Iconografía de Rogelio Sinán

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ROGELIO SINÁN, UN RECUERDO PERSONAL

 

Jorge Conte-Porras

 

 

 

 

       Somos muy inclinados a limitar nuestra visión de los valores nacionales a través del hombre dedicado a los afanes de la política partidista, pero cuántas veces nuestros artistas y hombres de letras han ensanchado mucho más el nombre de nuestra patria más allá de nuestras fronteras. Nosotros nos referimos de manera particular a Rogelio Sinán  y su obra.

      Tuvimos la oportunidad de tratar a Rogelio Sinán por muchos años, durante la década del 1970, su vivienda próxima a la nuestra nos permitía un acercamiento permanente. Nos sentíamos satisfechos de servirle de conductor a muchas de sus diligencias personales, sus charlas, sus entrevistas, y aún a muchas de sus reuniones de carácter social.

      En contadas oportunidades pudimos asistir a una tertulia colectiva con otras figuras literarias de nuestro país, o del extranjero, o escucharle en alguna conferencia. Pero en esas oportunidades era un deleite observar el derroche de erudición de ese hombre, al que de manera frecuente sus amistades le prodigaban el título de "El Maestro".

      Casi siempre los domingos en la mañana lo acompañábamos a llevar a cabo largas caminatas, que eran el momento para escucharle. Casi siempre nosotros permanecíamos en silencio como quien escucha a un Maestro.

       Le encantaba evocar los clásicos de la literatura grecolatina y no faltaba oportunidad para recitar los parlamentos de algunas de sus obras, y en esos instantes nos demostraba que era hombre de una memoria privilegiada. Además de ello le encantaba hacer paralelismo entre los personajes de la literatura universal, mediante la asociación distante. Y de la manera más increíble podía hacer una evocación del Quijote de la Mancha o de la llíada y los pasajes de una y otra obra de la literatura contemporánea.

      A nosotros nos sorprendía que en el momento menos esperado apelaba a la obra de Lope de Vega o de Quevedo, como si tuviese sus libros entre las manos, para repasar sus textos.

      Evocaba de manera frecuente la Divina Comedia del Dante. Como él había vivido un tiempo prolongado en Italia, recitaba sus parlamentos en italiano. Otro tanto acontecía con Hloracio, poeta de predilección. En cuanto a sus contemporáneos, se refería constantemente a la obra de Lorca y de Neruda,  a los que calificaba como "los magos de la palabra”.

       En innumerables oportunidades sentía la necesidad de recordar pasajes de su estadía en la India, pues se sentía muy impresionado con el hinduismo y sus expresiones literarias. Sus cuentos, su poesía, el teatro. Su estadía en la India, en donde fungió como Cónsul en Calcuta, le dio una nueva visión de la vida. Pero además de ello le permitió observar de cerca al Mahatma Gandhi y sus luchas cívicas.

      A veces le encantaba fantasear un poco con la figura de Jesús afirmando que estaba seguro de que él había formado su vocación religiosa y filosófica dentro de la sociedad hinduista. Era un convencido de que Jesús había vivido en la India antes de lanzarse a la vida pública.

      Al revisar cada uno de los trabajos literarios de Rogelio Sinán (Bernardo Domínguez Alba) sentimos palpitar en cada uno de ellos el espíritu de la patria y sus angustias; esa sensación se percibe especialmente en La Isla Mágica una novela que está repleta de nuestros paisajes, de nuestros protagonistas históricos y de las luchas cívicas del ayer panameño, para defender nuestra soberanía y los principios clásicos de la democracia.

      Rogelio Sinán jamás ocultó su simpatía por los movimientos de izquierda, sin ser un militante de la política partidista, pues siempre veía con profunda aprehensión a los Políticos profesionales.

      El sintió gran entusiasmo cuando se inició la Revolución Sandinista de Nicaragua y en esos días su casa se volvió el albergue de muchos de sus dirigentes más destacados.... sin embargo no ocultó su profunda decepción cuando ellos llegaron al poder, y se convirtió entonces en un crítico severo de sus desaciertos y ambiciones personales.

