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Entrevista a Edwin Cedeño

Emma Gómez



   

EDWIN CEDEÑO DESDE LA QUADRA

 

Entrevista al actor, director y maestro de

artes escénicas Edwin Cedeño.

 

Por Tragaluz

Emma Gómez

 

Edwin Cedeño es sin duda, uno de los directores de  teatro más respetados en Panamá. Distinguido relevo de su generación, se ha asociado a Stela Lauri y Diana Abouganem, dos mujeres con visión que compartieron el mismo sueño: abrir un centro de formación teatral que no sólo cumpliera con las cualidades de ser un espacio o múltiples espacios para la puesta en escena, sino escuela y taller permanente de teatro y de las disciplinas afines que se conjugan para llevar la obra a escena.

 

Este centro es La Quadra. Su nombre está inspirado  en el Cartel des Quatre, movimiento renovador inspirado por Copeau y promovido por Dullin, Jouvet, Baty and Pitoëff quienes sentaron las bases del teatro independiente a principios del siglo XX.  El tipo de salas de este  complejo teatral permiten al actor interactuar con el espectador. Tiene tres espacios: La Quadra, con capacidad para 110 butacas, es una sala tipo caja negra (“black box”), y es la principal. La Sala Mojica es un espacio no convencional tipo 2/4 (gimnasio), con capacidad para ochenta butacas, ideal para presentaciones artísticas experimentales y talleres de creación. El otro espacio es el Studio, sección para la formación teatral: cursos, seminarios, talleres y ensayos.

 

Maquillando a Babot para Hamlet

 

 

Esta entrevista entrega el registro de Tragaluz sobre el quehacer teatral en Panamá a través de La Quadra y de su  principal promotor, Edwin Cedeño. Cuando conversas con él descubres que sonríe con todo el cuerpo y que mira cada movimiento o gesto que haces (deformación profesional de quien se adentra a diario en la construcción de personajes de la mano de los dramaturgos que representa).

 

Al preguntarle cuánto hace que está ligado al teatro, nos dice : “casi unos treinta años desde que decidí que esta era la forma en que quería expresarme.” Edwin Cedeño comenzó como actor, pero el tiempo lo llevó a definirse por la dirección teatral. Pese a que ya no suele actuar, se le recuerda en el 2005 en el papel de Herodes en la obra Jesucristo Super Star. Lo recuerdan también en sus papeles de las obras Julieta tiene un desliz, El inspector o en Juguetes para un matrimonio.

 

T: Edwin, de todos tus modos de asociarte a las artes escénicas, presumo que te sientes más realizado en la dirección teatral…

 

EC: Presumes bien.  Recuerdo que trabajando con Babot en el Grupo Laberinto de la Universidad de Panamá, me preguntó si no me interesaba dirigir.  Le respondí un severo “NO”, lo mío era actuar.  Tiempo después, heme aquí dirigiendo y disfrutándolo, aunque debo reconocer que extraño la actuación.  

 

 

 

T: Un producto teatral bien acabado depende de muchos factores que un director tiene que tomar en cuenta. ¿Cuál de las obras que has dirigido te ha costado más desde el punto de vista de la dirección como reto? ¿O cuáles?

 

EC: Creo que cada obra propone su propio estilo y por ende sus niveles de complejidad.  En el caso de El pájaro azul, de Maeterlinck, me enfrenté a una pieza favorita del simbolismo francés, muy compleja para ser montada con nuestros recursos, así que la puesta en escena fue un proceso minucioso.  Otro caso que recuerdo fue el Fausto, de Goethe, una pieza romántica con visos existenciales, difícil de hacer un montaje atractivo para el público contemporáneo local, poco acostumbrado a un teatro discursivo.  En otro aspecto resalta El diario de Ana Frank, una historia conocida por todos y que demandaba de mí proponer algunas sorpresas al público de manera que esperaran o apreciaran mucho más de todas las expectativas del montaje.

 

Fausto de Goethe

 

 

T:  Presumo también que las que más te han costado son las que más satisfacciones te han brindado…

 

EC: Así es.  Cuando ves en escena aquello que en algún momento fue un dolor de cabeza te llena de mucho orgullo, muy particularmente por las reacciones del público quienes de alguna manera responden a ese juego escénico.

 

 

 

T: ¿Cómo se prepara Edwin Cedeño cuando va a dirigir? ¿Qué conlleva el  proceso de selección, apropiación, propuesta de dirección y relación con el elenco y la producción?

