| |

El cíclope, de Guillermo Trujillo
La obra de Guillermo Trujillo puede ser considerada la más amplia totalización de la plástica nacional. Polifacética y polisémica su producción registra las más variadas incursiones en técnicas, estilos y temas, procurando siempre el logro de un lenguaje personal y diferente. En un recorrido del expresionismo hasta las formas más depuradas de neofigurativismo, su trabajo constituye una permanente búsqueda, en que la experimentación y el ejercicio de nuevos recursos visuales asoman con insistencia y con no menos reconocidos logros. Viva expresión de esa singularidad onírica que caracteriza la obra de arte, es capaz de proponer directamente, sin subterfugios ni ambigüedades, un mensaje íntimo que el artista deshilvana sin esfuerzos de los sueños o la memoria. Sus figuraciones son el recuento de ancestrales experiencias que parecieran haberse acumulado desde los primigenios ordenamientos de la naturaleza y que surgen de improvisto plasmados en un mundo mágico, ahíto de mistificaciones y fantasías
Matizados por el humor y la ironía, sus personajes —Nuchos, chamanes, apariciones y brujos— recorren un mundo fantástico, extraído de las raigambres americanas. Danzantes eróticos, levitadores concupiscentes, madonas impúdicas, o híbridas deformaciones se pasean en sus lienzos acompañados de espantos y bestias que participan de una permanente ordalía de luz y color. Imágenes y colores que recrean la intensidad del trópico y la pasión por la naturaleza forman parte del mundo de lo imaginario forjado por el maestro Trujillo.
Contemporáneo con Trujillo, Manuel Chong Neto es el pintor de la sensualidad y la forma, nace en Panamá el 16 de noviembre de 1927 y estudia en la Escuela Nacional de Pintura bajo la Dirección de Juan Manuel Cedeño. En 1963 ingresa a la Academia de San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México en donde estudia con figuras como Moreno Capedevilla y Luis Sahún.
En sus primeras obras, en la década de los sesenta, encontramos trabajos en que hace gala de un dramático claroscuro con una capa pastosa de pintura que ofrece un sugerente entorno de las figuras, y el color se desplaza sin mucha rigurosidad sobre el lienzo. Su preocupación es sobre todo afectiva y no necesariamente visual.
Posteriormente, su evolución hacia nuevas formas de figuración lo conducen a adoptar temas llenos de voluptuosidad. Sus " gordas" han llenado una época de la plástica nacional. La belleza de las gordas radica precisamente en la contingencia de la carne, que se revela como una forma natural y bella de ser. Reclama Chong Neto la facticidad del cuerpo como primaria condición del ser y como elemento necesario de la sensibilidad y la relación amorosa.

Mensajes oníricos, de Manuel Chong Neto
El afloramiento de la carne, la voluptuosidad de las formas y la sensualidad del cuerpo son las secretas motivaciones que caracterizan la obra de Manuel Chong Neto. Con una evidente intención de provocación, el artista las hace posar, vestidas o desnudas, como aquellas Majas de Francisco Goya, con la clara intención de que la turgencia de la carne y el deleitamiento sensual de los cuerpos contribuyan a crear una sentimiento estético dominado por los sentidos. Solas o acompañadas con esos personajes ya conocidos -cuervos, gnomos, arlequines- las majas de Chong Neto dominan el espacio, definen los entornos y se posesionan del lienzo para imponer su presencia cargada de ternura, y es que el artista, con una poética de la forma y el volumen nos invita a compartir un pasaje, una escena, que estaría vedada a los ojos profanos de quienes no comparten los secretos del arte. Con colores diluidos en suaves contrastes, en los que predominan los violetas y azules, logra vincularnos a un conjunto visual en el que todos los elementos están en función de la expresión de una dama, cuyos grandes ojos y enigmática sonrisa nos seduce, pero que nos deja fuera de su sutil juego de sensualidad y coquetería. .
Podemos considerar a Julio Zachrisson como uno de los más importantes innovadores de la plástica en Panamá. en ese periodo de revisión crítica en los años cincuenta. Nace en la ciudad en 1930, y se inicia en la Escuela Nacional de Pintura bajo la dirección de Juan Manuel Cedeño. Posteriormente estudia en el Instituto Nacional de Bellas Artes de México, de la Academia de Piero Vanucci en Perugia, Italia, y la Academia de San Fernando en España, en donde se nutre de nuevas experiencias que le permiten incorporar elementos de la tradición cultural panameña en una nueva formulación que renovará los patrones dominantes en la artes figurativas. Su obra irrumpe en un momento que la plástica panameña se asfixiaba en los vapores del academicismo.

