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Illustración Cáncer Ortega

1

EL MENDIGO Y EL AVARO

Había una vez un mendigo que se encontró con un ava­ro, y le pidió una limosna. Pero el avaro no se la dio. El mendigo se alegró de que el avaro se envileciera, tanto más cuanto que él era un pobrecito mendigo. Cuando murieron, el avaro se fue al purgatorio, pero el mendigo al infierno.

Tiempo después se volvió a encontrar el mismo mendigo con el mismo avaro. Y el mendigo volvió a pedirle una limos­na. Pero el avaro no se la dio. El mendigo, escarmentado por su experiencia anterior, no se alegró ya de que el avaro se envileciera a su costa. Por el contrario, se lamentó de ello, habiendo en la ciudad tantos otros mendigos igualmente po­brecitos con los cuales podría haberlo hecho. Cuando murieron, el avaro se volvió a ir al purgatorio y el mendigo nueva­mente al infierno.

Todavía una tercera vez volvieron a encontrarse el mis­mo mendigo con el mismo avaro. Esta vez el mendigo entró en pánico al ver al avaro y cruzó rápidamente de acera para no toparse con él. El avaro lo lamentó mucho, porque, escar­mentado también él por su experiencia anterior, se había decidido a darle la limosna. Cuando murieron, el mendigo terminó nuevamente en el infierno, pero el avaro, en cambio, fue al cielo.

Y todavía una vez más volvieron a encontrarse el mismo mendigo con el mismo avaro. En cuanto vio al mendigo, el avaro le ofreció una limosna que ya traía preparada. Pero el mendigo se lanzó al cuello del avaro y lo estranguló y le quitó todo el dinero. Esta vez el avaro no se fue a ninguna parte, porque murió. Y el mendigo vive todavía, y nos está mirando.





Illustración Cáncer Ortega

2

EL BUENO MALO

Érase una vez un joven comunista y un mendigo. Un día, el joven se disfrazó de rico y buscó al mendigo para hacerle el bien. El mendigo extendió la mano, esperando la limosna. El falso rico le dio una patada en cambio. Quería hacerle el bien. El mendigo odió a los ricos y se inscribió en el Partido Comunista. Un año después se volvieron a encontrar.

El joven hacía un bello discurso en contra de los ricos. El mendigo lo reco­noció y recordó el ultraje pasado. Odió también a los hipócri­tas. Mató al joven comunista y se inscribió en el partido de Marcel Penso, el millonario.



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.......................................................Illustración Cáncer Ortega

3

EL CASO DIOS

I

Un día estaban juzgando a Dios por malo y envidioso. El abogado defensor dijo: "Dios creó el mundo bueno y hermo­so. Fueron los hombres quienes lo dañaron". Se presentó entonces una mujer a la que le había caído encima una iglesia durante un terremoto en Lisboa. El abogado defensor dijo: "La muerte es necesaria para que la vida del hombre valga". Entonces se presentó un niño que había muerto de cáncer a los ochos años. El abogado defensor dijo: "Dios es el único apoyo de los pobres". Entonces se presentó un mendigo y tosió. El abogado defensor dijo: "La fealdad es necesaria para que la belleza resalte". Entonces se presentó un jorobado imbécil y le sonrió al abogado defensor. El abogado defensor ya no dijo nada. Y el juez dijo: "Culpable".



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.....................................................Illustración Cáncer Ortega

II

El juez dijo a un funcionario: "Traigan al reo". El fun­cionario fue a buscarle, no le encontró y dijo: "No estaba allí". El juez reprendió al funcionario por su descuido. El funcionario dijo: "Yo creía que lo había traído el sacerdote." El juez reprendió al sacerdote y le dijo: "Traiga al reo". El sacerdote fue a buscarle, no le encontró y dijo: "Yo creí que lo había traído el obispo". El juez reprendió al obispo y le dijo: "Traiga al reo". El obispo fue a buscarle, no le encontró y dijo: "Yo creí que lo había traído el Papa". El juez repren­dió al Papa y le dijo: "Traiga al reo". El Papa fue a buscarle, no le encontró y dijo: "Yo creía que vendría solo." El juez entonces dijo: "Dios es inocente, porque no existe". Y con­denó a los hombres.




Illustración Cáncer Ortega

4

LA NIÑA DE LA MUÑECA

Había una vez una niña que amaba mucho a su muñeca cuando ésta lloraba, hasta que un día comprendió el mecanis­mo que producía el llanto en la muñeca. Ya no la amó más y la destruyó. Y su madre le dijo: "Te comprendo y te perdo­no". La niña creció. Quiso que la amaran y se dedicó a mentir para no ser comprendida. Un día le mintió a un anciano sabio que la descubrió en su mentira y le dijo: "Te comprendo y te perdono". La niña entonces, acosada, se dedicó al mal y a la prostitución. Un día un hombre se enamoró de ella y le dijo: "Te comprendo y te perdono". La niña, que amaba al hom­bre, lo abandonó. Pero entonces se comprendió a sí misma. Ya no se amó más y se mató. Y un sacerdote dijo: "Dios la comprenderá y la perdonará". La niña fue al cielo. Dios la comprendió. Ya no la amó más y la destruyó.


   

 


                                  

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