 

EC: Creo que los directores le tienen ganas a ciertas obras o autores, ya sea por el estilo, el argumento, la situación del momento…  Hay obras que te atrapan desde el primer momento que las lees y te encuentras esperando el momento apropiado para montarlas.  En lo personal, dejo que la obra me hable, me atrape o me emocione de tal forma que cuando empiezo a integrar mi equipo de trabajo ya estoy totalmente comprometido con el proyecto.  Disfruto mucho el proceso de investigación del texto, del autor, de otros montajes, de críticas, de la época…  Cuando he definido un poco el estilo o hacia donde voy a llevar la propuesta, el proceso creativo se enfoca más en las artes visuales y en ellas encuentro un gran recurso e inspiración.  Solo espero estar convencido del proyecto que tengo entre manos para transmitir esta misma energía…  

 

 

Fausto de Goethe

 

T:   Has demostrado que cuando se inicia un proyecto escénico todos los detalles propios de un montaje de calidad deben estar ahí. ¿Te has arrepentido alguna vez de algún proyecto? ¿Puedes decirnos por qué sí o por qué no?

 

EC: Por supuesto que sí.  No todo es color de rosa.  Ojalá todos los proyectos se hicieran por la misma razón…  Hay proyectos que haces por necesidad más que por interés artístico, o bien como un ejercicio intelectual o creativo  personal.  Los procesos internos de un director son bastante abstractos.   Hay proyectos que se asumen por apoyar el trabajo de un amigo y muchas veces el proceso resulta un vía crucis pues la dirección empieza a asumir las carencias de la producción y hay una sobrecarga que se traduce como stress (en cualesquiera de sus formas).  Esto es muy agotador y como director me doy cuenta de esto y es raro que pueda salir del embrollo.  En otros casos inicias trabajos con mucha fuerza y sobre la marcha te debilitas, ya sea por una retroalimentación creativa deficiente o por algunas circunstancias impredecibles, como las técnicas.  En estos momentos uno se cuestiona sobre el proyecto y trata de salir huyendo. 

 

 

 

T:  Tu trayectoria ha demostrado, antes y después de tu experiencia como Director Nacional de Las Artes del INAC, que este país necesita de la iniciativa privada para que se desarrolle el teatro, o que acaso sea esa la esperanza que tenga el teatro en Panamá.

 

EC: Los tiempos están cambiando y cada vez se hace más difícil en nuestro medio sostener proyectos culturales que promuevan un teatro más serio y más diverso.  Independientemente del INAC, la empresa privada debe ser consciente de su labor en el desarrollo social del país y podría tener una participación más activa convirtiéndose en mecenas o facilitadores de las artes.  ¡Qué satisfacción para todos los panameños que seamos reconocidos como un pueblo culto y amante del buen teatro!, como ha sucedido en otros países.  Y no es por falta de proyectos; hemos visto recientemente la creación del Teatro La Quadra como un centro cultural multisala y el Festival de Artes Escénicas (FAE) para citar dos ejemplos, donde es menester contar con el apoyo privado para ofrecer a este país espacios culturales que sirvan para el intercambio y el crecimiento colectivo.    

 

 

T:  Se habla mucho de políticas culturales. ¿Percibes algo de ellas en las acciones actuales? ¿Hay algo para el teatro?

 

EC: Creo que el teatro ha demostrado ser un sobreviviente a través de la historia. 

Ha sido censurado por los gobiernos, perseguido por la iglesia, condenado por los moralistas y ortodoxos, y aun así se ha mantenido vivo por más de cuatro mil años.   Sin embargo, el teatro como una forma de arte también es reflejo de la cultura de un país y como tal debería existir una responsabilidad por parte del Estado de apoyar y promover este sector de su propia cultura.  En países donde han articulado el desarrollo cultural como parte de sus plataformas de gobierno han logrado mejorar la calidad de vida y el nivel cultural de sus pueblos.   Como consecuencia, la oferta teatral crece y por ende se amplían las posibilidades del país: mayor turismo cultural, amplia proyección internacional, disminución del desempleo, opciones para la juventud del uso del tiempo libre, formas alternas de entretenimiento, inclusión del teatro como herramienta didáctica y un largo etcétera.  ¿Políticas culturales para la promoción del teatro???  Esto es un tema serio y merece ser tratado como tal pues ha habido políticas culturales orientadas a la promoción del teatro pero al momento de accionarlas entramos en una dimensión desconocida, burocrática y absolutamente frustrante.

