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PAUL AUSTER GANA EL PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS
Emma Gómez
Cuando Paul Auster recibió la noticia del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, se encontraba en Portugal rodando su segunda película, basada en parte de su obra El libro de las ilusiones. Auster es el tercer estadounidense en recibir esta distinción (le anteceden Susan Sontag y Arthur Miller).
Los críticos reconocen en su obra la habilidad de mantener al lector atrapado entre sus laberintos; la acción narrativa consciente del uso lúdico del elemento autobiográfico y sus réplicas o espejos; la influencia del azar; la búsqueda de la identidad; el hilo conductor que mantiene entre una y otra obra y entre sus personajes; su recorrido estético por los caminos de la soledad, de la muerte, de las experiencias familiares, de las relaciones filiales y paternas y del ancho camino de la amistad. El jurado del Premio resaltó "su renovación literaria", la unión de “la mejor de las tradiciones norteamericana y europea", su capacidad para "innovar el relato cinematográfico e incorporar a la literatura algunas de sus aportaciones"; "su exploración de nuevos ámbitos de la realidad" ; “el testimonio estéticamente muy valioso de los problemas individuales y colectivos de nuestro tiempo".
Para editores, lectores y escritores Paul Auster es un fenómeno que une la calidad literaria al éxito comercial, condición que en el mundo del libro de hoy suele darse pocas veces. Auster es un autor ampliamente conocido y reconocido en España, que ha logrado atraer a un gran número de jóvenes. Herralde, su editor de Anagrama, lo ha presentado y entrevistado, y ha comentado sobre el éxito de sus obras. Paul Auster contestó en una de las entrevistas que no escribe para recibir premios, que su diálogo es consigo mismo y su responsabilidad es dar lo mejor de sí con honestidad y con su trabajo.

El novelista estadounidense es además de escritor, guionista y director de cine. No obstante su trabajo en el cine, ha reconocido en distintas entrevistas que su primera opción es la literatura, que el cine le da la oportunidad de compartir con otros esta forma del arte que requiere de un equipo, por lo que sale a disfrutar de esa experiencia. Sus primeras publicaciones en revistas de Nueva York fueron como poeta y ensayista, pasó de ahí a la narrativa (Trilogía de Nueva York) y se ha mantenido entre la novela, el ensayo (Espacios blancos, Cuaderno rojo) y los guiones cinematográficos. Algunas de sus novelas son El país de las últimas cosas, El palacio de la luna, La música del azar, Leviatán, Vértigo, , Todo cuanto amé, La noche del oráculo o Brooklyn Follies, su última novela editada este mismo año. La invención de la soledad es una obra autobiográfica; Desapariciones, su libro de poemas; Cimientos, libro de poemas y ensayos. Paul Auster reconoce que su trabajo como traductor de la alta poesía francesa le brindó elementos profundos que han repercutido en su apreciación de la literatura.
Junto a Paul Auster concursaron otros veinticinco autores de reconocido prestigio internacional de dieciocho países distintos: el también estadounidense Phillip Roth, el autor judío Amos Oz (Auster también es de ascendencia judía), el portugués Antonio Lobo Antunes, el español Juan Goytisolo, la canadiense Margaret Atwood, la escritora india Arundhati Roy o el novelista turco Orhan Pamuk, entre otros.
Junto al Premio Príncipe de Asturias de Letras 2006 para Paul Auster, se anunciaron los Premios de Cooperación Internacional, otorgado a Bill y Melinda Gates; el de Comunicación y Humanidades, a National Geographic; el de Investigación Científica, al físico español Juan Ignacio Cirac; y el de las Artes, al cineasta español Pedro Almodóvar.
Paul Auster
“La habitación cerrada”, de Trilogía de Nueva York (fragmento)
" Vagabundeé mentalmente durante varias semanas, buscando la manera de empezar. Toda vida es inexplicable, me repetía. Por muchos hechos que cuenten; por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá; que hizo esto y aquello, que se casó con esta mujer y tuvo estos hijos, que vivió, que murió, que dejó tras sí estos libros o esta batalla o ese puente, nada de eso nos dice mucho. Todos queremos que nos cuenten historias, y las escuchamos del mismo modo que las escuchábamos de niños. Nos imaginamos la verdadera historia dentro de las palabras y para hacer esto sustituimos a la persona del relato, fingiendo que podemos entenderle porque nos entendemos a nosotros mismos. Esto es una superchería. Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan; nos volvemos cada vez más opacos; más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la frontera que lo separa del otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo. " |
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