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Rainer Tuñón
 

El Oscar y la politización del “mainstream”

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El Oscar y  la politización del “mainstream

 

Rainer Tuñón Cantillo

 

La ceremonia de los premios Oscar de este año ha sido las más interesante y, al mismo tiempo, la más subestimada por la masa cinéfila, que le sigue dando la espalda a los productos que aspiran a dejar en la mente puntos de reflexión y debate sobre distintos temas de interés mundial.

 

 

Ciertamente, el choque de prejuicios (“Crash”) se llevó la gran estatuilla, aunque la favorita en las apuestas era aquel idilio de los amantes vaqueros (“Secreto de la montaña”) de Ang Lee, quien rejuvenecido tras el colapso de “Hulk” (le dio un tratamiento estilo tragedia griega al mito populoso del “comic hero”)  desató una polémica de padre y señor nuestro que sentenciaba el lado conservador de los norteamericanos (“we do love Bush”) quienes pretenden esconder realidades muy profundas en una sociedad que se debate, en estos momentos, entre la presión de los inmigrantes latinos, la innegable crisis crónica en el medio oriente, una economía sujeta a nuevas fórmulas macroeconómicas y la inagotable crisis petrolera que acaba con la esperanza del “redneck” promedio, sin menospreciar la amenaza de los matrimonios gay y el advenimiento de una cultura más tolerante ante el paisaje homosexual.

 

 

En Panamá, como ávidos receptores de cierto cine, desestimamos estos estrenos, sabiendo que cada vez que desfilan las favoritas del Oscar, preferimos mejor a que llegue la temporada del verano gringo para ver desfilar las superproducciones. Mientras, los distribuidores en la región se quejan de que el gran público no llena las salas con un cine que apuesta por la calidad y la profundidad en los temas que aborda. Y qué decir de aquellas que resultan nominadas a mejor película de habla no inglesa.

 

 

 

Si por un rato dejamos a un lado los “King Kong”, “Las Crónicas de Narnia”, “Batman Inicia”, “Charlie y la fábrica de chocolates” o aquellos productos del “mainstream” asesino de conciencias, tendríamos la posibilidad de darle importancia a títulos como “Capote” (basado en un pasaje en la vida del maestro de la literatura Truman Capote), “Buenas noches y buena suerte” (imprescindible drama sobre el periodismo que se impuso al McCarthysmo), Syriana (una visión más profunda y conspiradora sobre el poder del norte en el mundo del petróleo), “El jardinero fiel” (excelente visión de la realidad del mercado farmacéutico), “Munich” (el tratamiento semi documental de Spielberg sobre la muerte de los atletas israelíes en las olimpiadas alemanas), “Tierra fría” (interesante relato sobre la crisis laboral de los acosados), “Una historia violenta” (David Cronenberg hace un estudio interesante de la violencia y la familia), “Paradise Now” (una versión muy elocuente sobre el conflicto en el medio oriente), “Crash”, el análisis de una sociedad marcada por los prejuicios raciales, “Transamérica” (el viaje de un ser humano con deseo de cambiarse de sexo) o la mismísima “Brokeback Mountain” (que pone el dedo en una llaga respetada por el american way of life); sin embargo, tras el estreno de algunos de esto títulos, podemos inferir que la industria es una fábrica de sueños tontorrones para fortalecer un irreal ambiente cotidiano.

 

De todas maneras, esperamos con ansias poder ver títulos como “Buenas noches y buena suerte”, un extraordinario aporte de George Clooney al buen periodismo y a la búsqueda de unos valores más apegados con el respeto a la inteligencia del ser humano.

 

Con el acierto contundente de darle tratamiento de blanco y negro al relato, Clooney recuerda una oscura época para la intelectualidad norteamericana amenazada por el adversario en la guerra fría.

 

Lo importante e impactante de este segundo filme de Clooney ha sido, sin duda alguna, el perfil periodístico y el respeto absoluto a los hechos durante la famosa “cacería de brujas” en los Estados Unidos.

 

Y qué decir de la ganadora a Mejor Filme, “Crash” (no se confunda con el erótico y sádico viaje de David Cronenberg) una intensa reflexión sobre la violencia, el racismo y sus furiosos caminos.

