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EL CAMINO DEL RESENTIMIENTO HACIA UNA SOCIEDAD ALEGRE
Notas marginales al libro para rodar de José de Jesús Martínez
Félix Armando Quirós Tejeira
Introducción
¿Cuál es la auténtica finalidad del hombre y la mujer? Jean-Paul Sartre afirma que “el hombre es una pasión inútil”. El hombre absurdo de Albert Camus es “perpetuamente consciente de la completa inutilidad de su vida”. La ética determina la finalidad del hombre: es bueno cuando actúa para la finalidad que fue hecho y malo si se aparta de ella. Según la ética utilitarista es la utilidad individual o general: es útil lo que aumenta la dicha o preserva del sufrimiento. Para la ética hedonística es bueno lo que produce placer y malo lo que provoca dolor. De acuerdo con la ética estoica el fin del hombre es permanecer inmutable contra la vida. El padre Luis Tadeo Ardila, S. J. nos habló en sus clases de Filosofía de la ética de producir billete que se practica en nuestra sociedad. Soren Kierkegaard plantea que el ser humano es una síntesis de antinomias que le generan angustia. El deseo de inmortalidad del hombre contrasta ante su finitud. La angustia, si es reflexionada, resulta liberadora porque lo guía a advertir cuál es su situación. Considera que lo grave y mortal es la desesperación. La solución es la fe. Propone que el hombre debe ser un caballero de la fe que afronte directamente la existencia para modificarla positivamente, a pesar de que todo esté perdido. Jorge Luis Borges nos dice que para Arthur Schopenhauer “un mundo de la voluntad tiene que ser un mundo de sufrimiento”, por lo que “no pudo no ser pesimista”. En Meditaciones del Quijote, José Ortega y Gasset sostiene: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
José de Jesús Martínez pone su fe en el hombre y la mujer cuando plantea en Libro para rodar (INAC, Panamá, 1975) que su finalidad es la construcción de una sociedad íntegra: La sociedad del futuro ha de ser una sociedad íntegra en la que se sienta y piense en el mismo mundo. Es el viejo sueño de una sociedad sin desequilibrios entre los intereses comunes y los individuales. Es la comunidad sin campos antagónicos hacia la que camina la humanidad según la tesis marxista. Una sociedad que resuelva lo que Julio Cortázar define como el único problema del intelectual contemporáneo: la paz basada en la justicia social. Vale también la advertencia de este autor: “Una revolución que no tomara en cuenta la necesidad de juego, de alegría, de expansión mental, sentimental, psicológica, es una revolución que está condenada a anquilosarse, a volverse burocrática, a reducir todo a fichas y expedientes”. En un proceso revolucionario tiene que haber espacio para la crítica.
La obra narrativa de José de Jesús Martínez se limita a cuentos para rodar. Son 16 textos breves que nos mueven a una contemplación reflexiva del mundo. Los cuentos son para conmover y mostrar, no para convencer ni demostrar. El arte vive de apariencias. Todo artista miente. En un cuento los mejores planteamientos ideológicos tienen efectos patógenos fatales. Los argumentos están expuestos en sus ideas para rodar. Estos ensayos parecen el punto del que surgen los relatos. Es un proceso lógico: los cuentos nacen de ideas.
Ideas para rodar
En sus ideas para rodar sobre la integridad en el amor y en la política, José de Jesús Martínez informa de lo que trata: “Este ensayo tiene como objetivo al hombre íntegro o entero, y como objeto al hombre fracción o quebrado”. Se comprende que estos representan los dos grandes campos antagónicos en que se divide la sociedad: proletariado y burguesía. Las clases medias no cuentan, puesto que no son revolucionarias, sino conservadoras, o en todo caso, reaccionarias. Su análisis parte del siguiente punto: “En un principio, la naturaleza hostil, el trabajo fuerte, dividió a los hombres en dos clases: la de los que trabajan y sufren y la de los que no trabajan y piensan”. No creo que haya querido plantear que los trabajadores son borregos que no piensan ni que los pensadores sean vagos, sino representar la vil explotación del hombre por el hombre, el conflicto permanente entre opresores y oprimidos, los dos principios eternos y contrarios: luz y tinieblas.