Julio Zachrisson
Zachrisson es el cronista de la fábula y la fantasía, del mito y la tragedia. La presencia de lo grotesco y el absurdo en su concepción figurativa y el tortuoso llamamiento que hace a través de sus personajes aproximan su formulación simbólica a los grabados de Goya ya las abigarradas estructuras surrealista de El Bosco, de donde extrae la sustancia que alimenta la tragedia y la burla subyacente en su trabajo. No puede decirse que el afán de Julio Zachrisson sea el forjar una composición estrictamente surrealista, producto único del inconsciente. Es más bien una fabulación de la historia y la sociedad que es compensada con el folklore y el mito. Su onirismo es una mascarada fantástica donde danzan utensilios, objetos contingentes, con monstruos subterráneos

Julio Zachrisson
Decidido prácticamente por el grabado, en donde logra efectos fantásticos mediante el uso de tintes creados por él mismo, logra trasladar al papel ese mismo temperamento único de sus pinturas en nuevas formas y discurso expresivo. Delicado en el uso de las trazos, aprovecha todo recurso para exaltar el diseño. Los colores fuertes y contraste calculado facilitan el recorte de la figura sobre el plano, sin necesidad de los efectos que pueda alcanzar sobre el volumen las figuras se abigarran en un espacio que pareciera estallar. Sus grabados y litografías son realizadas sobre placas de aluminio graneado, utilizando tintes ocres, negros y violetas, lo cual le imprime un aspecto fantasmagórico a la creación. Nuevas concepciones estéticas acompañadas de incorporaciones técnicas de variadas procedencias han ido caracterizando la obra de Julio Zachrisson, permitiendo que el color, la iconografía indígena y la libertad figurativa constituyan elementos medulares de su obra más reciente, que tanto mérito ha recibido en Europa, en especial en España, en donde ha fijado su residencia desde hace treinta años.
Con Adriano Herrerabarría, Desiderio Sánchez y Alberto Dutary, se cierra este periodo de búsqueda afanosa por encontrar las directrices de una forma expresiva que incorporara las particularidades de nuestra identidad como nación a las grandes tendencias del arte universal, al tiempo que permitiera la libertad creadora y la reafirmación individual. Estos artistas contribuyen a ensanchar la apertura realizada por sus predecesores y permitirán que los artistas de la generación siguiente, la gran horneada de los años sesenta y setenta, incursionen frenéticamente en, nuevas y casi inéditas en nuestro medio, tendencias de la plástica contemporánea.
Autorretrato, de Adriano Herrera Barría
Adriano Herrerabarría nace en 1928, realiza estudios en la Escuela Normal de Santiago de Veraguas y posteriormente se especializa en pintura en la Academia de San Carlos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante los años 1956 a 1960 realiza estudios de perfeccionamiento en España, Francia y Alemania. Durante más de una década fue director de la Escuela de Bellas y Artes y Director de Educación Artística del Instituto Nacional de Cultura.
La pintura de Herrerabarría es la reafirmación de un voluntarismo extremo, rebelde y solitario con el cual rechaza la aproximación a patrones tradicionales. Al alejarse de la representación y la pasividad figurativa, recrea un imbricado torbellino de juegos técnicos y visuales que estallan en el lienzo con fuerza sobrecogedora. Tanto en sus murales, como en su obra sobre lienzo, el propósito es mostrar el otro lado del mudo que, conjurado y hostil, nos amenaza de las formas más diversas y solapadas. Agresividad que en ocasiones el artista intenta matizar con un abundante colorido y brillantes degradaciones.
Su preocupación no es encontrar las fórmulas que permitan un suave deleitamiento visual, por el contrario, su búsqueda de un impacto sofocante y agresivo parece ser su principal intención, de allí el estallido de las manchas cromáticas, la estampida de un bestiario desenfrenado y el surgimiento de creaturas que solo la imaginación puede calificar. No nos lleva a una obra complaciente y fácil, sino a la abrumadora sobrecarga de experiencias visuales que de golpe pretende desmistificar el arte y al mundo. La obra de Adriano Herrerabarría abre las puertas de lo insólito para mostramos lo terrible y lacerante que puede ser esa otra forma de la realidad que llamamos imaginación y que, a pesar nuestro, siempre está allí, del otro lado de nosotros mismos.
Desiderio Sánchez nace en Bocas del Toro, Panamá, en 1929. Estudió en San José, Costa Rica y posteriormente en México y Guatemala. Su obra ha sido extensa y cubre casi cincuenta años de la historia plástica del país. Su obra ha sido premiada en la Bienal de Sao Paulo en Brasil en 1959, en 1977 obtuvo el Primer Premio en el Salón de Xerox, en Nicaragua.
<<REGRESAR SIGUIENTE>>
|
|