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LO DIFÍCIL DE CALCULAR EL COSTO
No nos podemos equivocar
Fernando Manfredo Jr.
La Prensa. 15 – 4 - 06
El problema con el proyecto del tercer juego de esclusas es que el monto de su inversión es tan monstruoso que no nos podemos equivocar.
Basado en la experiencia, proyectos de esta magnitud son propensos al desastre. Considerando el lado del sobre-costo, nueve de cada diez terminan con muy graves problemas. Noventa por ciento. Si le sumamos a lo anterior los déficit en los ingresos, la figura se torna prontamente tenebrosa. En el caso del tercer juego de esclusas calcular los ingresos se hace muy difícil, ya que hay tantos factores que pueden hacer añicos la mejor bola de cristal.
Ejemplos en otras latitudes los tenemos en la Gran Zanja (Big Ditch) en Boston, la experiencia francesa y británica en el túnel del Canal de la Mancha, el tren transversal de los alpes suizos, el aeropuerto "flotante" de Osaka en Japón y el Puerto Terminal de Kobe. Ustedes recordarán que el fracaso francés en el intento de construir el Canal fueron los extra costos y que el costo para los norteamericanos fue mucho más alto de lo presupuestado. La hidroeléctrica La Fortuna, aquí en Panamá, terminó costando el doble.
Bent Flyvgberg, profesor de planificación del Departamento de Desarrollo de la Universidad de Aalborg, Dinamarca, en su libro Megaproyectos y Riesgos atribuye esta situación a dos razones principales. Una es psicológica, la que guarda relación con el sobre optimismo, que es característica humana en la toma de decisiones. Esto ha sido documentado por científicos. Los humanos generalmente tienen una visión más rosada del futuro de lo que garantiza la experiencia. Los psicólogos la llaman "predisposición cognitiva".
El psicólogo Daniel Kahneman de la Universidad de Princeton se ganó en el año 2002 el Premio Nobel en economía desarrollando esta tesis. La otra, es que detrás de estos grandes proyectos están muchas veces, los intereses de personas que se van a beneficiar, incluyendo ingenieros, arquitectos, los encargados de la planificación, las compañías de construcción, vendedores de equipos, etc.
En el caso del Canal están las compañías navieras, los dueños de la carga, las asociaciones de exportadores e importadores, puertos, etc.
Como estos grandes proyectos toman ocho años y más, los políticos en el poder solo piensan en los beneficios que se van a producir en el tiempo en que están en ejercicio del mismo, aunque no sean ellos los que corten la cinta. Después de dejar el poder dejan de ser responsables del proyecto y, por lo tanto, no tienen razón para preocuparse por su fracaso posterior.
Lo grave de todo esto, es que las consecuencias de ignorar los riesgos no aparecen claras hasta que es muy tarde, y no habrá otra alternativa que la de seguirse endeudando en la esperanza de que se produzca un milagro que salve el proyecto. Entre mayor es la magnitud de la inversión, más graves serán las consecuencias. En el caso del tercer juego de esclusas estamos hablando de miles de millones de dólares.
Por todo lo anterior, es importante que estos proyectos sean sometidos a revisiones independientes. No se puede dar una carta blanca a los que planificaron el proyecto y estuvieron a cargo de los estudios por más credenciales que posean. Los costos y los pronósticos de tránsito deben ser examinados por personas que no tengan un interés especial en el proyecto y la información debe estar disponible al público. Deben celebrarse audiencias públicas para dar la oportunidad a que opinen todos los que puedan hacer contribuciones de valor.
El autor fue subadministrador del Canal.
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