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Lunes, 24 de abril de 2006
DISCURSO EN INICIO DE PERIODO DE DIVULGACIÓN DEL PROYECTO DE AMPLIACIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ

Compatriotas:
Seis años han transcurrido desde su reversión, y en ese tiempo los panameños hemos despejado las dudas sobre la capacidad de administrar nuestro Canal.
Primero le demostramos al mundo que el mejor camino para solucionar diferencias es la negociación y no la confrontación.
Después nuestros trabajadores del Canal han dejado claro que nunca el Canal ha tenido mejores índices de eficiencia, seguridad y transparencia.
Hoy, cuando el Canal se ha convertido en el principal motivo de orgullo de los panameños, nos llega el resultado de un trabajo que se ha venido realizando por más de seis años, y que se ha hecho de la manera más responsable y acuciosa posible.
Un trabajo en el que han intervenido cientos de profesionales panameños y extranjeros. Un esfuerzo continuo y sin pausas que no puede medirse en días ni semanas, sino en meses y años.
Hoy he recibido la Propuesta de Ampliación del Canal de Panamá, preparada por la ACP y su Junta Directiva que sustenta la viabilidad de la construcción de un tercer juego de esclusas.
He solicitado que el documento que me han entregado, lo reciba, al mismo tiempo, el pueblo panameño. Por eso, desde este mismo instante, queda en manos de toda la sociedad para su pleno conocimiento y análisis.
Se inicia así, un amplio proceso de información y divulgación de la propuesta y de los estudios que la sustentan.
Panameñas y panameños:
Nos encontramos en un momento trascendental, en una encrucijada histórica que no es fruto de la casualidad.
Es el resultado de un esfuerzo acumulado a lo largo de cien años.
Desde el mismo momento de la firma del Tratado Hay-Buneau Varilla, en 1903, los panameños iniciamos la jornada histórica del siglo XX para recuperar la dignidad nacional, y para que el Canal y la Zona del Canal fueran integradas a la República como parte soberana de su territorio.
Pero, lo hicimos con paciencia y con determinación. Transcurrieron 32 años hasta que el presidente Harmodio Arias logró en una negociación eliminar la cláusula del tratado que autorizaba la intervención.
En 1958, pacífica pero valientemente, sembramos banderas panameñas en la Zona del Canal.
En enero de 1964 tuvo que correr la sangre joven de héroes panameños para que, junto a la postura patriótica del presidente Roberto F. Chiari, el mundo comenzara a comprender que el Canal sería fuente permanente de conflictos mientras no fuese panameño.
Y finalmente, en septiembre de 1977, con los Tratados Torrijos - Carter, se le puso fin a la Zona del Canal, y se fijó un calendario para desmantelar el enclave colonial, y un período de transición para la transferencia del Canal.
Ni siquiera nuestros enfrentamientos que desembocaron en la invasión a Panamá de diciembre de 1989 lograron detener la marcha histórica de nuestro pueblo por la recuperación de su soberanía.
Supimos, a través de distintos gobiernos, empinarnos sobre nuestras diferencias para incorporara un título especial en la Constitución y aprobando por unanimidad la Ley Orgánica de la Autoridad del Canal de Panamá.
Y el 31 de diciembre de 1999, en cumplimiento ejemplar de lo pactado entre Panamá y Estados Unidos, recuperamos el Canal y el derecho de ponerlo al servicio del desarrollo nacional, coronando así nuestro alpinismo generacional.
Ahora le toca a nuestra generación tomar la decisión más importante sobre el Canal y su papel en el siglo XXI.
Por eso, quiero garantizarles a los panameños que a partir de hoy toda la información que sustenta el Proyecto de Ampliación del Canal de Panamá será pública y estará disponible, sin ninguna restricción.
Con ese propósito, el Resumen Ejecutivo de la ACP será publicado en los diarios de circulación nacional y entregado a cada estación de radio y televisión.
También estarán a disposición de la ciudadanía centros de información, así como los más de 120 estudios y las más de 55 mil páginas de documentos relativos al Canal de Panamá y a su ampliación.
El Órgano Ejecutivo tomará la decisión de enviar el proyecto a la Asamblea Nacional cuando los panameños hayan tenido la oportunidad de conocer sus alcances y fundamentos.
Por eso quiero solicitarles a los medios de comunicación que abran espacios para que la ciudadanía pueda ser debidamente informada y expresar con amplitud sus puntos de vista.
Señoras y señores:

El Canal ha funcionado por 92 años como una de las obras de ingeniería más eficientes que se hayan construido.
Ha mantenido su capacidad de servicio al comercio marítimo mundial en forma ininterrumpida todos los días del año durante casi un siglo.
Sin embargo, el comercio mundial ha experimentado un crecimiento extraordinario y en consecuencia la carga que transita por el Canal también ha aumentado y seguirá aumentado.
Basta con asomarse a las entradas del Canal y ver la cantidad de buques, de distintos tamaños, en fila de espera para cruzar de un océano a otro.
