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POSTURA
En esta entrega, la segunda
de Tragaluz, rendimos un
homenaje a Rogelio Sinán: el
escritor más completo de la
literatura panameña.
En Sinán hay una temprana
conciencia de que Panamá
necesitaba una literatura
que no sólo se hiciera de lo
más actual de las corrientes
literarias mundiales, sino
que de una forma clara
situara al pequeño país del
istmo en el meridiano de la
cultura universal. Esos
aspectos de la literatura y
la personalidad de Rogelio
Sinán nos hablan de un
escritor comprometido con su
oficio y su tiempo, con su
patria y su destino.
La literatura de Rogelio
Sinán es un río convulso,
agitado por fuerzas
profundas que nos hablan
desde el erotismo, la
ironía, la pasión, el humor,
la sátira y el sentimiento
amoroso de la relación
hombre-mujer, país-destino
nacional y del morir o del
vivir con sed de eternidad.
Las fuerzas vitales que
mueven su obra y su conducta
ciudadana son las que
equilibran las fortalezas y
las debilidades de una obra
que lo justifica plenamente
como creador literario desde
algunos relatos perfectos,
dos poemarios perdurables,
un teatro de abierta
intencionalidad, una
ambiciosa novela y una vida
de compromiso con la
literatura y el destino
grande de su patria. Ello
explica por qué no nos es
posible encontrar en su
oficio y su vida
contradicción alguna entre
patria y humanidad, color
local nacional y aliento
universal.
Hemos abierto un espacio al
debate nacional sobre el
futuro del Canal de Panamá.
Por primera vez vamos a
discutir y decidir qué hacer
con un patrimonio nacional
que nos costó sangre, dolor
y muertes conquistarlo para
que sirva como palanca e
impulso al desarrollo
nacional.
El Canal de Panamá, que
siempre ha sido una herida
sangrante en plena cintura
de nuestra patria, debe
llegar a ser más que una
servidumbre internacional
que solo enriquece a una
minoría voraz e insaciable y
debe dejar lo significativo
de sus riquezas a favor de
la erradicación de la
pobreza, la incultura y las
libertades plenas de la
mujer, la infancia, la
juventud y el hombre
panameños.
Este debate, que debe
terminar con la decisión del
pueblo panameño sobre la
conveniencia o no de ampliar
la vía marítima,
desarrollarla y poner la
ruta al servicio de una
sociedad que tiene derecho
al desarrollo pleno con
justicia social y equidad
económica tangible.
Al mismo tiempo, ese debate
debe ser la primera etapa de
la tarea necesaria para
alcanzar la modernización
del Estado y la sociedad
panameña. La democratización
verdadera de la información
debe conducir a la
erradicación definitiva de
los remanentes de la
colonia, aún vivos en la
Autoridad del Canal de
Panamá.
Gran parte de las
dificultades que encuentra
la propuesta de ampliación,
modernización y construcción
de un tercer juegos de
esclusas radica en la forma
como se conduce la ACP. No
basta con publicar cifras e
informes en la red para
cumplir con el deber de
rendir cuentas al Estado y
la sociedad panameña.
La ACP debe informar
periódicamente a los
accionistas del Canal de
Panamá (el pueblo panameño)
con un lenguaje claro, veraz
y sencillo sobre todo lo
atinente a ese bien
patrimonial de la nación
panameña.
La ACP no debe seguir
conduciéndose como un Estado
dentro de otro Estado. A fin
de cuentas eso no es más que
una repetición de lo que
había antes de 1977.
Ese objetivo debemos
alcanzarlo como sociedad
responsable desde la
tribuna, con las armas de la
información veraz, la
discusión que propone
constructivamente y la
persuasión que convence.
Porque no es posible que sea
o parezca que el pueblo
panameño derrotó a la
colonia en la Zona del Canal
de Panamá, pero que la
colonia ha seguido viviendo
en los funcionarios y
algunos empleados de la
institución creada para
administrar un bien que
nuestro pueblo conquistó con
paciencia, inteligencia,
valor e indomable firmeza.
Tragaluz vuelve a las lides
necesarias, esas que nos
impone el amor por esta
tierra y por este continente
al que pertenecemos por
razón de compartir con los
pueblos hermanos de
Latinoamérica e Iberoamérica
un pasado común, un presente
de oportunidades unidas a
grandes luchas, y un futuro
esperanzador que debe ser
para construir el bien de
todos, por todos y con
todos.
JC
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