9 de enero

 

Cronología de la agresión

 

Narración de los sucesos

 

La gestión oficial

 

Iconografía del 9 de enero

 

 

20 de diciembre

 

La invasión de los EEUU a Panamá

de Ricaurte Soler

 

Panamá, 20 de diciembre de 1989 Liberación... o Crimen de guerra?

de Roberto Méndez

 

La invasión de Panamá

de José de Jesús Martínez

(III Al día siguiente)

 

Testimonio: Panamá resiste ataque yanqui, testimonio de Asunción Eliécer Gaitán

 

La invasión de Panamá

Ensayo de Noam Chomsky

 

Resolución de la ONU

 

Bibliografía de la  invasión con portadas

 

Iconografía de la invasión

 

Balance

 

El pacto con la sociedad ¿Por qué no?

de Luis Navas


   

TESTIMONIO

 20 de Diciembre de 1989

 PANAMÁ RESISTE ATAQUE YANQUI

Capitán Asunción Eliécer Gaitán

(Edición de las entrevistas concedidas por el capitán Asunción Eliécer Gaitán al diario español El País y al diario mexicano La Jornada)

Cumpliendo con la responsabilidad militar de defender el país, ante la desaparición del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, salvo honrosas excepciones (los teniente coroneles Daniel Delgado, en San Miguelito, y Virgilio Mirones, que estaba en el Cuartel Central cumpliendo las funciones de jefe de turno) un conjunto de oficiales intermedios; miembros de los Batallones de la Dignidad; y, Voluntarios Civiles tomaron el mando de las operaciones de resistencia durante los actos de Intervención, Agresión, Invasión y Ocupación del territorio panameño por parte del Ejército de los Estados Unidos.

La primera acción del mando emergente la realiza el capitán Gonzalo “Chalo” González, jefe del Batallón Macho de Monte, localizado en Río Hato, quien, en medio de la agresión estadounidense, ordena la evacuación de las instalaciones militares y la movilización para la resistencia. Por esa acción, inicialmente, el bombardeo contra las instalaciones militares panameñas no produce bajas de consideración, aunque sí se logra una considerable destrucción material. “Chalo”moviliza al “Batallón Especial Los Pumas” de Tocumen, creado para responsabilizarse de la operación del Canal en el año 2000, y se reúne y coordina al personal de la Unidad Especial Anti-Terror (UESAT), ubicada en Panamá Viejo, que se encontraba al mando del capitán Garrido.

El resto del mando emergente, había emplazado una unidad pequeña, fracción de las Fuerzas Especiales, con antitanques, al área sur de uno de los puentes de Tocumen, en la carretera hacia el Aeropuerto Internacional, cuando se inicia el bombardeo del ejército estadounidense. Allí, en Tocumen, se realiza el primer choque entre las tropas yanquis y “Los Pumas” de Tocumen, apoyados por comandos especiales, miembros de los Batallones de la Dignidad y voluntarios civiles. Los panameños enfrentan el desembarco de paracaidistas de la 82 División del ejército estadounidense con armas antiaéreas y ametralladoras 12.5.

Ante la resistencia de los combatientes panameños, el ejército estadounidense desplaza su asalto de paracaidistas hacia el norte; y concentran allí sus fuerzas. Después de ese primer enfrentamiento, un conjunto de combatientes se desplaza al área de Panamá Viejo, al Cuartel de la Unidad Especial Anti-Terror (UESAT), al mando del capitán Garrido, quien había abandonado el Cuartel para iniciar la resistencia, mediante una defensa móvil con ametralladoras antiaéreas de tiro horizontal, orientadas hacia la costa. Garrido y los comandos a su cargo enfrentaron el desembarco y el ataque de los helicóptero Black Hawk que tenían funciones similares a las de Vietnam. La resistencia y los combates se extienden durante toda la noche e impiden que el ejército estadounidense avance. Esa noche atacan con fuego masivo y, simultáneamente, en algunos puntos. Los aviones ejecutan una acción de bombardeo aéreo en apoyo de un desembarco anfibio de paracaidistas. El fuego aéreo masivo les sirve de escudo ante el ataque de los panameños.

