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TRIBUTOS A LA “MÁS GRANDE”
Rainer Tuñón C.

Desde el anuncio de su fallecimiento hasta el 14 de junio a las dos de la tarde, en la catedral madrileña de La Almudena, Rocío Jurado ha tenido homenajes continuos en Iberoamérica entera.
Reportes de la agencia Efe coinciden en que el funeral, que inicialmente iba a celebrarse el 8 de junio se pospuso “tras los multitudinarios homenajes de despedida celebrados en Madrid y en la localidad gaditana de Chipiona, la ciudad natal de Rocío Jurado, en la que fue enterrada”.
Mientras, tanto en disco tiendas como en sitios como en casas, taxis y buses se han estado escuchando algunos de los temas que la convirtieron en la “Más Grande”, entre ellos: “Como yo te amo”, “Se nos rompió el amor” y “Como una ola”, incluso, en los programas musicales de televisión real, muy populares en estos años, aquellas canciones de la Jurado, son las preferidas de los participantes.
Jurado, recordaban familiares, colegas, amigos y conocidos, pasó por una feliz niñez en su pueblo de casa blanca, en el cual su padre era un humilde zapatero y maestro del Cante Jondo Flamenco, amante del mundo gitano sin ser descendiente, y su madre, una ama de casa y magistral cantante de música española.

Sus más fervientes seguidores recuerdan con entusiasmo sus primeros éxitos hacia 1969, a través del espectáculo Pasodoble en el teatro de la Zarzuela en Madrid. Cantó “Un rojo Clavel” y “Tengo Miedo”.
En el cine, debutó con “Los guerrilleros” y protagonizó “Una chica casi decente”, “Proceso a una estrella” y “La querida”.
En teatro, hizo “Cancionera” y en televisión se destacó por “Lola la Picarona” y en una serie de cintas tales como “La zapatera prodigiosa”, “Aquellos tiempos de Madrid” y “Lejos de España”.
Su éxito total vino cuando decidió internacionalizar su voz y hacer una buena mezcla musical entre el canto flamenco y la balada contemporánea, que le hizo merecedora de múltiples premios y reconocimientos.
Consagrada como una embajadora de la cultura española ante el mundo, el mundo entero se conmueve al enterarse de su padecimiento de un cáncer de páncreas desde hacía dos años.
El 1 de junio de 2006 falleció en su casa de la Moraleja, Madrid, acompañada de sus familiares, entre ellos, su esposo, el torero José Ortega Cano, y su hija Rocío Carrasco, según los reportes periodísticos.
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