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ROJO Y NEGRO
NO MÁS HAMBRE...MÁS LUCHA
Hitler Cigarruista
Junio 2006
Hace poco recibí una noticia que me impactó. Un titular de una nota publicada por la agencia noticiosa Argenpress indicaba que en este momento unos 52 millones de latinoamericanos están pasando hambre, ello a pesar de que el subcontinente tiene la capacidad para producir alimentos suficientes para satisfacer las necesidades nutricionales de una población tres veces más grande de la que lo habita actualmente.
En ese momento pensé que la cifra es aterradora y que no existe ninguna justificación para que millones de habitantes de una región rica en recursos naturales como cobre, petróleo, oro, plata, tierras cultivables, agua dulce, mares, maderas y plantas medicinales, solo para mencionar algunas, vivan en la más absoluta miseria.
Pero de inmediato recordé que este hecho no es producto ni de la casualidad ni de la mala fe de los hombres y mujeres que sí logran satisfacer sus necesidades mínimas de vida o de aquellos que nadan en la abundancia.
Recordé que se trata de un problema estructural en el que la riqueza socialmente producida se queda en las manos de aquellos que a través de una brutal y sangrienta acumulación originaria mantienen hoy en día la propiedad privada de los medios de producción, ya sean estos países dominantes, empresas transnacionales o capitalistas locales.
Es eso y no otra cosa lo que explica que aún cuando los organismos internacionales aseveran que la economía de la región seguirá creciendo a un ritmo de entre 4% y 6%, esto no sea suficiente para que esos 52 millones de latinoamericanos salgan de la pobreza y la pobreza extrema.
Ahora bien, en Panamá la pobreza y pobreza extrema afecta al 40% de la población, hablamos de casi la mitad de una población calculada en 3,2 millones de habitantes, es decir, 1,3 millones de personas.
¿Cómo entenderlo?, es que el crecimiento de la economía, que en el 2005 fue de 7,3%, se concentra en actividades que están en manos de grandes empresas transnacionales o de una clase burguesa que se conforma con las migajas que dejan en sus manos los capitales extranjeros, pero que se niega a ceder parte de esos exiguos beneficios al resto de la población.
Por ello, la solución al problema del hambre en Panamá al igual que en América Latina no está en programas de asistencia social como los que implementan los gobiernos de Lula Da Silva y Martín Torrijos, sino en realizar los cambios que permitan una redistribución de la riqueza en términos más justos y equitativos.
Lo ideal sería la toma del poder por las clases sociales que hasta ahora han sido dominadas y explotadas por la burguesía loca e internacional, para lograr una redistribución inmediata, pero atendiendo a la realidad política y social de nuestros países. Es evidente que todavía hay mucho camino que recorrer para llegar a ese momento.
Ante esta realidad, el movimiento popular en Panamá y América Latina debe tratar de aglutinar sus fuerzas para desarrollar una campaña de lucha contra el hambre y la desesperación en que están sumidos millones de nuestros hermanos, una campaña para exigir mejores salarios y un pago justo por los productos que exportamos a los mercados internacionales.
Esta campaña debe estar orientada a lograr acuerdos nacionales que permitan una distribución más equitativa de la riqueza, no sólo a través de los salarios, sino mediante la aplicación de normas que sancionen ejemplarmente la especulación comercial, la ampliación de la cobertura y calidad de los sistemas estatales de educación y atención médica, la promoción de la producción cooperativa y la incorporación de nuevas tecnologías a la producción.
Sé bien que aún alcanzando este programa mínimo todavía persistirán muchos problemas provocados por la injusta distribución de la riqueza que impera en cualquier sistema capitalista, pero pienso que el primer paso para lograr el profundo cambio social que resolvería todos los problemas es despertar las ganas de luchar de la población y que en el caso de Panamá no hay nada que mueva más que lograr que sus compatriotas dejen de pasar hambre.
Por eso creo que las fuerzas populares debemos levantar inicialmente la consigna de “No más hambre...más lucha”, para que al fragor de esa batalla por la dignidad de millones de seres humanos la gente gane conciencia y comprenda de una vez por todas que solo poniendo fin a un sistema injusto como el capitalismo, y ensayando un nuevo modo de producción que genere relaciones de producción basadas en la cooperación y no en la expoliación, es como se resolverá finalmente el problema del hambre en el mundo.
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