A lo largo de la madrugada, el ejército estadounidense mantuvo el fuego aéreo y extendió el tiempo del desembarco anfibio, que se estaba empantanando ante la resistencia que la UESAT hace desde la costa. Es decir, el desembarco se complementa con el fuego aéreo y el apoyo de los helicópteros Cobra y Black Hawk: como no se pueden tomar el lugar, deciden destruirlo. Los combates fueron encarnizados y las fuerzas anfibias estadounidenses no habrían podido culminar con éxito el desembarco, sin el aplastante apoyo del fuego aéreo de los helicópteros.

PAITILLA

El día 20, en horas de la noche, los comandos especiales panameños emplazaron francotiradores en el Aeropuerto de Paitilla, en apoyo a las unidades que defendían los hangares militares. En Paitilla se logró frenar el avance de las unidades SEALS (sea, air, land) que estaban desembarcando en forma de anfibios. En el primer contacto, los panameños le causan 18 bajas entre muertos y heridos al ejército estadounidense. Además, se logra neutralizar un helicóptero. Esto hace que se detenga el desembarco y el ataque terrestre e inicie el bombardeo masivo en el área del cuartel de Paitilla.

Al final, para tomarse el lugar fue necesario que intervinieran en ayuda de la Fuerza Especial SEAL, helicópteros Apache que obligaron, con un incesante fuego aéreo y superioridad numérica, a los comandos que sobreviven el ataque, a replegarse y abandonar el área, para desarrollar operaciones planificadas en el área de la embajada estadounidense y otras áreas de la Ciudad de Panamá.

 

AVENIDA BALBOA

En la Avenida Balboa, alrededor de las 3 de la mañana, un comando panameño de seis hombres, con un RPG-18 y un RPG-7, atacan con armas automáticas y armas antitanques las instalaciones de la embajada estadounidense, ubicada en la Avenida Balboa y que era defendida por un pelotón de 30 a 50 marines, apoyados por blindados y unidades de la Policía Militar. Cuando el comando ataca, con armas automáticas, las instalaciones de la Embajada de los Estados Unidos, los miembros del ejército estadounidense ofrecen resistencia, pero no logran evitar que sean alcanzados e incendiados los Blindados. El ataque del comando panameño provoca que las unidades estadounidense se replieguen hacia la costa, y le dejen el trabajo y la confrontación a las unidades aéreas y el fuego aéreo masivo. Esto evita el contacto directo entre las unidades del ejército estadounidense y el comando panameño, que había causado un número indeterminado de bajas, por lo que se decide el repliegue, en contra de la voluntad de algunas de las unidades que querían interrumpir el ataque y tomarse la Embajada. El Comando panameño se moviliza entonces hacia el sector de Santa Ana y Calidonia, en camino al Cuartel Central, para apoyar a otros combatientes en el Barrio de El Chorrillo. 

Pero también, el día 20 de diciembre, el comando recoge a seis chiquitas que querían combatir pero no tenían armas. Por lo que se les proporcionan armas y se les enseña su manejo. Así aprendieron a utilizar hasta una RPG-7. Estas chiquitas se exponían en serio. Decían que no querían que cuando sus hijos crecieran dijeran: “Nos invadieron y mataron y mi mamá se quedó como si nada”. De las seis, sólo quedaron con vida dos. Las otras cuatro murieron en combate.

 Muchachas y muchachos con una mentalidad de desprecio total por la vida. A cambio de defender su Patria hacían cosas que iban más allá de las órdenes que recibían, como ocurrió con “Hormiga”, un muchacho a quien apodaron así porque era muy trabajador. 

“Hormiga”, apostado por órdenes del jefe del comando en la azotea de un edificio de cuatro pisos, frente a la Avenida Balboa, donde está la Bahía de Panamá (cerca de la embajada estadounidense), esperaba el paso de un blindado que hacía un recorrido desde Punta Paitilla a la embajada estadounidense, mientras otro miembro del comando preparaba la bicicleta en la que debía huir tras atacar el blindado. Pero antes del paso del blindado se escuchó el ruido de un helicóptero acercarse por la Bahía de Panamá e inmediatamente después un cohetazo de RPG-7 y el estruendo del impacto de la nave cayendo ahí mismo, pegado al malecón de la Avenida Balboa. El muchacho se tira y cae prácticamente al lado mío. Le digo: “¡Coño!, no esperaste al blindado”. “Jefe”, me responde, “ese helicóptero me pasó enfrente y no iba a perder la oportunidad de tirarlo esperando a un blindado”. Entonces se escucha el fuerte enfrentamiento por parte de los Macho de Monte y los bombarderos estadounidenses. Era un enfrentamiento desigual, entre armas ligeras y livianas contra helicópteros y aviones que lanzaban bombas de 200 libras. 