Comentaré algunas de las ideas para rodar que componen los cinco capítulos del ensayo:
El que sufre termina por especializarse en el sentimiento y la lamentación. El que comprende termina por especializarse en la inteligencia y en la explotación. Schopenhauer sostiene: “Toda vida es esencialmente sufrimiento. Y aun cuando el hombre tras múltiples esfuerzos, consigue mitigar o escapar momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, de manera inexorable, en el insoportable vacío del aburrimiento”. Schopenhauer propone la huida del mundo; Martínez, la rebelión: “La reflexión de la clase que no trabaja hizo la ciencia. El resentimiento de la clase que trabaja hace la revolución”.
“El camino que predica el rico es el de la reflexión; el que proclama el pobre, el del resentimiento”. Supongo que no pretende convencernos de que la reflexión, cuya práctica nos muestra, sea pérdida de tiempo ni de que el odio engendre resultados positivos, cuando el propio autor confiesa, al concluir, que elabora su propuesta desde el amor. Aquí encontramos la antigua confrontación entre idealismo y materialismo, en la línea del existencialismo ateo que representa Jean-Paul Sartre.
La reflexión es la toma de conciencia del pensamiento: pensamiento del pensamiento. El resentimiento es la toma de conciencia del sentimiento: sentimiento del sentimiento. Si la reflexión es el camino de los ricos y Dios es pensamiento del pensamiento; Dios representa a los ricos. De la misma manera: Si el resentimiento es el camino de los pobres y Luzbel es sentimiento del sentimiento; Luzbel representa a los pobres. No es obra del azar ni del error. Surge de un proceso razonado y de su rebeldía característica en contra de lo establecido. Acaso se sitúa desde el punto de vista del rico. No me parecen símbolos acertados, cuando “más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”. Además: “Con arrogancia el malo persigue al pobre: será cogido en los artificios que ha ideado”. Considero que la teología de la liberación representa una importante propuesta hermenéutica. “Por praxis liberadora, se entiende el proceso mediante el cual la fe cristiana construye la liberación económica, espiritual e intelectual de los pueblos socialmente oprimidos como cumplimiento del ya del reino de Dios”.
José de Jesús Martínez nos plantea, como antes lo hicieron Marx y tantos otros, la llegada a la sociedad íntegra por el largo y tortuoso camino del resentimiento: “Hay dos caminos solamente: el de la izquierda, que el pueblo se haga inteligente y elimine a los ricos, y el de la derecha, que los ricos se conmuevan y eliminen al pueblo... Pero esto no puede ser, y por dos razones: porque es formalmente contradictorio y porque el rico necesita del pobre para ser rico. Luego, hay un camino solamente”. Se enmarca en la lucha de clases que ha de llevar al triunfo final del proletariado como clase dominante y, en consecuencia, a la abolición de todas las clases, con lo cual desaparecerá la violencia socialmente organizada que existe en toda sociedad de clases. El pretexto de los revolucionarios es que recurren a ella para oponerse a la violencia establecida. En la práctica, la época de la dictadura del proletariado ha de ser eviterna, puesto que no es posible un verdadero estado comunista hasta tanto no haya triunfado la revolución universal. Me parece que el camino cruza por un campo de amapolas y nos lleva a los mismos puntos que la teología y el misticismo. Marx realizó un análisis brillante; pero fue trágico que se transformara en dogma.
La meta de la revolución no es la de unir a los ricos con los pobres, sino la desaparición de ambos, para dar lugar a una sociedad sin clases que trabaje y piense conjuntamente. La explotación del hombre por el hombre destruye la dignidad y las vidas de los hombres y mujeres. La pobreza es un pecado social que hay que erradicar.
El pobre pide pan y le dan espíritu. Pide ropa pero le dan razones. Pide tierra y le ofrecen el cielo. Hace énfasis en la religión como incitadora de falsas esperanzas. Según Gutiérrez Merino: “La reflexión teológica no puede limitarse a ser un simple discurso sin implicaciones prácticas y concretas”. Tomemos por ejemplo Jesús en los pobres que logra resultados concretos en la lucha contra las drogas y el alcoholismo, organización de microempresas o cooperativas de diversos tipos, proyectos de salud, educación, alimentación, infraestructuras y conservación ambiental. Hay un balance entre desarrollo espiritual y resultados efectivos.
Los ricos le echan la culpa a Dios. Es una crítica muy válida. Al ser humano no le gusta asumir la responsabilidad de sus propios actos.