      Algunas veces nos hablaba de nuestros críticos literarios, tan inclinados a exaltar algunas figuras de escaso valor, y quienes de manera frecuente utilizaban su pluma con gran subjetividad para expresar resentimientos menores... Debemos lamentar que no falta quien se siente tal vez por ignorancia inclinado a exaltar los méritos de la mediocridad. Así como el Premio Miró ha rescatado muchos valores desconocidos en nuestro país, ha hecho mucho daño en otras figuras que a la postre han resultado como un globo inflado.

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       En cuanto a los poetas panameños del ayer, no podía disimular su simpatía personal por Demetrio Korsi, y casi siempre al recordar algunas de sus anécdotas más pintorescas, prorrumpía en carcajadas. Pero no dejaba de repetir las muchas reyertas que tuvo con Demetrio, porque era un hombre irreverente.

        Eran seres tan distintos. Según él Demetrio era un hombre muy extrovertido e imprudente, que "no le paraba nada en la lengua" y por ello se buscaba muchos problemas innecesarios.

         Demetrio daba la impresión de ser un hombre violento por sus expresiones, pero en el fondo era como un niño malcriado, incapaz paz de hacerle daño a nadie. Era un hombre sin memoria y sin resentimientos aún para los que le habían ofendido.

       El repetía una y otra vez algunas anécdotas de la vida de Demetrio Korsi, de las que él mismo terminaba  riéndose. La mayoría de ellos, sin embargo resultan irrepetibles. Dentro de sus recuerdos refería los encuentros entre el poeta Ricardo Miró y Demetrio Korsi, quienes frecuentemente terminaban disgustados con gruesas palabras.

 

“A mí me resultaba imposible disgustarme con Demetrio Korsi, pues un día se enfrascaba en una discusión violenta, de la que salían palabras gruesas, y al día siguiente, llegaba a mi casa para hacerme reír a carcajadas. ¿Cómo podía disgustarme con un hombre así. Para mí Demetrio Korsi era un hombre de un talento excepcional, sin embargo era un ser muy informal en sus costumbres, y tal vez por ello muchos no le tomaban en serio. El era un mentiroso profesional, que sin embargo tenía mucha habilidad para ganar la simpatía de los demás".

 

Algunas veces cuando se tomaban algunos tragos juntos, le encantaba recitar la poesía de Demetrio Korsi, y según Sinán, muchas veces se ponían a recitarla de manera conjunta, como si estuviesen preparados para un espectáculo.

Tenía especial admiración por Octavio Méndez Pereira, porque lo consideraba un hombre de mentalidad superior, siempre preocupado por dar su apoyo a las manifestaciones de la cultura en todas sus expresiones. Una y otra vez se refería a Méndez Pereira como un "Maestro" quien había logrado convertir a la Universidad en el escenario de grandes acontecimientos.

Pero además de ello colocaba a Méndez Pereira en un pedestal, afirmando que gracias a su dignidad ética, toda su vida había constituido un modelo que observaban con mucho respeto tanto los educadores de la casa universitaria, co-mo los estudiantes y aún muchas personas fuera de ella:

Gracias a él, la comunidad panameña en todas sus jerarquías siempre colocaba a la Universidad como el ejemplo de una institución que basaba su prestigio en su conducta moral, sin limitarse a su manejo financiero.

Nos parece que el legado más importante que nos deja Rogelio Sinán fue su devoción por las manifestaciones de la cultura, su consagración constante por el estudio metódico, su convicción de que no existe nada que pueda perdurar que no sea el resultado de un trabajo intenso.

El menospreciaba sin disimulo la mediocridad y la improvisación. Refería muchas veces el cuento de "El Gran Cohete" de Oscar Wilde, para referirse a esos “valores literarios que alcanzan transitoria trascendencia, para luego pasar inevitablemente al olvido".

 

   


 

 

 


                                  

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