| |
ROGELIO SINAN O LA MUERTE DEL DON JUAN

Rafael Ruiloba
Sinán le señala a Jorge Rufinelli en una entrevista aparecida en la Revista "Texto Crítico" (El trópico sensual de Rogello Sinán) que el tema de su novela es "La muerte de Don Juan".
¿Qué oculta esta confesión? Misterio. Sinán se ha propuesto matar al Don Juan, objetivo nada fácil y que ha sido el intento de moralistas a través de varios siglos, desde el mismo Tirso de Molina hasta el filósofo Bernard Shaw. ¿Será Sinán acaso una especie de Cervantes que oculta bajo un blasón modesto los objetivos de su praxis literaria? Otra vez misterio.
En efecto, en la novela es verificable la muerte de Don Juan: un niño llamado Juan se ahoga en el primer capítulo (decálogo) y es enterrado tres horas después al final de la novela.
Se cumple el objetivo del autor, es verificable "la muerte de Don Juan".
"En el primer capítulo, se ahoga un niño que se llama Juan, le dicen Juanito o Juancito, velan a ese niño, el velorio comienza a las siete de la noche de manera que el niño muere a las cuatro. Cuatro, cinco, seis y siete, la novela entera dura ese tiempo, porque el último capítulo, una de las tías del niño, reprendiendo al hijo, le dice: "te dije que no anduvieras con ese niño precoz , que era muy mal hablado y que andaba tocándoles los senos a las chiquillas. De modo que es el Don Juan que quiere florecer y ahí muere. Ahí es la muerte del Don Juan: es de lo que se trata, de matar al Donjuanismo".1
¿Es acaso otra ironía de Sinán? No está el prestigioso mito literario vivo entre nosotros y es el escarnio de la falsa moral de nuestro tiempo y de todos los tiempos. El Don Juan perpetuo condenado a muerte, renace y se ahoga en una sociedad donde ya no 'tiene cabida. Será acaso este el sentido del redescubrimiento del mito del Don Juan o seguirá siendo el Don Juan infamador de todo el mundo? Nuevamente misterio.
El Don Juan es un personaje que introduce el otro elemento constitutivo de la novela: lo sagrado. El mito se distingue del simple relato o leyenda por el hecho de estar ligado a una acción religiosa, la sacralidad es inherente a los mitos. "Los mitos cuentan una historia sagrada", dice Mircea Eliade, y en el caso del Don Juan, éste es un personaje que existe sólo en función de la moral católica. Tirso de Molina lo creó para hacer propaganda a favor de la monogamia: "El Don Juan, al nacer en tierra española se encuentra anegado de teología", afirma Américo Castro. De esta manera el protagonista trae a la novela la Semana Santa: lapso sagrado de la sociedad panameña.
Es así como el mito literario a partir de 1623 no puede desprenderse de la sacralidad católica de la que es hijo legítimo, fuera de ella el Don Juan no puede realizarse.
El Don Juan de Sinán despierta de las brumas de la literatura como quien renace de un sueño profundo producido por las libaciones de otro tiempo y se levanta un Domingo de Ramos cuando se inicia la Semana Santa:
"Felipe Durgel descendía gorja abajo sofocado por la densa humareda sin esperanzas de sufragio ni de posible redención y habría caído en los infiernos si la gracia divina no le hubiese otorgado oportunamente el- perdón de sus pecados. cuando estabas en un tris de ser tragado por las llamas eternas lo salvaron a tiempo las campanas de la primera misa que al llamar a los fieles hicieron el milagro de despertarlo".²
El Don Juan tiene el tiempo de su vida señalado por la extensión del tiempo sagrado, por la Semana Santa; la cual en la novela se repite, es iterativa, mítica para dar cabida a una multiplicidad de Don Juanes es decir a una multiplicidad de caracteres que se traducen en personajes.
"He ido haciendo diferentes Don Juanes, de manera que en la novela todos tienen una forma de ser donjuanesca".3
Entonces Sinán desea "matar" no a un personaje, sino a muchos caracteres, a las diferentes versiones.
En la novela Felipe presenta los elementos fundamentales del mito del Don Juan, pero no es el Don Juan agnóstico de España, aunque hereda sus principales características "esta noche he de gozarla", "Cuan largo me lo fíais", (Tirso).
