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LA TRANSICIÓN A LA
OLIGARQUÍA:
EL PLAN PARA
RECOLONIZAR
A
CUBA
MEIN KAMPF, EL
REGRESO…
Tom
Crumpacker
Tomado
de
Rebelión
El
Plan
La
Comisión
para
la
Asistencia
a
una
Cuba
Libre
del
gobierno
de
Bush,
co-presidida
por
los
secretarios
de
Estado
y
Comercio,
ha
presentado
esta
semana
un
nuevo
informe
a
nuestro
presidente.
Se
trata
de
un
extenso
y
exhaustivo
plan donde
se
detallan
los
pasos
que
seguirán
el
gobierno
usamericano
[1]
y
otros
“actores
vitales”
para
traer
a
Cuba
de
vuelta
a
la
familia
de
naciones
patentemente
dominadas
por
el
colonialismo
usamericano,
a
las
que
pertenecen
actualmente
algunas
de
las
islas
del
pacífico,
Puerto
Rico,
Kabul
y
la
Zona
Verde
en
Bagdad.
El
gobierno
de
Bush
fue
duramente
criticado
por
no
tener
un
plan
de
esta
clase
para
Iraq,
después
de
sus
conquistas
en
aquel
país.
Algunos
incluso
proclamaron
que
era
este
el
factor
que
había
hecho
fracasar
la
ocupación.
Uno
de
los
objetivos
del
nuevo
Plan
puede
ser
anticiparse
a
críticas
similares
en
el
caso
de
Cuba.
Sin
embargo
el
Plan
es
prácticamente
el
mismo
que
se
tenía
para
a
Iraq
(con
la
diferencia
de
que
no
fue
presentado
públicamente
de
antemano).
A
través
de
la
privatización
de
lo
que
solía
ser
público,
el
Plan
abrirá
a
Cuba
las
puertas
del
mundo
moderno,
civilizado,
creando
una
utopía
capitalista
donde
empresarios
privados
de
la
“comunidad
internacional”
(compañías
usamericanas
en
su
mayoría)
y
la
“comunidad
cubana
en
el
exterior”
(ciudadanos
usamericanos
en
su
mayoría)
libres
de
las
restricciones
societales,
darán
rienda
suelta
a
todos
sus
poderes
creativos
para
salvar
de
la
tiranía
y
pobreza
perpetuas
al
largamente
sufrido
pueblo
cubano,
mientras
que
al
mismo
tiempo
—por
pura
casualidad,
claro—
obtienen
beneficios.
La
recomendación
respecto
a
las
actualmente
en
marcha
actividades
desestabilizadoras
contra
Cuba
es
continuar
o
incrementarlo
todo,
especialmente
los
proyectos
de
trasmisiones
de
radio
y
televisión
ilegalmente
impuestas
a
los
cubanos
desde
aviones
usamericanos;
denegar
la
moneda
fuerte
a
Cuba
mediante
el
recrudecimiento
del
bloqueo,
es
decir,
multar
a
bancos
extranjeros
que
efectúen
transacciones
cubanas,
castigar
o
recompensar
a
gobiernos
extranjeros
que
incrementen
o
disminuyan
las
relaciones
comerciales
con
Cuba;
y
arreciar
e
incrementar
los
castigos
por
las
restricciones
de
viaje.
El
costo
de
todo
esto
ya
triplica
lo
que estamos
gastando en
el
rastreo
de
los
fondos
de
Al
Qaeda.
El
presupuesto
para
estas
actividades
será
un
nuevo
fondo
usamericano
de
80
millones
de
dólares
para
sobornos,
que
tendrá
un
incremento
de
20
millones
anuales,
más
todo
el
dinero
sucio
para
acciones
de
desestabilización
(desconocidos
multimillones
anuales)
actualmente
distribuido
a
través
de
AID
[2],
NED
[3],
las
llamadas
ONGs
de
la
Florida,
y
la
Sección
de
Intereses
Usamericanos
en
la
Habana.