Para el burgués el arte es vida de mentira, una forma económica y no comprometida de vivir las grandes pasiones desde su segurísimo despacho. Lo entiendo como una defensa del artista, que es visto con menosprecio por los poderosos. Todo arte surge de una base real. La obra de arte es un mundo con apariencia de realidad. Las imposturas no son arte. El artista representa, no engaña. Lo comprueba con una visión muy particular del arte: Imaginarse que se es otro, que se sufre y goza con el dolor y dicha ajenos, es una forma sutil, perversa y delicada de explotación que el burgués ha ideado para robar al pobre y al artista. Nos remite a la vieja polémica del escritor comprometido —el cual es considerado por algunos como una antigua tradición francesa— en la que se ha gastado mucha tinta. Sartre defendió la corriente de la literatura política y el escritor comprometido como portavoz de una conciencia humanista, convencido de que “la literatura en acto no puede identificarse con su plena esencia si no es en una sociedad sin clases”. Sin embargo, no era partidario de “renunciar a las libertades formales sin tener siquiera la esperanza de adquirir las materiales”. Un artista puede tener compromisos de diversa índole, no sólo asumir posturas políticas. Hay algunos que se comprometen con el sufrimiento o con la muerte. Pienso que lo esencial es que el escritor cuente con independencia de criterio y capacidad para criticar hasta aquello con lo que tiene compromiso. Cito a Cortázar: “Creo que ya te señalé el horror que me produce todo escritor comprometido que solamente es eso”. Mi compromiso con la literatura es aportar mi visión personal del mundo como testigo de mi tiempo. Lo demás, lo realizo en el terreno práctico de la vida.
En la sociedad íntegra no habrá pasión innoble ni compasión inmoral. Llega a este resultado sobre la compasión. Es indudable que vivimos en una sociedad hipócrita, que practica una moral de diablo predicador. Antes ha afirmado: “La revolución le traerá al burgués llanto verdadero, pero también dicha de la buena”. Es la meta de la lucha de clases, que es un concepto que existe desde antes que Marx.
El rico no solamente no paga para entrar al cielo, sino que cobra por ello. Así parecen creerlo muchos y lo reflejan en sus conductas. De esta idea parte uno de los cuentos. Representa el espíritu mercantilista. El punto cumbre de la explotación. Hubo una época en que se compraban indulgencias.
El rico prefiere dar un poco, por caridad, para que el pobre no se lo exija todo, por justicia. Anatole France coincide: “La limosna rebaja tanto al que la recibe como al que la da. Considero que la piedad del rico para el pobre es injuriosa y opuesta a la fraternidad humana”. Nada atenta tanto contra la dignidad de hombres y mujeres. Hay un pensamiento de Helder Cámara que refleja la actitud de la humanidad ante la causa y el efecto: “Cuando doy limosna a un pobre, me llaman santo: si pregunto por qué es pobre, dicen que soy comunista”.
La sociedad íntegra es una sociedad justa, no caritativa. Así debe ser. Una sociedad sin opresión. Que no haya simplemente un cambio de opresores, como ocurrió en nuestros pueblos tras liberarnos de España. Los revolucionarios franceses se pasaron unos a otros por la guillotina. Libertad, igualdad y fraternidad. Acaso otro campo poblado de amapolas.
Establece una diferencia entre un estado de ánimo y un sentimiento:
“Felicidad” es el estado de quien ha cumplido sus deseos.
“Alegría” es el estado de quien va camino de lograr sus deseos.
La sociedad íntegra es una sociedad alegre, no feliz. Hasta aquí nos debe llevar el camino del resentimiento, o sea, la revolución. Según Julián Marías: “La felicidad es el imposible necesario”.
En la sociedad íntegra se fundirán o integrarán la erótica, la política, la ética, la lógica, la poética, la noética, la teorética y la práctica. Resume su noción de lo que debe ser la sociedad que ha de construirse. Anteriormente, en las ideas para rodar sobre la integridad en el amor y en la política ha logrado una síntesis admirable: “En la sociedad íntegra, los soldados harán poemas y los poetas sabrán disparar”.
El amor no se expone, se impone. “Si el hombre transforma al mundo”, sostiene Freire, “sufre los efectos de su propia transformación”.
El problema de Dios
José de Jesús Martínez niega la existencia de Dios; pero lo tiene en cuenta para desarrollar su obra. Por lo tanto, es necesario revisar la idea de Dios para adentrarnos en su libro para rodar. Para algunos, la fe es una opción muy cómoda. Si Dios no existiera, no habría manera de advertir el error. Un ateo equivocado tiene que asumir consecuencias. Miguel de Unamuno llega a la conclusión de que “la creencia de que nuestra mente sobrevive a la muerte es necesaria para poder vivir”. Para Borges: “la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal”.
