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LA CERCA LIMÍTROFE:
UN ESPACIO DE NEGOCIACIÓN, RESISTENCIA E IDENTIDAD NACIONAL
Damaris E. Serrano G.
(ABD) Michigan State University
En el corpus de la literatura panameña, la ciudad siempre ha sido el espacio del flanêur. Las imágenes del mar y el territorio conforman un reclamo de identidad nacional y de recuperación de la memoria. Los poetas y artistas panameños han cantado el Istmo y su identidad a través de sus espacios, no sólo como un modo de amor y pertenencia, sino para denunciar el confinamiento, el exilio, la lucha por la soberanía y el intervencionismo militar de la potencia extranjera. Aún hoy, los espacios geoculturales presentes en la literatura panameña atestiguan la resistencia a la aculturación, a la globalización que supedita al Estado nacional a la modernización y a la neocolonización por el consumo. De esta manera, los espacios poéticos son un modo de apropiación y de autorreconocimiento.
De todos estos espacios, el de la cerca que limitaba la Zona del Canal con el resto del territorio panameño, fijó en la conciencia colectiva del ciudadano panameño imaginarios superpuestos o en yuxtaposición social, política y económica trazados por el “No trespassing” del gobierno zoneíta. Panamá, ciudad cercada constituía no solo un dolor nacional, sino un reto.
Y fue Enero en la cerca…
La cerca alcanzó grados de verdadero dramatismo y se convirtió en contexto espacial vinculado a la soberanía de la República de Panamá. En el año de 1964, el 9 de Enero, la cerca y la ciudad entera se convirtieron en el escenario del enfrentamiento y la violencia, cuando los estudiantes del Instituto Nacional, fueron repelidos con fuego, golpes y vejaciones, al haber intentado, en marcha pacífica, izar la bandera panameña frente a Balboa High School. Los hechos que se desencadenaron a partir del 9 de Enero de 1964, tenían un precedente de tensiones que se remontaban a la Siembra de banderas del 2 de mayo de 1958, la marcha pacífica el 3 de noviembre de 1959 y el incumplimiento de enarbolar la bandera panameña en el Triángulo Shaler –pese autorización del presidente Dwight Eisenhower, en septiembre de 1960—. Según Pizzurno Gelós y Araúz, los periódicos de la época describen la cerca como zona de batalla. En 1959:
De este modo, a decir de El Panamá América se originó “el primer choque serio donde ambos bandos se atacaron con toletes, palos, piedras y chorros de agua lanzados por las dotaciones de bomberos zoneítas. Los estudiantes se atrincheraron y respondieron a la policía zoneíta apedreándola. Los grupos de jóvenes persistieron en su intento de introducirse en la Zona y la lucha por lograr su cometido se generalizó a lo largo del límite. Las escenas, de forcejeos por clavar las banderas panameñas se repetían sucesivamente en medio de disparos, el humo de las bombas lacrimógenas y los chorros de agua lanzados para contener a la multitud” (En: Estudios sobre el Panamá Republicano (1903-1989), 438, énfasis).
En un territorio al que el gobierno estadounidense le reconocía tan solo la “soberanía titular”, la cerca y la avenida limítrofe –que simbólicamente tenía dos nombres: Avenida 4 de Julio y, después del 64, “Avenida de los Mártires”— resultaban sitios de defensa de la nacionalidad: “Este estado de cosas se hizo aún más grave cuando poco después del mediodía llegaron al teatro de los acontecimientos en la Avenida 4 de Julio, soldados del Ejército de los Estados Unidos, tropas de infantería y un batallón de paracaidistas con despliegue de ametralladoras, bazookas y bayonetas caladas. No obstante el pueblo panameño volvió a colocar banderas en la Zona del Canal, si bien fue dispersado con tiros de revólver” (438).
Esta lucha ha sido reconocida como la real búsqueda de la independencia nacional, y se libró en este espacio contestatario de la cerca. En 1964, tras la insistencia de desarmados ciudadanos panameños que anhelaban ver izada la bandera, el conflicto traspasó la cerca y “la agresión norteamericana no se circunscribió al límite de la Zona del Canal, sino que las descargas de fusilería y las ráfagas de ametralladoras alcanzaron puntos comprendidos dentro de la jurisdicción de la República. […] En total, las víctimas panameñas de la represión norteamericana en las ciudades de Panamá y Colón sumaron 21 muertos y más de 400 heridos” (466).