Según
el
Plan,
en
el
futuro
todas
las
comunicaciones
en
Cuba,
la
energía
eléctrica,
el
transporte,
la
minería,
la
industria,
la
agricultura,
la
medicina
y
otras
empresas
lucrativas
serán
privatizadas,
y
los
actores
vitales
(Usamérica
y
sus
empresarios)
crearán
para
Cuba
un
servicio
sanitario
y
de
acueductos,
un
sistema
de
salud,
un
sistema
de
educación,
un
sistema
de
transporte,
un
sistema
de
comunicaciones,
un
sistema
de
alojamiento
(casas
para
todos),
un
sistema
de
seguridad
alimenticia
(un
pollo
en
cada
cazuela),
todos
supuestamente
similares
a
los
que
estamos
construyendo
para
el
pueblo
Iraquí.
De
hecho,
mucho
más
que
lo
que
estamos
dispuestos
a
hacer
por
nuestra
propia
gente
en
Nueva
Orleáns.
Sin
embargo,
nuestra
generosidad
para
los
cubanos
tiene
como
condición
que
acepten
una
nueva
economía
política,
similar
a
la
nuestra.
Se
dice
muy
poco
en
el
Plan
acerca
de
lo
que
ya
existe
en
Cuba,
y
nada
acerca
de
los
efectos
de
nuestro
bloqueo
y
de
nuestro
terrorismo
contra
los
cubanos.
Es
como
si
las
instituciones,
la
infraestructura
y
las
capacidades
protectoras
creadas
a
lo
largo
de
45
años
de
independencia
[4]
fuesen
tan
insignificantes
que
no
valiese
la
pena
mencionarlas.
No
sorprende
que
este
plan
esté
cundido
de
las
usuales
palabras
cifradas
empleadas
por
este
gobierno
para
manipular
la
opinión
pública,
tales
como
“democracia”
(oligarquía
comercial),
“libertad”
(del
gran
pez
para
devorar
al
más
pequeño)
y
“disidentes”
(unos
pocos
cientos
de
cubanos
en
la
isla,
mercenarios
pagados
por
Usamérica).
El
Plan
también
está
lleno
de
planteamientos
acerca
de
los
cambios
que
desea
el
pueblo
cubano
(sin
presentar
prueba
acreditativa
alguna),
pero
dice
muy
poco
acerca
del
rol
que
ellos
jugarían
en
la
persecución
de
esos
supuestos
deseos.
De
hecho,
los
cubanos
son
tratados
como
objetos
de
una
transformación
que
será
llevada
a
cabo
por
otros.
Se
les
ve
como
incapaces
e
ignorantes,
desesperadamente
necesitados
de
educación
y
capacitación
para
lidiar
con
las
complejidades
de
la
moderna
sociedad
de
consumo.
Algo
que
es
similar
en
el
tono
—aunque
mucho
más
intenso—
a
la
idea
decimonónica
francesa
de
“noblesse
oblige”
(nobleza
obliga)
o
a
la
idea
inglesa
de
“la
carga
del
hombre
blanco”
(Kipling).
[5]
El
plan
es
reconstruir
la
nación
cubana
de
pies
a
cabeza,
yendo
desde
las
cenizas
hasta
una
neocolonia
capitalista
similar
a
aquéllas
que
existen
actualmente
en
Centroamérica
y
el
Caribe.
Sin
embargo,
poco
se
dice
acerca
de
cómo
llegaremos
de
la
realidad
actual
a
esas
“cenizas”.
Se
dice
que
los
primeros
seis
meses
serían
cruciales.
Es
en
ese
momento
que
se
establecería
el
Gobierno
de
la
Transición
en
Cuba
(GTC).
Se
trata
claramente
de
un
gobierno
títere
como
los
que
fueron
diseñados
para
Afganistán
e
Iraq.
La
construcción
de
la
nación
será
ejecutada
a
pedido
de
estas
marionetas.
El
financiamiento
consistirá
de
un
préstamo
de
ajuste
estructural
impuesto
por
el
FMI,
más
otros
préstamos
de
bancos
internacionales,
inversiones
extranjeras,
especialmente
provenientes
de
la
“comunidad
cubana
en
el
exterior”,
y
la
ayuda
directa
de
los
contribuyentes
usamericanos
cuando
se
juzgue
necesario.