Julián Marías plantea: “Un punto de partida capital: el problema de Dios no es primariamente un problema filosófico. El concepto de Dios es un concepto religioso (…)” y sostiene que “cuando se admite a Dios se ha tomado posición ya sobre la interpretación de la realidad”. Leonardo Boff explica: “Con esta palabra —Dios— se expresa un valor supremo, el sentido último del universo y de la vida y la Fuente originaria de donde provienen todos los seres”. “Este Dios habita siempre el universo y acompaña a los seres humanos. Los textos sagrados de las religiones y de las tradiciones espirituales dan testimonio de la permanente actuación de Dios en el mundo. Él siempre actúa favoreciendo la vida, defendiendo al débil, ofreciendo perdón al caído y prometiendo la eternidad de la vida en comunión con Él”. Marías sostiene: “El mundo sin más, el cosmos, no me pueden conducir directamente a un planteamiento de esa realidad no manifiesta, latente, cuya existencia es problemática que llamamos Dios”. La discusión da para mucho.
Las ideas para rodar están divididas en cinco ensayos:
I Sobre la integridad en el amor y la política.
II Sobre la compasión.
III Sobre la caridad.
IV Sobre la felicidad y la alegría.
V Sobre el amor culto.
Es curioso que sean cinco, como las vías, para probar la existencia de Dios, de Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologica:
I Vía del motor inmóvil.
II Vía de las causas eficientes.
III Vía de los seres contingentes.
IV Vía de los grados de perfección.
V Vía del orden en el mundo.
José de Jesús Martínez sostiene lo contrario: Está feo creer en Dios. Alega que Dios se va a condenar. Para él, la sociedad íntegra ha de prescindir de Dios, porque lo considera un invento maligno utilizado para la opresión del hombre: Cuando Dios, con el progreso de las ciencias, se convirtió en una hipótesis innecesaria para la explicación racional del mundo (Laplace), los ricos se lo regalaron al pueblo, A ellos no les servía ya, pero sí el que los pobres se consolaran.
Dios: pensamiento del pensamiento (noesis noeseos)
Luzbel: sentimiento del sentimiento (rebelión)
La religión, que en sí misma es falsa, en los ricos es un instrumento perverso, y en los pobres un consuelo bien cruel.
Dios es una ilusión; la muerte, un misterio.
En la sociedad íntegra se desvanecerán ilusiones y se desvelarán misterios.
Dios, abstracción de abstracciones, Hambre, concreción de concreciones. En la sociedad íntegra no habrá Dios ni hambre.
La religión que predica la felicidad, predica el sometimiento y, por tanto, la explotación.
José de Jesús Martínez es un ateo teórico. Como opción personal, es legítima. Se muestra como un marxista convencido. Irreligioso. Cree que es imposible la existencia de un Ser Supremo. No es viable ninguna conciliación razonable con la religión católica. Suprimir la religión como ilusoria felicidad del pueblo es una necesidad de su verdadera felicidad. La religión es el opio del pueblo. Es un elemento que, como he mencionado, también está presente en sus cuentos.
En sus ideas para rodar sobre el amor culto, intenta probar la inexistencia de Dios con los siguientes argumentos:
Si el hombre existe y ama, no queda sitio para Dios. Y el hombre existe y ama.
Si Dios existiera y amara, no sobraría sitio en donde pudiera el hombre existir y amar. Y la tierra es un sitio donde el hombre puede existir y amar.
Aun cuando Dios existiera, no tendría sentido amarlo o pensar en él. Y ni siquiera existe.
A Dios habría que negarlo aun cuando existiera. Sobre todo si existiera.
Prefiere poner su fe en el hombre y la mujer, tal como hace Sartre, que es el principal representante del humanismo ateo. Todo gira en torno de la existencia del ser humano en un universo que no tiene propósito. Les entiendo que Dios resulta un obstáculo para que el hombre sea tal como él se concibe, tal como él se quiere. Para ellos, como para Unamuno, “la muerte es algo definitivo, la vida acaba”.