Así Felipe Durgel está más allá del bien y del mal. Por eso su agnosticismo es nuevo en el mito. Para él Dios es un ser reaccionario, le preguntan si cree en Dios y responde:
"Ni Dios lo quiera, Nana, me debe muchas vainas, tu Dios no ha hecho otra cosa que joderme, no puede congeniar con quien se esconde tras una mampara de la Iglesia y en conciliábulo con los poderosos organiza maldades contra los pobres esclavizándolos más y más asesinándolos. No puede haber un Dios que llamándose bondadoso sólo demuestre ser todopoderoso organizando guerras y desastres contra la muchedumbre desamparada. Si es él quien se divierte atormentándonos no queda más remedio que repetir la frase que dice a cada rato el gallego "me cago en Dios".4
Este aparente ateísmo es un rasgo tradicional del Don Juan que recoge en sí toda la circunstancia histórica literaria desde Tirso de Molina hasta los gestos de indiferencia inmaculada del "Don Juan en los infiernos" de Baudelaire; desde el Don Juan arrepentido de Zorrilla, hasta el Don Juan libertino de Lord Byron.
Afirma Américo Castro que:
"por primera vez en el arte cristiano nos hallamos ante un arte de violento Satanismo /... / Más he aquí que en el caso del Don Juan su creador Tirso nos traza una figura de ángel rebelde, de un verdadero Luzbel, que tras la soberbia deja transparentar las huellas de su ser glorioso".5
Este ateísmo iconoclasta este anticlericalismo es una característica fundamental del mito que también se mantiene en el Don Juan de Sinán porque si no fuese así se le hubiese muerto la universalidad del personaje.
Sin embargo, lo moderno en este personaje es su realización de antihéroe dentro del donjuanismo; su figura responde a un gesto ideológico distinto, su esencialidad encarna una venganza social; él no es "Caballero" como sus antecesores: "Caballero soy el embajador de España". Ni tiene el abolengo de alcurnia: no "es de los antiguos ganadores de Sevilla". Ni es su Padre "el dueño de la justicia del Rey". Felipe es sociológicamente antagónico al Don Juan del mito tradicional español. Es huérfano, desheredado de la fortuna, sin padre ni madre, ni influencias, de ahí que sea un Don Juan popular, negro, marinero de las Islas. Cuya prosapia y abolengo consiste en la posesión femenina con complicidad de las mujeres, por medio de argucias para poseer como un acto de venganza social.
Así a pesar de que sus historias provienen del sustrato mítico del Don Juan tradicional y sus aventuras son repeticiones de un pasado literario, este es un Don Juan antihéroe que contiene cierto grado de conciencia de clase.
"no has amado a ninguna mujer honestamente, mucho menos a Cándida. . . Querías hacerla tuya sólo por vengar al gallego en represalia porque te castigó mil veces injusta y malamente".6
Se repite el perpetuo drama del Don Juan (si ama muere) y se desacraliza para desmoronarse en su grandeza. Este Don Juan antihéroe se venga de sus explotadores "amando" a sus mujeres:
"toda hembra aprovechable debe ser poseída".
"Me vengo y me vengo". Afirma Felipe Durgel.