La ruptura de relaciones entre Panamá y los Estados Unidos marcó una nueva etapa en las negociaciones entre ambos países. Según muchos, a lo largo de la vida republicana, la independencia incruenta de 1903 se convirtió en un lastre que desencadenaría hechos cruentos. A lo largo de estos años de lucha por la soberanía, la cerca se erigió siempre como espacio protagónico y contestatario.
El área colindante, y la alambrada en sí, está documentada como espacio de lucha en textos artísticos de toda clase. Uno de los más famosos es la fotografía de Emilio Casteluz llamada “Saltando la cerca”, donde aparece un estudiante uniformado que trata de cruzar el límite para izar nuestra bandera. En la literatura panameña (poesía, cuento,…) aparecen escenas que describen nítidamente esta imagen icónica. En el cuento de Bertalicia Peralta, "Muerto en Enero", el lector presencia como en un fundido cinematográfico el momento en que intentan izar la bandera en los postes de la cerca limítrofe. Allí, un dirigente herido ve desvanecerse, “en lo alto del poste de luz que da para la zona del canal a los otros trepados con su banderón amarrándola allá arriba, bien alta, bien firme, se veía chiquitita y no se distinguían los colores, se veía cada vez más y más chiquita” (18).
También en "Dos poemas" (1964) Bertalicia Peralta denuncia cómo la calle paralela a la cerca se convirtió en “La Avenida de los Mártires”:
Porque tus leyes tienen huella de metralla
y te ha nacido hoy una Avenida de los Mártires.
Y el corazón te fue bifurcado por un largo convoy
de soldados armados, para detener tu furia y tu venganza.
(106-7).
En el corpus panameño, esta línea fronteriza se erigió en símbolo de la nacionalidad y, hasta el final, con la transferencia del Canal de Panamá, fue símbolo del imperio al que se dirigía el desafío, así como pulso emocional con el que cada panameño podía medir su conexión con el sentir no ya de ciudadano, sino de hombre. Esto queda claro en la voz de Dimas Lidio Pitty en Poesía joven de Panamá (1971):
Tú
mi yo
cruza la cerca y corre
detrás de esa alambrada está la muerte
captúrala y rómpele el pescuezo
Luego podrás irte a acostar con tu mujer
y vivir
o morir o no hacer nada.
(“In the Canal Zone”, Memorias del silencio, 1965: 62, énfasis).
Al momento de la transferencia del Canal de Panamá (1999), este mismo poeta recoge en una décima la trayectoria de esa larga batalla librada a lo largo de la cerca:
[…]
2
Dos enseñas saludaban
el paso de los navíos
y nuestras selvas y ríos
botas extrañas hollaban.
Cuando los gringos hablaban
su dura lengua extranjera,
el obrero echaba fuera
su desprecio, aunque callaba,
y a su patria la soñaba
BAJO UNA SOLA BANDERA.
3
Las ciudades terminales,
al paso de los bajeles,
fueron bares y burdeles
con ribetes coloniales.
Marinos y generales
deambulaban por doquiera
y en su jerga bucanera
injuriaban al nativo,
por ser digno, no cautivo,
BAJO UNA SOLA BANDERA.
[…]
5
Pero los tiempos cambiaron,
el mundo era diferente
y el patriota y el valiente
al imperio desafiaron.
Los mártires ofrendaron
su sangre en esa trinchera
de la patria; y la primera
fue de Ascanio, el estudiante,
puro patriota radiante
BAJO UNA SOLA BANDERA
6
Cuando Carter y Torrijos
suscribieron los tratados,
tuvieron sus días contados
los zonians, a plazos fijos.
Y por eso nuestros hijos
vivirán la Nueva Era
de una patria sin frontera
interior (y soberana),
que camina hacia el mañana
BAJO UNA SOLA BANDERA.
Panamá, agosto de 1999
Apropiación y negociación:
Desde que se erigiera la cerca, esta se convirtió en una línea divisoria no sólo política, sino económica, cuya materialidad influyó en la conformación de la subjetividad del ser panameño. Panamá estaba impedida para insertarse completamente en la modernización económica, porque la cerca dividía la zona comercial de tránsito del resto del país y excluía al sujeto panameño de un desarrollo humano total.
