|
NO PERDONO, PAÍS
Moravia Ochoa
«No perdono a la muerte ni a la nada»
Miguel Hernández
No perdono, país, al que te enfrenta,
al que te enfrenta no le doy prestado
ni le regalo, ni me paro al lado
porque para llegar a ti me he levantado
del horror de tu cuerpo difamado
de la fosa común donde has estado,
no perdono , país, tú me has costado
parir mis pies para empezar lo andado
parir un mar para salvar lo ahogado
parir más pasos para vuelos nuevos,
me has costado levantar la frente
por todo aquello que quedó humillado,
tú me has hecho la voz, el brazo amado,
tú me has costado alzarte de la afrenta,
pesa la muerte, pesa la tormenta,
no le acepto razón al solapado,
no le acepto yo a nadie desvergüenza,
al traidor yo lo quiero fusilado,
al que te negoció (por descarado
a ese traidor lo quiero arrollado),
al que te subastó sin preguntarse
cuánto duelen los ríos de la sangre,
a ese gusano habría que aplastarlo
a ese bribón habría que quebrarlo
porque para llegar a ti me he levantado
del dolor de tu cuerpo torturado,
no perdono, país, tú me has costado
mi modo de pararme y de enfrentarme,
reconstruirme acaso y componerme,
resucitada vengo del dolor
donde la carne se nos vuelve cárcel;
no perdono, no puedo, no perdono
no mejillas, no yankis, no contrastes,
tú me has costado mucho hasta encontrarme
de nuevo en mí para reconciliarme,
con quién, dime, con quién reconciliarse,
no accedo al reto del perdón cobarde,
con qué moral el que mató a tu hermano
hace casa en tu casa,
justicia es la palabra avasallante,
justicia es la palabra que nos cabe,
que aquí el perdón, señores, no nos sale,
nosotros sí, justicia, por los muertos,
para los combatientes insurrectos,
respeto para Juana y para Humberto
justicia, sí, señores, para ellos
que por tener honor son siempre nuestros,
no se diga perdón, reconciliable,
con las mil bestias sueltas y al ataque
andando como amos por las calles;
no accedo uña a la reconstrucción,
ni ladrillo ni arena
con quienes diseñaron los cadáveres,
la destrucción, el odio, los incendios,
el simultáneo ataque,
el rumbo de los cohetes infernales.
Mira, mi patria: yo perdono el trueno,
los ríos que se salen de sus cauces,
los terremotos, las enfermedades,
los tíos que se mueren y los martes
que se van en un día de septiembre,
yo perdono al amor que despiadado
un día sin decirnos nos olvida,
yo perdono sequías y hasta a veces
la tierra grave nos parece bella,
yo perdono aguaceros torrenciales,
yo puedo perdonar ese dolor
que causan a la gente los que mueren
en la vía de un tren inacabable;
yo puedo perdonar que la vida no sea
del todo justa, consecuente,
mas el horror planificado, la tragedia
pagada y programada no es posible salvarla
de mi terrible y humana falta de caridad
cuando pedimos, por cada vida del hermano, cuenta,
no perdono, país, yo no perdono,
yanki es sinónimo de horror,
peligro de exterminio para un pueblo que sueña
conocer frente a frente
la cara de la paz.
Mira, mi patria: vamos a atrincheramos,
bandera al hombro como un gran fusil,
no perdonar la afrenta del bastardo,
no perdonar la afrenta y la osadía,
del usurero que tiró sus perros
y aquí están todavía.
Mira, patria, vamos a atrincherarnos
a hallar el sol para los nuevos días.
|