La Constitución cubana
Se
expresa
mucha
preocupación
en
el
Plan
acerca
de
la
“estrategia”
de
Fidel
Castro
para
la
sucesión.
Cuba
tiene
una
Constitución,
pero
no
se
hace
referencia
a
ella
en
el
Plan.
Todo
parece
indicar
que
tampoco
se
escribirá
una
nueva,
como
se
hizo
en
Afganistán
e
Iraq.
Parece
que
las
Constituciones
ya
no
se
consideran
necesarias.
El
Plan
dice
que
la
estrategia
de
Castro
es
que
su
hermano
se
haga
presidente
cuando
él
abandone
el
puesto,
lo
cual
no
va
a
ser
tolerado
por
los
actores
vitales
del
Plan
(Usamérica
y
sus
empresarios).
La
Constitución
cubana
se
desarrolló
a
niveles
locales
y
provinciales
a
principios
de
los
años
setenta,
y
fue
aprobada
por
el
97%
de
los
votantes
cubanos
en
1976.
Después
del
período
de
“rectificación”
a
finales
de
los
ochenta,
fue
considerablemente
enmendada
en
1992
a
través
del
mismo
proceso,
con
más
de
dos
tercios
de
los
votos
en
la
Asamblea
Nacional
según
lo
establecido.
En
2002,
en
respuesta
lo
propuesto
por
el
Proyecto
Varela
[6],
fue
reafirmada
por
el
voto
de
8
millones
de
cubanos,
el
93%
de
la
población
adulta.
Esta
Constitución
establece
un
sistema
electoral
participativo-representativo
no
partidista,
el
cual
no
sólo
dista
sobremanera
del
nuestro,
sino
que
en
muchos
aspectos
es
más
responsable
y
democrático.
A
niveles
local
y
provincial
debe
haber
dos
o
más
candidatos
para
cada
puesto;
a
nivel
nacional
es
un
sistema
tipo
parlamentario
donde
cualquier
candidato
aspirando
a
uno
de
los
619
puestos
de
la
Asamblea
Nacional,
para
un
período
de
cinco
años,
debe
recibir
al
menos
el
50%
de
los
votos
para
ejercer
el
cargo.
El
ejecutivo
(denominado
Consejo
de
Estado,
equivalente
a
nuestro
presidente
y
al
gabinete)
se
compone
de
24
miembros
elegidos
(cada cinco
años)
de
la
Asamblea,
encabezados
por
un
presidente
y
un
vicepresidente,
que
en
la
actualidad
son
los
adecuadamente
elegidos
hermanos Castro.
La
Constitución
dispone
que
si
el
presidente
se
ve
imposibilitado
de
continuar
o
abandona
por
cualquier
motivo
su
puesto,
el
vicepresidente
asumirá
su
lugar
hasta
que
la
Asamblea
Nacional
elija
un
nuevo
presidente.
La
Asamblea
y
los
hermanos
Castro
han
dicho
en
repetidas
ocasiones
que
cualquier
sucesión
se
llevará
a
cabo
acorde
con
lo
que
establece
la
Constitución.
La
única
manera
de
que
esto
pueda
ser
impedido
o
cambiado
es
mediante
una
intervención
militar
usamericana.
Por
tanto,
este
Plan
es
en
efecto,
como
ha
planteado
el
presidente
de
la
Asamblea
cubana
Ricardo
Alarcón,
una
declaración
de
guerra.
Es
una
mezcla
de
generalidades
imprecisas
e
inconsistentes,
de
exageración
flagrante,
insultos,
hipocresía
y
rotundas
falsedades.
Es
un
ultimátum
de
visión
estrecha
que
no
reconoce
la
posibilidad
de
que
puedan
existir
otras
visiones
y
perspectivas
acerca
de
Cuba.