Alguna vez, y quizás aún hoy, los ambientes contrastados de la Zona del Canal y del barrio limítrofe del Chorrillo dibujaron el desigual perfil de la ciudad, visto desde los años de la niñez. Para la conciencia de esos niños que crecieron a la sombra de la cerca, esta era un reto…y también una aventura. Héctor Collado, poeta que vivía en el barrio de El Chorrillo , utiliza una mirada casi cinematográfica para documentar esta situación de voyeur y aventurero, que seguramente vivieron los niños panameños que desde este lado de la cerca o límite, y desde su carencia, atisbaban los bienes y la prosperidad económica del enclave. En el poemario En casa de la madre, Premio Miró en poesía 1990, Collado cuenta la experiencia:
Alguna vez ejercí de astrónomo
y bajé a la playa con mi estrella en el bolsillo
...
Allí,
a pie descalzo,
coseché mangos
y cangrejos
y problemas...
Y disparé contra aviones
y barcos y soldados...apoyado por la columna de versos
de la Avenida de los Poetas,
las manos y el alma llenas
de mangos y de anhelos.
(36).
En el tono del poema de Collado se trasluce la experiencia de la juventud. La cerca es el punto para-mirar-al-Otro y desafiarlo con este juego simbólico de querer apropiarse de “los mangos y anhelos”, los que a su vez representan un espacio negado, un territorio cuyos bienes no pueden disfrutar ni este sujeto niño ni la nación panameña.
El sujeto que atestigua la condición del ciudadano en el panorama ‘oficial’ de la patria es primeramente el niño que ve “la línea verde del fuerte Amador / llena de misterios y suculentos mangos”. Y de allí comienza la crítica: en el horizonte donde aparecen las palmeras y la vista no alcanza, se puede ver claramente “la bahía abierta desnuda / de brazos y piernas al mundo”. Este otro poema de Collado llamado “Presentimiento (Paseo)” alude al usufructo de la franja canalera no para beneficio del mundo, sino de la potencia que construyó el Canal. El lenguaje –“abierta de piernas”—denuncia la explotación, al convertir a Panamá en espacio ‘sexualizado’, que se toma y se asalta. Paradójicamente se duele de este destino, al hablar del atractivo de la cerca / horizonte.
Manuel Orestes Nieto también describe el proceso de ocupación simbolizado en la cerca, el cual no sólo representa una violación a la soberanía, sino la explotación de los recursos naturales, en Diminuto país de gigantes crímenes (1976):
Llegaron para desalojar, para tirar de lado,
para quedarse con la tierra,
para abrir el foso
la grieta,
la hendidura.
(1, 105).
Lo que el texto anterior cuenta, como una película dolorosa, se discute hoy en el mundo de los negocios y la economía global. En "Sites of Resistance in the Global Economy" Masao Miyoshi explica la expansión actual de las corporaciones transnacionales y la contratación de la mano de obra a precios irrisorios. Dicha expansión de los mercados dependerá de hasta qué punto las ‘naciones-Estado’ democráticas e independientes (énfasis añadido) plieguen sus leyes a favor de las transnacionales y los imperios. Varios de los factores de lo que hoy se llama “industrialización transnacional” empezaron a darse en la franja del Istmo panameño, desde antes que se pactara la República, y continuaron después, hasta preparar las condiciones para los tratados de ‘libre comercio’ actuales:
Industrial transnationalisation was a function of the post war high-tech revolution in automation, synthetic chemistry, electronics, and, of course computerized information, communication, transportation, and manufacture. In the half century since, global linkage has become unprecedentedly efficient. Temporal and spatial compression is an indisputable reality now. Capital can move freely in time and space as long as the target area guarantees: (1) stable political structure (often meaning dictatorship); (2) viable labour condition (that is, cheaply trained or trainable labour conditions plus the absence of unionism, feminism, and human rights); (3) reasonable infraestructure; (4) lower taxes rates (favoured treatment by the host governments); (5) indifference to the environment (Miyoshi 50).
Con la inserción en nuestro territorio de una empresa como la del Canal se favorecieron, de hecho, varias de las anteriores condiciones. Podría aseverarse, quizás, que el Tratado de Wisconsin, firmado entre liberales y conservadores para terminar la Guerra de los Mil Días, fue un precedente de los tratados modernos, que tienden a allanarle el camino a las transnacionales. Igual que hoy, cuando el Tratado de Libre Comercio pretende desmantelar la soberanía nacional del Estado, ya que la financiera cedió a las imposiciones extranjeras, hace mucho; en aquel entonces, se necesitaba “paz” para continuar la construcción del Canal, iniciada por los franceses. Y el costo fue comprometer los ideales de la nación.
