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EL LECTOR
SE
HACE
DESDE
LA
CUNA
En esta nota, se analizan las tendencias del
creciente
mercado
editorial
infantil
frente
al
comienzo
de
la
versión
XVII
de
la
popular
Feria
del
Libro
Infantil
y
Juvenil
de
Buenos
Aires.
Natalia Páez
Todavía
gatea
y
babea
sus
juguetes,
sin
embargo
en
esta
etapa
podría
definirse
su
futuro
como
lector.
Si
hay
un
ciclo
decisivo
dentro
de
aquello
que
se
engloba
bajo
el
paraguas
de
"literatura
infantil"
es
el
que
va
desde
que
un
niño
es
pre
lector
(en
el
mercado
editorial
hay
libros
desde
los
6
meses)
hasta
sus
primeros
acercamientos
a
la
lectoescritura
(aproximadamente
desde
los
6
años).
Porque
del
trabajo
que
los
adultos
realicen
sobre
el
bebé
y
el
niño
en
este
momento
vital
dependerá
en
gran
medida
su
futura
relación
con
los
libros.
Se
estarán
creando
lectores.
Pero
¿cómo
acercarle
un
libro
a
un
bebé?,
¿qué
tipos
de
lectura
ligada
con
el
placer
(y
no
sólo
con
la
escuela)
propiciar
a
un
chico
que
recién
está
haciendo
sus
primeros
acercamientos
con
los
libros?,
¿qué
tipo
de
relatos
son
los
apropiados?
¿Desde
cuándo
se
es
lector?
La
antigua
concepción
de
que,
para
leer,
un
niño
debía
estar
alfabetizado
fue
reemplazada
por
la
convicción
de
que
la
lectura
no
se
reduce
a
la
sola
decodificación
de
un
sistema
de
signos
alfabéticos.
Un
niño
pequeño
no
necesita
saber
leer
para
descubrir
su
golosina
preferida
en
el
mostrador
de
un
quiosco,
o
para
reconocer
a
un
personaje
de
una
película
en
una
juguetería.
En
muchos
casos
tampoco
necesitan
a
los
adultos
para
manipular
equipos
de
audio
y
video.
Editores
y
autores
de
literatura
para
niños
coinciden
en
que
los
8
meses
de
vida
es
el
momento
en
que
hay
que
iniciar
al
bebé
en
la
familiarización
con
el
libro
como
objeto.
En
esta
etapa
todo
es
oralidad:
canciones,
rimas,
nanas,
retahílas,
expresiones
infantiles
que
se
repiten
como
un
juego.
Y
que
producen
risa,
complicidad
con
los
adultos.
Todas
estas
formas
pertenecen
a
la
tradición
oral
popular
que,
como
desde
el
principio
de
la
humanidad,
se
anticipa
a
la
palabra
escrita.
Si
leer
y
escribir
son
actividades
complementarias,
dos
caras
de
la
misma
moneda,
el
escuchar
es
la
tercera
y
única
en
esta
etapa.
Y
en
esa
escena
lectora
el
adulto
juega
su
papel
principal,
como
relator
y
guía.
"Un
niño,
desde
que
puede
empezar
a
manipular
libros,
a
prestar
atención
a
las
imágenes
y
a
la
narrativa,
es
pre
lector.
No
lee
el
texto,
pero
sí
lee
otras
cosas.
Son
niños
que
todavía
no
adquirieron
la
lectoescritura.
A
los
8,
9
meses
puede
sentarse
solo
y
agarrar
el
libro
con
sus
manitos,
mirar
imágenes
y
empezar
a
seguir
las
historias
desde
la
oralidad",
dice
María
Fernanda
Maquieira,
editora
de
Alfaguara
Infantil.
Esta
editorial
empieza
su
catálogo
para
niños
a
partir
de
los
dos
años,
cuando
los
chicos
comienzan
a
encontrar
en
los
libros
aliados
para
la
exploración
del
mundo.
Un
objeto
que
estimula
sus
sentidos
y
su
curiosidad.
Ponen
el
énfasis
en
la
idea
de
literatura
como
placer
y
privilegian
la
presencia
autoral.
Están
en
sus
filas
María
Elena
Walsh,
Ana
María
Machado,
Griselda
Gambaro,
Laura
Devetach,
Elsa
Bornemann,
Ricardo
Mariño,
Graciela
Montes,
Ema
Wolf
y
Gustavo
Roldán
entre
otros.
La
editorial
Guadal/El
gato
de
hojalata
fue
la
primera
en
lanzar
en
2002
—posdevaluación—
libros
para
bebés,
cuando
la
importación
dejó
de
ser
un
negocio
rentable
en
Argentina.
Libros
de
goma
para
morder
y
meter
en
la
bañera,
libros
de
tela,
para
irse
a
dormir
y
que
también
cumplen
la
función
del
osito
de
peluche.
Libros
para
mirar,
apretar,
acariciar.
