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SORTILEGIOS
No los cumplas feliz
Félix Armando Quirós Tejeira
A quince años de la invasión, todavía no hay una cuenta confiable de los muertos. A pocos les preocupa el asunto. Habría que preguntarse por qué. Tal vez un análisis psicológico podría revelar alguna respuesta, examinando sentimientos de culpas e intentos de negación. ¿Quién sabe? No es mi propósito ahora.
Tal vez el sistema haya cambiado. He visto con sumo recelo las propuestas que se nos han hecho hasta ahora. ¿Los políticos? Han cambiado poco o nada. Y los que lo han hecho, ha sido para peor en la mayoría de los casos. Estos años me han brindado muchas decepciones, que me deben de haber llenado de pesimismo; pero tampoco siento la menor nostalgia. Al fondo, como en la caja de Pandora, todavía está guardada la esperanza.
La Invasión, el tiempo que la precedió y continuó a corto plazo, fueron momentos ominosos y ojalá irrepetibles (aunque sigan ocurriendo en el mundo). No existe ningún motivo convincente que permita argüir que fue inevitable. Nada justifica la operación Causa Justa. A los que justifican causas, atormentan desiertos y ejecutan venganzas no les preocupa más que satisfacer sus propios y obscuros propósitos. No hay nada que me lleve a pensar que no hubo otras salidas. Quizá sus puertas aparecieron menos ornadas entonces. Todavía guardo con rabia la imagen de maquinaria que arrojaba un gran número de bolsas negras a una zanja recién excavada en los predios del Jardín de Paz. Cuando la iniquidad muestra sus garras como el abominable monstruo que es, la impotencia es un sentimiento terrible. La ciudad ha cambiado. El país ha cambiado. El mundo ha cambiado. Nosotros, tal vez. No obstante, nada ha borrado la dolorosa escena. Todavía no sabemos cuántos corrieron la misma suerte. Ojalá algún día lo sepamos con razonable precisión. Panamá lo necesita si quiere empezar a cerrar heridas.
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