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LA ISLA MÁGICA: LITERATURA Y MITO
 

Rafael Ruiloba

 

 

 

 

 



Rogelio Sinán ha sido el cuentista, poeta y novelista nacional que más ha indagado, en su faena artística, sobre la función de los mitos en la cultura contemporánea. Literatura y mito han sido la urdimbre que con la sensualidad definen la praxis literaria de Rogelio Sinán, que le ofrecen una aureola de misterio atrayente, de pasión novedosa que rejuvenece y actualiza su arte hasta la universalidad. Ya Luis Alberto Sánchez en un pretérito ensayo, "Rogelio Sinán, el Brujo", atisba este fenómeno que tiene una feliz realización posterior. Ahora en La Isla Mágica se acentúa y actualiza la conciencia mítica y se inserta dentro del proceso evolutivo de la literatura hispanoamericana contemporánea, donde la muerte del realismo tradicional, ha puesto de manifiesto la necesidad de una universalidad poética para la novela y es aquí donde el mito, la magia y la fantasía expresan una realidad más humana y poderosa, la cual es requerida por la ficción para su universalidad.
En La Isla Mágica, Sinán acrecienta sus concepciones míticas y establece una relación evidente entre novela y mito como estructura simbólica. El mito que, a pesar de estar desterrado por el Racionalismo, ahora se ha metido en nuestra casa ideológica por la ventana del arte e inaugura así una "realidad más poderosa". Es este proceso creativo en La Isla Mágica el que trataremos de analizar para poder establecer juicios de valor frente a la novela.

NARRACIÓN Y MITO

La disposición narrativa de los 100 episodios de la novela pone de manifiesto una antigua herencia literaria, ya que éstos tienen su fuente en las leyendas y elementos que originaron el mito prestigioso del Don Juan. Estos antiguos elementos míticos actúan como correlatos, como sustrato y esquema fundamental de las narraciones actuales de La Isla Mágica. Estas leyendas, antes que apareciesen en la obra de Tirso de Molina (1623), se encontraban dispersas en una serie de relatos y romances medievales:

1. El hombre de espíritu conquistador, destructor de las formas divinas del amor (ética medieval) al preferir las terrenales (ética renacentista), y que enfrenta en su vida la sacralidad católica con el paganismo.
2. Las aventuras del galán que hace de la iglesia el sitio propicio para el amor sexual.
3. La historia del hombre que invita a cenar a la Estatua.
4. La historia del hombre que invita a los muertos a comer.

Estas antiguas leyendas y otras posteriores se reeditan en Sinán, (La Dama de las Camelias) (Don Juan Femenino reaparece en la Isla en el personaje de Débora), y cobran una nueva significación mitológica.

El núcleo de las narraciones giran en torno al mismo drama de la antigüedad, la muerte del Don Juan: el Don Juan muere en el momento en que deja de ser Don Juan (Zorrilla) o cuando recibe el justo castigo por sus pecados (Tirso); ahora el perpetuo amante se enfrenta a sí mismo ante la posibilidad del amor verdadero (Sinán).

Como observamos, los elementos esenciales del mito se mantienen incólumes en La Isla Mágica y surgen de aventuras míticas pre-existentes en las antiguas leyendas de los comienzos de la tradición literaria hispánica.

Sinán en esto se adentra en la mitología, porque sigue el proceso tradicional de elaboración de los mitos. Ya que como señala Mircea Eliade:

"el que sabe es aquel que recuerda desde el comienzo, quien ha sido contemporáneo del mundo en la primera manifestación, en el retroceso hasta el illud tempus inicial en la abolición del tiempo profano".1

Es más, Sinán lleva a la narración la actitud ritual de los mitos, en cuanto que sus actuales relatos "cuentan una historia sagrada, un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, en el tiempo fabuloso de los comienzos”.²
Así se legitimizan sus narraciones en función de una actitud mítica en la elaboración dé su novela. Otto Rank, explicando las analogías en los esquemas fundamentales de los Relatos, observaba que:

"las teorías modernas de la migración o el préstamo, según la cual los mitos individuales se originan en pueblos definidos (especialmente el Babilónico) y son recogidos por otros pueblos a través de la tradición oral (Comercio y tráfico) o a través de las influencias literarias." ³
Concluimos por lo tanto, en que los mitos y las leyendas que actúan de correlatos en la novela de Sinán provienen y son de influencias literarias de nuestra tradición cultural y son un medio legítimo en la formación del mito antiguo, así como también lo son en la formación de una novela moderna concebida como mito.