"Un
libro
de
goma
para
la
bañera
es
para
un
bebé
un
juguete
que
lo
entusiasma.
La
diferencia
es
que
ese
objeto
es
distinto
a
otro
y
lo
estimula
para
empezar
a
tener
contacto
con
la
imagen
y
la
palabra.
Con
ese
objeto
el
niño
toma
contacto
con
el
mundo
que
lo
rodea",
dice
el
editor
Oscar
Armayor.
Al
principio
editaron
libros
de
goma
que
sólo
traían
imágenes
pero,
después
de
la
primera
experiencia,
notaron
que
en
todos
los
casos
era
fructífero
que
a
estas
propuestas
las
acompañaran
las
historias.
"Historias
para
que
lean
los
padres.
Lo
más
importante
que
hemos
aprendido
en
estos
años
con
libros
para
bebés
es
que
la
imagen
no
es
el
único
elemento
que
estimula
sino
que
también
tiene
que
haber
texto.
Entonces
no
se
trata
de
un
juguete
más
para
meter
al
agua,
como
puede
ser
un
patito
de
goma.
Son
otra
cosa.
Son
libros
como
los
de
papá
y
mamá",
agrega.
En
algunos
jardines
maternales
de
Buenos
Aires
funcionan
con
éxito
las
llamadas
"Bebetecas",
para
que
los
bebés
y
niños
pequeños
se
familiaricen
con
el
libro
con
los
docentes
como
mediadores.
"En
Bogotá
el
colectivo
''Espantapájaros''
inició
hace
unos
años
un
espacio
llamado
''Cuentos
en
pañales'',
para
bebés
de
8
meses,
acompañados
por
sus
padres.
Una
biblioteca
al
alcance
de
los
más
pequeños,
para
explorar,
oler,
morder,
probar
y
llevar
a
casa.
Según
la
escritora
Yolanda
Reyes,
fundadora
de
este
proyecto,
''la
mayoría
de
los
cuentos
que
leemos
en
la
primera
infancia
son
libros
sin
páginas.
Algunos
son
tan
breves
que
caben
en
la
mano
diminuta
del
bebé.
(...)
En
esa
edad,
cuando
los
cuentos
entran
por
la
piel
y
son
cuerpo
y
abrazo,
y
cuando
las
historias
recuerdan
todavía
los
ritmos
del
corazón,
se
crean
los
vínculos
más
profundos
con
las
palabras,
con
los
libros,
con
el
placer
de
leer''",
cita
Susana
Itzcovich,
presidenta
de
la
Asociación
del
Literatura
Infantil
y
Juvenil
de
Argentina
(ALIJA).
Esta
entidad
es
la
sede
local
de
IBBY
(International
Board
of
Books
for
Young
People),
una
ONG
que
promueve
la
lectura
en
niños
y
jóvenes
del
mundo.
"Distintos
países
de
Latinoamérica
y
Europa
han
realizado
encuestas
para
valorar
el
estímulo
de
la
lectura,
a
partir
de
los
libros
para
bebés.
Las
estadísticas
consideradas
apoyan
la
teoría
de
la
importancia
de
la
palabra
oral
y
la
lectura
de
libros
para
los
pequeños
con
un
75
por
ciento
de
probabilidades
de
formar
—a
través
de
este
estímulo—
futuros
lectores.
Países
del
primero
y
tercer
mundo,
han
detectado
que
cuando
más
temprano
sea
el
acercamiento
del
libro
al
niño,
la
formación
del
lector
es
más
contundente.
ALIJA
impulsa
toda
actividad
de
promoción
de
la
lectura
desde
la
primera
etapa
del
bebé,
ya
sea
a
través
de
la
palabra
oral
como
de
la
presencia
del
libro
como
objeto
consolidado
y
omnipresente",
indica
Itzcovich.
Entre
las
editoriales
que
ofrecen
libros
para
bebés
también
se
encuentra
Sudamericana
que
este
año
presenta
entre
sus
novedades
un
libro-almohada:
Cuando
llega
la
noche,
con
ilustraciones
de
Cristian
Turdera.
La
escritora
Silvia
Schujer,
una
de
las
voces
autorizadas
en
literatura
infantil,
aconseja
a
los
padres:
"Tener
libros
atractivos
y
resistentes
y
ponerlos
al
alcance
de
los
chicos.
Aguantarse
que
el
trato
no
sea
el
ideal.
Leerles;
inventar
cuentos
de
manera
espontánea.
Escuchar
música
y
cantar.
Recitar
poesías".
Es
la
autora
de
Canciones
de
cuna
para
dormir
cachorros.
Libro
acompañado
de
un
CD
con
canciones.
"La
experiencia
con
mi
nieta
fue
maravillosa.
Durante
su
primer
año,
ella
se
durmió
escuchando
el
disco.
Ahora
mientras
lo
escucha
abre
el
libro
y,
a
su
modo,
lo
lee".