Y es lo que reitera la voz poética, en la obra de Manuel Orestes Nieto. Ante la cerca, “la patria se detiene con la boca abierta / y el estómago cortado” (ibid 2,106) y se establece “la pequeña colonia”: el precio de la patria para que funcione “el maravilloso canal” (Diminuto país de gigantes crímenes 2, 107):
Para cercar el territorio, las millas,
el pedazo de asalto,
la cerca firme de la invasión,
del dominio,
de las legiones de desembarco,
de la pequeña colonia,
del importante tránsito,
del maravilloso canal.
La cerca permitía contrastar claramente los imaginarios del poderoso país ocupante frente al ambiente vital de la ciudad ocupada: “Pareciera que estas calles no las habita nadie / esto es devastador y deprimente / como la copia cinematográfica de un pueblo fantasma […] cada bocado de comida / sale de máquinas de servicio”. La cerca también hizo evidente la militarización del territorio, con la presencia de “cuarteles cercados en un no trespassing interminable” (“Estas calles que nadie habita”, 145).
Uno de los problemas derivados de ‘la cerca’ fue la creación de una especie de zona de burdeles, a lo largo del límite. La prosperidad del dólar le daba una fisonomía pretensiosa a los espacios citadinos y creaba una situación que compelía a la masa campesina e indígena a emigrar al área canalera. Los clubes limítrofes eran esa oportunidad de trabajo, para muchos panameños. La amargura de este modo de vida, con todas sus implicaciones, se retrata muy bien en el cuento “La sorpresa” (en: Peccata Minuta, Premio Miró, 1969), de Pedro Rivera, quien recrea el conflicto de un joven, hijo de una prostituta, a quien este llega a negar como su madre, por vergüenza:
“No, no los engañé, esa no es mi mamá, muchachos. Es una tía, la visito. No es puta, es mi tía” (16, en cursiva en el original). El cuento también trae a colación el ‘encuentro cultural’ por el intercambio utilitario entre las lenguas: “Mamá y Charlie están juntos, en el sofá. Él habla mal el español, en cámara lenta, baboso. Ella habla un inglés de okey, when you come back, I see you later, in the night, come to my room, put the money on the table, thanks, inglés de oficio, lacónico. Se entienden… “ (Peccata minuta, 16).
El cuento no sólo recrea la situación económica, sino que penetra en los complejos conflictos de identidad y socialización que la cerca trajo a la población panameña. Una falsa prosperidad económica fluyó hacia las manos “colonizadas” y las consecuencias fueron, entre otras, una nueva forma de identidad nacional: la del “dollar”, la cual promovió toda clase de vicios. Entre los nuevos significados que emergieron con esta imbricación de modos de consumo, estaba el convencimiento entre la población de que se podía prosperar haciendo negocios con los gringos (entre ellos, el juego y la prostitución). La literatura, otra vez, lo reflejó. Dice Martínez Ortega:
"La nota excitante del espectáculo era sin duda unas mujeres blancas, en su mayoría, con pañuelos en la cabeza y pantalones. Nota excitante y exótica, no tanto por su tipo diferente, muchas de ellas me parecían bellas, sino porque en esa época ninguna panameña se vestía con pantalones. Eran las cabaretistas: "que aquí han descubierto la tierra de Adán”, dijo Korsi en su poema “Visión de Panamá”… (“Temas canaleros en la poesía de Demetrio Korsi”, 13).
Tal imagen para-el-mundo, como producto de la ‘prosperidad económica’ se refleja en la novela La importancia de llamarse Daniel Santos (1988), del puertorriqueño Luis Rafael Sánchez.
Este novelista enlaza el espacio privado del club de baja ralea con la mención de los barrios populares (El Chorrillo, Calidonia) adonde venían a vivir las masas migratorias y por donde deambulaban los ‘marines’, es decir, los soldados acantonados en el enclave militar, político, administrativo y económico, debido a la posición limítrofe de estos barrios con la Zona del Canal. La novela presenta, en escenas sucesivas, el conflicto discriminatorio y étnico que propiciaba este choque de fronteras –las riñas de los gringos en cualquier punto de las ciudades limítrofes de Panamá y Colón, los poderes escondidos, con la ostentación de un lujo que alcanzaba las cosas y los hombres.
