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VII

TORRIJISTAS VERSUS TORRIJITOS

Decía en el capítulo anterior que una cosa era ser torrijista y otra muy diferente ser torrijito. Torrijos, basta uno solo. Torrijistas, necesitamos muchos. Conviene entonces distinguir entre el «torrijismo» y el «torrijitismo», y tomar partido, porque, sin ser posiciones contradictorias, son posi­ciones contrarias.

Torrijos es una política exterior independiente. Torrijos es el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. Diplomáticas, y cordiales, y políticas. Torrijos es una política exterior no alineada, pero de hecho, no sólo de palabra. Y en los foros internacionales, Torrijos es la defensa del derecho de Bolivia al mar, la condena moral y material al apartheid, «que Panamá conoce en carne propia», como lo dijo él mismo ante más de cien naciones reunidas en Sri Lanka.

Torrijos es la militancia contra el fascismo y contra la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Torrijos es el primero en el Continente americano en reconocer a la República Árabe Saharauí Democrática. Re­cuerdo que cuando llega a Panamá la primera delegación de ellos, el General les regala a cada uno una camisilla de campesino nuestro. Era una forma de decirles que la clase de los humildes no tiene nacionalidad. Pero no porque no tiene ninguna, como la de los ricos, sino porque las tiene todas. Yo fui quien les entregó el regalo, y así lo entendieron eIlos.

Torrijos es solidaridad con Belice, con Bolivia, con Granada. Torrijos es el apoyo moral y material al sandinismo, desde  mucho antes de que estuviese el triunfo a la vista, y hasta la hora de su muerte, cuando la presión política norteamericana había hecho culitranquearse a los timoratos que  en un momento dado, sin embargo, se cuadraron junto a Nicaragua.

Torrijos es la identificación con todos los pueblos que luchan por su liberación. Torrijos es un gruñido al imperialismo, una queja que a la vez es una amenaza. Torrijos es una amenaza.

Torrijismo, en consecuencia, debe ser una política exterior que continúe y ensanche la de Torrijos. Debe ser el establecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y con la República Popular China, y con todos los países socialistas. El torrijismo debe engrosar el capital ideológico heredado. Según la parábola evangélica, por lo menos en un 10%.

Torrijos es un nuevo estilo de diplomacia, personal, directa y cariñosa, que debe compensar aquello de que «los países no van a la escuela juntos, ni a robar mangos», como decía él, lamentándose de esas relaciones puramente económicas, protocolarias y frías que privan entre las naciones.
Torrijismo es tomar conciencia de que las relaciones internacionales son relaciones de clase, y que con las naciones pobres debemos ser solidarios y cariñosos, y con las ricas, dignos e independientes.

En una ocasión Alexander Haig, Secretario de Estado de los Estados Unidos, y altanero en el país de los altaneros, le manda una «nota verbal» al General Torrijos, en donde le comunica su «preocupación» por la presencia de la flota camaronera cubana en nuestro Puerto de Vacamonte. Torrijos le contesta, de su puño y letra, no verbalmente, que da esa nota por «no recibida», pues seguramente «se ha equivocado de destinatario. Éste, sin duda, era el Gobernador de Puerto Rico».

Yo me enteré de todo esto porque el General Torrijos quiere compartir con Fidel Castro la felicidad de haber mandado a Haig a comer caca y se lo cuenta todo en una nota que yo le llevé a García Márquez al aeropuerto. García Márquez iba a Cuba a entrevistarse con Fidel. Al final de la nota le dice, textualmente: “Pa´ lante, Fidel. El que se aflige, lo afloja”.
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En otra ocasión, en la que las relaciones entre los Estados Unidos y Panamá estaban tensas, no recuerdo por qué razón, el ejército norteamericano decide hacer unas maniobras militares en la Zona del Canal con el obvio propósito de siempre mostrar su fuerza y amedrentar. Se llamaban «Operación Furia Negra», o algo así. Entonces el General Torrijos responde también con unas maniobras militares, del otro lado de la cerca, y que se llaman, literalmente, «Operación ¡uy, uy, uy, qué miedo!»

Torrijos fue una política económica apuntada hacia la creación de un Estado productor. La nacionalización de la Fuerza y Luz, la nacionalización de la Boston Coconut Company (los campesinos la llamaban «la Coconúa»), que tenía enormes extensiones de tierra, unas 180, 000 hectáreas, en la península de Azuero. La creación de los grandes ingenios azucareros de la Victoria y Felipillo, el proyecto de desarrollo integral de la región del Bayano, y de toda la región del Atlántico, que juntas constituyen fácilmente un tercio del país. Grandes proyectos estatales mineros. Fábricas estatales, grandes, pequeñas, medianas... Proyectos turísticos, como el de la isla de Contadora, hoteles como El Panamá. Y poder económico significa poder político, independencia, dignidad.