Para Pierre Teilhard de Chardin: “amor significa colocar la propia felicidad en la felicidad de los otros”. No veo que el amor divino y el amor humano sean conceptos excluyentes, cuando Jesús predica que el amor nos lleva a conocer el reino de los cielos, y nadie ha mejorado la propuesta de Cristo para la liberación del ser humano. En Mateo 20:25-28, encontramos: “Los que gobiernan las naciones se hacen dueños de ellas y los grandes entre ellos les hacen sentir su autoridad. El que quiera ser más grande entre ustedes, debe servir a los demás; y cualquiera de ustedes que quiera ser el primero, debe ser el esclavo de todos. Como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por la libertad de muchos”. Una postura que demanda grandes sacrificios. Friedrich Wilhelm Nietzsche argumenta que Jesús trascendió las influencias morales de su tiempo creando su propio sistema de valores.
René Descartes —cuyo postulado “pienso, luego existo” es considerado el punto de partida del pensamiento existencialista— presenta el siguiente raciocinio para llegar a Dios: “Si tengo una idea de infinito, omniperfecto y bondadoso, y veo en el mundo lo que es finito, imperfecto, y malo; el conocimiento me lo tiene que haber dado un ser que tenga esas cualidades”.
Gustavo Gutiérrez Merino —sacerdote, filósofo y teólogo peruano— sostiene que la teología no puede pretender aprender a Dios. La inmensidad de Dios no puede ser captada por la limitada mente humana. Dios es menos objeto de saber que de esperanza. La teología o inteligencia de la fe se encarga de describir las creencias y convicciones.
Borges nos dice de Soren Kierkegaard: “Evangélico luterano, negó los argumentos que prueban la existencia de Dios y la encarnación de Jesús, que juzgó absurdos desde el punto de vista de la razón, y propuso para cada creyente un acto de fe individual”. Sin embargo, como argumenta Julián Marías: “El filósofo parte de algo que no es filosofía: la creencia de que la realidad es inteligible y que por tanto se puede preguntar por ella, se la puede indagar, se la puede intentar comprender”. Existe la necesidad humana de saber si Dios existe. Sobre Dios, Marías llega a la conclusión de que “si queremos tener una vida humana, la vida propiamente humana y por tanto hecha de sentido, justamente eso no es fácil, no es seguro ni siquiera es probable, es algo más: ¡es necesario!” Martínez desemboca en el polo opuesto: “Dios no es necesario ni siquiera para la religión”. Sartre alega que “el mundo puede prescindir perfectamente de la literatura. Pero puede prescindir del hombre todavía mejor”. Pienso que habría que preguntarse si Dios todavía cree en nosotros.
Teología de la liberación
En este punto, hemos de entrar en algunas consideraciones sobre la teología de la liberación. Tiene sus raíces en el II Concilio del Vaticano (1962-65), convocado por el Papa Juan XXIII el 25 de enero de 1959, y la Conferencia de Medellín (1968), y adopta la opción preferencial por los pobres a la luz de la palabra de Dios, tal como está expresado en Lucas 7:22: “(...) a los pobres es anunciado el Evangelio”. El ministerio de Cristo entre los rechazados y despreciados de su tiempo es un claro ejemplo para la Iglesia contemporánea. La pobreza es un pecado social que se manifiesta en una estructura injusta y opresora, y contradice el designio histórico de Dios. El proceso de liberación del ser humano, tanto del pecado como de las estructuras opresoras, parte de la palabra de Dios. Jon Sobrino, en el prólogo al libro Hacia una espiritualidad de la liberación de Néstor Jaén, afirma: “Hay que seguir diciendo y clamando que la liberación de los pueblos crucificados sigue siendo una ingente necesidad, y su espiritualidad una urgente exigencia para llevarla a cabo cristianamente. Este es, por lo tanto, un libro de la espiritualidad de la liberación en el sentido estricto. El autor pretende ganar adeptos para la causa de la liberación de los pobres”. Es decir, no basta con alimentar la esperanza de un futuro mejor para el mundo, también hay que procurarlo. La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre y la mujer. Para afirmar el sistema democrático se ha de profundizar en la toma de conciencia de los pobres sobre sus enemigos reales para transformar el sistema vigente; crear un hombre nuevo, solidario y creativo, como condición indispensable para asegurar el éxito de la transformación social. Helder Cámara dice: “los que tratamos de tomar la antorcha y seguir los pasos de Jesucristo, no debemos descansar hasta que los muros de la injusticia, la exclusión y la mentira caigan en nuestra preciosa tierra americana ancha y enajenada”. Responde a las críticas a la opción preferencial por los pobres: “Fácil es acusar de comunista a quien denuncia las raíces materialistas del capitalismo. El anticomunismo es tan intolerante como el comunismo”. La teología de la liberación propone eliminar la pobreza, explotación, falta de oportunidades e injusticias de este mundo. Lucas 17:21 anuncia: “he aquí el reino de Dios entre ustedes está”. Por lo tanto, el plan de Dios ha de realizarse en la tierra. No es más que la construcción de una sociedad justa, basada en el amor y la solidaridad, con todos los sacrificios que esto implique. De acuerdo con el sacerdote jesuita Néstor Jaén: “La espiritualidad cristiana es la búsqueda constante de la santidad, la fuerza que mueve al sujeto desde Dios y la historia para lograr una transformación de lo creado”.