La globalización, el crecimiento comercial y los cambios en los sistemas de carga marítima, han hecho que la tendencia mundial se haya dirigido hacia la construcción de naves de un mayor tamaño y calado, en muchos casos, superior a la dimensión de las esclusas de nuestro Canal.
Por otra parte, la ruta de Panamá, si bien es eficiente, no es la única y enfrenta competencia.
Si no afrontamos el desafío de ampliarlo y mejorar su capacidad de tráfico para seguir dando un servicio eficiente y competitivo, surgirán inevitablemente otras rutas que reemplacen a la nuestra.
Esto no es nuevo. El 31 de diciembre de 1999, el mismo día de la reversión, todos los partidos políticos panameños, en un acto poco común de unidad nacional, suscribimos el Pacto de Miraflores que a la letra dice:
"...Advertimos que el Canal de Panamá requeriría en el futuro inmediato de importantísimas ampliaciones para adecuarlo a la demanda del comercio mundial, y que es posible que se necesite la construcción de un tercer juego de esclusas para naves de mayor calado, inversión esta que implicaría un costo de gran magnitud y que exigirá una amplia consulta nacional que incorpore a nuestros mejores talentos..."
Entonces el dilema que se nos presenta después de 100 años, es el siguiente: esperar a que el Canal llegue, en los próximos cuatro años, al nivel máximo de su capacidad, o invertir ahora para que pueda aumentar su capacidad, y Panamá pueda multiplicar sus ganancias y que éstas sirvan para producir bienestar a sus dueños, que somos todos los panameños.
Mientras más demoremos la decisión, mientras mayor sea el tiempo que tomemos en iniciar las obras, mayor es el riesgo que corremos como propietarios de una empresa cuya facturación depende de su competitividad y eficiencia.
Es, para decirlo en forma gráfica, nuestro petróleo. Así como el petróleo sin explotar carece de valor, y para extraerlo hay que invertir en infraestructura, el Canal requiere ampliar su capacidad para absorber la demanda creciente de carga y así, generar más riqueza para los panameños.
Y éste es, precisamente, el reto y la responsabilidad que tenemos. Esta es la decisión que hay que tomar por el futuro del país: El desafío de ampliarlo.
Sin duda, es un desafío formidable y será una obra gigantesca. Por eso, también muy grande tiene que ser nuestro sentido de responsabilidad, grande nuestra responsabilidad con el sacrificio de muchos patriotas, grande nuestra consecuencia con las múltiples necesidades insatisfechas de nuestra población.
Porque a partir de hoy se define el futuro. Porque a partir de hoy podremos hacer realidad el sueño de Omar Torrijos de que al Canal se le diera el mayor uso colectivo posible.
Compatriotas:
El proyecto de ampliación del Canal no es de nadie en particular, sino del país y sus tres millones de panameños. Este proyecto no es mío, ni del gobierno, no es un proyecto de ningún partido político, ni de ningún grupo económico. Ni siquiera es de la Autoridad del Canal de Panamá. Es un proyecto nacional.
Debemos concordar en que no debe ser politizado y que al país le conviene tratarlo como lo que es: un tema de Estado.
De realizarse las obras de ampliación, éstas abarcarán dos periodos de gobierno sucesivos, por lo cual las nuevas esclusas se inaugurarían en el año 2014, exactamente cien años después de las actuales.
Sin embargo, como por mandato constitucional le corresponde al Consejo de Gabinete enviarlo a la Asamblea Nacional, le señalé a la Autoridad del Canal algunas premisas básicas para su aprobación, que han quedado establecidas en la propuesta.
La primera es que la ampliación tiene que ser autofinanciable. Eso significa que serán los usuarios del Canal, mediante un aumento gradual de los peajes, y no los impuestos de los panameños, los que paguen la obra.
Además, yo no admitiría, y estoy seguro que los futuros gobernantes tampoco lo harían, que los aportes al Tesoro Nacional fueran inferiores a los del año 2006. Por el contrario, durante el periodo de construcción los aportes de la Autoridad del Canal tienen que aumentar.
La segunda es que el financiamiento que se requerirá, debe ser adquirido por la Autoridad del Canal y no por el gobierno, para que no se afecte la capacidad de seguir destinando recursos a la atención de las necesidades básicas de los panameños.
Y la tercera es que no podía haber nuevos embalses. Voy a decirlo de una manera categórica e inequívoca: no puede haber desplazamientos de campesinos, ni nuevas inundaciones que destruyan el medio ambiente.
Yo entiendo los temores de los que habitan dentro de los límites de la cuenca, conozco sus preocupaciones y las hemos discutido con sinceridad y respeto.
Ellos consideran la vigencia de la Ley 44 como una amenaza permanente para su estabilidad y sus tierras.
Por ello, sin suspender los programas de desarrollo que allí se llevan a cabo, enviaré a la Asamblea Nacional un proyecto de ley que derogue la ley 44.