En un momento dado de la administración del General Torrijos, el 20% de la producción nacional es estatal. Un quinto de lo que se produce, lo produce el Estado. En América Latina, solamente Cuba nos ganaba.

Torrijismo entonces es elevar ese 20% a un 40%, o más. Torrijismo es estar plenamente consciente de que se trata de ser patriota, no comerciante, y que toda esa inversión estatal no tiene como objetivo único un interés crematístico, sino sobre todo político. Patria, no negocio, es lo que el torrijista debe hacer. Pero como decía el General Torrijos, «la dignidad incluso es rentable».

Recuerdo cuando, desde el mismo inicio del proceso torrijjista, se nacionaliza la Fuerza y Luz, compañía norteamericana que generaba, administraba y vendía toda la electricidad del país. Recuerdo, digo, que los waiters del imperialismo atacaban la nacionalización alegando que era un «mal negocio» porque la compañía perdía dinero. Por «patriotismo» había que dejársela a los norteamericanos. ¡Cínicos!

De no haberse nacionalizado, ¿dónde se iría el chorro de centavos que las nuevas represas hidroeléctricas producen? «La dignidad incluso es rentable», efectivamente.

Decía el General Torrijos que la nacionalización es una figura redundante, porque «los recursos tienen la nacionalidad del país en el que están». El cobre chileno es chileno, y el Canal de Panamá es de Panamá.

Torrijismo, entonces, es que el banano panameño sea panameño. Que los camarones panameños sean panameños. Que las aguas de nuestros ríos sean panameñas. Que toda Panamá sea panameña.

Torrijos es también la participación del Estado en empresas de propiedad mixta, y muy de Torrijos es la creación del sector asociativo de la economía, con los asentamientos campesinos en el lugar de honor.  Torrijismo es hacer que este sector crezca y se multiplique.

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Torrijos es una Reforma Agraria que tuvo que aprender a fuerza de golpes la forma de imponerse. Torrijismo es no olvidar esa lección, pero sobre todo el objetivo. Recuerdo dos mapas que levantó el Doctor Renán Esquivel, Director del Hospital del Niño y, en algún momento, Ministro de Salud: uno, de la maltenencia de la tierra, y otro, del hambre. Ambos eran idénticos. Las tierras que más comida producen, son también las que producen más hambre y más mortandad infantil. En las regiones donde hay más ricos, casi todos son pobres. Y en sus cementerios casi todos son niños.

Los asentamientos campesinos, las cooperativas, han sido el experimento más rico en conclusiones que se haya hecho en la región centroamericana durante los años 70. Incluso algunos resultados fueron sorprendentes. Los asentamientos campesinos, por ejemplo, se propusieron como cooperativas, para respetar esa vocación entrañable por la propiedad de la tierra que tiene el hombre que vive de la tierra. Al final, sin embargo, muchos campesinos prefirieron que la tierra fuese explotada en el marco de empresas estatales. Confiaban en que no les serían arrebatadas. Confiaban en Torrijos. Sabían que estaba del lado de ellos para garantizar que «en la producción en que se organicen, tendrán la tierra».

Torrijos es la Reforma Educativa, donde el trabajo se une con el estudio, para que aquél no «embrutezca» ni éste «deforme», para que el hombre del futuro piense con las manos, y haga cosas con la cabeza. Torrijos es un hombre que va a Coclesito y se dedica, de rodillas pero sin estar retando, a sembrar verduras con los niños de la escuelita.

Torrijismo, entonces, es ser como Torrijos, es decir, mejor que Torrijos; porque Torrijos se superaba constantemente, y no dejar que los ricos le arrebaten a los pobres ese proyecto de Reforma Educativa, como se lo arrebataron a él, diciendo que era comunismo, porque educación para ellos es que sus hijos estudien para propietarios y los de los pobres para pobres. A los niños de Coclesito los quieren para limpiabotas, y a las  niñas para empleadas, y para cogérselas. Después de todo, «eso se lava», como ellos mismos dicen.

Torrijos es un concepto de salud y un concepto de enfermedad. De la enfermedad piensa que debe ser tratada independientemente de quién sea el enfermo, asegurado o no. De allí la integración que propuso de los servicios del Seguro Social con los del Estado, y que logró en parte, «Salud igual para todos», fue el lema de esa campaña de darle a todos los pobres acceso a la misma calidad de servicio que tienen los asegurados.