Así Sinán, al igual que Lord Byron y Bernard Shaw, escoge el Don Juan como medio épico para reformar la sociedad. Sin embargo, a diferencia de Byron (en el cual su Don Juan tiene costumbres envilecidas, es desesperado y cruel, producto de la sociedad mal construida, y que nos señala que el amor ha sido asesinado por el matrimonio) y de Bernard Shaw (su Don Juan, prototipo de la burguesía inglesa es también víctima del matrimonio, pero éste se convierte de libertino en moralista y muere el Don Juan, al perder su esencialidad), su Don Juan pasa de la épica a la dialéctica, su donjuanismo se realiza en la lucha social (manera muy panameña de donjuanismo). De ahí que la muerte del Don Juan en La Isla Mágica sea trascendente. Este es víctima de una sociedad donde el amor pesa, donde amar es una tragedia o una venganza, donde los hombres y mujeres se repiten una y otra vez aferrados a una capacidad ilimitada de amar que genera la frustración y la tragedia. De ese modo, la historia de La Isla Mágica es una historia de repeticiones constantes: detrás de un mismo Don Juan renacerá otro con el mismo o parecido nombre que hará las mismas parecidas cosas, historias y genealogías donjuanescas se repiten en el tiempo y estarán condenadas a un amor que no tendrá posibilidad de realizarse. El amor de los ricos es trágico, grotesco o ridículo; el Don Juan oligarca, Marino Olaya, se cae al ser sorprendido con su amante y se quiebra las manos o se le irrita el sexo hasta la erección permanente (priapismo) por el uso y el abuso; la perrita Fifí muere en el acto sexual con un perro "proletario", Barrabás; el norteamericano es "quemado" por la puertorriqueña con Felipe Durgel que escapa ayudado por "las ánimas", la niña libidinosa es violada y asesinada por el panadero y ésta paga sus pecados de lujuria al igual que la hija del gallego quien, sorprendida en el acto sexual, cae al mar y es devorada por los tiburones; la madre de Felipe, que trata de ahogarlo y se escapa con un vaporino, vuelve a la isla y es devorada por los tiburones (especie de diablos marinos que hacen expiar las culpas); Felipe Durgel, que intentando seducir a Cándida muere en la iglesia e Hipólito, el cual se suicida al no encontrar la salida a su drama. Así en La Isla Mágica los hombres en un perfecto ciclo orgánico se mueven entre el deseo y la culpa, entre el paganismo y la tradición católica, entre la expiación y el amor que desemboca en la muerte.
Así muere el Don Juan (o los Don Juanes) nuevamente, porque expían su culpa: el perpetuo condenado de la sacralidad repite otra vez su ciclo mitológico, se renueva la misma historia de sus orígenes, renace y se ahoga en una sociedad donde no tiene cabida, acaso porque ella está cada vez más, estructurada contra el hombre y el amor.
En la isla no hay renacimiento, pero siempre queda la posibilidad de repetirse.
Sinán vuelve a la grandeza indefinible de los orígenes, vuelve al mito, a la crítica de la sacralidad; de la sensualidad al paganismo, de la muerte al renacimiento, a la crítica del hombre actual y sus valores, su sociedad y su historia. La ficción se convierte en épica y ésta en utopía, a través de una nostalgia irónica del prevenir.
Felipe Durgel es el último héroe donjuanesco de la genealogía, con su muerte desaparece en la novela toda posibilidad de perpetuación, toda posibilidad de repetirse, así en la novela, hay origen pero no hay renacimiento, todos están condenados a la muerte por el signo del amor trágico, todos tienen los pies de barro y se derrumban con el peso de su victoria.
He aquí el desenlace de la tragedia, los Donjuanes de la Isla como los héroes de García Márquez "no tiene una segunda oportunidad sobre la tierra". Sin embargo, todas las posibilidades del hombre están con él porque la crítica de la sociedad presupone las posibilidades de salir de ella, ahí que Sinán con el Don Juan de la misma forma que Tirso de Molina, Moliere, Zorrilla, Lord Byron o Bernard Shaw, encarna épicamente la crítica de los valores de una sociedad sagrada y ambigua donde los hombres al igual que el mito pugnan por dejar de repetirse y están dispuesto a renacer... Por ello Sinán, como el trágico griego Esquilo (que se pasa al bando de los persas) o como el épico Alonso de Ercilla (que se pasa al bando de los araucanos) también se pasa al bando de los derrotados. Para mostrar la visión trágica del mundo y sus héroes condenados; la visión trágica de un mundo que se esfuerza en disolverse mitológicamente para volver a renacer, el Don Juan en La Isla Mágica muere para destruir toda posibilidad de repetirse, para volver a la "grandeza indefinible de los orígenes" donde el amor no sea una venganza sino un acto de Humanidad Primigenia.
CITAS
1. RUFFINELLI, Jorge. "El trópico sensual de Rogelio Sinán'". Revista Texto crítico, N° 12 (enero-marzo), 1979, pág. 138.
2. SINAN, Rogelio. La isla Mágica. Ediciones INAC. Panamá, 1978, pág. 35.
3. SINAN, Rogelio. 0p. Cit., pág. 71.
4. RUFFINELLI, Jorge. Op. Cit., pág. 138.
5. CASTRO, Américo. Ensayos sobre Don Juan. Ediciones "Nueva Época", Santiago de Chile, págs. 16-17.
6. SINAN, Rogelio. Op. cit., pág. 68.
|
|