El camino no ha sido fácil. Según Leonardo Boff: “La teología de la liberación podría estar en crisis si las condiciones sociales que le sirven de matriz generadora estuviesen —felizmente— superadas”. Obviamente, no lo están. Si está en crisis es por otros motivos. En 1985, la Congregación para la Doctrina de la Fe silenció a Leonardo Boff por un año a consecuencia de la publicación La Iglesia, carisma y poder, donde critica a la Iglesia Católica Romana. Estuvo a punto de ser silenciado de nuevo por el Vaticano en 1992, para evitar que participara en el Eco-92 de Río de Janeiro, lo que finalmente lo llevó a dejar la orden franciscana, y el ministerio presbiteral.
El jesuita vasco Ignacio Ellacuria, asesinado en El Salvador el 13 de noviembre de 1989, alega que la teología de la liberación es una interpretación de la fe cristiana a través de la experiencia de los pobres. Es un intento de leer la Biblia y las doctrinas cristianas fundamentales con los ojos de los pobres. Al mismo tiempo es un intento por ayudar a los pobres a interpretar su propia fe de una forma nueva. Una propuesta hermenéutica. Con él cayeron el jesuita vallisoletano Ignacio Martín-Baró, psicólogo y sacerdote que elaboró muchos trabajos de investigación sobre la realidad social y política del Salvador, y otros cinco curas de la Compañía de Jesús. Recordemos las palabras de monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres... así la Iglesia encuentra su salvación”. “La Iglesia no debe meterse en política, pero cuando la política toca el altar de la Iglesia. ¡A la Iglesia le toca defender su altar!”. Y cayó acribillado en defensa de su altar.
Dos estudios de la Congregación para la Doctrina de la Fe sostienen que la Teología de la liberación no es compatible con la doctrina católica, lo que le ha acarreado problemas a sacerdotes como Ernesto Cardenal (el poeta de Epigrama: “Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo”), Pedro Casaldáliga i Pla, José María Castillo Sánchez y Juan Antonio Estrada.
Pedagogía del oprimido
El proyecto de construcción de una sociedad más justa y la liberación como toma de conciencia de la realidad latinoamericana, podemos relacionarlo con la pedagogía del oprimido, a cuyo conocimiento llegué de las manos de los sacerdotes jesuitas Alejandro Von Reichnitz y Carmelo Gorrochátegui en mi paso por las aulas del Colegio Javier. El libro de texto era un ensayo de Jesús Arroyo, S. J. Comparto un resumen de mis apuntes escolares: Paulo Freire desarrolló un nuevo método para alfabetizar mediante un proceso de toma de conciencia con el objeto de arrancar al campesino de su opresión. Un día somete a crítica lo que enseña y se encuentra con que el plan de estudios de Derecho y la situación real de Brasil, tienen poquísimo en común. La situación misérrima de Recife demandaba unos planteamientos distintos. Es decir, encontró una inadaptación total entre lo que enseñaba y la realidad nacional. Sintió que no preparaba a sus alumnos para los verdaderos problemas de Brasil. En el campo comprendió que para la educación del campesino se necesita una pedagogía totalmente distinta a la de Brasilia. Hubo que plantear la pedagogía del oprimido. La esperanza para resolver el problema latinoamericano es una educación que lleve a comprender la realidad y transformarla, que prepare a hombres y mujeres para la consecución del anhelado equilibrio social. Como dice Freire: “Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa”.
