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DIMINUTO PAÍS DE GIGANTES CRÍMENES
Manuel Orestes Nieto
1.
Llegaron en hordas, llegaron muchos,
llegaron para llegar,
para robárselo todo.
Llegaron para robarse el aire, el agua, los pájaros.
Llegaron para desalojar, para tirar de lado,
para quedarse con la tierra,
para abrir el foso,
la grieta,
la hendidura.
Llegaron de noche, como cuatreros, encapuchados,
con sus guerreras, sus naves,
sus reactores, sus arcabuces.
Llegaron imperiales a partirlo todo:
los matorrales, el manglar,
el polvo,
el bambú, la ladera.
Borrachos, violadores, magnánimos, brutales.
Partieron la luz.
Partieron la vida.
Partieron la yerba.
Partieron el río, la piedra, la corteza
Partieron el calor.
Llegaron para llegar, para no irse.
Llegaron llegando.
Se pusieron a cavar, a sangrar el camino,
el paso,
a dinamitar la entraña, a volar los peces,
a desmantelar el bosque,
a armar la empalizada,
a construir la cerca.
2.
La cerca:
como esos rediles donde los lobos
se enroscan para construir las mordidas
y el odio,
como cavernas donde ni la tristeza tiene cabida
y sólo hay un tramar de complicidades
y amargos sueños,
como esos pasillos de muerte,
como la muerte por los pasillos de edificios blancos.
La cerca:
de aquel lado no se permite, dicen:
de aquel lado, entre la alambrada y el miedo,
entre el alambre, las púas,
ingenieros de concreto
que trituraron la dicha bajo un juego de esclusas,
entre enormes letreros
donde la patria se detiene con la boca abierta
y el estómago cortado.
La cerca:
donde está climatizado hasta el aliento.
Donde las hordas salen a tomar el sol,
a jugar béisbol en el césped,
tomar cerveza en lata
fumar marihuana bajo las alcantarillas.
La cerca:
para cercar el territorio, las millas,
el pedazo de asalto,
la cerca firme de la invasión,
del dominio,
de las legiones de desembarco,
de la pequeña colonia,
del importante tránsito,
del maravilloso canal.
La cerca plateada mientras cae el sol
en occidente
y el mar se tiñe de rojo
como confirmación de la rapiña.
3.
Allí están a toda hora,
como en un concilio permanente de ruina
y desastres.
Allí están planificadores del dolor,
embotelladores de alucinaciones,
especialistas de la corrosión,
traficantes de espejismos.
Allí, sumergidos en botellas de wisky,
mientras programan babeándose
un nuevo genocidio.
Allí están todas la legiones
saliendo de sus madrigueras, de sus escondites,
entrenándose en los matorrales,
corriendo por las playas,
arrastrándose por los cerros,
purificando la embestida,
el zarpazo,
la desgracia.
4.
Así nos tiraron, nos echaron fuera,
agrimensores de ignominias y pesadumbres,
peritos del desalojo,
desalojaron,
dieron de empellones,
dieron de codazos,
tomaron posesión del lugar, del sitio,
de la plaza exacta.
Así levantaron sus cuarteles,
izaron sus banderas,
colgaron sus estandartes,
sembraron sus cruces.
Así crearon la fortaleza,
la zona impenetrable,
la caballeriza digna.
Así rieron, se rascaron de júbilo,
entre música de jazz,
salvas de cañones
y salmos de guerra.
Así,
el angosto país,
el camino tomado,
la alegría tomada,
los hombres y la ternura tomada.
Así la patria bocarriba con el ombligo hueco.
Así el dolor,
así una lágrima maldita,
así los piratas, los carabineros, los generales,
el gran corsario entrando en la ciudad
y ordenando el exterminio.
Así, invadidos por la invasión.
Así los bárbaros montados en satélites,
las hordas camino de la luna,
así el odio
la huella fresca,
la marea abochornada,
la historia de cuclillas.
5.
Para quererte no basta decirlo.
Sino quererte.
País que te pisan,
país que te violan,
país que te matan,
país que te doblan por el vientre.
Diminuto país de gigantes crímenes.
Para quererte el único camino
es quererte;
país que resistes, que te desgañitas,
país para dolernos, para no esperar,
país para olfatear el presente,
para cerrar los puños,
país para crujir,
para decir basta,
para enfrentar la horda,
país para tirar la cerca,
para condenar a los asesinos,
para quemar al verdugo,
país para expulsar las legiones
y sepultar el imperio.
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