? ¿Cómo pudo Dios?

....................................................................CAIFÁS

¿Te has asomado bien a tu corazón para que digas así, que no mereces este castigo? ¿Es tan pura y sin pecado tu vida, y la de Samuel, para que pueda justificar esta actitud insolente frente a tu Creador? ¿Te has asomado bien a ese pozo, Marta?

MARTA

Asómate tú, Excelencia. Asómate tú y dímelo a mí. Yo no guardo secretos.

CAIFÁS

(Desorientado)

De todos modos, aunque estuviera limpio tu corazón, eres hija de mujer, y como tal, has recibido en herencia los pecados de tus ascendientes.

MARTA

Mi padre fue pastor; mi madre, lavandera.

CAIFÁS

¡Tu madre fue Eva, y Adán, tu padre! De ellos has here­dado el pecado que se paga con la muerte. El que recien­temente ha pagado Samuel. ¿Por qué te extraña entonces que se muera Samuel?

....................................................................MARTA

Samuel y yo no tenemos que ver nada con Adán y Eva. ¿Por qué vamos a pagar por sus pecados?

CAIFÁS

¡Porque ellos fueron tus padres!

(Transición)

Escúchame, Marta, por favor. Ofendes a Dios de esta manera. Y a mí también me  ofendes. Es posible que  puedas comprenderlo, pero Dios es justo; y si Él ha dispuesto que Samuel muriera, puedes estar segura de que ha  obrado con justicia.

MARTA

¿Que ha obrado con justicia? ¿Qué clase de justicia es ésa, que mata a Samuel, el hombre más bueno de la tierra, el más humilde? ¿Qué clase de justicia es ésa, Caifás?

CAIFÁS

Justicia divina.

....................................................................MARTA

Pues yo quiero la humana. La del hombre más inicuo de Jerusalén no me hubiera matado a Samuel. Tan joven él, tan bueno, tan pobre. Tú conocías a Samuel, Excelencia.

CAIFÁS

Sí. Le conocía.

....................................................................MARTA

Nunca hizo mal a nadie.

...................................................................CAIFÁS

Sí; lo sé.

.....................................................................MARTA

(Desafiante)

¿Y crees que es justo que muriera?

CAIFÁS

(Esforzándose en creerlo)

Lo creo. Escúchame, Marta. Yo sé que tu dolor es  grande, pero escúchame. En un principio el mundo era un paraíso. En su infinita bondad, Dios lo había creado para el hombre, para Adán y para Eva. Sólo les puso una limitación, les prohibió sólo una cosa; y he aquí que el hombre y la mujer cayeron en el engaño de la serpiente cometieron pecado grave. Entonces los expulsó del paraíso con una espada de fuego y le dijo a Eva: "Parirás a tus hijos con dolor", y a Adán: "Te ganarás el pan con el sudor de la frente", y a los dos: "Y conoceréis la muer­te". Esto, Marta, ¡es justo!

(Pausa)

¿Comprendes?

MARTA

No comprendo cómo pueda ser castigo parir al hijo. An­tes bien, considero maldita la mujer que no ha gozado de ese dolor.

....................................................................CAIFÁS

Bien. Sí. Pero, ¿y lo de la muerte? ¿Comprendes eso?

MARTA

¡No! ¡Samuel no debió morir! ¡Eso fue injusto!

...................................................................CAIFÁS

Marta, Marta, yo sé que tu dolor es grande, pero mira so­bre él; que no te ciegue. ¿No ves que no sólo tenemos que purgar el pecado de Adán? Como si ese fuera poco, hay muchos más en nuestro haber: Los de cada uno de nosotros y todos esos que nos caen de nuestros ascendien­tes: Los de los que quebrantaron las leyes de Moisés, los de los que se fabricaron ídolos de oro, los de Sodoma y Gomorra. Estos pecados nos caen encima, como piedras, y la muerte sobreviene necesariamente. Esto es justo, Marta. ¿Conoces tú la historia de Sodoma y Gomorra?

....................................................................MARTA

Sí.

CAIFÁS

Pues eres hija de aquella gente perversa, y en su pecado fuiste engendrada. Carga entonces con la responsabilidad de ser mujer, de pertenecer a la familia humana, y no niegues a tus padres. Este es el precio.

(Pausa)

¿O es que también tú quieres contribuir a agravar con tu rebeldía la culpa que has heredado? Tú tienes un hijo. ¿Quieres tú tirarle una piedra más, acrecentarle su tajada de dolor, su patrimonio de culpa?

MARTA

(Le han dado en su punto débil)

¿Mi hijo? No, Excelencia. ¡No! ¡No!

CAIFÁS

Tu hijo pagará por cada una de tus palabras. ¿Es eso lo que tú quieres, Marta?

MARTA

¡No! ¡No!

CAIFÁS

Soporta, entonces. Este es el precio.

MARTA

(Vencida ya)

Pero, ¿por qué tenía que ser Samuel, y no otro, el que muriera?

.....................................................................CAIFÁS

(Comprende que ha ganado)

Los que no murieron ayer, morirán hoy. Pero mañana todos estarán muertos.

MARTA

¡Es un Dios terrible Jehová, Excelencia!

CAIFÁS

¡Sí, Marta, es un Dios terrible, y vengador hasta el último ochavo. Pero tú le amas, ¿verdad?