Desde los dos años
Según
la
experiencia
editorial,
a
los
dos
años
los
niños
comienzan
a
disfrutar
de
los
cuentos
centrados
en
un
personaje
fácil
de
reconocer
y
con
el
cual
puedan
identificarse.
Disfrutan
también
de
textos
con
ritmo
y
rima
(pueden
ser
poemas,
trabalenguas,
canciones),
comienzan
a
entender
cierto
humor
y
aprecian
las ilustraciones
muy
coloridas.
En
los
catálogos
hay
propuestas
variadas:
desde
historias
lineales
hasta
cuentos
que
trabajan
estéticas
más
complejas.
"Los
chicos
de
tres
años
viven
en
un
mundo
en
el
que
toda
su
realidad
es
disparatada.
Para
ellos
es
tan
natural
la
realidad
como
el
juego.
La
ficción
como
la
no
ficción.
Les
es
absolutamente
verosímil
que
alguien
se
transforme
en
un
gato,
por
ejemplo.
Entran
en
ese
mundo
un
poco
surrealista.
El
absurdo
funciona
mejor,
por
tanto,
para
los
chicos
más
grandes
que
tienen
un
entrenamiento
en
la
lógica.
A
partir
de
los
cuatro
empiezan
a
disfrutar,
por
ejemplo,
del
absurdo,
que
viene
de
la
mano
del
humor",
dice
Maquieira.
Hay
padres
aprensivos
a
la
hora
de
elegir
textos
"no
lineales"
para
sus
hijos
pequeños.
Una
autora
que
trabaja
de
forma
magistral
con
el
absurdo
para
esta
etapa
es
Ema
Wolf:
"No
creo
que
haya
una
estética
para
cada
edad.
La
estética
es
la
relación
de
un
grupo
social
con
la
belleza
y
con
el
arte;
es
cultural,
es
histórica,
y
es
para
todos.
Yo
no
puedo
pensar
una
estética
que
valga
para
mí
mientras
trabajo
en
El
turno
del
escriba
y
otra
distinta
para
una
persona
que
nació
hace
poco
mientras
escribo
Berta
(N.
de
la
R.:
Serie
de
Alfaguara
para
chicos
a
partir
de
los
3
años).
No
me
puedo
desdoblar
de
ese
modo.
Ni
ponerme
a
especular
qué
cosa
funciona
para
quién.
Todos
los
tonos
y
géneros
son
posibles.
Contar
no
es
un
lance
de
acierto
o
error,
es
de
riesgo:
gustar
o
no,
ser
comprendido
o
no.
El
riesgo
no
se
puede
evitar.
Si
ese
trabajo
se
hace
sin
perder
la
naturalidad
con
la
que los
adultos
lo
hacen
el
chico
también
descubrirá
espontáneamente
esa
dimensión
artística
que
está
potencial
en
los
libros".
En
nuestro
país
la
editorial
SM
organiza
desde
hace
5
años
el
Concurso
Barco
de
Vapor,
un
premio
estímulo
para
autores
de
literatura
infantil
y
juvenil.
Su
gerenta
editorial,
Susana
Aime,
considera
que
no
hay
estéticas
"no
recomendables"
para
los
chicos
que
recién
están
comenzando
a
leer:
"Los
más
chicos
están
muy
estimulados
visualmente
desde
que
nacen,
y
por
eso
leen
o
son
capaces
de
leer
historias
e
imágenes
de
gran
complejidad".
Algunos
autores
en
esta
etapa
también
les
escriben
a
los
padres.
"Temas
como
la
inconveniencia
de
etiquetar
a
los
hijos,
las
preguntas
difíciles
que
los
niños
plantean,
los
enojos
y
las
frustraciones
cotidianas,
la
necesidad
de
rebelarse
y
ser
autónomos,
los
miedos",
explica
la
escritora
Gabriela
Keselman.
La
recomendación,
siempre,
en
esta
etapa,
es
comprar
libros
en
mayúscula
imprenta,
con
historias
cortas
para
que
quienes
están
comenzando
a
leer
por
sí
solos
no
se
sientan
frustrados.
Sin
embargo
un
prejuicio
de
algunos
padres
es
que
a
la
hora
de
elegir
un
libro
para
un
chico
que
recién
está
empezando
a
leer
debe
ser
de
fácil
lectura,
con
palabras
familiares.
"Para
ellos
todas
las
palabras
son
difíciles
o
tienen
un
grado
de
dificultad
porque
están
aprendiendo
palabras
nuevas
todos
los
días.
¿Por
qué
no
poner
entonces
en
un
texto
una
palabra
como
libélula
que
a
ellos
les
puede
resultar
encantadora
por
su
musicalidad
o
rareza?
Hay
un
prejuicio
de
que
tiene
que
ser
literal,
fácil.
Y
no
hay
nada
más
rico
que
jugar
con
las
palabras".
Como
se
juega
con
una
pelota,
que
también
les
puede
presentar,
como
los
libros,
importantes
desafíos.
Tomado
de
El
Clarín
de
Buenos
Aires
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