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LA GESTIÓN OFICIAL
SESIÓN DEL CONSEJO DE SEGURIDAD, del viernes 10 de enero de 1964.
EL PRESIDENTE: Acabo de recibir una carta del representante permanente de Panamá ante las Naciones Unidas solicitando que se le conceda participar en la consideración de la cuestión que el Consejo tiene ante sí. Si no hay objeción, invitaré al representante de Panamá a que tome asiento a la mesa del Consejo.
.... EL PRESIDENTE: De acuerdo con un pedido del representante de Panamá, el cual ha sido distribuido como documentos 5509, esta sesión del Consejo de Seguridad ha sido convocada para examinar la cuestión que acaba de ser incluida en nuestro orden del día. El primer orador inscrito para hacer uso de la palabra es el representante de Panamá.
.... Sr. BOYD (Panamá): Por instrucciones del Gobierno que preside Don Roberto Chiari, de la República de Panamá, de cuya capital he llegado hace pocas horas, he solicitado esta reunión de emergencia del Consejo de Seguridad a fin de denunciar ante este máximo organismo político de las Naciones Unidas el hecho de que la República de Panamá está siendo víctima de un ataque armado no provocado contra su territorio y su población civil, cometido por las fuerzas armadas de los Estados Unidos de América acantonadas en la Zona del Canal de Panamá, y que semejante ataque ha dejado hasta este momento un saldo de 20 muertos y más de 300 heridos, creando así una situación que pone en peligro la paz en el hemisferio occidental.
Se trata, sin duda alguna, de un acto de agresión de que está siendo víctima Panamá sin que haya mediado acto hostil alguno de parte del Gobierno o del pueblo o de los ciudadanos panameños.
No es éste el primer acto de agresión cometido en los últimos años por los Estados Unidos de América contra la República de Panamá.
El 3 de noviembre de 1959, cuando un número de ciudadanos panameños ordenadamente y en forma pacífica paseaban la bandera nacional por parte del territorio de la Zona del Canal de Panamá, soldados y policías norteamericanos agredieron de manera brutal a los pacíficos manifestantes, y como resultado de tal agresión se produjeron sangrientos incidentes que tuvieron repercusión internacional y dejaron un saldo de más de 80 heridos. Aquí presento al Consejo un legajo con las pruebas de la mencionada gesta.
Los actos de agresión de que en estos momentos es víctima Panamá hicieron crisis en la noche de ayer y han continuado en forma sangrienta durante el día de hoy. Las provocaciones inmediatas que los engendraron fueron iniciadas hace algunos días por parte de estudiantes y ciudadanos norteamericanos que residen en la Zona del Canal y que se conocen con el nombre de "zoneítas" en español o "zonians" en inglés. La población norteamericana de la Zona del Canal de Panamá, formada por estos llamados "zoneítas" o "zonians" se ha caracterizado siempre por su hostilidad hacia la nación y el pueblo panameños, por su intransigencia, por sus prejuicios raciales y por su desprecio no sólo a las costumbres, tradiciones y leyes panameñas, sino a las propias leyes y obligaciones de los Estados Unidos de América cuando éstas no son del agrado de tales "zoneítas", o en alguna forma reconocen, aunque sea levemente, alguno de los legítimos derechos de Panamá en relación con el canal que lleva su nombre.
En virtud de un acuerdo existente sobre la República de Panamá y los Estados Unidos de América, las banderas de ambos países deben flamear conjuntamente en determinados lugares y edificios de la Zona del Canal. Pues bien, los señores "zoneítas" se han dedicado a impedir que tal acuerdo sea cumplido, y ante la pasividad y tolerancia excesiva de las autoridades norteamericanas de la Zona del Canal de Panamá han venido saboteando el cumplimiento de los convenios que establecen que ambas banderas deben ser izadas en la Zona del Canal.
En un gesto de complacencia ilegítima hacia los "zoneítas", el Gobernador norteamericano de la Zona del Canal de Panamá decidió arbitrariamente, o sea, en desconocimiento abierto de los acuerdos establecidos, que no se izara en algunos de los edificios de la Zona del Canal ni la bandera panameña ni la norteamericana. Sin embargo, estudiantes norteamericanos que hacen estudios en escuelas situadas en la Zona del Canal de Panamá decidieron, por sí y ante sí, izar sólo la bandera de los Estados Unidos en dichas escuelas.