(Débiles gestos, pero afirmativos, de Marta)

Entonces comprenderás cómo le ofendes al rebelarte con­tra su castigo, su justo castigo, Marta. Debes resignarte y sufrir la pena, y saber que la mereces. Debes aceptar la muerte de Samuel. Debes aceptar la vida, como es, sus dos caras.

MARTA

(Queriendo de nuevo romperse en llanto)

Si, sí, pero, ¿por qué pecó Adán? ¿Por qué Sodoma y Gomorra y todo el pueblo  de Israel y todo el mundo? ¿Por qué tuvieron que hacerme tan desgraciada?

CAIFÁS

Arrepiéntete por ellos. Arrepiéntete de sus pecados. Ese es tu único consuelo. Aparte, claro está, de que el espíritu de Samuel vive ahora cerca de la gloria de Dios. Pero por lo que a tu dolor se refiere, sólo el arrepentimiento tienes de consuelo.

MARTA

¿Encima de todo esto he de arrepentirme? Samuel y yo no tenemos pecados, Excelencia; siempre fuimos...

CAIFÁS

(Interrumpiéndola violentamente)

¡Los heredasteis! ¿O es que crees que Dios es injusto?  ¿Es que tú crees eso, Marta?

(Débiles gestos negativos de Marta. Caifás la aborda ahora con dulzura)

Marta, yo amo a Dios con todas mis fuerzas, y por eso amo cuanto su mano, con infinita justicia, con infinito amor, ha hecho; y por eso sufro inmensamente cuando una de sus criaturas le quita el habla, o le mira con el ceño fruncido y el corazón oscuro, o critica la obra de sus manos.
(Pausa)

Sonríele, Marta. Sonríete.

....................................................................MARTA

No... puedo.

(Pausa. Caifás guarda silencio dolorosamente. No se lo puede exigir de corazón)

....................................................................CAIFÁS

Sólo resígnate entonces. Y sabe, por sobre todas las co­sas, que Dios es justo.

(Marta llora, pero resignadamente. Ha  entrado de nuevo el Muchacho, por la derecha)

...............................................................MUCHACHO

¡Marta!

MARTA

¿Qué? Acércate.

MUCHACHO

Torna. No lo quiso.

(Le devuelve la joya)

Dijo que sus pobres eran ricos.., o algo así.

MARTA

(Sin darle esa importancia que antes habría tenido para ella)

¿No quiso quiso venir?

MUCHACHO

(Marta mira por un segundo al muchacho, extrañada; luego va a algún sitio desde donde pueda ver el portal,  que se supone a la derecha, fuera de nuestra órbita visual)

MARTA

(La mirada fija en él, embelesada)

¿Aquél es?    
        
................................................................MUCHACHO

Sí.

....................................................................CAIFÁS

¡Marta!

(Marta ni lo oye)

MARTA

¿Cómo le has encontrado tan rápidamente? ¡Si acabas de salir!

................................................................MUCHACHO

No sé... Venía por el camino.

MARTA

(Extrañada, pero sin poder quitar los ojos de Jesús)

¿Venía para acá, dices?

.................................................................MUCHACHO

No. Yo no sé. Había mucha gente con él, pero les dijo que se fueran.

CAIFÁS

(Con sorna, viendo a Jesús por un segundo)

¿Y no era éste a quien le gustaba hacer milagros frente a la gente? ¿Por qué les dijo que se fueran?

MARTA
(Sin poder quitar los ojos)

¿Pero venía por el camino? ¿Te parece que venía ya para acá?

(Pausa. El Muchacho mira a Caifás y no contesta. Caifás advierte advierte en Marta un cierto brillo en los ojos y un movimiento inicial hacia Jesús)

.....................................................................CAIFÁS

¡Marta! ¡Tu hijo!

(La dura voz de Caifás rompe el hechizo. Marta reacciona, vuelve a ver a Caifás y se desboca de nuevo en llanto)

....................................................................MARTA

(Al Muchacho)

Dile... que ya no le necesito. Que se vaya.

(El Muchacho queda inmóvil, desconcertado)

CAIFÁS

Anda, anda, muchacho. Dile que en este casa se respeta la voluntad de Dios. Que se vaya a otra parte con su charlatanería.

(El Muchacho sale por la derecha, desconcertado aún)

.....................................................................CAIFÁS

(A Marta, con emoción)

El ojo de Dios está ahora sobre ti, Marta. ¡Gracias! Ven, vamos a velar el cadáver de Samuel, y a que acompañes a tu hijo. Ven.

(Salen los dos por la izquierda)

 

FIN DEL PRÓLOGO



   

 


                                  

Literatura - Plástica - Cine y TV - Música y Artes Escénicas - Memorabilia - Nuestra América - La otra España - Reseña y Opinión - Actualidad

 

 

TRAGALUZ PANAMÁ es el esfuerzo de un Equipo Responsable, coordinado por JOSÉ CARR M.


TRAGALUZ PANAMÁ aspira a informar, formar y ¿por qué no? a constituirse en un instrumento del cambio

desde la educación, la comunicación y el campo de la cultura.    


TRAGALUZ PANAMÁ es una apuesta por el futuro, desde el presente que ya están cambiando nuestros pueblos, y una mirada crítica de rescate y valoración de nuestro pasado.


TRAGALUZ PANAMÁ es una abierta adhesión de amor a nuestros valores como comunidades nacionales y

un acto de fe en la permanencia de nuestros pueblos.

Copyright, 2006, Tragaluzpanama.com