De la salud, piensa que «es un estado de bienestar general», y en consecuencia que lo incluye todo, desde el estado físico hasta el económico, pasando por el psicológico o mental. Estar sano, pues, significa, también, tener un par de balboas en el bolsillo, conversar con una mujer hermosa, tener un buen empleo. Salud es todo eso, y más.

La «producción de salud» es así cuestión de todos los ministerios, y no solamente del de la Salud. Y la función de éste es primordialmente la de prevenir la enfermedad, no la de curarla. Porque es agradable curarse, pero es más agradable no estar enfermo.

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Esta es la filosofía que anima la proliferación de los Centros de Salud por toda la República. El General Torrijos tuvo la gran fortuna de poder contar con el Doctor Renán Esquivel como teórico y práctico de esta concepción.

Torrijismo es partir de Torrijos, arrancar de sus conquistas, y ser inmisericorde con los que lo son con el dolor del pobre y que sólo piensan en su riqueza personal. Ya están hablando de venderle el Seguro Social a la empresa privada. Cuando nosotros comenzábamos a pensar en socializar la medicina.

Torrijos hablaba de que también había que atender la miseria moral y espiritual de estos médicos, reaccionarios y miserables. Torrijismo es saber que mi General se equivocó.

Torrijos es una redefinición de las Fuerzas Armadas, en términos de pueblo y de dignidad. Torrijismo es echar a andar esa definición.

Torrijos es una moral, política y cotidiana, basada en la esperanza, el optimismo y la negociación. Torrijismo es saber que estamos cumpliendo con nuestro deber, y que por eso mismo tenemos derecho a la alegría que queremos para todos. Torrijismo es alegría.

Torrijos es un Tratado que le devuelve a Panamá, inmediatamente, la dignidad y el respeto nacional. Pero de una forma condicionada, de poquito en poquito, y de mala gana por parte de los gringos, y haciéndonos trampa.

Torrijismo es no querer esperar hasta el año dos mil, descondicionar nuestra soberanía, no ser tan «pendejos» como para dejarnos quitar lo que hemos conseguido, según dijo él mismo, pero sí «vivos» para quitarles a ellos lo que todavía no nos han devuelto. Y sobre todo, torrijismo es «no perder nunca la capacidad de destruir el Canal».

Torrijos es un concepto bien determinado de negociación, tanto las contradicciones nacionales como las internacionales, que le permite al explotado arrancarle conquistas al explo­tador y avanzar hacia la victoria total.

Torrijismo es no perder nunca de vista que «explotador» es tanto un imperio como una clase, y que la pelea es contra ambos, al mismo tiempo, porque en el fondo se identifican.

“Decir imperialismo y oligarquía es una redundancia, porque es decir lo mismo», decía Torrijos.

Torrijos es una estructura parlamentaria que pone el poder político y legislativo en manos populares. En el lugar de los diputados politiqueros, verborrágicos, se sentaron los Representantes de Corregimiento, hombres sencillos, que representaban a su comunidad, no un partido oligárquico, como lo son todos, salvo el comunista y los de algunos jóvenes.

Torrijos son las Juntas Comunales, unidades políticas y de producción, a nivel de la comunidad. Las Juntas Locales, todavía más reducidas, y por ende más cerca del vecino, del inquilino, del problema concreto, y con poder político con­creto para resolverlo.

Todo eso se fue a la porra.

Torrijismo es enraizar esas estructuras revolucionarias en un movimiento popular, como no lo alcanzó a hacer el General Torrijos, para que no se vayan a la porra en cuanto que sople un mal viento. No importa que Torrijos no lo haya hecho. Nosotros no somos Torrijos, ni torrijitos, somos torri­jistas. Y eso es Torrijos más más.

Torrijos es un Instituto Nacional de Cultura, que él crea a nivel de ministerio, reconociendo la importancia de la cultura. Torrijismo es desencuadernar ese Instituto y apuntarlo hacia la cultura auténtica, que busca transformar al hombre, haciéndolo mejor y más profundo, y no hacerle cosquillita  a los sobacos del alma. Porque cambiar las estructuras so­ciales sin cambiar al hombre, es como ponerse ropa limpia sin haberse bañado. Eso lo aprendió bien el General con los pro­blemas que tuvo en Coclesito, su laboratorio revolucionario.

Torrijos es una búsqueda y un encuentro con nuestra nac­ionalidad. Es rescatar, con el poder del Estado, la significa­ción histórica de Victoriano Lorenzo. A partir de él, las cosas  y las instituciones, se llaman «Felipillo», «los Cholos», «Victoriano Lorenzo»... Y ahora también «Omar Torrijos».

