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La muerte enamora a las mujeres
Modesto A. Tuñón F.
La primera secuencia de Volver expone el asunto que Pedro Almodóvar quiere narrarnos en esta su vigésimo sexta película. Un grupo de mujeres limpia las lápidas, llenas de hojas desplazadas por el viento que recorre el pueblo de Almagro, en la provincia de La Mancha y hablan sobre el amor hacia sus difuntos.
La muerte es el punto de partida del realizador manchego, tal como en Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez. Pero, a diferencia del autor colombiano, el relato del realizador español no se va atrás directamente a reconstruir el pasado. Su dinámica argumental es otra; desde allí avanza en el relato, pero explora hechos oscuros no planteados hasta ahora y necesarios para configurar la historia.
La muerte de los padres de Raimunda (Penélope Cruz) es un asunto cerrado, pero que empieza a abrirse misteriosamente cuando unos acontecimientos hacen variar la vida de ella, su hermana Sole (Lola Dueñas), su hija adolescente (Yohana Cobo) y su vecina Agustina (Blanca Portillo).
Almodóvar no expone su relato lleno de los conflictos psicológicos de La mala educación o el preciosimo de Hable con ella. Acá en Volver nos cuenta de esta familia de mujeres que están relacionadas por su común experiencia fallida con los hombres. Se sospecha que la madre difunta (Carmen Maura) de Raimunda ha regresado de la muerte y se hospeda, primero en casa de su hermana y al fallecer ésta, se instala donde Sole.
Raimunda tiene un conflicto con su esposo y la hija. Por una coyuntura, se ve obligada a encargarse de un restaurante cercano a su casa y allí atiende a un grupo de gente que hace una película; mientras, el asunto de la muerte de sus padres toma importancia en la vida de ella, su hermana y la hija hasta convertirse en un misterio que requiere ser aclarado.
A medida que conocemos la verdad sobre el pasado de la familia, el director nos lleva a los referentes temáticos que han caracterizado su filmografía, que muestra la compleja relación de la gente, pero en este caso el enfoque es irónico, lleno de humor y de paradojas. Están allí la violación, la insatisfacción en la pareja y el concepto de solidaridad en ese submundo, entre otros asuntos secundarios.
El trabajo del realizador con el elenco es desigual; ha puesto más énfasis en Cruz; pero el resto, debe trabajar por cuenta propia como Maura y Portillo, aunque Dueñas se desluce en ocasiones y la adolescente Cobo por el contrario, tiene sus momentos de silenciosa lucidez. Como en Hable con ella, somos testigos de una secuencia donde se interpreta una canción, que da nombre a la cinta y que alude al misterio de la madre.
La realización de Almodóvar tradicionalmente hace énfasis en el desempeño dramático de los personajes. Este caso no es una excepción, pero los componentes conflictivos son menos patéticos que en casos anteriores; quizás el director pone atención al mercado hollywodense y a la fascinación que allí tiene la protagonista Cruz.
El secreto de la aparición de la madre de Raimunda centra también la vida del poblado; se enhebra con las costumbres y la realidad cotidiana de la provincia. Un escenario ambientado por los vientos e incendios que arrasan los campos.
Es también el puente con la vida urbana, donde Raimunda se instala. Los campos eólicos son la barrera entre el espacio urbano y el rural y la imagen reitera en ellos como símbolos de una tranquila pero constante movilidad.
El cine de Almodóvar siempre ha caminado por una especie de cuerda floja, pese a su maestría visual y argumental. Unos, no soportan su manejo descarnado de las relaciones y sus personajes conflictivos. Otros le alaban su dominio del lenguaje y técnicas cinematográficas.
En ésta, su última cinta, quizás se ha esforzado en satisfacer a ambos con un producto menos intricado y más ligero (creo que es la mejor forma de no utilizar el anglicismo “lite”), con una historia en dos escenarios diferentes: el campo y la ciudad (atender a los detalles de la inmigración).
El equipo técnico de la producción con la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Alberto Iglesias, le permiten a Almodóvar una realización fluida con un relato que poco a poco muestra los conflictos que llevan a cuestas los espíritus y donde el regreso es una metáfora, que afortunadamente Carmen Maura encarna con delicia.
Volver es una realización más tranquila, más adulta y con un propósito de narrar una historia sencilla en que todo trasciende con sencillez, visualmente con mucha claridad y sin los conflictos del pasado. No será la cinta más prototípica del cine español actual, pero si refleja un panorama intimista de la cultura de sus comunidades rurales, que le dan un sello particular a su alma ibérica.
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