|
CANTO VI

Ya ves, y sin embargo, Victoriano:
aquí en este silencio sentaron tu agonía
frente a este muro ciego donde los sueños gimen,
y el mar es una espalda para llevar la muerte
con profundas ternuras de lágrimas antiguas.
Aquí ordenaron muerte los hombres de voz dura
con una boca llena de sombras y cenizas;
y para que asomara la patria por tu cuerpo
te sembraron la angustia de agujeros profundos.
En un segundo el aire disputa tu silencio
colgando mundo afuera gravemente vencido.
(Es tan corto un segundo para medir la vida,
y en un segundo quieren matar una esperanza.)
Yo quiero los hombres que dieron la voz dura
y dibujaron noches en tu perfil campestre.
Creyeron que las balas maniataban tu acento,
sin saber que estás vivo cuando te llama el pueblo.
Yo he visto tras la lluvia tu voz ensangrentada
corriendo y levantando su acribillado brazo;
y es como si volvieran a fusilarte el pecho
aquellos que a la patria la siguen fusilando.
José Antonio Moncada Luna
De su libro: Así tendrás la tierra que soñaste
Premio Nacional Ricardo Miró, 1958
|