Si los planes de estudio deben estar en función de la realidad nacional, hay que conocerla, poniéndonos en contacto con ella. La situación del campesino no ha surgido hoy. Tiene que liberarse de su pasado. Si no se libera de éste, no podrá cooperar con el destino nacional dentro de la conciencia crítica, de una libertad de compromiso y un aporte de sus propios valores. “La alfabetización implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado”.
Hay toda una gran masa de población que no se puede comprometer con el destino nacional. No puede contribuir, en ningún grado, a las decisiones nacionales. El campesino lleva una vida no humana, no social, no política. Esto significa que el pasado es una realidad que está condicionando el modo de vida del presente. Al deformársele la conciencia se le deforma la conducta. Sin libertad no hay responsabilidad de compromiso.
La conciencia se torna acrítica porque ha sido marginada de las realidades sociales. Es una conciencia infantil porque no se le enseña a criticar, y si no critica, sólo recibe prescripciones. No reflexiona. Sin capacidad de denunciar. Es ingenua. O sea, simplifica tremendamente los problemas. Nunca percibe las causas verdaderas de los acontecimientos ni del mundo ni de sí; no puede descubrir las causas efectivas de sus males. Es una conciencia mágica que atribuye a causas extrañas, sobrehumanas y míticas lo que es perfectamente manejable en su realidad. Si no se pueden ver los males, no pueden encontrarse remedios y no hay capacidad para formar rebeldía.
Paulo Freire se propone quitar a esa conciencia los elementos negativos del pasado que no les permiten a los campesinos percibir un mundo, dar conciencia y emitir una palabra de denuncia, organizar una rebeldía para lograr las condiciones de acuerdo con su calidad de seres humanos. Si no son sujetos de rebelión son incapaces de ser agentes de cambio. Se debe formar hombres responsables, no hombres obedientes. Con la conciencia reflexiva y crítica se capta el mundo y se desarrolla una dialéctica.
La dialéctica, según Hegel, consiste en tesis, antítesis y síntesis. Es el impulso natural del ánimo, que lo sostiene y guía en la investigación de la verdad.
Si hay conciencia crítica, el mundo y el individuo llegan a constituir una identidad. Al captar las contradicciones del mundo se captan las propias, y entonces se puede llevar a cabo un proceso de liberación frente al proceso que ha hecho al pueblo: acrítico, irreflexivo, ingenuo y magicista. Sólo en el caso del hombre crítico y reflexivo se puede hablar de libertad política. Es estar liberado de la presencia del opresor. Es el proceso por el cual uno ha podido liberarse de los factores negativos de opresión para centrarse en sus propios valores políticos. Es la posibilidad de enfrentar contradicciones. Crear dialécticas. El opresor es las ideas que tiene y puede estar presente en todos los sectores y circunstancias.
El campesino tiene, en el consciente, los valores oficiales y, en el inconsciente, sus propios valores inhibidos. Los valores impuestos han llegado hasta su inconsciente. Es lo que se llama incorporación del opresor. El opresor está inserto en el alma del pueblo. Freire sostiene: “La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados ignorantes son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho a expresarse y por ello son sometidos a vivir en una cultura de silencio”. Leonardo Boff la define como “una cultura de la superficialidad, del consumo y del entretenimiento” que amenaza “el sentido y la sacralidad de la vida humana”.
El método de toma de conciencia de Paulo Freire quiere ser el elemento exterior que inicie el cambio. La educación se ha vuelto totalmente narrativa. Una característica de esta educación es su fuerza sonora, no su fuerza transformadora. La teología de la liberación exige garantizar el acceso de los pobres a la salud y la educación. Basta un análisis, no necesariamente profundo, de nuestra realidad latinoamericana para concluir, acaso con optimismo, que hemos avanzado poco en este sentido.
Otras propuestas
Karl Theodor Jaspers señala que “Al cuestionar la realidad enfrentamos los límites que un método científico (o empírico) simplemente no puede traspasar. En este punto, el individuo enfrenta opciones: hundirse en la resignación o dar un salto a la Trascendencia. Al dar este paso, los individuos confrontan su propia libertad ilimitada, y pueden finalmente experimentar la auténtica existencia”. Para Nietzsche, “no existe una verdad universal, pues ninguna corresponde a la realidad más que de una forma aparente”. Emile Michel Cioran manifiesta la frustración de vivir cuando confiesa: “Deseo una destrucción completa de lo humano”. No podemos aplaudir la consideración del suicidio como forma de vida. Al menos no fue consistente con su planteamiento y murió de viejo. En Diario metafísico, Gabriel Marcel habla en favor de“una filosofía de lo concreto que reconozca que la encarnación del sujeto en un cuerpo y la situación histórica del individuo, condicionan en esencia lo que se es en realidad”. José Ortega y Gasset plantea: “La vida humana es la verdadera realidad radical, de la que surge cualquier sistema filosófico posible. Para cada ser humano la vida toma una forma concreta”.
El jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin propone la socialización como la finalidad del hombre, que es un ser infinitamente complejo desde el punto de vista evolutivo. A la sociedad sin clases se llega por el amor. Aparece la libertad individual y colectiva. Es un método que personaliza: “Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu se realiza en algo personal. Creo que lo Personal supremo es el Cristo Universal”. Aporta una visión de la evolución equidistante en la pugna entre la ortodoxia religiosa y científica. Sus teorías se basan en principios del minerólogo y geoquímico ruso-ucraniano Vladimir Ivanovich Vernadsky. La evolución tiene cuatro etapas:
- Geosfera o evolución geológica.
- Biosfera o evolución biológica.
- Noosfera o evolución de la conciencia universal. Teilhard de Chardin la explica como un espacio virtual en el que ocurre el nacimiento de la psiquis (noogénesis), un lugar donde suceden todos los fenómenos (patológicos y normales) del pensamiento y la inteligencia.
- Cristosfera, la cual será la última etapa de la evolución. El destino del universo es colapsar en un único punto espaciotemporal, el Punto Omega, donde vida y universo convergerán. Cristo es el Punto Omega de la evolución porque es el Dios que a la vez finaliza, consuma y abre hacia arriba la evolución.
Conclusión
Estas ideas para rodar nos presentan un paraíso terrenal. La sociedad íntegra tal vez sea una ilusión. Necesaria, aclaro. No estoy convencido de la inutilidad de la esperanza. Si se asemeja a una utopía es porque el hombre ha demostrado con creces una gran capacidad para el mal y, lastimosamente, los pobres son los primeros en oponerse a que progrese cualquiera de sus semejantes, con una inventiva para crear obstáculos que nos tendría en un mundo mejor si fuera encausada a fines provechosos. José de Jesús Martínez critica a los teólogos por creer en paraísos celestiales; pero el planteamiento de la sociedad íntegra parece encontrarse a la misma distancia de la realidad. No percibo que el mundo camine en esa dirección. Podemos visualizarla; pero no contamos con ningún procedimiento concreto y eficaz para llegar a ella. Sin embargo, Martínez nos lega una esperanza. Su obra se caracteriza por una preocupación constante por los problemas existenciales de la persona humana. Como buen discípulo de Sartre, vivió como el hombre que él se concibió, como el que él quiso ser. En cuanto a una sociedad equitativa y solidaria, que practique la libertad individual y colectiva, donde prevalezca la justicia, la inclusión y la verdad: no sé. La humanidad y la razón nos obligan a encontrar el camino. Si no se reabre la ruta del amor, jamás se cerrará el desvío del resentimiento. Por alguna razón me llega a la mente, a modo de respuesta a la falta de fórmulas, el título de una obra de Eugene Ionesco: El porvenir está en los huevos.
Referencias bibliográficas:
Jesús Arroyo, Paulo Freire: su ideología y método, Hechos y Dichos, Zaragoza, 1973.
Leonardo y Clodovis Boff, Cómo hacer Teología de la liberación, Paulinas, Madrid, 1988.
Jorge Luis Borges, Historia de la eternidad, Alianza, Madrid, 1978.
Albert Camus, El mito de Sísifo, Alianza, Madrid, 2001.
Emile Michel Cioran, Del inconveniente de haber nacido, Taurus, Madrid, 1981.
Emile Michel Cioran, Ese maldito yo, Tusquets, Barcelona, 2000.
Julio Cortázar, Último round, tomo II, Siglo Veintiuno, México, 1987.
Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, Siglo Veintiuno, México, 2001.
Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación: perspectivas, Sígueme, Salamanca, 1999.
Néstor Jaén, Hacia una espiritualidad de la liberación, con prólogo de Jon Sobrino, Sal Terrae, Santander, 1987.
Karl Theodor Jaspers, Genio y locura: ensayo de análisis patográfico comparativo sobre Strindberg, Van Gogh, Swedenborg, Holderlin, Aguilar, Madrid, 1968.
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Otras fuentes:
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