Ocurre

 

Ocurre
que estamos construyendo un monumento
a la desmantelación
y nada podrá impedir
que el ruido de los demolidos caserones
se escuche del otro lado del mundo
y que el trazo de la ruta de los barcos
y la estela marina de las motonaves
señalen el sitio exacto
donde no será posible olvidar.

Ocurre
que no podremos quemar los planos
con que edificaron nuestra tristeza
ni borrar de los calendarios
las fechas en que trituraron
tus mejores hombres
y postergaron parte del futuro
que te correspondía.

Ocurre
que nada será imposible en lo posible
y que tú -como siempre-
vendrás por nosotros a contarnos
la dura edad de tus caminos
y el trayecto de tu vuelo de pájaro libre
en la transparente claridad
del aire.

Manuel Orestes Nieto

Panamá en la memoria

de los mares   

 

 


   

 


   

 

POSTURA

 

La casa es un edificio ruinoso. Estuvo bajo fuego de rockets y metralla de la Fuerza Aérea del ejército más poderoso del planeta durante toda la madrugada del 20 de diciembre de 1989. Sus interiores huelen a sangre coagulada y carne quemada que se pudre. Ya amaneció y el último helicóptero que tomó parte en ese ataque despiadado regresa a su base.

 

La casa, un edificio vapuleado por fuego inmisericorde es, en cierto modo, una metáfora dolorosa del país abofeteado; un símbolo admirable de la Patria que se mantiene en pie, erguida, sostenida por el amor de sus mejores hijos e hijas, quienes no dudaron en ofrendar su sangre y sus vidas para que ella pudiera seguir caminando, en pos de sus sueños más altos.

 

La casa vacía también es una imagen especular del proyecto de país que se preparó, con  cuidado y sigilo, en los cuarteles del pentágono y en las oficinas del Departamento de Estado de la primera potencia del mundo. Para ese propósito se contó con la ayuda de panameños y panameñas que se abrazaron al designio extranjero de entregar la Patria, amarrada de pies y manos, a sus matarifes y sicarios.     

 

La casa representa a ese país eviscerado, vaciado de todo contenido que esté firmemente comprometido con su futuro. El proyecto que oculta la invasión propone un país similar a una casa fantasma, sin vida, poblada por sombras que ya no puedan influir en su historia, que solo sirvan para hacer ruidos ininteligibles, para quejarse en las sombras y, con suerte, para atraer turistas interesados por el misterio y los espectros.

 

La casa atacada y de pie, sobrevolada por una nave enemiga, llena de heridas, pero desafiando y rechazando todo empeño de ruina, bajo un cielo siempre abierto y asentada en un suelo hecho para firmezas, es una representación de nuestra historia: hecha de traiciones y fidelidades derrotadas, de asaltos con saqueos destructivos y defensas heroicas hechas en las estribaciones de su futuro luminoso.

 

La casa eres tú, lector nacido en estas tierras. Ella es tu presente y tu mañana. Ella es tu historia que, como el agua, siempre busca los declives y las bajadas del terreno para seguir corriendo hacia el mar de sus realizaciones.

 

La casa somos todos. Y dependiendo del lugar en el que te ubiques, estarás para contemplar sus muros derruidos o para levantarla con amoroso y patriótico afán, porque independientemente de lo que piensen, quieran o decidan los que ya decidieron su destrucción, siempre seremos nosotros, los que trabajamos bajos sus aleros, quienes digamos la última palabra: la que definirá sus derroteros finales.  

 

JC

 

 


                                  

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