De tal forma descubrimos que las aventuras de la novela surgen de correlatos pre-existentes en el mito del Don Juan, en las antiguas leyendas nacionales (las ánimas, los duendes, fantasmas, la tulivieja, etc.) y en reminiscencias grecolatinas (las coéforas, la cosmogonía a manera de los antiguos griegos; un mundo anagógico, historia total y completa de toda una generación humana; la concepción de la historia narrada a la manera de Heródoto dé Halicarnaso estableciendo puntos de referencias de hechos históricos), lo que nos demuestra que el ordenamiento del mundo narrativo de La Isla Mágica es producto de una conciencia mitológica.
ESTRUCTURA MÍTICA

Desde el punto de vista formal la novela tiene una estructura novedosa y compleja que hace reflexionar con incertidumbre si se trata de una novela o de un conjunto de cuentos y narraciones. Esta estructura ambigua también responde, a nuestro juicio, a una necesidad de la conciencia mitológica que afecta a la novela en su elaboración y que se refleja en su estructura y en su consiguiente significación.

La novela se ensambla sobre la base de diez decálogos que a su vez forman cien relatos; los cuales tienen vida propia como narraciones aisladas, como cuentos, sin dejar de estar integradas en un mundo narrativo común a toda la novela, de tal manera que hay dos dimensiones formales: cuento y novela. Doble triunfo el del ingenio al llevarse la estructura del cuento a la novela.

Sinán, cuentista fundamental, coloca sus relatos en el lugar preciso para elaborar la unidad de toda su novela; de forma que hay dos órdenes de lectura: lectura sincrónica, cuento; lectura diacrónica, novela.

Este complejo artificio formal no es casual; no sólo responde a la tradición cabalística de la Divina Comedia, o al Satirologio del Decamerón, sino que responde también a la necesidad de elaborar la novela como mito, y es precisamente en este nivel en que se da el paso de La Isla Mágica al mito.
Afirma Lodulfo Paramio que:
"La suma de varios discursos lineales origina un discurso no lineal, por ejemplo, que en la literatura por entregas y a lo largo de sucesivos episodios un mismo héroe se enfrenta con situaciones muy similares. Pero estas situaciones paralelas no se presentan en un mismo episodio sino en varios. De esta forma la lectura ordinaria diacrónica-- de un episodio origina en el recuerdo del lector la formación de haces de relaciones lo que induce a la aparición de la estructura mítica en el conjunto de narraciones. Sin embargo cada novela en sí misma tiene sentido, puede ser gozada aisladamente; pero la consideración simultánea de todas las novelas de la serie permite aprehender la fabulación mítica tejida en torno al personaje. Es preciso considerar sincrónicamente las situaciones paralelas que se presentan en los relatos aislados, y de tal consideración se origina el paso de la novela al mito. 4
Este fenómeno descrito por Paramio se realiza en su totalidad al leer La Isla Mágica.
Los cien episodios se nos presentan aislados unos de otros, como entes particulares. Cada uno es una "entrega" de una aventura nueva en la novela; la acumulación de estas narraciones en una visión totalizadora nos forma el mito, la novela. De esta manera la ambigüedad cuento-novela se destruye con el acto de la lectura, que por su exigencia mítica hace al lector cómplice de la creación, al ser él integrador consciente e inconsciente de la fábula. En Sinán el acto de la lectura es también un acto de creación.
La novela de Sinán, como vemos, sigue un proceso de creación paralelo al de los mitos (la novela es un mito moderno) por sus elementos constitutivos y por su estructura, además por su función en la sociedad, lo cual hace que la narración contenga dos sistemas semiológicos, dos niveles de significación, operándose entonces una doble lectura. El mito -señala Lodulfo Paramio-

"se edifica como lenguaje a expensas de un lenguaje preexistente. Tenemos así en la Narración Mítica dos sistemas semiológicos; lo que podemos traducir de forma inexacta pero gráfica, como que en el Mito coexisten dos lenguaje o mejor dicho un lenguaje y un meta- lenguaje". 5
En La Isla Mágica, si se logra traspasar de una lectura a otra se podrá, de manera sensible y directa, aproximarse al fluir incesante y vertiginoso del devenir mítico en la novela, en el cual confluyen, en constante lucha, la tradición judeo-cristiana (el lapsus sagrado de la sociedad panameña, Semana Santa), los fantasmas de la civilizaciones prehispánicas (tulivieja), duendes, ánimas, perro negro) y resabios del pasado grecolatino (mito de Edipo, etc.). Mitos y leyendas que se resisten a ser abandonados y, junto a la tradición donjuanesca, se rebelan nuevamente como una fuerza simbólica que trasciende su antiguo significado hacia otro que se conjuga poéticamente en el nuevo hombre que necesita morir para renacer:

En el tabernáculo, Hipólito encuentra, después de mucho tiempo, a su madre, la cual en él ve una vieja nostalgia de su esposo, recuerdo que muere al presentarse el hijo parecido al padre; de esta manera el padre es asesinado por la presencia del hijo, entonces la madre le dice: "Tú lo mataste" y lo insta a ocupar el lugar del muerto en el lecho: Hipólito se cubre los ojos avergonzado (Edipo ciego) y escapa del cuarto que es ocupado por la oscuridad (la ceguera en el mito griego).