Al amanecer se hizo un primer balance, donde se estableció que el ejército estadounidense hizo un anillo en forma de ocho alrededor de la Ciudad de Panamá, pero todavía no había avanzado más allá de Tocumen. Ante eso, se tomó la decisión de moverse poco y mantener las posiciones durante el día, para tratar de atacar el perímetro del cerco y abrir una brecha para desplazarse hacia las afueras de la Ciudad de Panamá y continuar la resistencia. 

Durante el día establecimos la manera de desplazarnos en bicicleta, a pie, mezclados entre los que estaban saqueando la Ciudad de Panamá, para visualizar el perímetro estadounidense y los objetivos que serían atacados durante la noche. Fue así que en horas de la noche del 20 de diciembre atacamos Quarry Heights, el Cuartel Central del Comando Sur de los Estados Unidos. 

Ese día, alrededor de las 2 de la tarde, Chalo González, con unidades de los Macho de Monte, ataca el perímetro más avanzado de tierra del ejército estadounidense, que estaba ubicado cerca dela Universidad de Panamá, en la Avenida Nacional. Ahí se destruyeron dos blindados estadounidenses. Y por la noche se hace un ataque al Cuartel Central panameño que estaba tomado por los yanquis. Este ataque se ejecuta más por enojo que por una cuestión militar. 

Las unidades del comando especial expresaron un enojo al enterarse, pro medio de un médico que comandaba las unidades de rescate de heridos, que el ejército estadounidense disparaba contra las ambulancias panameñas que trataban de recoger los heridos agonizantes, entre los que había población civil inocente del Barrio de El Chorrillo. Es entonces cuando se decide contraatacar con treinta hombres al Cuartel Central y los blindados que el ejército estadounidense había metido al cuartel.

 

QUARRY HEIGHTS

La noche del 20 de diciembre, desde el patio del Instituto Nacional, hicimos un segundo ataque con fuego de mortero de 82 milímetros y RPG-7, al área de Quarry Heights. En el operativo sólo participaron ocho hombres. El ataque no fue difícil, porque en esta área existía una casa de seguridad, un depósito, con armamentos que pertenecía a las Fuerzas Especiales con mandos clandestinos. El armamento se encontraba en un sitio ubicado detrás del Ancon Inn, ubicado en la Avenida de los Mártires. Allí se recogieron los tiros, la munición y los tubos. Existían casas y depósitos en distintas partes de la Ciudad de Panamá, con miras a enfrentar una situación como la que estábamos viviendo.

 Luego, entre la Pizzería Nápoli, que se encuentra a un costado del Ancon Inn y desde el patio del  Instituto Nacional, se bombardeó Quarry Heights. El bombardeo fue exitoso porque se hizo con mucha precisión: anteriormente se había hecho el estudio y el trabajo de reglaje, por lo que hubo tiempo hasta de hacer las correcciones luego de los dos primeros disparos, que son los previos para ubicar el blanco. Se colocó una de las unidades de observación más avanzada en uno de los edificios más cercanos al blanco, en el Barrio de El Chorrillo. 

Esta unidad del comando hacía las veces de correctos de tiro: veía el impacto y hacía las correcciones. Después de los dos primeros disparos, el resto de los seis proyectiles cayeron con mucha precisión sobre las instalaciones.

Claro, era un ataque simbólico al corazón del enemigo, porque en realidad el ejército estadounidense tenía un sistema subterráneo, así que el comando estaba dentro del Cerro Ancón. El daño que se hizo fue más bien a las instalaciones de superficie, pero era un de las respuestas a la violación que los estadounidenses estaban haciendo en Panamá de los Tratados de Ginebra y en contra de las víctimas y heridos panameños. 

En su contraataque, el ejército estadounidense arrasó el Barrio de El Chorrillo con una acción de fuego coheteril masivo desde helicópteros Cobra y Black Hawk. Las unidades aéreas bombardearon toda el área. El ataque aéreo produjo el incendio del populoso Barrio de El Chorrillo: tampoco, entonces, el ejército estadounidense permitió el paso de las ambulancias a recoger heridos y muertos.

   

 


                                  

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