Debo decir que en las consultas que realicé durante las semanas anteriores con los ex presidentes, los dirigentes políticos, sindicales y gremiales; con los estudiantes y líderes religiosos, me pude percatar que existen muchas coincidencias en este sentido.
Amigas y amigos todos:
Le he pedido al equipo técnico de la ACP que salga a explicar la propuesta y que responda a las interrogantes que, con toda legitimidad, van a surgir.
El debate tiene que ser libre y democrático para que sea la verdadera expresión de la voluntad de la sociedad panameña.
Los panameños hemos sido testigos de la forma cómo la Autoridad del Canal ha manejado inversiones superiores a los mil doscientos millones de dólares, sin que haya habido cuestionamiento ni dudas, lo cual constituye, en sí mismo, la mejor demostración de que el debate sobre la transparencia de las contrataciones en el Canal ha sido ya superado.
Francamente las cifras de la Autoridad del Canal son impresionantes. El sólo hecho de que en seis años le haya aportado más al Tesoro Nacional que en 85 años de administración norteamericana, habla por sí solo.
Pero lo cierto es que los panameños no perciben en su real dimensión los beneficios del Canal. Así es en el interior, e incluso aquí en el área metropolitana.
De allí que se creara a principios de este año un Fondo especial para el desarrollo local que proviene directamente de los aportes del Canal.
En cada uno de los corregimientos se van a adelantar obras de infraestructura para que todos los panameños sientan que el Canal de verdad aporta para mejorar su calidad de vida
Pero ahora tenemos un reto más inmediato. Los trabajadores, la empresa privada y el gobierno, de manera coordinada, emprenderemos una novedosa y abarcadora política de capacitación.
No sólo para preparar a los trabajadores y técnicos que la ampliación requerirá en su construcción y en su operación, sino también para aprovechar las nuevas oportunidades de empleo que se están generando hoy en nuestro país.
Conciudadanos todos:
Ahora somos soberanos para tomar una decisión propia y responsable. Hoy es sólo el interés de los panameños lo que debe guiar las decisiones sobre el Canal.
Esta es la primera vez que no hay fuerzas externas ni otros intereses anteponiéndose a los nuestros.
Los panameños tenemos ante el mundo la responsabilidad de seguir ofreciendo una ruta segura y con la capacidad para el tránsito rápido de mercancías.
Pero ocurre la coincidencia que ahora es el tiempo preciso donde nuestro interés nacional se entrelaza con el mundo en general. Este hecho no puede pasar desapercibido.
Los intereses nuestros no van en contravía con los del comercio internacional. Por el contrario, son complementarios.
Los usuarios del Canal reconocen la eficiencia demostrada por los panameños y estoy seguro de que nosotros seguiremos correspondiendo a esa confianza.
Nuestra aspiración y nuestro derecho es explotar al máximo nuestra posición geográfica para convertirnos en una sociedad próspera, con equidad y en pleno desarrollo.
Este es nuestro proyecto de país.
Por eso, lo que vamos a decidir en el referéndum, no es sólo qué va a pasar con el Canal.
Es la oportunidad para que cada uno de nosotros, los dueños y accionistas del Canal nos compenetremos con el negocio y, lo más importante: logremos poner en marcha una visión compartida de desarrollo nacional.
Sería inconcebible que renunciáramos a transformarnos. Sería imperdonable que renunciáramos a mejorar.
Ahora es cuando debemos cohesionar nuestra fuerza como país con extraordinarias posibilidades.
El Canal es en extremo importante, pero ahora se trata, además, de dar un salto como nación y que esas transformaciones hagan realidad lo que hemos esperado por demasiados años.
Gracias a nuestra posición geográfica y a la nueva realidad internacional, nos encontramos ante una verdadera oportunidad de romper la barrera del subdesarrollo y acceder a ser un país del primer mundo.
La clave es pasar desde ahora de proyectos a obras.
Estoy convencido que esta visión de un país moderno está a nuestro alcance y la vamos a lograr. Lo haremos si los panameños nos ponemos de acuerdo para empujar en la misma dirección. Lo hemos hecho antes, y lo podemos hacer ahora.
Yo aspiro a que las próximas generaciones puedan reconocer que fuimos capaces de aprovechar este momento, que logramos más coincidencias que diferencias y que supimos unirnos alrededor de un mismo objetivo nacional.
Estamos hoy en un momento en el que podemos dejar atrás y para siempre el dolor y las frustraciones.
Ahora podemos ver las luces de nuestro mañana.
El resultado será un país que pudo cambiar y ser mejor, más humano y solidario, un país que supo engrandecerse.
Un país que, venciendo sus males sociales, fue capaz de realizar sus esperanzas.
Tomemos, entre todos y con responsabilidad la mejor decisión sobre nuestro futuro.
Y pidámosle a Dios que nos ilumine en este proceso.
MUCHAS GRACIAS.
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