Débora, la madre de Felipe Durgel, escapa en una aventura sexual con un vaporino y deja a Felipe para que se ahogue, incluso trata de matarlo con los remos del bote; dándolo por muerto, lo abandona, pero Felipe se salva y su madre vuelve tiempo después a la isla y muere devorada por los tiburones. Paga su culpa.

He aquí el mito de la tulivieja y el de Edipo, para citar sólo dos ejemplo. En ambos, el mito se realiza de forma diferente. Hay una destrucción del viejo significado. El mito se torna al revés, los héroes míticos han sido negados: Felipe es un ahogado que no se ahoga e Hipólito es Edipo que no mata a su padre, ni hace el amor con su madre, ni queda ciego; en ambos, Sinán oculta la mitad épica del mito y el héroe se torna anti-héroe, se desmitifica, muere el mito; así, dentro de esta lógica, el Don Juan y Edipo, que van a morir, deben repetirse en todos sus elementos.

Si consideramos la novela en toda su estructura, veremos la superposición y coincidencia de la estructura de la novela con el mito y la relación entre los antiguos correlatos míticos con las actuales narraciones de La Isla Mágica; configurándose una caja de resonancia simbólicas que constituyen un meta-lenguaje, frente al cual debemos estar alertas para ver la otra lectura, la otra cara de la ` novela, la verdadera, la mitológica; y es en este plano que con el secreto amor y la secreta nostalgia, Rogelio Sinán, Fausto y fauno de la literatura panameña, encarna los avatares del heroísmo de una literatura que pugna por su universalidad. En esta búsqueda feroz Rogelio Sinán, en La isla Mágica, ha congregado taumatúrgicamente, con la calma silenciosa de alquimista medieval, la palabra, el lenguaje irónico, desacralizador y poderoso en el cual se expresa la utopía hacia donde se encaminan por las vías de la ambigüedad, los valores sagrados, los sueños inconclusos y las aspiraciones de un pueblo que a través de su creador más preclaro afronta (por medio de la ironía, la comedia y la fantasía) su destino trágico.
Así La Isla Mágica, "una isla mágica para un pueblo mesiánico", se convierte en una metáfora terrible y demoledora que se desacraliza para reírse de una sociedad en crisis. (Sinán, novelista astuto, sabe, como Baudelaire, que los libros sagrados nunca ríen). De esta forma el viejo maestro nuevamente rejuvenecido introduce una sensibilidad en la literatura panameña actual: la sensibilidad fundamentada en la imaginación mitológica y le devuelve a la vasta ficción novelesca la ingenuidad de lo novedoso, junto con la función primordial de ésta, la función de la disidencia y la crítica.
Aquí Sinán utiliza los, dos filos de la espada que le ofrece su fresca moneda literaria: la ambigüedad, para estigmatizar o definir el drama del hombre contemporáneo; lo sagrado y lo profano, la desesperanza y el optimismo, la muerte y el renacimiento, la incertidumbre de un pasado y de un presente cruel y la visión de un futuro dispuesto a presentarse. Así Sinán se adentra en las más recónditas facetas del hombre, aparentemente sepultadas con la muerte del realismo tradicional y que sólo pueden ser legitimadas literariamente por una realidad más profunda, una realidad, que introduce la fantasía, la magia y la imaginación mitológica. En este sentido es en el que La Isla Mágica se sustenta en la frescura de nuestros mitos dormidos y de nuestros misterios sagrados, dándole al hombre común un lugar de encarnación para sus sueños a través de la ficción. Sinán ha soñado por la sociedad entera y nos recuerda que las furias no pueden ser olvidadas.




CITAS

1. MIRCEA, Eliade. Mitos, Sueños y Misterios. Compañía General Fabril. Edit., 1969, pág.. 31.
2. RANK,Otto. El mito del nacimiento del héroe. Editorial Paidos, Buenos Aires, 1961, pág. 10.
3. RANK, Otto. Op. Cit., pág.
4. PARAMIO, Lodulfo. Mito e ideología. Industrias Vincent, Madrid, 1971, pág. 14.
5. PARAMIO, Lodulfo. Op. Cit., pág. 25.


   

 


                                  

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