Semejante acto de desprecio hacia un acuerdo internacional y de desafío al pueblo y a la nación de Panamá produjo profundo disgusto en la comunidad panameña, y como consecuencia de tal desagrado, ayer, en horas de la tarde, varios estudiantes y ciudadanos panameños optaron por izar la bandera panameña en aquellos lugares en que legalmente debe ser izada.
La respuesta de la policía de la Zona del Canal y de las fuerzas militares acantonadas en dicha Zona fue la de ametrallar a los pacíficos manifestantes panameños, dejando el saldo sangriento que he mencionado. Semejantes actos de asesinato en masa se han repetido durante el día de hoy y continúan. Por las precauciones que ha tomado la Guardia Nacional de Panamá se han evitado desgracias mayores a los norteamericanos que allá residen.
La Zona del Canal de Panamá es una franja de territorio de cinco millas a cada lado del Canal que jamás ha sido vendida, cedida, permutada, arrendada o en forma alguna enajenada a los Estados Unidos de América. Tampoco ha sido objeto, ni podría serlo, de conquista o anexión por parte de estos. Por tanto, Panamá siempre ha mantenido y mantiene su soberanía en tal Zona, en la cual ha concedido ciertos derechos a los Estados Unidos de América, indispensables y limitados para la construcción, mantenimiento, saneamiento y protección de ese servicio público internacional que es el Canal de Panamá.
Sin embargo, desde 1903, año en que se consumó la Convención del Canal ístmico, los Estados Unidos de América se han venido arrogando, gradual y unilateralmente, funciones y prerrogativas que, de acuerdo con los instrumentos contractuales internacionales vigentes, no les corresponden. Por otra parte, el Departamento de Estado ha escuchado con oídos sordos las reclamaciones de Panamá o ha optado por tomar medidas paliativas y engañosas que, en vez de resolver el problema, lo han ido agravando y complicando progresivamente. Como excusa del Departamento de Estado, se da a veces la de que los Estados Unidos no pueden tratar estas cosas bajo presión por parte de Panamá. Y otras veces se alega que debemos esperar para el logro de un nuevo tratado la construcción de un proyecto nuevo para un canal a nivel. En suma: el Gobierno de los Estados Unidos de América nunca ha prestado la debida atención a las reclamaciones panameñas y ha menospreciado los esfuerzos que por largos años han venido haciendo todos los patriotas panameños para reconquistar los legítimos derechos de Panamá con respecto al Canal que lleva su nombre.
A pesar de esto, Panamá siempre ha procedido dentro de los más puros principios de derecho internacional, y a pesar de que tanto la llamada Convención del Canal ístmico de 1903 como casi todos los demás convenios complementales de la misma son un tanto lesivos a Panamá, mi Gobierno los ha cumplido siempre escrupulosamente hasta ahora.
No podemos decir lo mismo de los Estados Unidos de América, pues a pesar de que el Tratado de 1903 fue prácticamente impuesto a Panamá, los Estados Unidos sólo han cumplido aquellas partes del mismo que han tenido a bien cumplir y en la forma como les ha venido en gana, y lo han interpretado en muchos casos —puedo afirmar— unilateralmente.
Así, a pesar de que el Tratado de 1903 establecía claramente que los Estados Unidos debían pagar a Panamá una anualidad de 250.000 dólares en oro, los Estados Unidos se negaron a pagarlos en oro un buen día y manifestaron que a partir de ese momento los pagarían en billetes ya depreciados.
Panamá se negó a recibir tal anualidad y por muchos años dejó de percibirla, hasta que en 1936, por medio de otro Tratado, los Estados Unidos lograron que Panamá aceptara recibir, en vez de 250.000 dólares oro, 430.000 dólares en moneda de papel depreciado.