 

Se trata de una pieza urbana sobre la vida ciudadana que apunta hacia el cine de Robert Altman (Vidas Cruzadas), Paul Thomas Anderson (Magnolia), Lawrence Kasdan (Gran Cañón) o Alejandro González- Iñárritu (21 Gramos o Amores Perros), que hace su propio camino mostrando siete historias que son el reflejo de la diversidad social, étnica, cultural y humana.

 

 

 

Crash no es una película sin héroes ni villanos, sino un mosaico sobre gente que vive y toma decisiones según sus dictámenes. En su narrativa, mezcla de historias que funcionan a la perfección con un guión extraordinariamente concebido, en el cual sin ofrecer un protagónico claro, hace que todos sus personajes participen con el mismo grado, interés e intensidad, y proporcionan al espectador una experiencia única, con una diversa ramificación de perfiles y momentos claves.

 

El responsable de la sorpresa del año en los premios Oscar es Paul Haggis, un guionista de televisión (Family Law, Thirtysomething) cuyo siguiente paso en el mundo del celuloide fue contundente, pues fue quien concibió el guión de la ganadora del Oscar, “Million Dollar Baby”, de Clint Eastwood, aunque originalmente iba a dirigirla.

 

Así, sin más promoción que su propuesta temática, su mirada arriesgada y la calidad del relato, el filme de Haggis consiguió las estatuillas por Mejor Película, Mejor Guión Original y Mejor Montaje, pero unos días antes de la entrega de los Oscar, se despertó la polémica tras una demanda de uno de los productores, Bob Yari, quien argumentaba que “la Academia lo privaría del reconocimiento profesional y las ventajas financieras asociadas”, pues solamente recibirían los premios Paul Haggis y Cathy Schulman, alegando que él consiguió los derechos de la película y garantizó la financiación de la producción.

Esta argumentación y el posterior debate sobre darle la estatuilla a un filme de amor homosexual ante una industria que tradicionalmente no premia en la categoría de Mejor Filme a este tipo de proyectos, salvo por la excepción de “Midnight Cowboy” de John Schlesinger, se convirtieron en elementos de análisis posterior a la entrega, cuando los críticos declaraban un empate técnico entre estos dos filmes.

 

Ahora, la violencia política también fue un tema de interés en los Oscar, gracias a tres títulos de buena factura.

 

Mientras que “Munich” plantea los dilemas del contraterrorismo basado en la respuesta israelí por el acto terrorista de las olimpiadas de 1972, desde el ojo de Steven Spielberg, “Paradise Now” es una propuesta que narra sobre los temores de dos atacantes suicidas palestinos que preparan un atentado en Tel Aviv.

 

 

Precisamente, una parte de este relato palestino se presenta como una sub historia de “Syriana”, de Stephen Gaghan, el ganador del Oscar por el guión de “Tráfico”, quien en esta ocasión narra la misión de un agente de la CIA (George Clooney ganó el Oscar por este papel) para acabar con un jeque que trata de defender la autonomía de su tierra ante la presión norteamericana que debe meterse en el negocio del crudo.

 

En medio del embrollo, las distintas formas de elucubrar conspiraciones corporativas, que también con absoluta maestría desarrolla Fernando Mirelles con la versión de cine del libro “El jardinero fiel”, de John Le Carré.

 

Ahora, Mirelles traslada la violencia urbana hacia el continente africano, basándose en las relaciones de poder entre la industria farmacéutica y los gobiernos de estos países en donde se denuncia la utilización de sus habitantes para pruebas de medicamentos, con extraordinarios resultados para la crítica que alaba el estilo vertiginoso y desenfrenado del autor del filme.

 

Por último, “Secreto de la montaña”, ciertamente rompió un tabú e hizo añicos el mito macho del “cowboy”, gracias al tratamiento excepcional que hizo Ang Lee al relato corto de la ganadora del Pulitzer Anne Proulx, quien resaltó la infelicidad de los vaqueros  en la profundidad de la América del “Wild West”; sin embargo, no deja de ser una historia de amor.

 

 

 

En fin, lo interesante de las películas nominadas este año fue, sin duda, la calidad de los temas que se expusieron ante los ojos del mundo, dejando el dulce aroma del sentir politizado de una masa crítica que apuesta por ganar terreno en el cine comercial, esperando que en algún momento todos podamos sacar buenas reflexiones al salir de una sala de cine.

   


 

 

 


                                  

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