Elimina
la
posibilidad
de
la
discusión
pública
acerca
del
tema
en
Usamérica
antes
de
que
nuestro
aplastante
poderío
militar
sea
introducido
para
decidir
la
cuestión.
No
guarda
relación
alguna
con
la
realidad
cubana
o
con
el
siglo
y
medio
de
lucha
de
su
pueblo
por
la
autonomía.
Es
otra
ráfaga
de
la
implacable
campaña
propagandística
contra
Cuba
orquestada
por
nuestro
gobierno
durante
años.
Muchos
usamericanos
están
enterándose
de
cuán
poco
confiable
son
nuestros
medios
de
difusión
masiva
y
de
cómo
estamos
siendo
manipulados
por
nuestro
gobierno.
Después
de
todo,
todo
lo
que
sabe
la
mayoría
de
nosotros
sobre
otros
países
proviene
de
los
medios.
En
el
pasado,
mediante
el
ejercicio
de
nuestro
derecho
constitucional
a
viajar
a
otros
países
en
paz
con
el
nuestro,
éramos
capaces
de
ver
y
aprender
la
verdad
por
nosotros
mismos
o
mediante
noticias
elaboradas
por
personas
honestas.
Sin
embargo,
en
el
caso
de
Cuba
los
efectos
de
la
propaganda
falsa
se
multiplican
exponencialmente
con
las
prohibiciones
de viaje
hacia
ese
país.
Nuestro
gobierno
sabe
que
si
fuéramos
capaces
de
conocer
la
realidad
de
Cuba,
su
esfuerzo
recolonizador
colapsaría
rápidamente
en
el
ridículo.
El Plan en su más amplio contexto
No
es
común
dar
a
conocer
de
antemano
un
plan
para
sojuzgar
una
nación
soberana.
El
último
ejemplo
histórico
que
viene
a
la
mente
es
la
publicación
en
1924
de
Mein
Kampf,
de
Adolf
Hitler,
que
explicaba
los
pasos
a
seguir
para
que
el
Partido
Nazi
se
adueñara
de
Alemania.
Desafortunadamente,
nadie
en
Europa
le
puso
mucha
atención.
Los
usamericanos
deberían
preguntarse
por
qué
nuestro
gobierno
está
publicando
un
plan
como
este
ahora.
Evidentemente,
congraciarse
es
un
factor
importante.
La
comunidad
empresarial
del
sur
de
la
Florida,
compuesta
por
gente
con
todo
tipo de
ascendencia,
incluidas
la
cubana,
la
usamericana,
latina,
siempre
ha
visto
a
Cuba
como
un
competidor
en
su principal
industria:
el
turismo.
Esta
actividad
financia
a
la
mayoría
de
nuestros
políticos
anticubanos
de
la
Florida
y
de
otras
partes
del
país,
y
obtiene
de
ellos
a
cambio
un
brutal
bloqueo,
una
despiadada
política
anticubana,
y
como
recompensa
más
dinero
aún
de
los
contribuyentes.
Mucha
de
esta
gente
ve
a
nuestro
actual
gobierno
como
su
última
oportunidad
para
retomar
el
poder
en
Cuba.
A
estas
alturas
el
superpoblado
mercado
de
bienes
raíces
del
sur
de
la
Florida
tiene
el
aspecto
de
un
globo
de
plomo
y
la
situación
en
la
construcción,
los
créditos,
los
bancos,
el
turismo,
los
comercios
y
otras
áreas
se
está
tornando
un
poco
“incierta”.
Además,
importantes
yacimientos
de
petróleo
han
sido
descubiertos
al
norte
de
las
costas
cubanas,
y
si
se
le
permite
al
actual
gobierno
de
Cuba
permanecer
en
el
poder,
esos
yacimientos
serían
explotados
solamente
en
beneficio
de
los
cubanos
que
viven
en
la
isla.
Como
se
sugiere
en
el
Plan,
la
Cámara
de
Comercio
y
otros
encuentros
de
negocios
planifican
con
frecuencia
en
Miami
cómo
adueñarse
de
Cuba
rápidamente.
Ya
están
disputándose
el
botín.