En contrapunto, la poesía panameña presenta textos que confrontan este problema de la utilización de esta franja, convertida en espacio de desorden (mundo al revés) y de territorio sexualizado. Del análisis desde adentro, por escritores panameños, la parodia se torna en una fuerte crítica y una actitud de resistencia al destino que la ocupación militar le diera a esta franja de la zona limítrofe, la cerca. Uno es el poema “Ciudad de mar” (en Rumor de multitud, Premio Miró 1985), de Dimas Lidio Pitty, donde se pinta ese clima de tensión en el área colindante a la cerca, convertida en zona de burdeles. Otro es el texto “Retrato de un ciudadano” (Trashumancias), de Héctor Collado.
En ambos, se describe la cerca como una frontera móvil para todos los efectos, no sólo cuando las tropas ocupaban la ciudad de Panamá, sino cuando los soldados se sumergían en la noche de los barrios aledaños. En “Ciudad de mar” la voz poética recoge, además, el desencanto del marino, simple pieza del juego global de la guerra:
Los marineros piden whisky
y entran a tatuarse en covachas prohibidas
De allí salen con una ilusión en el pecho
y un corazón en la mano
…
Bares y mujeres
La ciudad es rito y aventura
donde el marino deja los sueños
de su larga travesía
(28-9, énfasis).
Héctor Collado vuelve a tocar el sensible punto de la socialización del habitante de la Ciudad de Panamá, expuesto a las nuevas prácticas impuestas en una ciudad que no era del todo suya, y en la que se insertaban modos de interacción impuestos, muchas veces, por una infraestructura transitista, en su peor sentido. La cerca se tornó un espacio limen donde la identidad panameña se desdibujaba y se fundía con la misma situación de ‘fiesta’ permanente que le imprimieron los extranjeros:
Soy…
una ardiente borrachera
en cualquier cantina limítrofe
…
(33).
Ya en la narrativa se incluye otra arista del problema: el de la seguridad nacional. Mientras en el área de los bares limítrofes la diversión parecía no parar, la amenaza de la guerra se cernía sobre el territorio panameño, con igual peligro, porque la patria albergaba, sin haberlo autorizado, la maquinaria de destrucción militar del imperio. Así lo describe Estación de navegantes, de Dimas Lidio Pitty. La novela desarrolla un trágico argumento en el que se cuestionan los mecanismos globales durante la guerra y el retrato de las tristes vidas, dependientes del comercio carnal de esta zona limítrofe de bares:
"Es la guerra. Al atardecer, en la calle L y la calle M, las mujeres salen de los zaguanes como mariposas, entran a los bares, desaparecen en los callejones de San Miguel y el Marañón con los soldados, se detienen frente a los escaparates y miran de soslayo a los hombres que pasan. En la Zona no hay luces. Desde las 8 p.m., lockout general. Balboa, Clayton, Amador, Kobee, Diablo, Paraíso son extensiones de sombra y durante el día los techos pintados de aceituna se confunden con la vegetación. En Panamá, en cambio, los techos son rojos. En caso de ataque aéreo los pilotos sabrán que el sector rojo es una ciudad inerme. Ahora las luces siguen encendidas, por las calles caminan parejas abrazadas y los soldados cantan en los bares" (Pitty, 1975: 111).
Billy, el protagonista de Estación de navegantes, se arroja desde el Puente de las Américas, después de una noche en los bares de la zona limítrofe. En este lapso revisa su pasado. Desde el espacio del bar, además, se exploran los tipos sociológicos del ciudadano de origen campesino, de la prostituta, del soldado que viene de Vietnam y que prefiere morir a volver a la pesadilla de la guerra.
La dignidad y la esperanza:
Otro escritor que recoge, con todo detalle, este ambiente que se desprendía de la existencia de la cerca, es Pedro Rivera, en el cuento “Oquei” de Las huellas de mis pasos (Premio Miró en Cuento 1993).
En esta obra se denuncia nuevamente la deliberada invasión del territorio panameño y la manipulación de las leyes, las cuales, de hecho, restringían la jurisdicción legal de Panamá a lo largo de la cerca. Sin embargo, el mayor logro no está en el retrato de la situación, sino en el del protagonista, apodado Oquei, quien a la postre representará una actitud de estoicismo esencial.
