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LIBERTARIA
LA CULTURA DE LA LEVEDAD
Emma Gómez
De acciones concretas de impacto para promover las artes cultas y populares y la interpretación del imaginario del país, se tratan las políticas culturales. Y en ese sentido, estamos en una especie de suspenso, que no el de los interesantes relatos donde la curiosidad y a veces el miedo va creciendo, sino el que se deriva del estar suspendido en la nada. Está más cerca de la superficialidad y de la falta de compromiso relacionado con “la insoportable levedad del ser” (aunque en la obra La insoportable levedad del ser, de Milán Kundera se muestre en otra dimensión) y nada tiene que ver, ni con el prodigio de la levitación que demiurgos y brujos han mostrado a través de sus habilidades y manejo de la ficción, ni con la ternura que pudiera inspirar “el leve roce de sus manos.”
Para quienes viven del puro mundo de relaciones, brindis, espacios y ventanas para figurar, o brazos para torcer, basta con emplear el tiempo en hacer llamadas estratégicas, movimientos políticos, entradas triunfales, fotografías también estratégicas y una que otra intriga: cosillas leves que no le hacen daño a nadie pues parecen travesuras y se celebran como ingeniosas; y leves porque no le roban literalmente al Estado o a la empresa (aunque los más listos sepamos que también es un robo terrible el no estar a la altura de las circunstancias ni emplear el tiempo –que es dinero- en proyectos productivos).
Después de mostrar una concepción de la cultura que no va más allá de una lista de veladas culturales con leves intentos de publicidad, leve impacto en la población intelectual y más leve aun en los sectores populares, vemos que leve es el esfuerzo estructurado para que dejen de concebir el escenario cultural del país en dos únicos espacios: el barrio de San Felipe y las patronales y ferias populares que ya tienen su propia organización y donde el leve esfuerzo consiste en tramitar un cheque porque así lo establece una ley. Y que no se entienda que se están pidiendo giras de la misma insoportable levedad por todo el interior del país. Acaso que por lo menos se tracen objetivos y se sepa por qué se hacen los proyectos, a quiénes van dirigidos, cuánto se va a invertir y, por tanto, cuánto se espera alcanzar con el esfuerzo. Y que los resultados se conozcan.
Porque las políticas culturales no sólo sufren de levedad, también están padeciendo de una cada vez más notoria desorientación y anulación de las pocas iniciativas que logran impulsar algunos funcionarios de mediano rango que sí saben o por lo menos creen que hay un país por hacer, por preservar y no por figurar. Y sabemos que los hay, sabemos que claman por un presupuesto que les permita convertir los museos en espacio atractivo para el aprendizaje, las escuelas de arte en un imán para la juventud que será el relevo, la máquina de impresión en un incesante molino que lleve los libros de autores nacionales a las manos de todos.
Pasó otro Día del Escritor y las obras inéditas del maestro Sinán siguen sin publicarse a pesar de tantos trámites adelantados, a pesar de que Elsie Alvarado de Ricord cedió los derechos, en aquel entonces como Directora de la Academia, de las obras que Sinán donara en vida (y aun con la aprobación actual de los hijos de Rogelio Sinán). Y más pesares nada leves: pese a que el maestro Sinclair donó una de sus imágenes para la portada, a pesar de que en el 2004 se anunció su presentación varias veces y con el agravante de que apareció en el programa de la Feria del Libro de 2005 en Atlapa, donde Isis Tejeira presentó las obras en ausencia de la edición, este sigue siendo un misterio sin resolver que levemente celebra al maestro Sinán en el Día del Escritor (su día) negándole el único alimento que esperan los autores cuando ellos desaparezcan y su obra quede: que la palabra trascienda a las manos de los lectores.
No podemos olvidarnos del papel legitimador de la identidad y de los procesos formativos que deben conllevar las políticas culturales. El análisis de una terrible concepción cada vez más comercializada de la cultura, más orientada a espacios de relaciones sociales y de poder, debe llevarnos a darle continuidad a los procesos iniciados, debe obligarnos a promover espacios que desarrollen el pensamiento crítico y contestatario, debe unir a toda la comunidad nacional con las manifestaciones más elevadas de sus creadores.
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