|

La hija de Jairo
Esquirlas afiebradas de aguacero, ululando,
desataron la muerte sobre yerba y hormiga.
Fusilada la rosa, decapitado el nardo,
¿qué anegado colapso sufrió la Sensitiva?
Dolorosa de nichos y aterida de llanto,
su congelado espectro suena savias de vida.
Oh Sol, tanto cadáver merecería un milagro...
¡Realízalo, dorada pupila matutina!
|