En el cuento “Oquei” las patrullas ‘conjuntas’ en las que un policía panameño “servía como lazarillo de los militares estadounidenses en sus recorridos por bares y prostíbulos de la ciudad” (43) eran una muestra patente de esta invasión jurisdiccional. Corría mayo de 1945 y en un bar entre la 4 de Julio y la calle K, un gringo, como de costumbre, causaba trifulcas y problemas. Se suponía que los llamados MP (militar police) incursionaran en el territorio panameño únicamente para proteger a los soldados:
“Attention, attention, MP one four two, unit go to Charlie’s bar in K Street. A soldier cause conmotion” (43). El nombre verdadero de “Oquei” –el soldado panameño—era García, pero “nunca nadie le dijo en la polis esteichon señor García cómo está usted. Era un cero a la izquierda” (44). De tanto andar con los soldados gringos, algo entendía, pero todo su trabajo consistía en “indicar a los policías gringos las calles por donde debía avanzar la patrulla para llegar más rápido: “tu di rai”, “tu di lef”, “estop gier”, esas huevadas” (44).
Es sintomático el hecho de que los soldados, por el contrario, no se molestaron en aprender español, lo que reafirma no solo la subalternidad sino el poco prestigio que les reportaba la cultura colonizada. Y se dio el día en que, sin embargo, nadie más pudo controlar la situación, solamente Oquei:
“ `What happened`, preguntó el sargento sin dirigirse a nadie en particular. Un hombre bajito, con lentes de culo de botella, se acercó y habló atropelladamente en español. “Allí dentro, mister, hay un soldado loco”. “Creise soldier in di… cómo se dice…ahí, ahí, gier, in di salón, ves yu si”, tradujo Oquei al tiempo que se aproximaba al grupo con todas las ganas de irse para el carajo " (45).
El narrador deja entrever cómo el policía panameño ya siente fastidio ante una situación minimizante para él. Ese ambiente cotidiano de una ciudad de paso, atestada ahora de soldados en busca de riñas, queda claro en pocas pinceladas; primero por parte de los panameños:
“De repente empezó a tirar sillas, vasos y botellas contra toda la gente –explicó…en medio del murmullo y el escándalo de las vitrolas” (46). Y después, por parte de los militares, quienes no pudieron controlar a su compatriota, quizás enloquecido o traumado por las acciones en la guerra: “Una y otra vez los dos MP, esgrimiendo los largos toletes blancos como bates de béisbol, trataron de entrar a la cantina que resultó botella va, botella viene, inexpugnable. El loco no atendía razones y daba gritos espeluznantes. “Come. Soldier, Go home with me…” le susurraban a gritos por turno, los dos policías militares” (46).
La parodia del hecho es que el único que logró controlarlo fue Oquei, con su pequeño tolete y su uniforme desteñido. Y la injusticia estriba en que cuando Oquei pone a raya al loco, pese a que el sargento gringo le había pedido, “con cara de qué se ha creído éste: --Go it--” (46), lo único que recibió fueron reconvención y amenazas veladas: “What happened to you, García. Do you want to kill him? That is a big trouble. You will come with me to inform. Do you understand me?” (47).
El tono de la frase “that is a big trouble” del militar estadounidense posee implicaciones históricas. La inviolabilidad de la persona de un “gringo”, aunque este sí violara las leyes y el espacio de la república panameña, se resolvía siempre con la aplicación de las leyes de la Zona del Canal.
Un precedente literario notable que contiene el testimonio de esta situación es la novela Gamboa Road Gang (Premio Miró, 1959), de Joaquín Beleño, en la que se cuenta cómo un panameño es puesto en la cárcel de Gamboa, en territorio de la Zona, por haber tenido relaciones con la hija de un militar estadounidense. Muere allí en condiciones oscuras. Por lo tanto, esta cerca trajo consigo no sólo los cuarteles, sino consecuencias sociológicas y legales. Este clásico de la literatura panameña enfoca el problema en lo concerniente a las leyes ‘dobles’ que regían en Panamá. Y en el cuento de Pedro Rivera, la voz narrativa emplea el humor para denunciar esta utilización dual de las leyes estadounidenses en el suelo panameño, en tanto plantea una salida airosa, la única que se le permitió al policía explotado, ya harto de permanecer en el asiento de atrás, en las rondas de la zona limítrofe: ‘—Oquei—dijo Oquei amparándose detrás de su sonrisa colgate. No tenía que ser Nostradamus para saber que desde esa noche iba a ser relevado para siempre del patrullaje nocturno por “órdenes superiores” ’(47).