El
cuadro
es
el
de
una
jauría
de
sabuesos
babeantes
que
desde
el
estrecho
de
la
Florida
han
puesto
sus
ojos
en
una
isla
poseedora
de importantes
recursos,
con
11
millones
de
trabajadores
y
consumidores
deseando
ser
explotados.
El
Plan
alega
que
Cuba
y
Venezuela
están
“inmiscuyéndose”
en
los
asuntos
internos
de
otros
países
latinoamericanos
(algo
que
Usamérica
nunca
haría).
Ningún
país
latinoamericano
se
ha
quejado
de
esto
y
no
se
han
presentado
nunca
pruebas
para
sustentar
tales
acusaciones.
Es
verdad
que
Cuba
envía
médicos,
enfermeras
y
maestros
a
ayudar
a
gente
pobre
en
Latinoamérica,
en
el
Caribe
y
en
África,
pero
sólo
a
petición
de
sus
gobiernos.
La
realidad
es
que
después
de
un
siglo
de
explotación
empresarial
usamericana,
algunos
países
en
Sudamérica
se
están
transformado
en
naciones
independientes.
Y
la
revolución
cubana
es
el
resplandeciente
ejemplo
de
que
algo
así
puede
lograrse.
El
Plan
dice
que
fue
escrito
y
ensamblado
por
más
de
cien
expertos
de
varios
organismos
gubernamentales,
pero
la
CIA
no
está
entre
ellos.
Hay
muchas
razones
para
creer
que
la
CIA
—al
menos
los
agentes
que
saben
algo
sobre
Cuba—
concuerda
con
la
investigación
realizada
sobre
el
terreno
por
el
pentágono
en
1990,
donde
concluyeron
que
las
instalaciones
militares
de
Cuba
no
representan
un
riesgo
para
nuestra
seguridad
nacional.
Sin embargo,
parte
del
Plan
se
mantiene
en
secreto
por
cuestiones
de
seguridad
nacional.
Ahora
sabemos
que
nuestro
gobierno
ha
estado
al
menos
permitiendo
que
grupos
terroristas
como
Alpha
66
realicen
sesiones
de
entrenamiento semanales
dentro
y
en
las
cercanías
del
Parque
Nacional
Everglades
[Florida]
y
en
otros
lugares.
En
meses
recientes
las
autoridades
locales
en
Fort
Lauderdale
y
en
Los
Ángeles
descubrieron
grandes
alijos
de
armas
destinadas
a
otra
invasión
a
Cuba.
Las
armas
incluyen
lanzacohetes,
bazucas,
Uzis,
todo
tipo
de
granadas
y
ametralladoras.
Los
dueños
han
sido
acusados
localmente
pero
es
muy
improbable
que
vayan
a
ser
juzgados
públicamente.
En
el
caso
de
Los
Ángeles,
el
miembro
de
Alpha
66
[7]
con
más
de
1
500
armas
de
guerra
en
su
casa
alega
en
su
defensa
que
el
armamento
le
era
suministrado por
nuestro
gobierno.
Hay
varias
posibles
circunstancias
que
podrían
utilizarse
para
justificar
públicamente
otra
intervención
militar
en
Cuba.
Uno
de
los
aspectos
más
infundados,
perniciosos
y
peligrosos
de
la
campaña
propagandística
de
Usamérica
es
aseverar
que
la
Revolución
cubana
ha
sido
obra
de
un
solo
hombre
(“el
tirano”)
y
que
el
pueblo
de
la
isla
está
desesperado
por
retornar
al
régimen
empresarial
usamericano.
Hace
tres
años
una
encuesta
arrojó
que
el
25%
de
los
miamenses
con
ascendencia
cubana
quería
regresar
a
Cuba
cuando
la
dirigencia
del
país
cambiara.
Muchas
de
esas
personas,
especialmente
los
más
jóvenes,
no
encajan
en
nuestra
cultura
comercial
y
no
les
va
bien
en
Miami,
la
ciudad
con
más
pobreza
per
cápita
en
Usamérica.