 

T: ¿Qué es La Quadra para ti como proyecto personal? ¿Qué es para Panamá y para el mundo de las artes escénicas?

 

EC: La Quadra es un proyecto de vida que se viene cocinando en mi cabeza hace muchos años.  La idea original es esa: un centro de formación y creación escénica que sirva como semillero permanente para nuevas tendencias, nuevos talentos, un nuevo espacio que pueda generar una nueva estética; un punto de encuentro para todos aquellos que consideramos el teatro como una disciplina seria y profesional…  Es poder continuar con la labor que nos hemos trazado de ofrecer herramientas para artistas y público en general de acercarse más al teatro y aprender a apreciarlo.  Creo que ya era hora de tener algo así en Panamá, tal como existe en otros lugares.

 

 

El Pájaro Azul, de Maeterlinck

 

T: ¿Cómo surgió la idea? ¿Cómo se reunieron los dueños del proyecto?

 

EC: Hace dos años estaba dictando una tutoría de dirección teatral a un grupo de artistas y me enfrenté con un texto que decía que los teatristas eran responsables de crear su propio público.  Esta idea realmente se quedó grabada en mi mente y decidí consolidar el proyecto que ya venía inquietándome hace años. Empecé a buscar algún espacio que pudiera albergar una especie de escuela de teatro y que además tuviera la capacidad para una pequeña sala donde se pudieran realizar muestras de corte independiente.   En esa búsqueda me tropecé con la terrible realidad de los altos alquileres y las carencias de opciones de espacio para el proyecto. En ese vaivén, nos acercamos a varias personas hasta que finalmente el proyecto se cristalizó con Stela Lauri y Diana Abouganem, dos emprendedoras mujeres vinculadas a las artes escénicas que creyeron al igual que yo sobre la imperante necesidad de ofrecer un espacio alterno para la creación y formación teatral. Hoy tenemos dos salas de pequeño formato profesionalmente equipadas, y dos salones que sirven para clases y ensayos.

 

 

 

T: Ya llevas algunos meses con este proyecto…te atreves a hablar ya de la nomenclatura FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades, amenazas).

 

EC: Fortalezas: ubicación física del lugar, credibilidad de sus promotores, atención personalizada, respaldo de la empresa privada, asesoría permanente gratuita.

       Oportunidades: únicos en el medio como centro de formación y creación, primera sala alternativa en Panamá, amplia variedad de proyectos escénicos.

       Debilidades: (esto me lo reservo)

      Amenazas: competencia, indiferencia del medio.

 

T: ¿Cuáles son los proyectos inmediatos?, ¿cuáles son a largo plazo?

 

EC: Estoy trabajando en dos homenajes: uno a Lorca en sus 70 años de desaparición y que coincide con la obra que trabajamos: La casa de Bernarda Alba (1936).  El otro proyecto es El principito, que cumple 60 años desde su primera edición francesa en 1946.  A largo plazo, pensamos en planes de desarrollo para La Quadra como una Fundación sin fines de lucro (que ya está en proceso) de manera que podamos captar fondos para sostener proyectos de teatro independiente, becar a artistas interesados en estudiar teatro, crear el Centro de Documentación Teatral, entre otros.

 

T: Edwin, qué te hace sentir hoy mayor satisfacción en tu aporte a las artes  escénicas.

 

EC: Esta es una pregunta muy grande.  Veamos cómo puedo salir de ella… Creo

que mi naturaleza inquieta me lleva a innovarme a mí mismo.  En ese juego personal, ha habido aportes puntuales en el teatro de este país como por ejemplo una estructura de producción más profesional (división de personal técnico del creativo, inclusión de profesiones afines: diseño de sonido, director de escena, etc.).  Igual considero que ese espíritu altruista de compartir experiencias y conocimientos engrandece el teatro y por dicha no soy egoísta con esto.  Aparte de la propuesta estética de cada proyecto, me llena de mucha satisfacción saber que hay una generación que puede continuar el trabajo que he empezado.  Eso nada más: saber que has hecho lo tuyo, que has dado lo mejor de ti de forma constante… que el día que ya no esté, se pueda seguir desarrollando el teatro que uno quiere para su país y su gente.

   


 

 

 


                                  

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