Emplazado cotidianamente a una subalternidad en todos los sentidos, Oquei se erige héroe por una actitud de recuperación y de paciente orgullo que a la postre caracteriza al panameño común.
En la historia panameña, la cerca que limitaba la Zona del Canal llegó a ser, al mismo tiempo, el punto de convergencia de los grandes intereses mundiales y de los anhelos de los más humildes habitantes del Istmo. Fue la zona de transición en la que el mito del mundo-al-revés podía cumplirse en un carnaval prolongado y sin leyes; fue el área codiciada del dominio, donde, paradójicamente, regía una ambigüedad en las leyes. Llamada “la quinta frontera”, fue, por último, el campo de batalla donde se libró la lucha no resuelta de la independencia nacional. Su valor político, humano, vivencial, permite, en retrospectiva, percibir un estado de la sociedad panameña y de la gesta nacional; pero también es un espacio de resistencia que representa un momento en la historia de las relaciones de toda Latinoamérica con los Estados Unidos.
BIBLIOGRAFÍA
Collado, Héctor. En casa de la madre. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, 1991. 41.
-. (["Presentimiento (Paseo)"] en: Revista Cultural Lotería, 167-9).
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Martínez Ortega, Aristides. Temas canaleros en la poesía de Demetrio Korsi. Panamá: Instituto de Estudios Nacionales (IDEN), 2000. 7-18.
Miyoshi, Masao. “Sites of Resistance in the Global Economy”, en: Cultural Readings of Imperialism: Edward Said and the Gravity of History. Keith Ansell Pearson, Benita Parry y Judith Squires, Eds. New York: St. Martin’s Press, 1997, 49-66.
Nieto, Manuel Orestes. Rendición de cuentas (Antología personal). La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1991.
Rivera, Pedro. Las huellas de mis pasos. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, INAC, 1994. 135.
-. Peccata minuta. Panamá : Ministerio de Educaciónn, 1970.
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-. Puros cuentos. Panamá : Hamaca, 1988. 83.
Pizzurno Gelós, Patricia y Celestino Araúz. Estudios sobre el Panamá Republicano (1903-1989). Panamá: Manfer, S. A., 1996. 646.
Pitty, Dimas Lidio. Bajo una sola bandera. Manuscrito. Biblioteca Personal del Autor, Potrerillos, Chiriquí, República de Panamá, 1999.
-. Estación de navegantes. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, INAC, 1975. - 2ª. ed. Extemporáneos, México, 1976; 3ª. ed. Biblioteca de la Nacionalidad, Panamá, 1999.
-. "Memorias del silencio". En Poesía joven de Panamá, Siglo XXI Editores, México, 1971.
-. Rumor de multitud. Panamá: Editorial Mariano Arosemena, INAC, 1986.
Sánchez, Luis Rafael. La importancia de llamarse Daniel Santos. Hanover: Ediciones del Norte, 1988. 212
Se firmó una Declaración Conjunta el 3 de abril de 1964, ante el Presidente de la Comisión General del Consejo de la OEA. En esta, no sólo se reanudaban las relaciones diplomáticas, sino que la “Declaración Moreno-Bunker” (por el nombre de los embajadores respectivos ante la OEA), daba “inicio a las negociaciones de otro pacto bajo condiciones más justas y equitativas, cuya ratificación dependería de los procedimientos constitucionales de cada parte. Nunca más el gobierno estadounidense pod[r]ía invocar la lesiva Convención del Canal Ístmico de 1903 para llegar a un entendimiento con la pequeña república istmeña” (Pizzurno Gelós y Araúz 475).
Primer Premio Nacional de Décimas en el certamen organizado con motivo de la transferencia del Canal a Panamá en 1999, manuscrito.
Este barrio fue construido para albergar a los trabajadores traídos para la construcción del Canal de Panamá. Estaba habitado mayormente por una población de inmigrantes antillanos, aunque luego lo fueron ocupando los migrantes del interior del país, en búsqueda de trabajo en la Zona del Canal.
En Revista Cultural Lotería, 167-9.
En: Cultural Readings of Imperialism: Edward Said and the Gravity of History. Keith Ansell Pearson, Benita Parry y Judith Squires, Eds. New York: St. Martin’s Press, 1997.
“Avenida de los Mártires”, es la avenida paralela a la cerca. Es el sitio de los choques históricos entre los estudiantes y las fuerzas populares panameñas y el ejército de los Estados Unidos.
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