Por
tanto,
hay
una
marcada
posibilidad
de
un
éxodo
marítimo
desde
el
sur
de
la
Florida
hacia
Cuba
cuando
la
dirigencia
cubana
cambie;
probablemente
serán
decenas
o
cientos
de
miles
de
personas.
En
época
de
Clinton,
Washington,
la
Florida
y
Miami
habían
coordinado
planes
de
contingencia
para
evitar
tales
acciones
mediante
el
uso
de
los
Guarda
Costa
y
de
varias
organizaciones.
Esto
no
se
menciona
en
ninguna
parte
del
Plan,
pero
se
puede
inferir
que
tal
plan
de
contingencia ya
no
existe
o
no
será
aplicado.
La
mayoría
de
estos
nuevos
“balseros”
acatarán
las
leyes,
pero
algunos
de
ellos
serán
ciudadanos
usamericanos
que
podrían
causar
problemas
en
Cuba
y
solicitar
la
intervención
gubernamental
usamericana
para
asistirlos.
Para
los
usamericanos
sería
inteligente,
por
su
propio
bien,
tratar
de
imponerse
a
nuestro
actual
gobierno
antes
de
que
continúe
ejecutando
este
Plan.
Cualquier
intervención
en
Cuba
llevará
a
una
guerra
brutal
y
a
una
larga,
cruda,
sangrienta
ocupación/insurgencia,
que
sólo
terminaría
cuando
los
usamericanos
se
retirasen
definitivamente.
Notas
[1]
Para
conocer
más
acerca
de
la
utilización
del
término
"usamericano",
“usamericana”
o
"Usamérica"
consúltese
El
dios
americano
de
las
palabras.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=25466
[2]
Agency
for
International
Development
(Organización
para
el
Desarrollo
Internacional).
[3]
Nacional
Endowment
for
Democracy
[4]
Probablemente
en
un
lapsus
el
autor
ha
dejado
fuera
un
par
de
años
en
su
cálculo,
pues
han
sido
47
los
años
de
independencia
en
Cuba
desde
el
triunfo
de
la
Revolución
en
1959.
[5]
La
frase
es
utilizada
en
Usamérica
por
determinados
sectores
para
referirse
eufemísticamente
a
las
acciones
imperialitas,
dotándolas
de
un
supuesto
sentido
altruista
que
al
mismo
tiempo
las
justifica.
Tiene
su
origen
en
el
poema
"The
White
Man's
Burden"
(La
carga
del
hombre
blanco)
del
escritor
inglés
Rudyard
Kipling.
[6]
Proyecto
presentado
por
disidentes
cubanos
en
1998,
liderados
por
Oswaldo
Payá.
Proponía
una
reforma
constitucional
que
incluía
entre
otras
cosas
la
instauración
de
la
propiedad
privada
en
Cuba,
en
contraposición
total
a
los
principios
socialistas
defendidos
en
el
país
durante
años.
En
2002,
la
votación
masiva
a
la
que
hace
referencia
el
autor
ratificó
el
apoyo
mayoritario
del
pueblo
cubano
al
carácter
socialista
de
la
Revolución,
dejando
sin
efecto
las
demandas
de
los
disidentes.
[7]
Se
refiere
al
cubano
de
61
años
Robert
Ferro,
detenido
el
14
de
abril
de
2006
en
California
Tom Crumpacker es miembro de la Miami
Coalition
to
End
the
US
Embargo
of
Cuba
(Coalición
de
Miami
para
poner
fin
al
bloqueo
contra
Cuba).
Vive
en
Austin,Texas.
Artículo original en inglés:
Mein
Kampf
Revisited
http://www.dissidentvoice.org/July06/Crumpacker10.htm
Artículo relacionado:
El Mein Kampf de Bush
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=34462
Traducido por Bárbara Maseda para
Rebelión
y
Tlaxcala
(www.tlaxcala.es),
la
red
de
traductores
por
la
diversidad
lingüística.
Este texto se puede reproducir
libremente
a
condición
de
respetar
su
integridad
y
mencionar
al
autor
y
la
fuente.
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