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CON GENUINA RESIGNACIÓN
Félix Armando Quirós Tejeira
Ninguno de los que vivimos en este lugar, sabe con certeza de qué conspicua cabeza nació la idea de combatir militarmente la pobreza ni por qué se demoraron tanto para iniciar la aplicación del plan; pero está dando resultado y cada vez somos menos los pobres. Lo que ocurriera en El Chorrillo durante una madrugada hace más de medio siglo, y que para unos fue parte necesaria de lo que los libros de historia que usamos en el colegio, llaman la gran liberación, tiene algo que ver; pero eso no pasa de ser una mera suposición.
Abuelito, que ya no legisla mucho con el coco ni vivió nunca en El Chorrillo, nos cuenta a los doce hermanos que somos, que aquella cosa fue toda una sensación y que desde toda la ciudad se podía observar cómo las gotas de fuego salpicaban el cielo. Igualito que la semana pasada, cuando ardió la barraca de atrás y se quedó un montón de gente llorando por la calle. Pero no alcanzo a creerle del todo que haya sido así, porque dice que hubo más de uno que craneó que el acontecimiento se repitiera anualmente debido a la euforia que produjo. Sin embargo, los comerciantes se pusieron en contra porque no tenían los fondos requeridos para soportar los saqueos que inevitablemente se producirían y la propuesta fracasó. Al final, se acordó un plan semanal de soluciones que ha subsistido a través de los años.
Supongo que también tendría que ver con unos maridos furiosos y lo que abuelita murmura sobre unos bebés que antes se fabricaban en las tanquetas para los tiempos de Navidad; pero mamá nunca la deja terminarnos la historia y abuelito ríe porque mi hermana mayor hace comentario sobre lo que hacen papá y mamá casi todas las noches en el cuarto en el que dormimos los dieciséis. Esas cosas no las entiendo, como tampoco entiendo por qué si los resultados son tan buenos como dicen el plan se haya demorado tanto en comenzar. Si hubiese llevado la secuencia debida, es posible que ya no fuéramos tan pobres, porque somos muy pobres y tenemos que turnarnos para ver a quiénes les toca desayunar, a quiénes almorzar y a quiénes cenar.
Mamá prefiere cocinar los tres golpes para soñar que estamos mejor; aunque en ocasiones a unos les toca esperar hasta el día siguiente. A veces a todos. Entonces, nos dan dos pedazos de pan, que ajuntamos y nos comemos con los ojos cerrados para imaginar que tiene algo sustancioso adentro. Nos la pasamos hambreados. Sólo mamá se salva, porque como está barrigona tiene derecho a fiambre todos los días.
Abuelito, como siempre, les echa la culpa a los gringos y desea que les caiga la peste por tener al mundo plagado de infortunios, porque nunca nos quisieron soltar la plata y porque encerraron a su hermana Cresencia en una tanqueta. La cuestión es que por causa de los gringos el plan no empezó puntual y lo que sí empieza de una vez es la discusión con abuelita, que sale en defensa de los gringos y critica a los nuestros porque jamás destinaron al plan una partida presupuestaria y sólo se asentaron a esperar que los dólares llovieran. La verdad es que en este lugar, donde somos tan pobres, solamente llovieron los dolores. Papá interrumpe bruscamente el argumento, mandándolos a que hagan con los gringos las cosas que mamá le hace cuando creen que estamos dormidos.
Esto es lo que siempre pasa y en esto pienso siempre cuando nos formamos los lunes en el patio del colegio y el sol nos mortifica más que la pobreza. Sobre todo, porque este lunes será como tanto otro que termina con un zumbido lejano y conjeturas sobre quiénes pudieron ser los afortunados, los que jugaron vivo. Sin embargo, todavía no hemos escuchado el zumbido y la esperanza no la consideramos perdida. Puede que se haga el milagrito y no tengamos que cargar más con la pobreza.
Abuelito asegura que ni siquiera el piloto tiene un plan definido, por lo que todos tenemos la misma oportunidad. Así, mientras el avión sobrevuela la ciudad, su piloto examina posibilidades, decide y regresa. Los afortunados podemos, entonces, distinguir el emblema salvador pintado en las alas del avión, la poderosa estrella que nos revela que éste será un lunes diferente. Hoy hemos sido elegidos. Recibimos a nuestros redentores con genuina resignación. La portezuela se abre igualito que en las películas del año de la piña, que ojalá la estén colando a fuego lento, y el zumbido que todos los otros lunes nos ha resultado lejano y ajeno ahora lo sentimos cerquitita, tan cerquitita que nos envuelve en la firme convicción de que cuando se haga de noche ya no seremos tan pobres.
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