Torrijos es un Código de Trabajo y una Ley de la Vivienda diseñados para aliviar la carga del trabajador que no tiene ni dónde ni cómo vivir, y comenzar a fortalecerlo de modo que algún día pueda arrebatar la justicia que le pertenece.

Cuando en nuestros días reforman el Código del Trabajo del General Torrijos los siervos de los siervos del capitalismo, la escoria, la basura del sistema, sostienen esta lindísima tesis: para generar más empleo y aliviar la carga del pobre, se debe ayudar y permitir que al rico le vaya mejor, que gane más dinero, es decir, que explote y robe más, porque sólo  así va a abrir más fábricas.

San Anselmo de Canterbury en el siglo XI no razona más fino que eso. El solo concepto de Dios, decía, prueba que Dios existe. Los oligarcas panameños dicen hoy, siguiendo al FMI, que el solo concepto de bienestar implica en primer lugar el del rico, y solamente en segundo lugar, como corolario, el del pobre. Para que los pobres sean menos pobres, tiene que haber más pobres. Y para que haya menos pobres, los pobres tienen que ser más pobres. Realmente, el único adjetivo que le queda justo a este sistema, lo encontró Torrijos: diabólico.

Habría que llamarla «Teoría de la Sobreabundancia», porque fundamentalmente consiste en pensar que sólo cuando a los ricos les sobre habrá algo para los pobres. 0 «Teoría del Derrame»: la única comida que puede tener el pobre, es la que se derrama de la mesa del rico. «Teoría del Empleo»: para que haya más empleos para los pobres, y en consecuencia que los pobres sean menos pobres, que haya más fábricas de los ricos, y en consecuencia que los ricos sean más ricos. Se la puede llamar de cualquiera de esas formas, pero lo que es, es la «Teoría Cínica del Hijo de la Gran Puta».

Cuando oía por la televisión los argumentos, todos ellos muy «cristianos» y muy cínicos, que se esgrimieron para re­formar el Código del Trabajo, a mí me daba vergüenza de haber nacido. ¿Qué tal si Dios existe y está viendo toda esta porquería? ¿Qué va a decir la gente del año 3000, cuando se encuentren los restos del capitalismo?

No lo van a poder creer. Van a tener que convencerse despacio, excavando en las ruinas del Hospital del Niño, es­tudiando documentos, fotos amarillas, grabaciones... Y ento­nces a ellos también les va a dar vergüenza.

Ser de izquierda es cosa de justicia, de moral, de estética, pero  también de pudor. En definitiva, torrijismo es Torrijos, más una cuarta más. Y es algo que, por lo menos como cuerpo doctrinal, existe, está chorreado por todos los discursos, los escritos del General, y sobre todo por sus obras.

Torrijos es el santo de la procesión panameña, pero, como dijo él mismo, «aunque no hay procesión sin santo, el santo no hace la procesión». Es decir, Torrijos es necesario, pero suficiente. Lo dijo él mismo.

No hay pretexto, pues, para que el que se diga torrijista no tenga una línea de acción bien determinada. No hay pretexto para que el torrijismo sea  solamente una palabra, hueca, sin contenido. Y sobre todo, no debe haber pretexto para confundirlo con Torrijos mismo y cometer sus mismos errores. Encaramados sobre los hombros de Torrijos, vemos más lejos que Torrijos.

Siempre he pensado, y sentido, que Dios protege a los ateos. Es decir, que lo que primero hay que heredar del maestro es su dignidad y esa amistad con la verdad que supera la que le tenemos al maestro pero que hemos heredado del maestro. No puedo resistir la tentación de citar a Aristóteles: “Soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad». Y lo  dice después de veinte años de haber sido discípulo de Platón, cuya mejor lección, que Aristóteles asimiló bien, fue sobre la amistad y la lealtad que debe tenérsele a la verdad.

El torrijismo, pues, supera a Torrijos, gracias a Torrijo­s. Esa es la esencia misma del torrijismo: que puede crecer, que está hecho para crecer, que Torrijos lo pensó para que creciera y se superara a sí mismo, tanto en la teoría como en la práctica revolucionaria.

Con la muerte violenta del General Torrijos se leha puesto un punto final a sus escritos, pero no a su espíritu libertador, que ya no podrá faltarnos nunca en los combates de nuestra América. La enormidad, la magnitud de nuestro fracaso con su muerte es sin embargo menor que la del triunfo al que nos conducirá su recuerdo y su teoría revolucionaria. Porque no nos han matado al General Torrijos. Nos lo han convertido en una bandera.

 José de Jesús Martínez 
(Tomado de MI GENERAL TORRIJOS, PREMIO CASA DE LAS AMÉRICAS 1987, Sección TESTIMONIO)



   

 


                                  

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