Esto que doy no es más que un ejemplo de uno de los tantos casos en que los Estados Unidos de América ostensiblemente se han negado a cumplir aquellas cláusulas del Tratado de 1903 que no les convienen en un momento dado; y pensar que ese Canal, por el que Panamá recibe tan exigua anualidad, deja a los Estados Unidos de América una entrada anual bruta de alrededor de 100 millo- nes de dólares!
Todas estas son fuentes de descontento que han ido exacerbando los ánimos.
A toda persona que visita a Panamá, no puede menos que resultar chocante y deprimente ver el contraste de miseria, enfermedades y hambre que se observan en el sector panameño contiguo al Canal y el alto standard de vida de que disfrutan los zoneítas quienes, entre otras cosas, monopolizan el 90% de todos los puestos bien remunerados en el Canal, mientras que los panameños tienen el 90% de aquellos puestos de inferiores salarios.
En vista de todas estas provocaciones hechas a través de los años y que han tenido un estallido en el día de ayer y hoy, los panameños consideramos como héroes nacionales a todos los compatriotas que han perdido la vida en la agresión de ayer y que ha continuado hoy.
Deploramos el derramamiento de sangre, pero sabemos que ello significa la más noble contribución de la nueva generación panameña al logro de las aspiraciones nacionales. América y el mundo así lo han comprendido y así nos han expresado en solidaridad.
La Zona del Canal de Panamá no debe continuar bajo el status presente, que es y será motivo de discordia permanente.
Panamá no puede seguir sometido a tratados inicuos impuestos contra sus intereses y lesivos a su propia vida.
Es imperativo que el status del Canal de Panamá cambie, ya sea que éste se nacionalice, pasando a pertenecer al Estado en cuyo territorio se halla enclavado, o se internacionalice, reconociéndose a Panamá —como ocurre en los canales internacionales—una situación preferencial en relación con el mismo, pues la democracia no se practica ni se enseña a base del desconocimiento de los débiles.
Por eso pedimos la intervención del Consejo de Seguridad y esperamos que no sólo se nos devuelva la paz y la tranquilidad, sino que se busquen soluciones permanentes que garanticen el bienestar y el desarrollo económico de la nación panameña.
Sr. BOYD (Panamá): Panamá ve con beneplácito la proposición formulada por el representante del Brasil y estima que la misma no tiene nada de incompatible con la actuación que en estos momentos lleva a cabo el Comité de Paz de la Organización de las Estados Americanos.
La delegación panameña desea dar las gracias más expresivas a los representantes que han manifestado su simpatía por las víctimas que han caído en esta gesta memorable por la consolidación de la nacionalidad panameña; y al Presidente, en particular, le da las gracias más afectuosas, por la forma decidida y el fino tacto con que ha sabido presentar la cuestión ante el Consejo que dignamente preside, porque es para nosotros, los panameños, un aliciente muy grande el tener un representante de Bolivia al frente del más importante órgano político de las Naciones Unidas en este momento de prueba.
EL PRESIDENTE: No tengo más oradores inscritos. Los representantes conocen y muchos de ellos han dado su apoyo a la sugestión del representante del Brasil en el sentido de autorizar al Presidente del Consejo de Seguridad para que dirija un llamamiento a los Gobiernos de Estados Unidos y de Panamá a fin de que tomen inmediatamente las medidas más convenientes para que cesen el fuego y el derramamiento de sangre.
Si no hay objeción a la propuesta del Brasil, la consideraré aceptada.
EL PRESIDENTE: Me propongo levantar la sesión, pero antes creo interpretar el sentimiento de los representantes del Consejo al expresar la complacencia y el reconocimiento por el elevado espíritu con que los representantes de Panamá y de los Estados Unidos han considerado este asunto.
Al mismo tiempo, también siento viva complacencia en destacar el interés y agradecer la valiosa e importante contribución que los miembros del Consejo han mostrado en este delicado problema, lo cual demuestra que el Consejo de Seguridad en el futuro ha de atender cualquier cuestión que implique una alteración de la paz.
Por último, al levantar la Sesión lo hago en el entendido de que la cuestión planteada por el representante de Panamá continúa sometida a la atención del Consejo de Seguridad.
Se levanta la sesión a las 0.35 horas del sábado 11 de enero de 1964.
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